Poesía para niños

Poesía para niños

Algunos niños disfrutan con la lectura y muchos de ellos se adentran a la lectura con interpretaciones tan divertidas como los poemas. Si eres de los padres que sólo prueban con sencillas lecturas con historias y cuentos, adéntrate a probar este tipo de composiciones literarias. Su composición y belleza artística por medio de las palabras resulta ser la mejor sonoridad para ellos.

Con el tiempo aprenden la destreza de saber entender mucho mejor la lectura, y es que la poesía para niños tiene esa estructura para que pueda entenderse y guste a sus oídos. La mayoría de sus contenidos tienen grandes valores que tienen que aprender de forma interiorizada para el día de mañana, pero eso no es todo, ya que la multitud de beneficios gracias a este tipo de lectura son abundantes.

Poesía para niños

Hay una serie de pequeñas estrategias que podemos instruir, con mucho cariño, para que los niños se adentren en el juego de las palabras a través de los poemas. Acompáñale en su lectura o lee junto a él fragmentos dónde haya que poner énfasis en las frases. Para todos aquellos poemas cortos y originales haz que los memorice y después podéis jugar a componer vuestros propios poemas.

Poesía para niños

Poesía para niños

Para conocer más a fondo libros ilustrados con poesía para niños puedes mirar este enlace dónde podrás encontrar algunos de ellos y cada día leer uno antes de ir a dormir. Has de conocer también los importante beneficios de la lectura de poemas, entrando aquí.

Os dejamos una selección de increíbles poemas para que puedan leer o escuchar vuestros hijos. No son para leerlos sólo una vez, sino para que se puedan disfrutar muchas veces más de lo que se merecen.

La princesa está triste.

Rubén Darío

La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

-¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor.

Poesía para niños

Los ratones

Lope de Vega

Juntáronse los ratones
para librarse del gato;
y después de largo rato
de disputas y opiniones,
dijeron que acertarían
en ponerle un cascabel,
que andando el gato con él,
librarse mejor podrían.

Salió un ratón barbicano,
colilargo, hociquirromo
y encrespando el grueso lomo,
dijo al senado romano,
después de hablar culto un rato:
¿Quién de todos ha de ser
el que se atreva a poner
ese cascabel al gato?

Caracola

Federico García Lorca

Me han traído una caracola.
Dentro le canta
un mar de mapa.
Mi corazón
se llena de agua
con pececillos
de sombra y plata.

De noche y de día

Cuando es de día,

brilla mucho el sol

todo lo alumbra

y nos da calor.

Luego, poco a poco

se va escondiendo

y cuando es muy tarde

se quedan durmiendo.

Entonces la luna

cumple su deseo

llama a las estrellas

y se van de paseo.

 

Las siete vidas del gato

Rafael Pombo

Preguntó al gato Mambrú

el lebrel Perdonavidas:

— Pariente de Micifú,

¿qué secreto tienes tú

para vivir siete vidas?

Y Mambrú le contestó:

—Mi secreto es muy sencillo,

pues no consiste sino

en frecuentar como yo

el aseo y el cepillo.

 

Poema escrito por Félix María de Samaniego

Cantando la cigarra

pasó el verano entero

sin hacer provisiones

allá para el invierno;

los fríos la obligaron

a guardar el silencio

y a acogerse al abrigo

de su estrecho aposento.

Viose desproveída

del precioso sustento:

sin mosca, sin gusano,

sin trigo y sin centeno.

Habitaba la hormiga

allí tabique en medio,

y con mil expresiones

de atención y respeto

la dijo: «Doña hormiga,

pues que en vuestro granero

sobran las provisiones

para vuestro alimento,

prestad alguna cosa

con que viva este invierno

esta triste cigarra,

que, alegre en otro tiempo,

nunca conoció el daño,

nunca supo temerlo.

No dudéis en prestarme,

que fielmente prometo

pagaros con ganancias,

por el nombre que tengo».

La codiciosa hormiga

respondió con denuedo,

ocultando a la espalda

las llaves del granero:

«¡Yo prestar lo que gano

con un trabajo inmenso!

Dime, pues, holgazana,

¿qué has hecho en el buen tiempo?».

«Yo», dijo la cigarra,

«a todo pasajero

cantaba alegremente,

sin cesar ni un momento».

«¡Hola! ¿con que cantabas

cuando yo andaba al remo?

Pues ahora, que yo como,

baila, pese a tu cuerpo».


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