¿Por qué no se les dan bien las matemáticas a nuestros hijos?

Las matemáticas son el punto fuerte de muchos escolares y el débil de otros tantos. Hoy sabemos el papel tan importante que juega el cerebro en el pensamiento matemático. Esto, puede ayudarnos a entender las dificultades que muchos niños y niñas presentan en dicha área.

El desarrollo cerebral no es idéntico en todas las áreas que lo componen, pudiéndonos encontrar con zonas que maduran antes que otras. Por ello, las acciones educativas deben tener en cuenta las diferentes áreas sensoriales que nos permiten adquirir los conocimientos.

En sintonía a este pensamiento, que exige de diferentes modalidades de entrada de información, se encuentran nuevas teorías del aprendizaje, como la de las inteligencias múltiples de Gadner. Esta teoría propone diferentes áreas en las que presentar la información, facilitando el aprendizaje al no quedar resumida a las tradicionales lingüística y visual.

El lóbulo parietal izquierdo juega un papel clave en la aritmética. Así, personas que presentan discalculia tienen alteraciones en esta área del cerebro. La discalculia la padecen personas que no pueden reconocer los dígitos y signos aritméticos, mostrando grandes dificultades para realizar cálculos elementales, tales como sumas y restas.

Las personas que presentan dificultades en aritmética, con frecuencia tienen problemas en otros 3 dominios:

  1. Orientación espacial
  2. Control de sus propias acciones (bajo autocontrol)
  3. Representación de su cuerpo (especialmente de los dedos)

Estas áreas de control y conocimiento personal están estrechamente relacionadas, gracias a la concepción multimodal del pensamiento. Así, cuando los niños comienzan a aprender a contar emplean los 3 dominios anteriores. En primer lugar tocan los elementos para reconocer el número de ellos, luego son capaces de emplear sus propios dedos para enumerar los elementos, y todo ello les exige un gran control sobre sus acciones.

Existe una estrecha relación entre la representación numérica que formamos en nuestro cerebro y la representación mental que hacemos de dichos elementos numéricos a través de nuestros dedos. De esta forma, si existe una mala representación de los dedos, será difícil que se forme una adecuada representación numérica, con efectos negativos en el posterior desarrollo del pensamiento lógico-matemático y numérico.

A pesar de recaer en el hemisferio izquierdo el gran peso matemático, es indudable que el hemisferio derecho también juega un papel importante, ya que es el encargado de las comparaciones y la aproximación entre números. Así, cuando hemos de resolver un problema matemático ambos hemisferios se ponen en marcha enviándose información mutuamente para alcanzar la solución adecuada.

A pesar de parecer que el pensamiento matemático es algo exclusivo de especies superiores como los seres humanos, encontramos como aves y determinados chimpancés poseen un sistema matemático simple que les permite distinguir pequeños números y hacer sumas y restas muy elementales. Este bagaje biológico nos acompaña desde el nacimiento, permitiendo que los bebes cuenten con una capacidad limitada pero efectiva para desenvolverse ante aspectos matemáticos sencillos. De este sistema matemático simple partiremos todos hasta desarrollar los complejos pensamientos aritméticos y lógicos.

Entender la conexión entre matemáticas y espacialidad es de vital importancia, ya que el cuerpo juega un papel muy relevante en el aprendizaje de las operaciones y cálculos matemáticos. A mayor dominio y conciencia corporal, mayor capacidad matemática. Estos conocimientos neurocientíficos ya fueron postulados por autoras de la educación como María Montessori, elaborando gran cantidad de materiales para el aprendizaje matemático a través de diferentes modalidades sensoriales, implicando especialmente el empleo de los dedos en su enseñanza didáctica.

Si nuestro hijo presenta grandes dificultades en el aprendizaje de las matemáticas, es recomendable el empleo de estrategias que paseen por trabajar los otros dominios implicados en su aprendizaje. De esta forma estaremos ayudando a su cerebro en desarrollo a paliar las alteraciones o baja maduración en áreas aún en proceso de expansión. A través del aprendizaje lúdico, enfocado en potencialidades podremos motivar a los más pequeños, antes de que aparezca la aversión a las matemáticas, tan temida para muchas familias. Las matemáticas pueden ser divertidas si empleamos diferentes rutas para su aprendizaje.


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