“Por trece razones”: ¿y si la serie no tuviera la utilidad social que se le atribuye?

Ya es oficial que “Por trece razones” tendrá segunda parte. Sabrás de que hablo, pero por si acaso… se trata de la adaptación que Netflix y Paramount han hecho para televisión en miniserie de 13 capítulos que se estrenó a finales de marzo. La historia original es relatada en una novela escrita por Jay Asher y llamada “Thirteen Reasons Why”, y la producción para televisión ha corrido a cargo de la cantante Selena Gómez.

Aunque no la hayas visto, conocerás la trama casi seguro, pues su contenido y las diversas opiniones están presentes en las Redes Sociales desde hace semanas. El abordaje de temas muy actuales y la crudeza con la que muestra el suicidio de la protagonista, son un gancho para el telespectador, sin embargo está en entredicho tanto su utilidad social como la conveniencia de que menores de edad accedan al visionado de “Por trece razones”, sin compañía o supervisión de adultos.

Lo especifico en uno de los subtítulos más abajo, pero quiero ampliar un poco esta introducción: el suicidio es conocido como la epidemia silenciosa. Epidemia por la incidencia que presenta en los países industrializados: la primera causa de muerte no natural en adultos, la SEGUNDA en adolescentes; silenciosa porque no se habla de ello, y lo que no es nombrado pasa de puntillas (y sin hacer ruido). Pero de repente, una serie nos visibiliza una serie de problemas del mundo adolescente, y nos cuenta la historia de una chica que se quita la vida, y lo hace además como forma de “venganza”, destapando la desesperanza ante la crueldad de los abusos y la indiferencia.
Por trece razones
Pero ¿es esa la forma correcta de presentar un drama de estas dimensiones? ¿Es cierto que tras la noticia (o visionado en este caso) de un suicidio pueden suceder otros debido al “efecto Werther”? ¿Deben las familias proteger a las niñas y niños frente a determinados contenidos? Intentaré, entre otras cosas, responder a estas preguntas. Como mínimo pretendo reflexionar e invitaros a hacerlo.

”Por trece razones”, la serie.

Los protagonistas son un grupo de adolescentes entre los que destaca Hannah Baker de 17 años, que es nueva en el Instituto. Tras su suicidio, uno de sus compañeros recibe unas cintas de casete grabadas a dos caras, con la indicación de que las pase a todos aquellos a los que se atribuye una influencia decisiva en la muerte: son las 13 razones por las que se ha quitado la vida.

La chica provoca su muerte cuando ha pasado un año desde el ingreso en el centro educativo, Hannah ha sufrido humillaciones, una violación, intromisión en su privacidad, rechazo de su amiga, mentiras, burlas, … Y sobre todo es un claro ejemplo de cómo la sociedad y el entorno más cercano, se desentienden de quien sufre depresión, ignorando las señales de quienes necesitan ayuda.

Tras la publicación del libro en el año 2007, se sugería con frecuencia a los profesores de secundaria de Estados Unidos. En mi humilde opinión, estamos viviendo un momento de ausencia de valores personales y colectivos que dificultan la convivencia y el respeto entre las personas. Quiero decir con esto que entiendo la necesidad de contar con material de apoyo y formación a los docentes (como ejemplo, esta página de la Comunidad de Madrid), pero pienso que la solución pasa por buscar una transformación social más profunda.

Podemos tener todos los manuales del mundo sobre prevención del ciberbullying, sobre evitación de diferentes prácticas de riesgo, sobre detección de la ideación suicida. Pero mientras tanto seguimos sin escuchar a nuestros jóvenes, sin darles ejemplos saludables, fomentando la violencia de distintas formas…
Por Trece Razones

¿Deberían poner “Por trece razones en los Institutos”?

Se trata de una de las afirmaciones que he leído en algunos comentarios y mensajes de las Redes Sociales. Creo sinceramente que sería insuficiente (e incluso podría resultar poco serio), en primer lugar porque lo que los responsables de políticas educativas y sanitarias deben hacer respecto al suicidio es capacitar a los profesionales para la prevención, detección y abordaje (según hablemos de médicos, docentes u orientadores). En segundo lugar, porque (y lo menciono más abajo) hay perfiles de adolescentes para los que está muy desaconsejado el visionado, o como mínimo lo está sin que este se enmarque en una actividad más estructurada con finalidad pedagógica.

De hecho, por parte de asociaciones de salud mental que abordan muy específicamente el suicidio (como es el caso de Mindfrane y Headspace), han alertado de que existe riesgo de suicidio a partir de la ficción de esa escena en la que Hannah se corta las venas. Es lo que se conoce como efecto Werther (nombre debido a una novela de Goethe), hay quien asegura que se produce un efecto de llamada, de forma que noticias sobre suicidio o similares podrían provocar intentos de quitarse la vida en otras personas.

Sin embargo, muchos profesionales de la salud mental, califican de “gran error” no hablar públicamente sobre el suicidio, pues carece de base científica la idea de que puede provocar una especie de contagio. Eso sí, entre hacerlo de forma sensacionalista y sin presentar los recursos de ayuda; o hacerlo con finalidad informativa, hay mucha diferencia.
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Australia y Nueva Zelanda han elaborado advertencias al respecto.

De hecho en nueva Zelanda se sugiere directamente la prohibición de acceder a la serie a menores de 18 años, excepto si son acompañados mientras ven el capítulo por un adulto. Y es que algunas escenas son demasiado explícitas. Por otra parte las familias de chicas y chicos que asisten a centros educativos de Montclair (Nueva Jersey / Estados Unidos), han recibido una carta recordando que si bien la serie es ficción, resulta demasiado gráfica y la seguridad emocional de quien la ve, podría afectarse.

En medio de toda esta controversia sobre si es de ayuda o no para los más jóvenes, cabría en primer lugar que recordáramos que el cerebro de un niño o de un adolescente no funciona como el de un adulto, también que a muchos sus emociones les resultan complicadas de entender y también de gestionar. Es por eso si un menor de edad la quiere ver, y sus progenitores acceden, es mucho mejor que estos estén presentes, al menos así surge la posibilidad de comentar y escuchar como se ha sentido la chica o el chico.

Suicidio en adolescentes: una realidad a visibilizar

Como se ha comentado más arriba, se trata de la segunda causa de muerte no natural… es tan terrible 🙁 En general mueren más personas suicidándose que por accidentes de tráfico, por eso la siguiente frase del libro “La mirada del suicida” (Juan Carlos Pérez Jiménez) es tan acertada.

Los ojos del suicida captan la imagen de un mundo despiadado, que le ha arrollado sin inmutarse… El suicida denuncia con su gesto todas las soledades, los abusos, la incomprensión, las injusticias y la violencia que quedarán sin resolver para siempre

Curiosamente, los motivos de Hannah, fueron esos justamente. Se considera que las razones de la ideación o conducta suicida son complejas; pero en población infanto juvenil suele estarasociado al abuso de drogas, haber sido víctima de Abusos Sexuales Infantiles, bullying o identidad sexual no asumida. La serie muestra también a unos padres desconcertados y desesperanzados, manifestando que no sabían nada acerca del sufrimiento de su hija durante los últimos meses.
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Suicidio como venganza: la idea no es nueva.

El sentimiento de venganza ya es bastante nocivo per se, y está muy presente en nuestra sociedad: lo último que deberíamos hacer es transmitirlo con tanta naturalidad a los menores de edad. Se acompaña de una pobre autoestima, por lo que cualquiera que en algún momento de su vida tenga deseos de vengarse de alguien, debería pensar en cómo sentirse mejor, y no cómo hacer daño (ni que sea emocional) a los demás.

He encontrado este trabajo en el que se relata cómo “se traslada el acto de atentar contra sí mismo, en una venganza póstuma. Es, en suma, su victoria contra quien necesitaba afectar”. Pero el suicidio representa la síntesis de una sociedad enferma y alienante, que lleva al individuo a situaciones límite, y después lo deja sin opciones.

Un mensaje mucho más positivo sería transmitir el poder de la decisión personal: amor frente a odio, encontrar la forma de estar bien frente a venganza…
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¿Qué hay de malo en que las niñas y los niños la vean?

En primer lugar, la situación en la que está Hannah Baker en el momento en el que se quita la vida, es de “no retorno”, pero es así porque las señales han pasado inadvertidas para los demás, y ella misma no encuentra otra solución más aceptable. Aquí falta sin duda la incorporación de recursos de ayuda reales para quienes estén atravesando una situación parecida. Como solución, Netflix utiliza esta página de servicios en el que al seleccionar el país, encontramos qué apoyos existen.

Al revisarla me he dado cuenta de un detalle muy importante: selecciono Estados Unidos y España como ejemplos, y el primero ofrece una lista de teléfonos para quienes presenten ideación suicida, o hayan tenido conducta suicida sin lesiones letales. En cambio, para España encontramos la web de Save the Children para abordaje social del bullying; esto se queda corto, entendedme: valido el trabajo de dicha organización, pero resulta que también tenemos a una asociación de temática más adecuada y específica. Porque el bullying puede ser causa de suicidio, pero existen otros factores.

También debemos considerar una realidad: que un porcentaje muy elevado de los casos de suicidio se deben a enfermedades mentales (detrás de las que hay diferentes causas), prevaleciendo sobre las demás, la depresión.

En cualquier caso, presentar de esta forma un suicidio, podría equipararse a esos casos de famosos que se han quitado la vida: el drama coexiste con un cierto “glamour”, y esta es una asociación muy peligrosa.

¿Oportunidad o riesgo?

¿Es una oportunidad ver la serie junto a nuestros hijos para poder hablar sobre todos esos temas tan controvertidos? Y hablando de ello: bullying y ciberbullying, cosificación de la mujer, cultura de la violación, desprecio a la libertad sexual de las chicas, etc. Más que hablar (que debemos hacerlo, pero después de haberles ESCUCHADO), la tarea que tenemos pendiente es procurar que crezcan sin tantas influencias tóxicas como lo están haciendo hoy en día. Me diréis “eso no es posible”, pero “¿es que lo estamos intentando?”

El mayor riesgo está en que todas las chicas y los chicos que han pensando alguna vez en el suicidio, que presentan indicios de depresión, que son víctimas de bullying, etc. puedan ver la escena del suicidio de Hannah, porque es muy real, y aunque resulta durísima, se presenta como la única posibilidad que tiene la chica.

Según Kids Health, hay una serie de factores que aumentan el riesgo de suicidio entre adolescentes:

  • Trastornos psicológicos.
  • Angustia o irritabilidad.
  • Desesperanza o baja autoestima.
  • Antecedentes de depresión o suicidio en la familia.
  • Abusos emocionales, físicos o sexuales.
  • Falta de apoyos o malas relaciones con los padres.
  • Hacer frente a bisexualidad u homosexualidad en un entorno hostil.
  • Intentos previos de suicidio.

Razones para que les pongáis otra cosa en la tele.

Jaelea Skehan, es directora de un Instituto de Salud Mental, nos cuenta aquí las 6 razones por las que le preocupa la serie. Las podéis leer enteras en el enlace que he puesto, pero me llama especialmente la atención cuando dice “que se están enviando mensajes equivocados sobre el riesgo de suicidio”. Habla también acerca del impacto en la comunidad tras un suicidio, y parece que la serie ha desaprovechado la ocasión de mostrarlo adecuadamente. Además señala un cierto romanticismo en la presentación de la tragedia (la chica deja huella en los demás a la vez que les acusa).

En definitiva, no parece ser cierta la idea sobre la conveniencia de aprovechar “Por trece razones” para hablar con los hijos sobre el tema.

Hablar sobre el suicidio adolescente: sí, pero no de esa forma.

Los medios de información (noticiarios, películas, revistas,…) deberían tener mucho cuidado, pues si bien no es conveniente la ocultación, tampoco debemos hablar sobre el suicidio mezclando la culpa o de forma sensacionalista. En esta Guía práctica de prevención y tratamiento de la conducta suicida, se muestra cuál debería ser el tratamiento correcto:

Aprovecha la convivencia familiar para escuchar y para hablar.

En los tiempos que corren, la escucha es muy necesaria, porque si nos dedicamos a sermonear, o sólo les escuchamos cuando nos cuentan qué nota han sacado, le hacemos un flaco favor a la comunicación. Los hijos nos necesitan, tengan la edad que tengan: con 15 años no les ayudaremos a anudarse los zapatos o ducharse, pero podemos ser un buen soporte emocional, y estar disponibles.

Hablando sobre machismo, misoginia y bullying sexual.

En este post de Píkara Magazine, señalan el bullying sexual, que es sin duda el que mayoritariamente sufre Hannah: uno de sus compañeros clasifica los culos de las chicas, otro la viola, cuando no la acusan de ser facilona, etc… Mientras no exista un trato igualitario, un respeto a la sexualidad femenina, una mayor conciencia de la violencia de género, de poco servirá ver “Por trece razones”, y la segunda parte lo único que conseguirá es aburrir y volver sobre lo mismo una y otra vez.

En los institutos está ocurriendo: a las niñas se las llama putas, se las intenta quitar el sujetador, la imagen de ellos y ellas con frecuencia es utilizada para difamar, los chicos son presionados para mantener relaciones de “usar y tirar”. El patriarcado en su máxima expresión, con todas sus consecuencias ¿Esta es la herencia que les dejamos? Entonces más valdría que no tuvieran ninguna influencia adulta, para que se dieran la oportunidad de convivir, conocerse y aceptarse.
Por Trece Razones

Suicidio: la epidemia silenciosa.

Cada dos horas y media se suicida una persona en España, alguien que tiene familia y amigos, alguien que en algún momento ha tenido sueños y aspiraciones. Pero nada… sigamos viendo reality y concursos por la tele, que así nos va. Pero no, el suicidio no es patrimonio nacional, y la ocultación es generalizada. Una de las consecuencias de ello es que se tenga menor conciencia, en cambio si habláramos (de forma correcta) podríamos prevenir y actuar más certeramente.

Quizás debiéramos enfocarnos más en que niños y adolescentes crezcan de forma saludable: hay trabajo por hacer, pero el resultado merecerá la pena.


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Macarena

Ante todo madre: mis hijos se han criado pegados a mí, y han aprendido que la libertad se gana con responsabilidad. Ahora (¡bendita adolescencia!... Ver perfil ›

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