El debate sobre los bloqueadores de la pubertad vuelve a primer plano con dos movimientos clave en el mundo anglosajón: Nueva Zelanda ha decidido pausar nuevas recetas para menores con disforia de género y el Reino Unido impulsa un ensayo clínico del NHS para evaluar seguridad y eficacia. En medio de posiciones encontradas, autoridades y especialistas piden decisiones guiadas por evidencia y salvaguardas para las familias.
La suspensión neozelandesa entra en vigor el 19 de diciembre y permanecerá activa mientras se esperan los resultados de la investigación británica, que el Gobierno de Wellington prevé revisar en 2031. En paralelo, Londres mantiene restricciones y apuesta por un estudio amplio para despejar dudas sobre beneficios y riesgos potenciales.
Qué ha decidido Nueva Zelanda
El Ministerio de Salud neozelandés prohibirá emitir nuevas prescripciones de análogos de la hormona liberadora de gonadotropina para menores con disforia de género. La medida no afecta a quienes ya cuentan con receta activa ni a pacientes con otras indicaciones médicas, como pubertad precoz, endometriosis o cáncer de próstata.
El ministro de Salud, Simeon Brown, justificó el paso como un “enfoque de precaución” ante la evidencia considerada insuficiente sobre seguridad y eficacia en esta indicación. Además, el Ejecutivo ha anunciado la centralización de los servicios para jóvenes en un centro nacional en línea, con el objetivo de estandarizar la atención.
Según datos del propio Ministerio, 113 pacientes utilizaron bloqueadores de la pubertad en 2023 (140 en 2021). Socios de la coalición de gobierno celebraron la pausa como un gesto de prudencia regulatoria, mientras la oposición laborista reclamó apoyo psicológico y continuidad asistencial para los afectados.
El papel de la Cass Review y la respuesta británica
La Cass Review, publicada en 2024, analizó la atención a jóvenes con disforia de género en Inglaterra y emitió 32 recomendaciones, subrayando la necesidad de extrema cautela con los bloqueadores en menores. A raíz de ello, el Gobierno británico prohibió recetas privadas para esta indicación; el Ejecutivo laborista posterior mantuvo y extendó indefinidamente esa restricción.
El informe también recibió críticas. Organizaciones profesionales, como la Asociación Médica Británica, cuestionaron su metodología y el uso de la evidencia. En el entorno europeo, países como Suecia, Finlandia y Noruega han introducido limitaciones o revisiones más estrictas, reflejando una tendencia a reforzar la evaluación clínica antes de prescribir.
El ensayo del NHS: diseño y calendario
Con financiación del NHS en torno a 10 millones de libras y coordinación del King’s College de Londres, el ensayo Pathways estudiará a menores (se estima alrededor de 226 participantes por debajo de 16 años). Aproximadamente la mitad recibirá bloqueadores de la pubertad y la otra parte seguirá cuidados alternativos, con evaluaciones del bienestar físico, mental y social.
Una línea prioritaria del estudio es observar el desarrollo cognitivo (pensamiento, aprendizaje y memoria), incluyendo pruebas y técnicas de imagen. La duración prevé varios años de seguimiento, por lo que los primeros resultados podrían tardar, mientras que el Gobierno de Nueva Zelanda ha vinculado su revisión regulatoria al horizonte de 2031.
La profesora Emily Simonoff, investigadora principal, ha subrayado el cumplimiento de aprobaciones y controles habituales (HRA y MHRA) y la participación de personas con experiencia vivida en el asesoramiento del ensayo. El secretario de Salud, Wes Streeting, defendió que la atención a menores debe ser segura, compasiva y basada en la evidencia.
El proyecto afronta oposición: colectivos críticos y activistas han anunciado que contemplan acciones legales para frenarlo, aduciendo posibles riesgos irreversibles. Organizaciones como Sex Matters y figuras como Kyra Bell o James Esses han expresado su rechazo, mientras otros expertos defienden la necesidad de datos de alta calidad para guiar la práctica clínica.
Reacciones clínicas y comunitarias
En Aotearoa, la Asociación Profesional para la Salud Transgénero (PATHA) advirtió de un posible empeoramiento de la salud mental de jóvenes si se restringe el acceso. Su vicepresidenta, la doctora Elizabeth McElrea, defendió que la atención debe sostenerse en un equilibrio entre evidencia académica, experiencia clínica y preferencias del paciente.
Desde la oposición laborista neozelandesa se pidió que toda decisión terapéutica sea compartida entre equipos sanitarios, menores y familias, así como recursos de apoyo para quienes ya estaban en proceso de atención. El Gobierno, por su parte, enfatiza que los tratamientos en curso no se interrumpen.
Desde la oposición laborista neozelandesa se pidió que toda decisión terapéutica sea compartida entre equipos sanitarios, menores y familias, así como recursos de apoyo para quienes ya estaban en proceso de atención. El Gobierno, por su parte, enfatiza que los tratamientos en curso no se interrumpen.
Implicaciones para Europa y España
El enfoque británico, con restricciones y un ensayo clínico amplio, podría marcar tendencia en Europa, donde crecen las revisiones de protocolos para menores. Aunque España no figura en estas decisiones concretas, los resultados del estudio del NHS y la experiencia de países nórdicos pueden influir en futuros estándares clínicos.
Entre tanto, sociedades profesionales y grupos de pacientes insisten en mantener una atención escalonada, con evaluaciones integrales de salud mental y física, y garantías para que cada caso reciba opciones proporcionales y seguimiento continuado.
El panorama queda definido por una doble dinámica: Nueva Zelanda opta por una pausa de nuevas recetas con excepciones médicas y vigilancia regulatoria, mientras el Reino Unido avanza con un ensayo del NHS que medirá efectos físicos, sociales y cognitivos; decisiones que, según evolucionen los datos, podrían reordenar las políticas en el entorno europeo.