Deseo sexual y ovulación: cómo cambia tu libido a lo largo del ciclo

  • Durante la ovulación aumentan estrógenos y testosterona, lo que suele potenciar el deseo, las fantasías sexuales y la receptividad al contacto íntimo.
  • El cuerpo también cambia: moco cervical más fértil, mayor energía, variaciones en preferencias de pareja y sentidos más agudos en la fase fértil.
  • Anticonceptivos hormonales, enfermedades ginecológicas y trastornos hormonales pueden aplanar o reducir estos picos de deseo.
  • Las hormonas influyen, pero el deseo sexual femenino depende también del contexto emocional, la relación de pareja, el estrés y la autoestima.

Deseo sexual y ovulación

Relación entre deseo sexual y ovulación

¿Os acordáis cuándo hablábamos sobre el ciclo menstrual, y en concreto la fase folicular (de maduración del óvulo)? Mencionábamos lo relacionado que está con nuestra sexualidad, y con las posibilidades de concebir, pues la mucosidad cervical que producimos ayuda a los espermatozoides a desplazarse. Pues bien, creo que todas las mujeres notamos cambios en nuestro comportamiento sexual a lo largo del ciclo, a poco que nos observemos, claro; desde luego el deseo sexual en los días de la menstruación podría definirse como más apagado, y en ocasiones inexistente, estamos condicionadas por la sensación de cansancio que hemos sentido durante la fase lútea, y por el sangrado.

Sin embargo, muchas mujeres notan al ovular mayor excitación. ¿No has observado que tienes fantasías sexuales con más frecuencia esos días? Si la respuesta es sí, un estudio publicado en la revista Archives of Sexual Behavior confirma tu percepción; puesto que si la sexualidad de la mujer tiene relación con el ciclo menstrual y es variable, sería de esperar que en los días en los que biológicamente es más probable concebir, el deseo aumentara (y esto no tiene que ver con el raciocinio).

La autora principal del trabajo (Samantha Jane Dawson) explicó tras su publicación que se habían centrado en las fantasías sexuales, porque no dependen de la disponibilidad de pareja u otros factores externos, así se podía controlar mejor el resultado de las observaciones. Las conclusiones apoyan otros estudios anteriores que relacionan el pico de fertilidad con mayor aumento sexual, excitabilidad y motivación sexual.

Ovulación y sexualidad femenina

El estudio sobre fantasías y deseo sexual en la ovulación

Fue llevado a cabo por dos universidades de Canadá y Reino Unido; la muestra era muy reducida, pues se limitó a 27 mujeres heterosexuales y solteras (de 21 años y medio de media) que no tomaban anticonceptivos hormonales. El procedimiento consistió en determinar el momento de la ovulación mediante determinación de hormonas en orina, y a la vez, cumplimentación de cuestionarios por parte de las participantes en cuanto a la historia sexual; además de un diario escrito durante 30 días, en el que debían anotar sus fantasías sexuales.

Se descubrió que tres días antes de ovular, las fantasías de las mujeres aumentaban de 0,77 al día, hasta 1,3 diarias.

Este aumento en las fantasías coincide con lo que han observado otras investigaciones: en los días fértiles se incrementa el deseo, la excitabilidad y la motivación sexual. No solo se reportan más fantasías, sino también más interés por el contacto físico, más pensamientos eróticos y, en algunos casos, más disposición a iniciar relaciones sexuales. A nivel biológico, en ese momento los niveles de estrógeno y testosterona se sitúan cerca de su máximo del ciclo, lo que favorece la receptividad sexual y la búsqueda de placer.

Lo que más me llama la atención, independientemente de la investigación, es que como la sexualidad continúa siendo un tema tabú, incluso entre adultas, cuando hablamos de ello lo hacemos contando chistes, o mencionamos nuestro ciclo menstrual para decir que nos duele la cabeza el día antes de sangrar; y obviamos otros temas que también tienen que ver con los cambios en el cuerpo y cómo nos sentimos. Quizás primero deberíamos reconectarnos con nosotras mismas, y después compartir las cosas verdaderamente importantes.

Cambios hormonales, memes y percepción del deseo

“No me gustas tanto. Sencillamente, estoy ovulando” se ha convertido en una frase común en los memes y en el punto de partida de vídeos que, tanto con tono cómico como desde la perspectiva ginecológica, hablan acerca de cómo el deseo sexual femenino aumenta durante la ovulación. Es entonces cuando los niveles de estrógeno y testosterona, hormonas relacionadas con el deseo, alcanzan su punto más alto del ciclo.

Desde una perspectiva biológica, es el momento más fértil del mes, por lo que el cuerpo tiende a aumentar el deseo como forma de facilitar la reproducción. Pero no todo es reproducción: muchas mujeres describen esta fase como una etapa de mayor conexión con el propio cuerpo, con el placer y con lo social. Durante la ovulación, el organismo parece estar más receptivo al contacto, la sensualidad y la atracción. Hay estudios que sugieren incluso que los sentidos, como el olfato, se agudizan para detectar posibles parejas fértiles o compatibles.

¿Qué ocurre cuando esa ventana fértil se cierra y bajan los niveles de dopamina, testosterona y estrógenos? Puede que aquello que resultaba tan atractivo deje de parecérnoslo tanto. No se trata de un “asco literal”, sino de una bajada de la excitación fisiológica que estaba filtrando la percepción. Observarlo sin juzgarse es el primer paso para entender que el cuerpo no se equivoca; solo se expresa de formas diferentes a lo largo del ciclo.


Ovulación, salud ginecológica y ciclo menstrual

La ovulación no es solo el momento de mayor fertilidad: también es un indicador importante de la salud hormonal y ginecológica. Un ciclo relativamente regular suele ser señal de que las hormonas están equilibradas y que el aparato reproductor funciona adecuadamente. Por el contrario, alteraciones frecuentes —como ciclos muy irregulares, ausencia de menstruación o sangrados anormales— pueden ser indicios de desequilibrios hormonales, estrés excesivo, problemas tiroideos, síndrome de ovario poliquístico u otras condiciones que conviene detectar a tiempo.

Si se cuenta el primer día de la menstruación como el día 1, en un ciclo promedio se suele situar la ovulación hacia la mitad del ciclo, aunque no siempre es en el día 14. Estudios con cientos de miles de ciclos han observado que el día promedio de ovulación puede acercarse más al 18, y que el momento exacto puede variar de un ciclo a otro, incluso en mujeres con ciclos que parecen regulares.

Resulta muy útil anotar las fechas de la menstruación y los cambios físicos y emocionales (aumento del flujo, de la libido, dolor pélvico, cambios de humor) para comprender mejor qué está ocurriendo en el propio cuerpo. Esta observación ayuda a relacionar los picos de deseo con la ovulación y a sentir más control sobre la sexualidad y la fertilidad.

¿Por qué sube el deseo sexual durante la ovulación?

Desde el punto de vista evolutivo, la explicación más evidente es que el aumento de deseo durante la ovulación incrementa las probabilidades de embarazo justo cuando se libera un óvulo. Pero la biología no solo influye a través del deseo consciente: también lo hace modulando la apariencia, el comportamiento y la manera de percibir a los demás.

En los días previos a la ovulación, el cuerpo se transforma para resultar más deseable sexualmente: el moco cervical se vuelve transparente, elástico y abundante, parecido a la clara de huevo, lo que facilita el desplazamiento de los espermatozoides. Muchas mujeres refieren sentirse con más energía, mejor humor y mayor seguridad en sí mismas, algo que favorece la interacción social y erótica.

Además, los niveles altos de estrógenos se asocian con una mayor producción de neurotransmisores relacionados con el placer y el bienestar, lo que puede traducirse en más fantasías, mayor iniciativa y un estado de ánimo más expansivo. Sin embargo, esto no significa que todas las mujeres vivan la ovulación de la misma forma; algunas notan claramente estos cambios, otras apenas perciben variaciones y algunas incluso se sienten más irritables o cansadas.

Qué tipo de hombres atraen más en la fase fértil

La investigación en psicología evolutiva ha observado que, en los días de máxima fertilidad, muchas mujeres muestran preferencias más marcadas por ciertos rasgos físicos y conductuales que, a nivel inconsciente, se interpretan como indicadores de buena calidad genética.

  • Juventud: los hombres más jóvenes suelen asociarse a una mejor calidad espermática y menor daño en el material genético.
  • Simetría corporal y facial: la simetría puede reflejar buen estado de salud, capacidad para afrontar infecciones y un desarrollo adecuado.
  • Constitución fuerte y altura: hombros anchos, complexión proporcionada y musculatura equilibrada se relacionan con niveles adecuados de testosterona.
  • Rasgos faciales marcados: mandíbula pronunciada, pómulos destacados y ciertos rasgos faciales “masculinos” pueden resultar más atractivos en fase fértil.
  • Voz grave: suele asociarse a niveles elevados de testosterona y a un cuerpo de mayor tamaño.
  • Olor corporal compatible: a través del olor, el cuerpo puede detectar sistemas inmunológicos distintos (complejo mayor de histocompatibilidad), lo que favorecería descendencia con defensas más variadas.
  • Comportamientos de dominio y competencia: cierta seguridad, competitividad intrasexual e inteligencia creativa pueden percibirse como signos de “buenos genes”.

Curiosamente, estas preferencias pueden modularse según el tipo de relación que se busque. Para relaciones a largo plazo, muchas mujeres tienden a valorar más rasgos asociados a cuidado, estabilidad y compromiso (empatía, amabilidad, responsabilidad) que aquellos vinculados solo a alta testosterona.

La pareja estable y el llamado “apareamiento dual”

Algunos estudios señalan que, durante la fase fértil, si la pareja estable presenta rasgos de alta compatibilidad genética, su atractivo se intensifica. En cambio, si la pareja no muestra esos indicadores, algunas mujeres pueden experimentar una cierta distancia emocional o un aumento de fantasías extradiádicas con personas que sí los presentan.

De ahí surge la llamada “hipótesis del apareamiento dual”: las mujeres tenderían, en los momentos de máxima fertilidad, a sentirse más atraídas por hombres con alta calidad genética, mientras que el resto del ciclo priorizarían a aquellos que parecen mejores cuidadores y compañeros a largo plazo. Esto no significa que todas las mujeres actúen así ni que estos impulsos se traduzcan en conductas; simplemente describe posibles tendencias biológicas que, en la vida real, se ven moduladas por la cultura, la ética, la personalidad y las decisiones conscientes.

Anticonceptivos hormonales y deseo: cuando el pico fértil “desaparece”

Un aspecto poco comentado es que las variaciones cíclicas del deseo se reducen mucho o desaparecen en mujeres que usan anticonceptivos hormonales. Al inhibir la ovulación y mantener niveles hormonales más estables, se pierden los picos naturales de estrógenos y testosterona asociados a la fase ovulatoria.

En algunas mujeres esto se traduce en una sensación de “aplanamiento” del deseo: menos altibajos, pero también menos subidas intensas de libido. En otras, en cambio, la tranquilidad de no temer un embarazo o la mejora de reglas dolorosas hace que la experiencia sexual mejore, incluso si el patrón de deseo cambia. También hay usuarias que notan descenso del deseo por la reducción de testosterona libre que producen ciertos anticonceptivos.

Lo importante es no normalizar un deseo prácticamente ausente durante meses si antes no era así. En esos casos, conviene revisar con la profesional de referencia el tipo de anticonceptivo, valorar otras causas (estrés, problemas de pareja, enfermedades, depresión) y, si es necesario, ajustar el método o buscar alternativas.

Otros factores médicos que modifican el deseo

Aunque el ciclo menstrual tiene un peso importante, no es el único determinante del deseo sexual. Alteraciones hormonales y enfermedades ginecológicas pueden influir de forma notable:

  • Síndrome de ovario poliquístico (SOP): combina desequilibrios hormonales, ciclos irregulares, posible hiperandrogenismo, cambios en el peso e impacto en la autoestima.
  • Endometriosis: el dolor pélvico crónico y las molestias durante las relaciones pueden llevar a evitar el sexo y asociarlo con sufrimiento.
  • Trastornos tiroideos: tanto el hipotiroidismo como el hipertiroidismo pueden alterar el ciclo, el estado de ánimo y la energía, afectando la libido.
  • Hiperprolactinemia: niveles altos de prolactina pueden inhibir la ovulación, reducir estrógenos y disminuir el deseo.

Si el deseo desaparece casi por completo durante un periodo prolongado, o si no se recupera en ninguna fase del ciclo, es recomendable consultar con una ginecóloga o un profesional de salud integral que tenga en cuenta tanto la dimensión biológica como la psicológica y relacional.

Más allá de las hormonas: emociones, relación y contexto

Aunque las hormonas marcan parte del ritmo, la sexualidad femenina no puede reducirse a gráficas de estrógenos y progesterona. El vínculo afectivo con la pareja, la calidad de la comunicación, el nivel de estrés, la carga mental, la historia personal y la autoestima sexual influyen tanto o más que el momento del ciclo.

Hay mujeres que experimentan mucha excitación incluso en fases teóricamente “poco favorables”, como la fase lútea o la menstruación, si se sienten relajadas, cuidadas y libres de presión. Otras, en cambio, pueden estar ovulando y no sentir apenas deseo si atraviesan una época de estrés, cansancio extremo o conflicto de pareja.

Conectarse con el propio cuerpo, observar los cambios sin juicio y poder hablar de ello con la pareja y con profesionales de confianza ayuda a construir una sexualidad más consciente, flexible y respetuosa con los ritmos personales.

El deseo sexual y la ovulación están profundamente entrelazados, pero no son una ecuación simple. El cuerpo envía señales, la biología empuja en algunas direcciones y, al mismo tiempo, la mente, la historia y el contexto moldean lo que hacemos con todo ello. Conocer estos mecanismos permite entender mejor por qué hay días en los que el deseo se dispara y otros en los que parece esconderse, y abre la puerta a vivir la sexualidad de forma más libre, informada y amable con una misma.