NO pegar: ni los hijos a los padres, ni los padres a los hijos

Niño enfadado por una disputa con otro amigo.

En situaciones de pelea con otro u otros, si el niño está frustrado y enfadado, se le puede calmar, hablándole alejado del lugar.

En ocasiones, los padres, sin darse cuenta, acentúan determinados comportamientos de sus hijos, bien porque se lo ven hacer o les escuchan. Si se quiere educar en el respeto y la no violencia, el lema es no pegar, ni los padres a los hijos ni al revés. Hablemos de ello.

La no violencia: no pegar. El ejemplo de los padres

Desde pequeños los hijos deben ir educados en valores de tolerancia y respeto al prójimo. El mejor modo para que el niño lo interiorice es mostrarle ese tipo de normas. La pareja en casa debe respetarse y tratarse bien y el niño sentirá que es lo correcto. Los padres son el ejemplo del niño, es por esto, que el niño podrá aprender a no pegar a los padres o a otros compañeros o amigos, si a él no le reprenden con un cachete, una colleja o un tirón de orejas.

El modo de defenderse o explicarse no es actuando con agresividad y haciéndose ver con ira. El niño debe saber hablar y responder de otros modos, no con el insulto, vejación o maltrato. Un niño bien tratado en el hogar, responderá del mismo modo a sus compañeros. Al niño que le dicen continuamente que es malo y merece castigos, llegará a pensar que como “niño no bueno” debe hacer corresponder sus actitudes.

La defensa del niño

Dos amigos enfadados por un juguete.

En el caso de que un amigo quiera quitarle un juguete, se le puede ayudar para que hable con él y le diga “te lo dejo luego” o “ahora estoy jugando yo”.

Ocasionalmente los padres le dicen al niño “si te pegan, tú haz lo mismo”. No es un consejo acertado. El niño debe saber responder de otro modo, sin el ataque. Si se le quiere aconsejar algo que le sirva para la vida, se le puede recomendar apartar al otro, decirle que eso está mal, que le deje, y sobre todo hacerlo saber al adulto que esté más cerca. En el día de mañana el niño, ya adulto, no pegará a otro para resolver los problemas, seguramente sabrá frenar el tema de un modo más inteligente.

Alrededor de los 3 años, los niños necesitan hacerse comprender con más fuerza, y cuando no lo logran, llega la frustración y no el no saber manejar la situación. Los niños se enfadan y lloran, patalean e incluso pegan o muerden. Ahí hay que parar la situación y ayudarles a relajarse y canalizar esa rabia del modo correcto. Los padres tienen que enseñarles a expresarse de un modo pausado, e intentarlo de varios modos, menos dando por buena la agresividad.

El padre no pega al niño y el niño no pega al padre

Como decimos el niño se guía por el ejemplo. Un niño normalmente no pegará a un padre si no ha visto pegarle a él. Los padres deben tener herramientas para sentarse y hablar con él. Hay que hacerle ver que las situaciones conflictivas se arreglan hablando tranquilamente. Si un niño quiere quitarle un juguete, se le puede ayudar para que hable con él y le diga te lo dejo luego o ahora estoy jugando yo. Pueden compartirlo, si quieren, incluso los padres pueden decirle que no empuje ni se enfade, sino que se lo puede prestar un poco a él.

Es esencial recordar al niño que no debe pegar en ningún caso, que no es la actitud correcta y no tiene justificación. En situaciones de pelea, si el niño está frustrado se puede intentar apaciguar su nervio, hablándole alejado del lugar. En el caso de que haya agredido a otro compañero hacerle saber que lo que ha hecho está mal y no debe repetirse nunca y aconsejarle que se disculpe. Si llega a pegar a sus padres, estos deben ejercer de adultos responsables y no alterarse, hacerle saber que les apena que se comporte así y que todo va a arreglarse pero de otro modo y cuando no esté ofuscado. Hablando a un niño con tranquilidad, se logrará lo mismo por su parte.


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