Por qué hay padres que hacen diferencias entre sus hijos adultos

Padres que hacen diferencias entre sus hijos

Quizá pienses que a ti nunca te pasaría, pero la realidad es que hay padres que hacen diferencias entre sus hijos adultos. Algo que quizá comienza en la infancia, cuando los niños empiezan a desarrollar su personalidad y es ahí cuando los padres pueden encontrar más afinidad con un hijo u otro. Al llegar a la edad adulta esas diferencias se hacen cada vez más evidentes, aunque eso no debería suponer una relación diferente entre hijos.

Porque la realidad es que las personas adultas también sufren con esa situación, los mayores también se sienten menos queridos, menospreciados e infravalorados cuando un padre o una madre tiene preferencia por otro de sus hijos. La cuestión es, ¿por qué hay padres que hacen diferencias entre sus hijos adultos? Buscamos las respuestas a continuación.

Padres que hacen diferencias entre sus hijos

El daño emocional es terrible, quizá incluso irreparable, porque los hijos que no son «los elegidos», los que quedan en segundo plano frente a alguno de sus hermanos, desarrolla graves problemas emocionales que podrían marcar sus relaciones de por vida. En primer lugar la relación con sus propios hermanos, porque es natural que se desarrollen ciertas envidias provocadas por las carencias paternas.

Pero, ¿por qué los padres pueden hacer diferencias entre sus hijos? La respuesta en la mayoría de los casos es más profunda, se encuentra en la infancia y en las circunstancias que rodearon la relación paterno filial. En padres separados es muy habitual que los hijos de forma natural se dividan para dar apoyo a los padres. Cuando eso ocurre los progenitores comienzan a hacer diferencias, ciertos tratos de favor hacia el hijo que se muestra más de su lado.

También puede ocurrir por simple personalidad, porque en muchos casos los padres no están preparados para asumir que los hijos tienen su propio carácter. Cuando esa personalidad choca con lo que los padres buscan, se empiezan a crear diferencias que terminan por dañar una relación más allá de la estrictamente familiar. Por último, las propias experiencias de los padres pueden marcar la relación con sus hijos.

Cómo sufren los hijos

Los lazos de sangre son muy fuertes y uno siente amor de forma natural por las personas que conforman su círculo familiar. Sin embargo, esa relación se debe trabajar, fomentar y proteger para que no se rompa. Porque el corazón tira fuerte, pero la madurez implica escuchar y hacer caso a lo que la cabeza dice. Cuando un hijo siente diferencias de sus padres hacia alguno de sus hermanos, se rompe un lazo que será muy difícil volver a recuperar.

Esa será la primera relación que sufrirá, la propia relación con los padres. Pero después llegan un sinfín de relaciones tóxicas por una persona que ha vivido diferencias en su casa, que se siente menospreciado, que no ha sentido el amor y la protección de quién corresponde. Porque un adulto no deja de ser un hijo y uno nunca deja de necesitar el apoyo y amor de sus padres.

Cuando la relación más importante se daña de esa manera, es muy difícil establecer relaciones sanas con otras personas. El corazón sufre un daño difícil de reparar, se genera desconfianza, falta de amor propio, las relaciones se auto boicotean por miedo a sentir rechazo. Ese rechazo que un hijo siente cuando su madre o su padre hace diferencias entre los hijos. En ese caso, es fundamental contar con ayuda psicológica para tratar de encontrar las herramientas necesarias para gestionar las relaciones y las emociones de una forma saludable.

En muchas casas existen diferencias entre los hijos, especialmente cuando estos son adultos. A veces son diferencias de género, causadas por una educación paternalista que hace diferencias entre hijos hombres e hijas mujeres. Algo que se pasa por alto porque antes era así, pero que no deja de hacer daño en el amor propio de aquellos que lo sufren. En definitiva, los padres de hoy son los que tienen la oportunidad de enmendar los errores de los padres del pasado. No dejes pasar la oportunidad de ser más justa y equitativa con la relación entre todos tus hijos.


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