Piel con piel

Quisiera que mi primer artículo para este blog coincidiera en título y temática con la primera experiencia que toda madre debería tener con su bebé al nacer: tenerlo piel con piel. Os habrán comentado en todas  las clases de preparación al parto, -si es que ya las habéis comenzado, y a ellas dedicaremos algún que otro artículo-, la importancia de que vuestro niño o niña recién nacido os tenga lo más cerca posible. Pues bien, lejos de ser un mito, la realidad es que lo primero que debéis hacer al subir a vuestra habitación es poner a vuestro hijo junto a vosotras.

Desnudos madre e hijo, tal y como habéis estados los nueve últimos meses. Él o ella notara vuestro calor, vuestro olor, sentirá los latidos de vuestro corazón, y lo que es más importante, comenzará a oler vuestra leche, y la subida, -si es que no ha sido inmediata nada más nacer-, será mucho antes.

Es increíble ver como bebés con apenas horas de vida “reptan” hasta el pecho de sus madres, simplemente por sentido del olfato. Pero así es. Poco a poco van subiendo, movidos por el instinto, y muchos comienzan a succionar, y por tanto, a estimular vuestros pezones y consiguientemente, la subida de la leche. Es la mejor manera de comenzar una lactancia materna que os mantendrá unidos todavía muchos meses más.

No os dejéis llevar por consejos de matronas a la vieja usanza, -algunas decían y dicen todavía,- que ponerse al pecho, piel con piel al bebé puede macerarte el pezón. Nada más lejos de la realidad. Cuanto antes empiece a mamar, mejor. Lo más humano, lo más natural, lo más instintivo, es que después de tantos meses en vuestra barriga, vuestro bebé quiera seguir lo más cerca posible de ese sitio. Dadle el primero de sus caprichos, y tenedlo lo más cerca que podáis durante los primeros días. El “piel con piel”, hará que vuestro vínculo, además de físico, sea para siempre emocional.


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