Poner límites

—¡No toques eso! («Eso» es un enchufe)

—No se muerde.

—Pero no puedes caminar solo por la calle.

—No enciendas la lavadora.

—¡Aaaghh! ¡No toques eso! («Eso» es algo asqueroso)

Ay, qué agobio. «No, no, no, no». Y ¿aún te preguntas por qué a tu bebé le gusta decir tantas veces «No»? No es difícil adivinar la respuesta. Pero, a ver, ¿es que es posible vivir sin el «No», es decir, sin poner límites? Definitivamente, no.

Poner límites es algo humano: todo ese conjunto de noes no es caprichoso. Aunque no suene muy bonito eso de «poner límites», simplemente se trata de hacer lo que ya haces: no permitir que tu bebé haga cosas que son peligrosas o inadecuadas para él o para los demás. Poner límites sensatos es natural, poner límites por capricho es totalitario.

No quiero hacer una apología del autoritarismo, en absoluto. Simplemente quiero con este artículo comunicar que no tiene mucho sentido preocuparnos sobre cómo pongo límites, cuántos, de qué tipo, etc. porque se trata de algo instintivo. Simplemente hay que tener muy claros cuáles son nuestros principios básicos y los valores en los que creemos para la educación de nuestros hijos.

¿Pero cuántos pongo?

Tantos o tan pocos como la naturaleza de tu bebé requiera. Si tu bebé es muy curioso, probablemente tengas que decir un mayor número de veces que «no»… porque quiera beberse el detergente, tocar el horno caliente o coger ese cuchillo tan brillante. Pero ¿hay bebés que no son curiosos?

«Algunas veces el niño hará lo que quieres tú, y otras veces harás tú lo que quiere el niño, y el que predomine uno u otro depende de la edad y depende de las circunstancias. […] Los niños tienen límites absolutamente naturales, y también tienen límites que tú le tendrás que imponer por motivos de seguridad personal».
Carlos González

Tipos de límites

Probablemente haya muchas tipologías de límites establecidas. La mía –basada en mi experiencia de mamá primeriza con un bebé de 20 meses– es:

  • Límites de seguridad

Son aquellos que sirven para proteger la integridad de nuestro bebé o la de las personas que hay a su alrededor. Estos límites son innegociables. Nunca dejarías que tu bebé tocara el horno caliente o bebiera un producto de limpieza, tampoco dejarías que tirase piedras si hay otros bebés alrededor.

  • Límites ante la violencia

Obvios, ¿verdad? No necesitan definición siquiera. Son innegociables también. Se condena cualquier manifestación de violencia del tipo que sea. Cuando son bebés es probable que expresen su rabia mordiendo o golpeando, hay que comunicarles nuestra repulsa.

  • Límites de salud

Son similares a los primeros, pero si los efectos de aquellos son inmediatos, los de estos son a corto, medio o largo plazo. ¿Puede salir sin abrigo en invierno porque no quiera ponérselo? ¿Puede comer un caramelo?, ¿y cinco? Es decir, ¿son negociables? Vosotras decidís. A propósito: las decisiones que sean consensuadas por todos los miembros de la familia para evitar incoherencias. Hay que valorar los daños (un resfriado, una caries, malos hábitos en la alimentación, etc.) a la hora de negociar con ellos.

  • Límites por valores

Son fundamentales. Aunque puede que nos parezca a priori que no van a poder entenderlos cuando son bebés, es absolutamente necesario comunicárselos en un lenguaje sencillo porque sí los entienden, los ven en nuestras acciones, los imitan… guían su comportamiento. Poco a poco irán asimilándolos y aprehendiéndolos. Son aquellos que tienen ver con la solidaridad, la tolerancia, el rechazo a la discriminación, el respeto a la naturaleza, etc.

¿Y cómo lo hago?

Ojalá hayas reafirmado con la lectura de este artículo que ya lo haces bien, maravillosamente bien. Porque has leído estos párrafos probablemente con la única finalidad de reflexionar sobre si estás haciéndolo bien. ¿Cómo? Con criterio, constancia, seguridad y amor. Y paciencia a veces, claro.

Poner límites es proteger y educar a nuestros bebés. Es proteger su integridad y la de los demás mediante medidas de seguridad, cuidar su salud, rechazar la violencia, educar en valores.

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El bebé

Mamá de Pedro, filóloga y actriz. La maternidad me hace feliz. Crío con amor, todo el tiempo, con la magia de la lactancia materna, el jazz y la literatura.

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