Una de las alergias alimentarias con mayor prevalencia en la infancia es la alergia a los frutos secos, y en concreto los cacahuetes suelen dar muchos problemas; como en el caso de otras alergias alimentarias, la sintomatología puede manifestarse de forma muy grave, y dificultar incluso la respiración. El caso es que los cacahuetes son, desde el punto de vista botánico, legumbres y no frutos secos (aunque la manifestación de esta alergia es similar a la provocada por anacardos, avellanas o pistachos), pero para la práctica diaria es lo mismo; cuando se sufre una alergia a cualquier alimento, la única medida eficaz es evitar por completo la exposición.
El problema reside muchas veces en la presencia de trazas o ingredientes derivados del alimento alergénico, por eso es importante, además de no ofrecerlo directamente a la persona alérgica, revisar con detalle las etiquetas cuando compramos en el supermercado. La legislación obliga a destacar los alérgenos, pero pueden aparecer en harinas, salsas, dulces, platos preparados o snacks en los que no esperaríamos encontrar cacahuete.
Ahora bien, ¿recordáis este post nuestro hablando de un estudio que señalaba como segura la introducción de productos que contienen cacahuete en la prevención del desarrollo de alergias? Hoy volvemos a ahondar en la cuestión a la luz de las nuevas directrices sobre alimentación complementaria y alimentos alergénicos publicadas por organismos como la OMS, el NIAID, la AAP, ESPGHAN o EFSA, que han cambiado por completo la visión tradicional de “retrasar” los alérgenos.
Antes, sin embargo, repasemos brevemente los mecanismos de producción de alergias alimentarias. Leemos en KidsHealth que las alergias ocurren cuando el organismo reacciona como si un alimento fuera nocivo. Al suceder esto, el sistema inmunitario fabrica anticuerpos de tipo inmunoglobulina E (IgE); estos anticuerpos se unen a los mastocitos y basófilos, que al activarse liberan histamina y otras sustancias químicas responsables de los distintos síntomas.
Las alergias alimentarias pueden manifestarse de forma leve, grave o muy grave, llegando a comprometer la vida de la persona, de ahí la importancia de la evitación estricta del alimento causante y de la formación a las familias en el reconocimiento y el tratamiento de una reacción extrema. Pueden aparecer reacciones cutáneas como enrojecimiento, habones o picor, digestivas como vómitos o diarrea, respiratorias como crisis asmáticas o dificultad respiratoria, o cardiovasculares como mareos o bajada brusca de tensión.
La manifestación más comprometida es la anafilaxia, que ocurre de forma repentina y pone en riesgo al alérgico. En estos casos el tratamiento de elección es la adrenalina autoinyectable y la atención urgente. Por eso, en niños con alergia confirmada a cacahuete o frutos secos, los pediatras recomiendan llevar siempre la medicación de rescate y un plan de acción por escrito para escuela, familia y otros cuidadores.

Alergia a los cacahuetes y a los frutos secos: riesgos, síntomas y alergias cruzadas

Durante bastante tiempo se han difundido consejos sobre la evitación de ofrecer cacahuetes antes de los 36 meses, especialmente en niños con antecedentes de alergia. Además, en el caso de cacahuetes o frutos secos, conviene plantearse también la forma de administrarlos hasta los cinco años, ya que coexiste el peligro de atragantamiento. Cacahuetes enteros, troceados o mantequillas con trozos duros son un alto riesgo de asfixia y no se recomiendan en menores de cuatro años.
Cualquier fruto seco, incluido el cacahuete, se puede ofrecer de forma más segura triturado, en crema muy diluida o integrado en purés, papillas, sopas, bizcochos y recetas blandas. En paralelo, las nuevas guías del Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos (NIAID) y documentos de sociedades científicas como la AAP, ESPGHAN, EFSA o la OMS, parecen desaconsejar el retraso en la introducción de cacahuetes en la dieta de los bebés, especialmente en niños de riesgo.
La finalidad de este cambio es prevenir la aparición de alergias que sitúan a las personas en situación de gran vulnerabilidad en caso de exposición accidental. Los estudios tipo LEAP han demostrado que introducir el cacahuete de forma temprana y regular reduce significativamente el riesgo de que se desarrolle alergia en niños con eccema u otros factores de riesgo.
Los síntomas enumerados más arriba, y otros, se pueden presentar con distinta intensidad, y su aparición depende de factores como otras alergias concomitantes, grado de sensibilización previa, exposiciones anteriores, carga de alérgeno o incluso infecciones intercurrentes. Las alergias a frutos secos pueden provocar un síndrome conocido como síndrome de alergia oral, en el que aparecen picor u hormigueo en labios, lengua y garganta, a veces asociado a alergia al polen. Además, las alergias cruzadas entre distintos frutos secos y legumbres pueden predisponer a la presentación de reacciones más severas, incluida la anafilaxia.
Todo esto hace que el manejo del niño alérgico sea complejo, pero también ha llevado a replantear la vieja idea de “cuanto más tarde, mejor” en la introducción de alimentos potencialmente alergénicos. La evidencia acumulada hoy apoya justo lo contrario en el caso del cacahuete: una introducción controlada, temprana y mantenida en la dieta parece la mejor estrategia preventiva.
Directrices del Instituto Nacional de la Salud y consenso internacional
Las directrices del NIAID sobre prevención de la alergia al cacahuete se publicaron en una revista de referencia, el Journal of Allergy and Clinical Immunology. En ellas se revisaron ensayos clínicos como el LEAP y su seguimiento LEAP-On, estudios observacionales y posicionamientos de múltiples sociedades científicas. A partir de esta base, se definieron tres grupos de riesgo y recomendaciones diferenciadas, que hoy se consideran un estándar internacional.
A continuación ofrecemos las principales directrices, que se alinean con las recomendaciones actuales de la AAP, la OMS, ESPGHAN, EFSA y las guías europeas sobre prevención de alergias alimentarias:
- Bebés considerados de alto riesgo (presentan eccema severo, alergia al huevo o ambos). Los expertos recomiendan la introducción de alimentos con cacahuete entre los 4 y los 6 meses, para reducir el riesgo de desarrollar alergia a este alimento. En cualquier caso, se debe consultar previamente a un pediatra o alergólogo, y realizar la primera prueba bajo supervisión médica o en un entorno controlado.
- Bebés con eccema leve o moderado: se puede introducir el cacahuete en torno a los seis meses de edad, preferiblemente cuando ya hayan probado otros sólidos bien tolerados. En este grupo se suele poder hacer la introducción en casa, siguiendo unas pautas de seguridad.
- Bebés sin eccema ni alergias alimentarias conocidas: se les ofrecerá el cacahuete de forma libre dentro de la dieta diversificada alrededor de los seis meses. Este grupo engloba a la mayoría de los bebés, y no se considera necesario un estudio alérgico previo.
Todos los bebés deberían probar otros alimentos sólidos antes que aquellos que contienen cacahuete, para poder distinguir mejor la causa de una posible reacción.
Sobre esta base, las guías internacionales también subrayan que la introducción de cacahuetes debe hacerse con texturas seguras (crema muy diluida, polvo mezclado con papillas, snacks de cacahuete solubles) y nunca en forma de cacahuetes enteros ni mantequilla espesa, por el riesgo de atragantamiento.
Alimentación complementaria, lactancia materna y momento adecuado para el cacahuete

Surge una duda muy habitual en las familias: ¿cómo se compagina la introducción temprana del cacahuete con las recomendaciones de lactancia materna, que aconsejan lactancia exclusiva aproximadamente hasta los 6 meses? Según veíamos en este post sobre introducción de la alimentación complementaria, a partir de esa edad se pueden incorporar a la dieta del bebé otros alimentos, teniendo en cuenta la presentación, el apetito de los peques y su reacción ante cada nuevo alimento.
La OMS y documentos de consenso recientes recuerdan que la alimentación complementaria es el proceso de proporcionar alimentos además de la leche (materna o fórmula) cuando esta por sí sola ya no cubre las necesidades nutricionales del lactante. Este proceso suele iniciarse alrededor de los 180 días de vida, pero algunas guías como la de ESPGHAN contemplan un inicio algo más temprano (a partir de las 17 semanas) en determinadas circunstancias, siempre con supervisión profesional.
Dicho criterio, según las nuevas directrices, seguiría siendo válido para los grupos 2 (eccema leve o moderado) y 3 (bebés sin problemas). Lo que genera más debate es si en niños con eccema severo se debe adelantar específicamente el cacahuete dentro de esa ventana de 4-6 meses, aun manteniendo la prioridad de la lactancia. Lo que plantean los expertos no es sustituir las tomas de leche, sino ofrecer pequeñas cantidades de cacahuete bien preparado (por ejemplo, mezclado con leche materna o fórmula) dentro de ese marco, sin que la leche deje de ser el alimento principal.
Las nuevas guías de introducción del cacahuete se basan en datos que sugieren que la alergia podría ser prevenida por la introducción temprana y continuada del alimento. Según los ensayos clínicos, es posible reducir hasta en un 81 por ciento el desarrollo de alergia en los bebés considerados de alto riesgo, siempre que consuman de forma regular una cantidad suficiente de proteína de cacahuete varias veces por semana.
En paralelo, documentos críticos con las nuevas directrices de la OMS sobre alimentación complementaria recuerdan que la evidencia para muchas recomendaciones generales aún es limitada, y que es necesario adaptar las guías al contexto de cada país, al riesgo nutricional (anemia, sobrepeso, obesidad) y a la presencia de lactantes con necesidades especiales (prematuros, dietas vegetarianas, alergias múltiples, etc.). En el caso del cacahuete, sin embargo, la evidencia procedente de los estudios LEAP y LEAP-On se considera particularmente sólida en comparación con otros aspectos de la alimentación complementaria.
Cómo introducir cacahuetes en la alimentación complementaria de forma segura

Una vez decidido el momento adecuado con el pediatra, la gran duda de las familias es cómo ofrecer el cacahuete por primera vez sin riesgo de atragantamiento y minimizando la angustia. Las guías actuales proponen varias formas de preparación seguras que se integran fácilmente en la alimentación complementaria habitual:
- Mantequilla de cacahuete suave (sin trozos) muy bien diluida con agua, leche materna o fórmula, hasta lograr una textura casi líquida que gotee de la cuchara.
- Polvo de cacahuete mezclado en papillas de cereales, purés de fruta o yogur (si ya se han introducido los lácteos).
- Snacks de cacahuete solubles tipo “puff” (como Bamba), que se deshacen fácilmente en la boca, pudiendo reblandecerse aún más con un poco de leche.
En todos los casos se insiste en evitar los cacahuetes enteros, partidos o duros, así como las mantequillas espesas o con trozos, al menos hasta los 4 años, por el riesgo de asfixia. También se recomienda realizar la primera exposición en un momento del día en el que la familia pueda observar al bebé durante varias horas, preferiblemente por la mañana o primera hora de la tarde, y no justo antes de dormir.
La introducción se hará empezando por cantidades muy pequeñas (por ejemplo, un cuarto de cucharadita de la mezcla diluida), observando al bebé durante 10-15 minutos. Si no aparece ningún síntoma preocupante (urticaria generalizada, hinchazón facial, dificultad respiratoria, vómitos repetidos), se puede ofrecer el resto de la ración prevista (normalmente el equivalente a 2 cucharaditas de mantequilla de cacahuete diluida). Posteriormente, para mantener la tolerancia, se aconseja ofrecer alimentos con cacahuete 2-3 veces por semana.
Es importante subrayar que la posibilidad de reacción existe siempre, pero en bebés de bajo y moderado riesgo las reacciones graves en una primera exposición en casa son infrecuentes. En bebés de alto riesgo (eccema severo, alergias previas), la recomendación es individualizar: realizar o no pruebas de alergia antes, valorar la introducción en hospital de día, disponer de adrenalina autoinyectable si así lo indica el alergólogo, etc.
Cuando se elige una mantequilla de cacahuete para la introducción, las guías recomiendan productos simples, con el menor número posible de ingredientes: idealmente solo cacahuetes molidos, sin azúcares añadidos, sal, miel (contraindicada en menores de 12 meses por el riesgo de botulismo) ni aceites hidrogenados. Las variantes “crujientes” o con trocitos deben evitarse en bebés y niños pequeños.
Por último, los productos comerciales de “introducción de alérgenos” (sobres en polvo con varios alérgenos mezclados) pueden ser una opción para algunas familias, pero no son imprescindibles. Una crema de cacahuete suave bien diluida o un polvo de cacahuete natural ofrecen el mismo efecto desde el punto de vista inmunológico, siempre que se utilicen con la frecuencia y cantidad adecuadas.
En la práctica, combinar las recomendaciones clásicas de alimentación complementaria (dieta variada, rica en hierro, frutas, verduras, legumbres y alimentos frescos) con la introducción temprana y segura del cacahuete permite a las familias ofrecer a sus hijos una alimentación más completa, respetuosa con la lactancia y, además, protectora frente a una de las alergias más frecuentes y temidas en la infancia. De esta forma, el primer contacto del bebé con el cacahuete deja de ser motivo de miedo para convertirse en una oportunidad de prevención activa de alergias.
