Padres que crían solos a sus hijos pueden hacerles seres sociables

 

A un niño puede costarle comunicarse con otros, comprenderles, o dar y querer recibir afecto de los mismos

El hecho de que un niño sea sociable depende en gran medida de su personalidad y carácter. Suele decirse que si un niño está mucho con sus padres seguramente será retraído con el resto de personas. A continuación vamos a descubrir que esta afirmación no puede aplicarse a todos los casos.

Es muy recomendable que un niño desde pequeño se abra al mundo y no se eduque encerrado en una burbuja. El mundo exterior está dispuesto a recibirle, a aportarle y a invitarle a que decida, valore y ponga en práctica actuaciones para hacer frente a muchos obstáculos y retos. Para quienes representan al niño su labor es la de fomentar valores de crecimiento personal y de todo y todos se aprende.

No solo se es sociable con la gente del alrededor, también con la que está cerca o se convive formando un hogar. A un niño puede costarle comunicarse con otros, comprenderles, o dar y querer recibir afecto de los mismos. Esto puede ocurrir por diferentes motivos, entre ellos, no sentirse a gusto o no disponer de las herramientas necesarias.

El desarrollo de niños que conviven con sus padres

Es frecuente escuchar o suponer que un niño que convive, diariamente, y sobre todo en su infancia solamente con el padre y la madre, no va desde muy temprano a la guardería y no se queda al cuidado de otros familiares o amigos, ya es un niño mimado y retraído. No obstante esa afirmación depende en gran medida de lo que el niño vea en sus padres, de lo que le enseñen y de sus características personales.

Realmente niños que han estado con sus padres y desde bebés se han sentido seguros y protegidos, se muestran así con otros. Los niños saben que tiene ahí a su madre para todo, por lo tanto confían en que no se irá. Si bien es cierto que piden el beneplácito a los padres para acercarse a alguien e incluso desconfían en un primer momento si no se les anima.

Padres que han de llevar a su hijo a la guardería desde muy pequeño frente a la imposibilidad de conciliar vida personal con trabajo, añaden a este motivo, la supuesta necesidad del niño a socializar con otros, pero no todo es tan sencillo. Existen variantes y rasgos de la personalidad del niño que no ponen facilidades para que se de esa cualidad.

Los niños aprenden con el tiempo y durante sus diferentes etapas evolutivas. Un niño pequeño que aprende primero la negación, el sentido de propiedad y a no compartir, ha de pasar primero por esas fases y seguidamente por otras de tipo más madurativo. El niño aprende por imitación en muchos casos. Aprende de sus padres lo que es de cada uno y entiende que él también tiene cosas “solamente suyas”.

Niños que han estado con sus padres y desde bebés se han sentido seguros y protegidos, se muestran así con otros.

A los niños no hay que forzarles, ni hacerles sentir incómodos. Los niños son personas que saben decidir y que eligen qué hacer, pero claro que imitarán a quienes tiene a su lado. No tenemos que decirles “da un beso”, si ni siquiera sabe quién es esa persona. Lo que sí ve y percibe en sus padres son las formas de actuar y la educación. Un niño si sale a la calle y ve saludar, dar los buenos días o las gracias a su madre o su padre, actuará igualmente.

Hay niños que viven rodeados de personas pero no son sociables. Estar entre otras personas, no implica ser sociable, implica “estar con ellas”. Un niño sociable sabe interactuar con ellos, se siente bien y sin presiones para realizar según qué acciones. Ser sociable implica hablar, escuchar y compartir, en un ambiente distendido y por voluntad propia.

Por supuesto que un niño, en un lugar que ve hostil y vacío de gente con la que tiene contacto diario, no se sentirá igual de tranquilo ni cómodo que con sus padres. Le costará hacerse al trato en ese ambiente y con esa gente, pero como a cualquiera de nosotros. Ser sociable o comportarse de una manera cómoda con ciertas personas lleva su tiempo, has de tantear el terreno, ver si hay feedback, sentir si hay feeling con otros…

El contacto del niño con su entorno más próximo

Un niño sociable sabe interactuar con otras personas si se siente bien y sin presiones.

El niño se dará al mundo, si su mundo se entrega a él. Si el niño recibe amor de sus seres queridos, de su entorno más cercano, será más propenso a tener relaciones sanas y cálidas con el resto de personas. Si ha visto sonrisas, gestos afables, si ha escuchado buenas palabras y amenas conversaciones en sus padres, entenderá que es lo adecuado. Si ha habido reciprocidad, comprenderá que dar es obtener algo bueno.

Los referentes educativos son, normalmente, los padres. Los padres indicarán qué está bien y qué se debe corregir. Además han de potenciar la autoimagen y autoestima, la solidaridad y respeto hacia otras personas, por parte de su hijo. Si los padres son personas que ayudan a otros, que se ponen en el lugar de otros, son generosos…, educarán en esos valores a su pequeño y verán crecer a un niño lleno de aptitudes afianzadas y que le llevarán a completar un desarrollo emocional pleno.

Lo adecuado es hablar con el niño, explicarle qué puede mejorar y no reprenderle si se le ve pobre, socialmente hablando. Los parques, entornos donde haya más personas, fiestas, algún evento infantil, lugares de ocio para los más pequeños…, son sitios donde no existe rigidez de normas. El ambiente desenfadado puede lograr que el niño se sienta libre para actuar y querer entablar relaciones, bailar, jugar o reírse con otros.

Es necesario que se cuiden las relaciones entre progenitores e hijo para fortalecer la autoestima, comunicación, habilidades sociales, confianza…El niño podrá asociar su vida exterior con la actividad que lleve diaria con sus padres. Ellos son el motor de su vida y deben valorar las opiniones del menor y ayudarle a que exprese sus sentimientos. Las interacciones que lleven conjuntamente, serán la llave para que el niño desarrolle sus capacidades cognitivas y socioafectivas de cara a otros.


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Aprendizaje

Ana María Longo Silva nació en Bonn (Alemania) en 1984 y es hija de padres gallegos y emigrantes. Licenciada en Pedagogía en 2006 por la Universidad de Santiago de Compostela, también posee formación en coaching y liderazgo personal, psicología infantil, inteligencia emocional y trastornos emocionales. Colaboró en Woman Actitud, donde destaca el artículo “Vivir”, publicado en 2015. Entre 2007 y 2016, ha realizado trabajos esporádicos como cuidadora infantil y profesora particular, por lo que los niños han sido y son un referente en su vida. Amante del cine, la música y viajar, Mommy: amor en uso es su primer libro editado. Le sigue Mamá...: ¡Teta! Lactancia materna. Actualmente, reside en Palma de Mallorca. Está casada y es madre de una preciosa bebé, quien le ha despertado el deseo y el valor para publicar. Actualmente también es redactora en la revista Bekia y colabora en el blog Madres Hoy, publicando sobre temas de maternidad, una temática que le fascina y a la que dedica el tiempo completo. Con su trabajo quiere apoyar y ayudar a madres primerizas y futuras madres. En cuanto a sus proyectos, tiene pendiente publicar un libro sobre el comportamiento humano.

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