El debate sobre la relación entre el paracetamol en el embarazo y el autismo vuelve a escena tras adelantarse que Estados Unidos prepara un anuncio oficial que sugiere un vínculo. La noticia llega acompañada de críticas de la comunidad científica, que insiste en que las mejores pruebas disponibles no respaldan una causalidad.
En los últimos años se han acumulado estudios, pero el que marca el paso es un trabajo sueco con 2,4 millones de nacimientos (1995-2019) que, empleando comparaciones entre hermanos y otros controles, no halló aumento de riesgo de TEA, TDAH ni discapacidad intelectual por la exposición prenatal a paracetamol. La ausencia de relación dosis-respuesta refuerza esa conclusión.
Qué se ha anunciado desde EE UU
Según avanzaron medios como The Washington Post y Politico, la Administración estadounidense tiene previsto desaconsejar el uso de paracetamol en el primer trimestre salvo en casos de fiebre y dolor de cabeza y, en paralelo, promover la leucovorina como posible tratamiento del autismo. El presidente estadounidense llegó a anticipar un anuncio “muy importante” sobre esta condición, en un contexto en el que el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., ha atribuido el aumento de diagnósticos a “toxinas ambientales”.
Este giro político contrasta con las directrices médicas vigentes y con opiniones de sociedades científicas que consideran seguro el uso del paracetamol cuando está clínicamente indicado, siempre con la menor dosis eficaz y el menor tiempo posible frente a alternativas como el ibuprofeno.

Qué dice la evidencia científica más sólida
El estudio sueco publicado en 2024, basado en registros nacionales y análisis entre hermanos, no encontró relación entre exposición prenatal a acetaminofén y TEA, TDAH o discapacidad intelectual. La metodología reduce el sesgo por factores familiares compartidos, y la falta de un patrón dependiente de dosis desalienta una interpretación causal.
Expertos consultados por plataformas científicas y por sociedades como la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP) coinciden en que los trabajos con mayor rigor no apoyan una causa-efecto. Estudios que sí reportan asociaciones suelen ser observacionales, con confusores relevantes (como motivos de uso del fármaco, comorbilidades o predisposición genética) insuficientemente controlados.
Además, voces de referencia en obstetricia señalan que, cuando se comparan hermanos y se ajusta por antecedentes familiares, cualquier señal “marginal” se diluye. Dicho de otro modo, el historial familiar pesa más que la exposición al analgésico.
Factores de confusión y lo que sí se sabe del autismo
El autismo es una condición del neurodesarrollo heterogénea, con fuerte base genética y múltiples factores implicados. Entre los elementos que pueden sesgar estudios observacionales figuran infecciones durante el embarazo, hipoxia perinatal por complicaciones y otras condiciones que podrían motivar el uso de analgésicos.
Que exista una asociación en algunos análisis no implica causalidad. En este campo, distinguir entre “se correlacionan” y “una cosa causa la otra” es clave, especialmente cuando no hay gradiente dosis-respuesta ni replicaciones consistentes con métodos robustos.
Uso de paracetamol en el embarazo: recomendaciones actuales
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) indica que, si es clínicamente necesario, el paracetamol puede utilizarse durante la gestación bajo el principio de dosis mínima efectiva y durante el menor tiempo. Una extensa experiencia de uso no ha mostrado toxicidad fetal/neonatal ni aumento de malformaciones, y los datos sobre neurodesarrollo son no concluyentes.
Para muchas gestantes, el paracetamol es una de las pocas opciones seguras frente a la migraña en el embarazo o la fiebre. Generar alarma infundada puede retrasar atenciones necesarias, con potenciales riesgos para madre y feto.
La leucovorina en el punto de mira
En el mismo paquete de anuncios se ha deslizado la promoción de la leucovorina (ácido folínico) como tratamiento frente al autismo. A día de hoy, las pruebas son preliminares y no concluyentes; falta investigación de alta calidad que permita recomendaciones clínicas generales.
Profesionales de neurodesarrollo recuerdan que no existe medicación que cure el autismo. Algunos fármacos pueden modular síntomas concretos o comorbilidades, pero el abordaje efectivo es multidisciplinar y personalizado. No se aconseja la leucovorina como tratamiento estándar del TEA.
Por qué preocupa el alarmismo
Especialistas en salud pública y neurodesarrollo advierten de efectos colaterales de los mensajes sin respaldo: desde dificultar el acceso a tratamientos necesarios hasta reactivar dinámicas de culpabilización materna. La comunicación responsable, pegada a la evidencia, es esencial para proteger la salud de las familias.
El estado del conocimiento es claro: los trabajos más sólidos no apoyan que el paracetamol en el embarazo cause autismo. Las recomendaciones se centran en uso prudente cuando esté indicado, vigilancia de factores de riesgo reales y prudencia ante propuestas terapéuticas que aún no cuentan con aval suficiente.

