El pie plano es una condición que puede afectar tanto a adultos como a niños, pero cuando ocurre en niños se llama “pie plano pediátrico”. La mayoría de los niños que tienen el pie plano pediátrico nacen con esta condición, pero sin embargo, puede aparecer posteriormente. Los niños por lo general superan el pie plano pediátrico por su cuenta a medida que crecen y es a partir de los 5 años cuando tiende a desaparecer por completo.
Qué es el pie plano

El pie plano es una forma común de pie en la infancia, caracterizada por la disminución o ausencia del arco longitudinal medial cuando el niño está de pie y apoyando su peso. Cuando una persona con pie plano se pone de pie, como te he comentado más arriba, la parte media del pie —o arco— desaparece. El pie parece que está plano sobre el suelo y suele acompañarse de un valgo de talón, es decir, el talón se inclina hacia fuera.
Los estudios en niños sanos muestran que la mayoría de los pequeños tienen el arco poco definido en los primeros años debido a la presencia de una almohadilla grasa plantar y a la gran laxitud de ligamentos y articulaciones. A medida que el sistema musculoesquelético madura, el arco se va formando de manera progresiva y la incidencia de pie plano disminuye claramente después de los 5‑6 años.
En Pediatría y Traumatología Infantil se acepta que el pie plano, sobre todo si es flexible y no duele, es con frecuencia una variante del desarrollo normal. Sin embargo, cuando se asocia a dolor, limitación funcional importante o deformidades estructurales, hablamos de pie plano patológico y requiere una valoración más detallada.
Hay tres tipos de pie plano y saber cuál es el pie plano que tiene tu hijo ayudará a acertar con el tratamiento que necesita.
- Pie plano flexible. Casi todos los niños con pie plano tienen lo que se llama pie plano flexible. Esta condición no es dolorosa, no causa discapacidad y no requiere ningún tratamiento en la mayoría de los casos. Siempre afecta a ambos pies, se asocia a hiperlaxitud ligamentosa y mejora sola con el paso del tiempo al madurar el arco plantar y la musculatura.
- Pie plano flexible con un corto tendón de Aquiles. Esta condición ocurre menos frecuentemente en niños pequeños. Afecta a ambos pies, puede causar dolor y también discapacidad, sobre todo durante la práctica deportiva o al estar mucho tiempo de pie, porque el acortamiento del tendón de Aquiles limita la flexión dorsal del tobillo y sobrecarga la parte anterior del pie.
- El pie plano rígido. El pie plano rígido es menos común. Esta condición aparece con mayor frecuencia en personas que tienen un problema en los huesos de sus pies —coalición tarsal u otras malformaciones óseas—. Aproximadamente una de cada cuatro personas con pie plano rígido tiene dolor y discapacidad. Alrededor de la mitad de las veces, el pie plano rígido afecta a ambos pies y no corrige cuando el niño se pone de puntillas, porque la movilidad está bloqueada por la unión ósea o cartilaginosa.

Desde un punto de vista clínico, los especialistas también utilizan otras formas de describir la deformidad, como pie plano valgo (cuando el talón se desvía hacia fuera), pie planovalgus o pie laxo. Todos estos términos aluden, en esencia, a la misma realidad: un arco medial bajo con valgo de retropié que puede ser flexible o rígido, sintomático o asintomático.
Tipos de pie plano pediátrico según su comportamiento

En definitiva, cuando un niño tiene el pie plano pediátrico, el arco del pie se encoge o desaparece en carga. Si el arco vuelve a aparecer cuando el niño se sienta o se pone de puntillas, esto se conoce como pie plano pediátrico flexible. También existe el pie plano pediátrico rígido, que con esta condición, los arcos no vuelven a aparecer cuando el niño se sienta o se pone de puntillas. También está el pie plano con corto tendón de Aquiles, que se considera una variante del pie plano flexible, pero con una limitación añadida en la movilidad del tobillo.
Otra clasificación muy útil para los padres es diferenciar entre:
- Pie plano fisiológico. Es el pie plano flexible, habitual en la primera infancia, sin dolor ni limitación para correr o jugar. Entra dentro de la normalidad y tiende a mejorar solo sin necesidad de tratamientos agresivos.
- Pie plano patológico. Es el que se asocia a molestias, alteraciones de la marcha o deformidades óseas (por ejemplo, coalición tarsiana, astrágalo vertical congénito o escafoides accesorio sintomático). En estos casos sí conviene un estudio más profundo, incluyendo radiografías y, a veces, otras pruebas de imagen.

Los factores que influyen en la aparición y evolución del pie plano pediátrico son múltiples. Se han descrito factores genéticos y antecedentes familiares (padres con pies planos tienen más probabilidad de tener hijos con el mismo tipo de pie), hiperlaxitud articular, obesidad infantil (más carga sobre los pies), uso prolongado de calzado muy rígido en etapas tempranas y la debilidad muscular de la musculatura intrínseca del pie. Algunas enfermedades neuromusculares o del tejido conectivo (como el síndrome de Down, el síndrome de Marfan o el síndrome de Ehlers‑Danlos) se asocian con mayor frecuencia a pies planos por la hipotonía y laxitud ligamentosa.
¿Los pies planos son un problema?

Si tu hijo tiene los pies planos, por lo general no es algo de lo que debas alarmarte o preocuparte en exceso. Muchas personas con los pies planos no tienen problemas asociados en su vida y ni siquiera necesitan tratamiento para tener una vida totalmente normal, tanto en la infancia como en la edad adulta.
Los expertos en Ortopedia Infantil consideran que el pie plano flexible asintomático es una variante de la normalidad y no una enfermedad. De hecho, se ha visto que hasta un porcentaje relevante de la población nunca llega a desarrollar un arco muy marcado y vive toda la vida con pies planos flexibles sin dolor.
Pero sin embargo, los pies planos, cuando no se mejoran con el paso de los años o se asocian a otras alteraciones, están relacionados con:
- Dolor de pies, tobillos, piernas, rodillas, caderas o espalda baja, sobre todo tras largos periodos de actividad física.
- Una marcha con pisada excesivamente hacia dentro (pronación marcada), de modo que los pies pueden arrastrar demasiado al caminar o rodar hacia el interior. Esto puede causar que los zapatos se desgasten rápidamente y que existan lesiones por sobrecarga.
- Problemas en los huesos, músculos y tejidos blandos alrededor de los pies, como tendinitis del tibial posterior, sobrecarga de gemelos o aparición de callosidades en zonas de apoyo anómalas.
Si tu hijo tiene cualquiera de estas condiciones entonces sí es probable que necesite tratamiento y seguimiento por un profesional, preferiblemente un podólogo o un traumatólogo infantil con experiencia en patología del pie.
Cuáles son los síntomas de los pies planos
La mayoría de los niños con pie plano pediátrico no tienen síntomas. Un padre o cuidador usualmente se da cuenta de esta condición al observar la huella en la arena, el desgaste del calzado o la forma del pie al estar descalzo. No obstante, cuando el pie plano es sintomático, los niños pueden presentar:
- Dolor, sensibilidad o calambres en los pies y en las piernas, sobre todo en la parte inferior de los pies, pantorrillas o zona interna del tobillo.
- Talones inclinados hacia fuera, lo que se denomina valgo de talón, visible cuando el niño está de pie visto desde atrás.
- Cambios en la forma de caminar: marcha más torpe, con las puntas de los pies hacia fuera, pasos cortos o tendencia a tropezar con facilidad.
- Dolor o molestias al caminar o correr, sobre todo después de actividades prolongadas, educación física o deportes.
- Fatiga rápida en los pies, con cansancio notable tras estar de pie o caminando un rato.
- Desgaste asimétrico del calzado, especialmente en la parte interna de la suela.

Los padres también pueden notar que sus hijos no quieren hacer deporte u otras actividades físicas porque les pueden causar grandes dolores y molestias en sus pies y en las piernas. En ocasiones, el niño no verbaliza dolor, pero evita espontáneamente correr, pide brazos con frecuencia o prefiere juegos más sedentarios.
Los niños afectados por los pies planos rígidos pueden experimentar síntomas más severos. Los afectados con la coalición tarsal, que es una unión anormal entre dos o más huesos del tarso, pueden comenzar a experimentar dolor, rigidez y espasmos de los músculos peroneos en la preadolescencia. Los niños que presentan una enfermedad llamada astrágalo vertical congénito también muestran una base del pie redondeada y rígida, con un arco que en lugar de ser cóncavo es casi convexo, y pueden comenzar a experimentar síntomas al iniciar la marcha.
Si tu hijo experimenta cualquiera de estos síntomas, deberás consultar a un pediatra o a un especialista en pie infantil inmediatamente para una valoración completa.
El diagnóstico
Un pediatra puede diagnosticar el pie plano pediátrico en una exploración rutinaria, pero el profesional de referencia para un estudio detallado es el podólogo o el traumatólogo infantil. La afección generalmente se diagnostica mediante la visualización de los pies sin ningún tipo de herramienta específica, aunque existen pruebas sencillas que ayudan a clasificar el tipo de pie plano.
El médico le dirá al niño que se siente, que se ponga de pie y que camine para examinar cómo los pies están en contacto con el suelo en cada situación. También valorará si el arco aparece cuando el pie no soporta peso (en descarga) y si se forma al ponerse de puntillas o al extender el dedo gordo.
Algunos de los test clínicos más utilizados son:
- Test de puntillas o heel rise test. Se observa al niño de espaldas mientras se pone de puntillas. En un pie plano flexible, el valgo del talón se corrige parcialmente y el arco aparece. Si el talón permanece en valgo y el arco no se forma, hay que sospechar un pie plano rígido o una coalición tarsal.
- Test de Jack. Con el pie apoyado, se eleva el dedo gordo. En un pie flexible se aprecia de inmediato la formación del arco plantar, lo que indica que el mecanismo de la fascia plantar funciona. En un pie rígido, el arco no aparece o lo hace muy poco.
- Valoración de la flexión dorsal del tobillo. Permite saber si existe acortamiento del tendón de Aquiles, un hallazgo que puede potenciar la sintomatología en pies planos.
- Análisis de la huella plantar o podograma. Mediante un podoscopio o huellas en una superficie plana, se clasifica el grado de apoyo del arco y se observa si el borde interno del pie se vuelve recto o incluso convexo.
El médico también puede examinar los zapatos de tu hijo para buscar patrones de desgaste y valorar la alineación de rodillas y caderas, ya que una mala alineación de las piernas (por ejemplo, genu valgo o rodillas en “X”) puede asociarse a pies planos o agravar sus consecuencias.
En casos más severos, se puede realizar una radiografía simple en carga para determinar la extensión de la deformidad y medir distintos ángulos (como el ángulo de Meary, el ángulo talo-calcáneo o el ángulo de Costa-Bartani) que ayudan a cuantificar el colapso del arco. La radiología también sirve para descartar coaliciones tarsales u otras anomalías óseas. En situaciones específicas, se pueden indicar resonancia magnética (RM) o tomografía computarizada (TC), sobre todo cuando se sospechan uniones óseas complejas o malformaciones congénitas como el astrágalo vertical.
Cómo se tratan los pies planos
En la mayoría de los casos los niños superan el pie plano pediátrico sin tratamiento activo. A menos que el niño esté experimentando dolor o se observen signos de riesgo (retracción del tendón de Aquiles, rigidez, progresión de la deformidad), el médico puede recomendar un enfoque de observación y revisiones periódicas para ver cómo evoluciona de forma natural. Eso sí, te pedirá que lleves a tu hijo a revisiones periódicas para poder valorar su evolución y descartar que aparezcan síntomas.

En cambio, si el niño está experimentando dolor o fatiga llamativa, el médico puede recomendar que uses algún tipo de plantillas u ortesis, duras o blandas, para soportar el arco y mejorar el reparto de cargas. También puede crear un aparato ortopédico a medida para encajar en el zapato de tu hijo y ayudarle a mantener el arco y aliviar el dolor. En los niños mayores y adolescentes, también pueden realizar ejercicios de estiramiento y terapia física para proporcionar un mayor alivio, especialmente si existe acortamiento del tendón de Aquiles o debilidad muscular.
Conviene saber que la evidencia científica actual indica que las plantillas no cambian de forma definitiva la arquitectura del pie plano flexible, pero sí pueden reducir las molestias, mejorar la estabilidad y facilitar la práctica de actividad física en aquellos casos en los que el niño presenta dolor o gran cansancio.
Además de las ortesis, los especialistas suelen recomendar medidas sencillas en casa:
- Estimular el juego descalzo en superficies seguras (arena, césped, alfombras), lo que favorece el desarrollo de la musculatura intrínseca del pie.
- Elegir un calzado adecuado: ligero, flexible en la zona de los dedos, con contrafuerte estable en el talón y que permita el movimiento natural del pie sin forzarlo.
- Controlar el sobrepeso, ya que un exceso de peso aumenta la carga sobre el pie plano y empeora los síntomas.
- Realizar ejercicios de fortalecimiento y equilibrio, como caminar de puntillas, caminar de talones, mantenerse a la pata coja o recoger objetos con los dedos de los pies, siempre adaptados a la edad del niño.
En casos más raros, la cirugía puede ser necesaria para tratar el pie plano pediátrico. Esto es más común con el pie plano rígido y en los niños que continúan experimentando dolor y limitación funcional a pesar de los tratamientos no quirúrgicos. Existen diferentes tipos de cirugía, pero dependerá de la edad del niño, del tipo de pie plano y del grado de la deformidad. Entre las técnicas empleadas se incluyen procedimientos sobre partes blandas (alargamiento del tríceps sural o del tendón de Aquiles, retensado del tibial posterior), artrorrisis (implantes que limitan el exceso de movimiento en la articulación subtalar) u osteotomías de corrección en calcáneo y antepié, así como cirugías específicas para coaliciones tarsales o astrágalo vertical congénito.
Deseamos añadir que el profesional recomendado para diagnosticar y tratar cualquier alteración podológica es el podólogo, que cuenta con la formación necesaria a fin de abordar estos problemas. En los casos más complejos o cuando se plantea una cirugía, el manejo suele ser compartido con el traumatólogo infantil, dentro de un enfoque multidisciplinar que incluye también al pediatra de Atención Primaria y, cuando procede, al fisioterapeuta.
Conocer que la mayoría de los pies planos infantiles son fisiológicos, que la presencia de arco varía mucho entre niños sanos y que el tratamiento se centra sobre todo en los casos sintomáticos, ayuda a las familias a evitar preocupaciones innecesarias y a centrarse en lo verdaderamente importante: vigilar la aparición de dolor, promover un estilo de vida activo, elegir un calzado adecuado y acudir a revisión cuando el pediatra o el podólogo lo indiquen.