No me consueles con un «No pasa nada»

En el parque, el bebé se cae:

MADRE. (Ayudándolo a levantarse) ¿Estás bien, cariño?

PERSONA X. Venga, arriba, si ¡no pasa nada!

«No pasa nada». Ajá. ¿Pero te ha dado tiempo a ver que está bien, Persona X? A mí no. Y ¿así actúas cuando cualquier persona, tenga la edad que tenga, se cae por la calle? Entonces, ¿por qué si se cae un bebé «no pasa nada» de forma sistemática sin valorar los daños?

A veces nos caemos y salimos ilesas, pero otras, se nos rompe la piel o se nos arañan las emociones. A un bebé también le pasa: a veces se cae y se levanta ágilmente y sigue jugando, pero otras se hace daño y llora. Es humano tomarse el tiempo necesario para preguntarle cómo está, comprobar el daño (y curarlo si hubiera que hacerlo), darle un abrazo y volver a jugar.

Validar las emociones

Hay una serie de creencias incrustadas en nuestra cultura bastante extrañas. He puesto solo un ejemplo arriba. Contra estas, seamos empáticas, y validemos las emociones. Yo también me he caído y, me haya hecho daño físico o no, he querido que después me abrazaran. Las heridas se curan con tiritas, pero también con amor.

Después de una caída un bebé puede sentir rabia por haber tropezado, se puede sentir frustrado por no haber ganado la carrera, puede sentir vergüenza porque los demás lo miren… un sinfín de emociones. Pongámosle nombre, expresémoslas y juguemos con ellas. Y abracémoslo muy fuerte.

Abrázame fuerte y no me digas «Sé fuerte»

Ese tipo de creencias al que hacía referencia promueven una tendencia antinatural e inhumana del comportamiento. Pero somos primitivas, tribales y estamos llenas de emociones. Las madres somos muy fuertes; las mujeres lo somos, y la maternidad nos hace aún más si cabe por nuestros hijos. Ya escribí un artículo sobre ello. Pero esa fortaleza no brota de las palabras de ánimo.

Es necesario, por supuesto, y bienvenido el aliento tras una caída. Pero a veces, cuando estás nadando con todas tus fuerzas contra el oleaje, lo que necesitas es el mar en calma para respirar. Si alguien para el viento y te sujeta con fuerza para puedas descansar, tal vez sea más fácil.

A veces necesitamos llorar y no sentirnos ni más ni menos fuerte, llorar y dejar fluir todas las emociones que nos comprimen el pecho. Es sencillo: a veces solo necesitamos expresarnos. Y que otra persona nos escuche, nos traiga una traza de té caliente, nos diga que va a pasar… y nos abrace.

Sí que pasa algo

A nuestros bebés les ocurre igual. Puede que tras una caída no tengan ni un rasguño, pero lloren… porque estén enfadados, sorprendidos, avergonzados, etc. Así que pasa algo, claro que pasa: un torbellino de sensaciones y sentimientos que hay que validar y acoger para que nuestros bebés crezcan emocionalmente sanos. 


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