¿Por qué mi hijo no quiere prestar sus juguetes?

Nuestro hijo nos pide que lo llevemos al parque de juegos junto a un muy buen amigo del jardín maternal. Accedemos a su demanda, pero debemos esperar varios días puesto que no para de llover. Después de acumular ansiedad e ilusiones, finalmente llega el momento tan deseado. La mamá de su amigo se ha ofrecido gustosa a acompañarnos.

Los niños juegan tranquilos en la arena con sus baldes, rastrillos y palas. De pronto, comienzan los tironeos por el balde azul. Ninguno de los dos está dispuesto a cederlo. Descubrimos que nuestro hijo es el propietario del juguete y le pedimos que se lo preste a su amigo. Se niega enfáticamente y nosotros nos sonrojamos y no sabemos qué hacer. Unos minutos más tarde el balde azul quedará abandonado en la arena y el conflicto sobrevendrá por la pala roja. Comenzamos a preguntarnos: ¿es nuestro hijo egoísta por naturaleza?, ¿estamos errando como padres, equivocándonos en su educación?, ¿cómo debemos reaccionar?

La afirmación de sí mismo
Ante todo debemos recordar que entre el segundo y el tercer año de vida, se produce el nacimiento de la propia identidad del niño. Si los bebés no son capaces de distinguir con claridad entre ellos mismos y el resto del mundo, poco a poco, irán estableciendo esa diferencia. Primero podrán reconocerse en el espejo o en una fotografía; después explorarán su cuerpo y lo distinguirán de los objetos externos; más tarde aprenderán a diferenciar a las personas y a reconocer su propio nombre.

Alrededor de los dos años, el niño comienza el proceso de autoafirmación. Una de las palabras que protagoniza sus días es “yo”. Aunque no siempre la pronuncie, tiende a delimitar con sus acciones cotidianas la frontera entre su propia persona y la de los demás. Juega fundamentalmente solo y, cuándo hay otros niños, juega junto a ellos, pero pocas veces “con” ellos.

Por otro lado oponiéndose, reafirma su identidad. Si se dejase llevar por lo que le dicen los adultos, no llegaría a saber si tiene deseos o intenciones propias. El modo más claro de sentir que tiene una voluntad propia y diferenciada de las otras personas es diciendo “no”. Los gestos de negación están acompañados por aquellos de obstinación y rebelión, también característicos de esta edad: no quiere comer, se pelea con otros niños o rompe juguetes.

Egocentrismo antes que egoísmo
Este proceso de afirmación de la propia identidad va acompañado de un conjunto de experiencias que ha vivido y sigue viviendo, que hacen sentir al niño como el centro del universo. Desde su nacimiento ha visto satisfechas todas sus necesidades; sus padres han cuidado de él hasta en los más pequeños detalles y le han dado todo su amor, cariño y comprensión. La sensación de ser único, irrepetible y diferente a los demás, junto con la “normalidad” con la que el niño recibe la atención y afecto de sus padres, le fomentan un creciente egocentrismo. Esta característica debe ser tomada como una fase normal del desarrollo de su personalidad y no como una cualidad negativa.

Su propio desarrollo intelectual y experiencias tales como el nacimiento de un hermanito o la convivencia con otros niños en un jardín maternal, le hacen comprender, poco a poco, que no está solo en el mundo y que existen “otros“ que también son cuidados y mimados como él mismo. Su reacción ante esta comprobación suele ser negativa, alimentando su egocentrismo.

El sentido de la propiedad
El niño sabe muy bien lo que es suyo, pero también quiere hacer suyo lo que poseen los demás. De allí que no sólo no está dispuesto a prestar sus cosas sino que, además, arrebata sin esperar ningún tipo de consentimiento las pertenencias de los otros niños o de los adultos que lo rodean.

Por otro lado, todavía no es capaz de “ponerse en el lugar del otro” o aceptar que existen otros puntos de vista o pensamientos que no son los suyos. Por eso se encapricha, por ejemplo, cuando su abuela no le quiere prestar un anillo que es un recuerdo familiar. Le anuncia que no la quiere más y se retira enfadado sin escuchar las explicaciones de su ser querido.

¿Qué conviene hacer en estas situaciones?

  • Ante todo, no obsesionarse con el tema ni pensar que nuestro hijo es “malo” por naturaleza.
  • Comprender que el niño está atravesando una fase más en su desarrollo, la cual irá desapareciendo con el tiempo.
  • No mostrar reacciones extremas: ni absoluta permisividad, ni castigo constante.
  • Esperar a que la propia evolución psicológica del pequeño a través de sus experiencias con otros niños, le demuestre los beneficios de compartir juegos y objetos y de pedirlos antes que tomarlos directamente.
  • Ejercitar la paciencia, la comprensión y la educación con espíritu positivo de nuestros hijos.
  • Ser conscientes de que no se trata de un proceso fácil ni rápido, sino que se produce de manera gradual y constituye una etapa más de la adaptación del niño al medio social.

BIBLIOGRAFIA
Eva Bargalló Chaves, “El tercer año de vida”, Nacer y crecer. El mundo de tu hijo paso a paso, Barcelona, Salvat, 2000, Tomo XV.
Luciano Montero, La aventura de crecer. Claves para un saludable desarrollo de la personalidad de su hijo, Buenos Aires, Planeta, 1999.


2 comentarios

  1.   norma alfaro dijo

    MI HIJO ES UN NIÑO MUY INTELIGENTE MUY HABIL, PERO EN VARIAS OPORTUNIDADES LLORA POR NO GANAR O NO CONTESTAR UN PREGUNTA RAPIDO SIEWMPRE QUIERE GANAR EN TODO, COMO LO AYUDO ESTOY MUY DESESPERADA ME DA MIEDO SU CONDUCTA. GRACIAS

  2.   leticia Espronceda dijo

    mi niño es compartido e inteligente, como todos, tiene sus ratos de pelear por cosas, pero tiene un primito que pelea mucho y lo identifico en este articulo en el punto de sentido d propiedad, su primito le pelea todo y lo quiere todo, le quita con lo que juega y en pocas palabras quiere todo solamente para el, esta situacion me incomoda y me enfada no se como reaccionar. ¿ que es lo que yo debo haer ? ¿ es correcto dejar que el otro niño se comporte asi ?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *