Permite que tu bebé te espere unos minutos

Es fácil evitar las frustraciones a los bebés, ningún padre quiere verles llorar. Si el bebé quiere amamantar, es lo que toca en ese momento y no hay otra. Si quiere que le tengas en brazos, le tienes y esto está bien. Ser incondicionalmente receptivo es parte del contrato entre padres e hijos.

Sin embargo, tal entrega incondicional en los últimos meses de cuidado infantil puede convertirse en “maternidad mártir” y realmente puede interferir con la capacidad de tu hijo para comenzar a desarrollar un buen sentido de sí mismo y un sentido de competencia.

Lo peor de todo es que cuando se hace esta crianza sufriendo, la crianza receptiva se deteriora y se convierte en una paternidad resentida. Una vez que conozcas tus límites, te sentirás motivado para encontrar formas de que tu bebé se comporte mejor, y tu bebé pronto recibirá el mensaje de que la vida transcurre mejor con una madre que es feliz.

Es importante que conozcas tus límites y también los de tu bebé. En ocasiones no es malo que pongas a tu bebé un poco en su parque cuando sepa sentarse y dejarle con sus juguetes cuando tengas que hacer algo para ti. Quizá llore, pero si solo es un momento no le va a pasar nada y para ti son unos minutos muy importantes.

No eres mala madre por permitir que tu bebé te espere mientras estás haciendo algo. Poco a poco tendrá que aprender que no siempre estarás a su lado, pero que siempre (siempre) vuelves para consolarle o satisfacer sus necesidades básicas. Unas necesidades que deberás enseñar a medida que crezca a que él o ella aprenda a satisfacer por sí mismo siempre dentro de sus posibilidades y sus capacidades.

Si tu bebé te espera en brazos de papá, en su cuna o en el parque, siempre que esté seguro. No estarás haciendo nada malo y tu bebé será feliz de abrazarte en cuanto vuelvas.


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