No está ensimismado, tiene una crisis de ausencia

Las crisis de ausencia son un misterio: “desconexiones” breves del mundo, tan breves que solo duran unos segundos, puede que 15 o 20, puede que 5. Son además sutiles… Breves y sutiles, con razón también las conocemos como “petit mal”. Forman parte de algunos síndromes epilépticos, y son muy poco comunes en población adulta, por eso se las considera dependientes de la edad: de inicio entre los 4 / 5 y los 10 años, raramente se presentan a partir de la adolescencia.

¿Qué son estas crisis? Imagina quedarte en blanco, como en otro mundo, así de repente… y dejar de hacer cualquier cosa que estuvieras haciendo… Nada, apenas algún ligero movimiento de los párpados o boca. Los niños que tienen una crisis de ausencia no atienden, hablan, responden, se mueven, en el transcurso de esos 15 segundos. Se trata de una alteración en el funcionamiento del cerebro, y es de tipo benigno. Sin embargo, tratándose de peques en edad escolar, interfieren en el aprendizaje, y se aprecia incluso minoración del rendimiento escolar.

Esto ocurre debido a descargas eléctricas anómalas en el cerebro, a consecuencia de excitación de las sinopsis neuronales y alteración de otros mecanismos. Quien las sufre no lo nota, el resto sí… pero no desde el inicio de los episodios. Petrificados y desconectados del mundo, durante unos pocos segundos; ¡y varias veces al día! hasta 30. Entrar en un estado de ensimismamiento es saludable: dejarnos ir a otros mundos, mediante la ensoñación, pero una crisis de ausencia no implica que el alumno se ensimisme, y tampoco tiene ningún trastorno relacionado con la atención.

En este documento de Neurodidacta, encontramos una clasificación muy interesante, a saber: ausencias típicas, atípicas y complejas, de las que las dos primeras son más propias en la infancia. Pero ¿cómo detectar una crisis de ausencia?

Síntomas típicos.

  • Desconexión durante segundos que se produce varias veces al día.
  • Quienes las padecen dejan de hacer cualquier actividad, para reanudarlas despues.
  • Amnesia: no recuerdan esos breves periodos.
  • Pueden dejar frases a medias y reiniciarlas al cabo de unos segundos
  • Están despiertos, pero sin consciencia.
  • Actividad muscular alterada: paralizada pero con masticación o movimientos palpebrales.
  • Mirada fija.
  • Pueden tardar semanas en ser descubiertas por el entorno.

No suelen presentarse junto a convulsiones.

Pero en algunos casos (un pequeño porcentaje) sí; y como en otros episodios convulsivos epilépticos: No intentaremos sujetar o reanimar a quien la sufre, recostaremos a la persona suavemente (y de lado para que las vías respiratorias estén despejadas), protegeremos su cabeza, nada de abrir la boca (y menos a la fuerza). Si la crisis dura más de 5 minutos, o son varias de repetición, ir a Urgencias. Igualmente, cualquier crisis epiléptica se comunicará al médico del paciente.

Diagnóstico y abordaje.

El especialista (neurólogo o psiquiatra), realizan exploración clínica, junto a encefalograma. Y en cuanto al pronóstico, suele ser positivo, pero una vez detectado el problema, conviene iniciar el tratamiento propuesto. Siempre que tengamos dudas, podemos consultar con otro especialista.

Y por cierto, son múltiples factores los que están relacionados con estas alteraciones, aunque hay un componente genético bastante marcado, que sin embargo es confuso. Resulta que se da una diferencia porcentual marcada entre gemelos idénticos respecto de hermanos no gemelos, lo cual no hace sino aumentar los enigmas en torno a las crisis de ausencia.


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Salud

Hace 14 años y medio conocí a mi gran maestro, dos años después llegó al mundo una persona que hace honor a su nombre (Sofia); no se parecen a los hijos de mis sueños porque son mucho mejores... Con 13 años quería ser escritora, pero a los 21 me convertía en trabajadora social... Es esta una época de muchos cambios para mí, así que tras volver a la que es mi profesión, paré de escribir, pero me lo he pensado mejor porque me apasiona comunicar y comunicarme, así que me atrevo con todo. Recientemente me he transformado tanto como las crisálidas y aunque no soy creyente, se podría decir que en lo espiritual 'he renacido' para situarme de otra forma en el mundo. Estoy ansiosa por contaros cosas.... y que me contéis.

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