
Con la llegada de las redes sociales a nuestras vidas ya hace un tiempo, cada vez son más las personas que se suman a los millones que tienen un perfil en cualquiera de las redes sociales con más nombre en la actualidad como Facebook, Instagram, TikTok o X (antes Twitter). Siendo Facebook una de las más grandes debido a la facilidad de interacción con los amigos, familiares y el poder conectar con cualquier persona del mundo. Pero, ¿sabes lo que es el oversharing y cómo afecta a la protección de la privacidad de los hijos?
El oversharing tiene que ver con los padres que suben las fotografías de sus hijos a las redes sociales de forma abusiva. Aquellas mamás que empiezan subiendo las fotografías de sus ecografías, de los niños jugando en el baño o jugando en el parque, o contando detalles íntimos sobre su salud, sus rabietas o su rendimiento escolar. Pero, ¿dónde está el límite? ¿Qué hay de malo en ello?
El problema llega cuando los padres desarrollan una necesidad constante de mostrar la vida de sus hijos, buscando de forma casi compulsiva comentarios y «me gustas» en las fotografías y vídeos que publican. Y es que muchos padres, ansiosos de tener buenos comentarios en las fotografías de sus hijos, no se dan cuenta de que lo que hacen es subir fotografías e información de sus hijos sin que éstos les den el consentimiento y tampoco piensan en las posibles consecuencias que puede tener en el futuro para ellos. Esto es oversharing.

La necesidad de mostrar y el fenómeno del sharenting

Esta sociedad actual tan enganchada a las redes sociales siente una fuerte necesidad de mostrar situaciones familiares a los contactos que tienen en sus perfiles. Quieren exhibir lo que hacen, dónde salen, qué sienten… e incluso muestran las situaciones más íntimas que no deberían conocer otras personas. La intimidad de una familia se puede ver seriamente perjudicada cuando una persona no sabe poner el límite.
Cuando una madre o padre publica una imagen de su hijo en Internet, no se da cuenta de que las imágenes pueden quedar para siempre en Internet y al alcance de muchas personas, algo que podría causar problemas a los niños y niñas en el futuro. Además de las fotos, se comparten detalles sobre su carácter, problemas escolares, miedos, enfermedades o conflictos familiares, construyendo una imagen pública del menor sin que éste pueda decidir.
A este fenómeno concreto, cuando son los progenitores quienes comparten en exceso información sobre sus hijos, se le llama a menudo sharenting (de share, compartir, y parenting, crianza) u oversharenting cuando esa exposición es claramente excesiva. No se trata solo de fotos bonitas, sino también de datos que pueden permitir localizar al menor, conocer sus rutinas, su colegio o incluso sus dificultades emocionales.
Las madres y los padres que suben imágenes de sus hijos a Internet no suelen pensar que vayan a tener consecuencias negativas; su intención es compartir de una forma amigable con sus familiares y amigos una imagen bonita de sus hijos y esperar comentarios positivos que les hacen sentir bien y acompañados en la crianza. Sin embargo, desde la psicología y la protección de datos se insiste en que esas imágenes y relatos pueden tener efectos emocionales, sociales y legales a medio y largo plazo. ¿Para qué exponerse a problemas cuando pueden evitarse?
Cómo influye el ejemplo de los padres en la educación digital

Son muchos los padres que, de forma incoherente, les dicen a sus hijos (con buenas intenciones) que no suban fotos a Internet, que hagan sus perfiles privados o que no compartan imágenes por WhatsApp con los amigos (porque no te puedes fiar de nadie), cuando después ellos mismos hacen exactamente lo contrario con las fotos e historias de sus hijos.
Los menores aprenden por imitación. Si los padres son los primeros en ejercer esta práctica del oversharing, ¿cómo vamos a pedir a los niños y adolescentes que protejan su esfera privada? Los hijos ven normal que todo se cuente y se muestre, y pueden reproducir ese patrón cuando empiecen a gestionar sus propias redes.
Es necesario que, del mismo modo que se quiere conseguir una concienciación por parte de los chicos y chicas, los padres también aprendan la parte negativa de subir y compartir fotografías e información de sus hijos a Internet. En ocasiones es tan fácil como usar el sentido común y pensar que Internet es un entorno público y que, si no pones las medidas de seguridad adecuadas (y pones en privado tu cuenta), cualquiera, con buenas o malas intenciones, puede acceder a tus publicaciones y ver las imágenes que has colgado de tus hijos.
También hay que utilizar un poco la empatía y ponerse en el lugar del menor. Si tienes un hijo adolescente, ¿estás seguro de que quieres compartir una imagen comprometida o una anécdota embarazosa que le pueda hacer pasar vergüenza o que sus iguales se burlen de él o ella? Si quieres colgar una imagen suya en tus redes sociales, primero pregúntale si quiere que lo hagas y respeta su respuesta, aunque no coincida con tus ganas de mostrar.
Además, si subes una foto o un vídeo a Internet debes saber que hay personas con malas intenciones que realizan «morphing», una técnica que consiste en realizar un montaje de una fotografía para convertirla en una imagen pornográfica o sexualizada. Por eso es especialmente importante no colgar fotos de tus hijos desnudos, en ropa interior o en contextos íntimos. Se trata de ponérselo lo más difícil posible a quienes puedan utilizar las imágenes de menores con fines delictivos.

Derechos de los menores: intimidad, imagen y consentimiento
En el ámbito jurídico, los niños y adolescentes son titulares de derechos fundamentales como el honor, la intimidad y la propia imagen. Estos derechos son inherentes a la persona, inalienables, indisponibles e imprescriptibles. Esto significa que nadie debería vulnerarlos, ni siquiera con la excusa de ser padre o madre orgulloso.
La normativa de protección civil del honor, la intimidad personal y familiar y la propia imagen establece que, en general, no se apreciará intromisión ilegítima cuando el titular del derecho ha otorgado su consentimiento. Sin embargo, en el caso de los menores, no siempre tienen la madurez y la capacidad de comprensión suficientes para emitir un consentimiento válido.
Por eso, cuando los niños son pequeños, son los representantes legales (normalmente, los padres) quienes deben velar por estos derechos y decidir qué se publica y qué no. Ese poder de decisión, sin embargo, tiene un límite: siempre debe ejercerse pensando en el interés superior del menor, no en las necesidades de validación social o de desahogo de los adultos.
A medida que los hijos crecen y adquieren madurez, es fundamental que participen en las decisiones sobre su imagen digital. Pedir permiso al menor antes de subir una fotografía o contar un episodio personal no es solo una muestra de respeto, sino también una manera de enseñarle sobre consentimiento y límites en el entorno online.
Conviene recordar que, aunque las plataformas aseguren que el contenido es «tuyo», al publicarlo cedemos a estas empresas ciertos derechos de uso y tratamiento de la información. Además, aunque borres una fotografía, puede seguir siendo visible si otros la han guardado, compartido o si ha sido indexada en otros sitios. Esa huella digital, especialmente cuando afecta a menores, es muy difícil de borrar por completo.
Riesgos emocionales y sociales del oversharing en la infancia
Los riesgos del oversharing no son solo tecnológicos o legales. También existen consecuencias psicológicas y sociales para los niños y adolescentes cuya vida ha sido expuesta de forma continua en redes.
Por un lado, al difundir la infancia de los hijos estamos imprimiendo sus primeras huellas digitales. Esa identidad digital puede no corresponderse con cómo ellos se ven o quieren ser vistos en el futuro. Muchos menores pueden sentirse avergonzados por ciertas imágenes o relatos que sus padres publicaron cuando eran pequeños: vídeos de rabietas, problemas de control de esfínteres, dificultades escolares, trastornos de conducta, etc.
Estudios sobre el uso de la tecnología en familias señalan que un porcentaje muy elevado de padres comparte información potencialmente vergonzosa, localizable o directamente inapropiada sobre sus hijos. Esta sobreexposición aumenta el riesgo de que se conviertan en blanco de burlas, acoso escolar o ciberacoso, o de que su autoestima y su reputación se vean dañadas.
Además, cuando se comparten constantemente logros, actividades o comparaciones con otros niños, puede generarse en los hijos una sensación de presión por mantener una determinada imagen o de no estar a la altura de las expectativas familiares o sociales.
Por último, la publicación masiva de contenido sobre menores incrementa el riesgo de que puedan ser objetivo de acosadores, pederastas o delincuentes que busquen información detallada sobre sus rutinas, gustos o entornos para fines ilícitos, como el robo de identidad o el fraude.
Consejos y buenas prácticas para proteger la privacidad de tus hijos
Es muy importante que las familias tengan en cuenta una serie de medidas para que los niños puedan tener protegida su privacidad y para que los padres no tengan problemas en cuanto a este aspecto. No se trata de demonizar las redes sociales, sino de aprender a usarlas con responsabilidad y priorizando la seguridad y el bienestar de los menores.
- Poner el perfil de las redes sociales en privado. Configura tus cuentas para que solo tus amigos y familiares cercanos puedan ver las imágenes y publicaciones. Revisa periódicamente la lista de contactos y elimina a quien no conozcas bien. Ten en cuenta que, incluso con el perfil privado, hoy en día se pueden hacer capturas de pantalla y guardar las imágenes en cualquier dispositivo, así que sigue siendo importante seleccionar cuidadosamente qué se comparte.

- Envía la imagen por correo electrónico. Enviar las imágenes por correo electrónico es otra forma relativamente segura de compartir fotos con tus seres queridos, porque eliges de forma específica a quién se las mandas. Si publicas las fotografías en Facebook o en cualquier otra red y tienes muchos contactos, la verán todos ellos (a no ser que filtres muy bien la audiencia). Por correo electrónico puedes seleccionar destinatarios concretos y limitar la difusión.
- Habla con tu pareja antes de subir una fotografía y con tu hijo si tiene capacidad de decisión. Es importante que hables con tu pareja antes de compartir una imagen de vuestro hijo o hija en común, porque quizá no quiera que lo hagas y tendrás que respetar su decisión. Si tu hijo ya tiene edad y madurez suficientes, pídele también su permiso y explícale a quién se va a mostrar la foto y con qué finalidad.
- No compartas fotografías comprometidas ni información sensible. Las imágenes o datos que sean privados, muy íntimos o que puedan utilizarse para localizar al menor (dirección, colegio, lugares que frecuenta, rutinas diarias) es mejor que los guardes en tu esfera privada. Evita detalles como matrículas de vehículos, uniformes escolares con el nombre visible o geolocalización en tiempo real.
Además de estas recomendaciones, conviene reforzar otros aspectos de seguridad digital:
- Revisa las políticas de privacidad de las redes sociales que utilizas para entender qué derechos cedes al subir contenido y cómo pueden usar tus datos y los de tus hijos.
- Configura quién puede comentar o compartir tus publicaciones, limitando las interacciones a personas de confianza y bloqueando cuentas sospechosas.
- Evita publicar en tiempo real dónde estás con tus hijos. Si quieres compartir una foto de un viaje o un evento, hazlo una vez que ya hayáis regresado al domicilio.
- Reflexiona siempre antes de publicar: pregúntate si a tu hijo le gustará ver esa imagen o leer ese comentario dentro de unos años y si puede aportar información útil a personas con malas intenciones.
Recuerda que tus hijos deben estar protegidos ante Internet y todo lo que conlleva, y tú eres su mayor ejemplo para conseguirlo y para que aprendan buenos hábitos en el manejo de las redes sociales. Ahora que ya sabes qué es el oversharing y cómo afecta a la privacidad de los menores, resulta más sencillo detenerse un momento antes de subir una imagen o contar una anécdota y valorar si merece la pena exponer parte de su intimidad.
Cuidar la huella digital de tus hijos, respetar su derecho a la intimidad y enseñarles a proteger su propia información son decisiones que pueden marcar una gran diferencia en su bienestar emocional, su seguridad y sus oportunidades futuras, tanto dentro como fuera de la red.