Por Nerea y por su bebé… y por que la Ley debería contemplar situaciones especiales

Nerea

¿Que me diríais si os cuento que en nuestro país a una madre la han obligado a separarse de su bebé de tan solo 15 meses vulnerando los derechos de una y otro, pero sobre todo del pequeño que aún necesita los brazos y la leche de su mamá? ¿Qué me diríais si continúo contando y aclaro que Nerea (la mamá) ha ingresado en prisión? Estoy hablando de una persona que en su día fue víctima de violencia de género, pero ahora cumple dos condenas por agresión a su expareja y quebrantar una orden de alejamiento.

Antes de continuar, os diré que he leído algunos de los comentarios que esta noticia ha motivado y me he quedado perpleja: “si está en la cárcel es que algo malo habrá hecho”, “el bebé tendrá alguien que lo cuide, ¿no?”. Desgraciadamente nuestra sociedad ha configurado una percepción hacia las injusticias de manera que nos afectan si están muy lejos o si alguien de nuestro entorno está sufriendo; por eso nos volvemos hipócritas e insensibles (por no hablar de la tolerancia hacia delitos de corrupción y lo contrario en caso de delitos menores). Pero si analizas el caso de Nerea te das cuenta de que es cierto que la Justicia es ciega, en el supuesto de que exista.

No quiero dejar pasar la ocasión para mostrar mi apoyo a esta madre: Nerea tiene un hijo de 15 meses, fruto de la relación con su actual pareja, tiene también un niño de 13 años: si me lees y tienes adolescentes en casa, sabes perfectamente que en la adolecencia temprana es justo cuando los chicos y las chicas vuelven a necesitar muchísimo a sus progenitores, pero esto lo dejo aquí. Pero ahora no puede ver a su familia, excepto cuando se le conceda un vis a vis.

Nerea: condenada a separarse de su bebé

Si eres mujer víctima de violencia de género sales en los periódicos: bien por que te han dato una paliza (o aún peor), bien porque no te da la gana resignarte, y plantas cara a la adversidad, Nerea pertenece al segundo grupo. Ya hace cinco años que le fue impuesta (a ella y a su empareja) una orden de alejamiento: era una relación tóxica salpicada de malos tratos. Nuestra protagonista se equivocó, pero el caso es que hay matices no demasiado sutiles que no se nos pueden pasar por alto: una discusión fortuita y violenta al encontrase ambos por la calle acabó en condena, la primera de las dos que cumple.

Curiosamente la violencia que en el pasado sufrió, no fue considerada legalmente como “de género”, sino familiar

Durante el tiempo transcurrido, Nerea tuvo que recurrir a terapia psicológica porque hay relaciones que aunque hagan daño provocan una cierta dependencia, también realizó trabajos comunitarios. Con el paso del tiempo formó una nueva familia apoyada por la seguridad que ha sido capaz de ofrecerle su actual compañero.

Y aquí no se trata de inspirar lástima, se trata de Justicia (con mayúsculas) y de que no se están articulando las medidas que habrían permitido que madre e hijo permanecieran juntos durante el tiempo que dura la condena. Porque esos 17 meses de privación de libertad que cumplirá Nerea, para un niño tan pequeño son una eternidad, y además, no hay forma de que entienda el motivo ni manera de que racionalice la situación. Con lo que hoy en día sabemos acerca del desarrollo infantil, y las consecuencias de la separación de la madre, está más que justificada la necesidad de que permanezcan juntos.

Nerea González ingresó en prisión de Villanubla, y os preguntaréis “¿pero es que no pueden estar los niños menores de 3 años con las madres presas?”; efectivamente: el Reglamento Penitenciario establece tal derecho, lo que ocurre es que la cárcel en dónde está cumpliendo condena no dispone de módulo habilitado. Es decir que estamos asistiendo (y he de decir que con cierta impasibilidad, a excepción de los colectivos y expresiones de apoyo en RRSS y blogosfera) a una transgresión no solo de derechos individuales, sino de de la propia norma.

Un bebé sin derechos

En la petición pública presentada por Mónica F. en Avaaz, se denuncia que en el caso que nos ocupa, esta madre y este bebé no están beneficiándose de unos derechos que los poderes públicos deberían asegurar para “garantizar el desarrollo psicoafectivo del menor”, sin contar con la ‘condena’ de la propia separación, y que se ha interrumpido la lactancia. Lactancia que, en sí misma, es un derecho reconocido de los bebés, quienes (idealmente) deberán recibir como mínimo hasta los 24 meses, combinada con alimentación complementaria; pero es que además aporta otros beneficios más allá de la alimentación, como el mantenimiento del vínculo, o cubrir ciertas necesidades afectivas.

Cuando existen alternativas, hay que buscarlas

¿O nos conformamos con lo que establezca el sistema para nosotros? ¿y si las instituciones públicas se equivocan en sus decisiones? Por eso se había solicitado un indulto que se ha denegado, y por eso ahora se ha pedido a la Junta de Tratamiento Penitenciaria el Tercer Grado (de semilibertad); esto es porque ni la prisión en la que cumple condena, ni la más cercana (ésta por que fue cerrado debido a los recortes), cuentan con módulo de maternidad.

Este tercer grado haría posible que Nerea cumpla la totalidad de su condena en un Centro de Integración Social, y no implicaría la separación del bebé, además de que tendría sentido la rehabilitación, porque se permite realización de trabajos sociales. Y que conste que al tiempo que he redactado la última frase he pensado que después de cinco años de que sucedieran los hechos narrados al principio, y con una nueva familia, se puede considerar que Nerea está rehabilitada, y reinsertada; pero en cualquier caso, si se puede compatibilizar el cumplimiento de la pena con la atención al bebé, ¿por qué no hacerlo?

Yo no quiero conformarme con que la aplicación de la ley sea tan desigual para según que casos, y no quiero mirar desde lejos la injusticia que Nerea y su bebé sufren; y no lo quiero hacer porque me pongo en su piel y sufro, porque también he tenido hijos con 15 meses y sé perfectamente cuánto necesitan a su madre. No quiero buscar explicaciones ni justificaciones, porque estoy del lado de una mujer que necesita alternativas (y una aplicación de la ley en función de una situación especial); y porque considero que su familia actual ya está suficientemente dañada por la separación como para empeorarlo aún más.

Si os interesa, podéis seguir la evolución de este caso en el hashtag #YoSoyNerea, o a través del perfil en Facebook de la Plataforma de Apoyo.

Vía — Estudio sobre el útero
Imagen – EPEN


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Macarena

Ante todo madre: mis hijos se han criado pegados a mí, y han aprendido que la libertad se gana con responsabilidad. Ahora (¡bendita adolescencia!... Ver perfil ›

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