¿Te han preguntado tus hijos sobre el atentado en Barcelona? ¿Qué les has dicho?

El jueves pasado asistíamos impotentes a la noticia sobre el atentado en Barcelona, del que han resultado fallecidas por atropello 14 personas, mientras otras muchas aún permanecen ingresadas (y algunas en estado crítico); horas después en Cambrils, los Moscos d’Escuadra abatían a tiros a 5 terroristas. A la vez que intentamos (sin éxito) asimilar lo sucedido, ¡tanto odio! ¡tanto desprecio por la vida!, nuestros hijos nos hacen decenas de preguntas, a las que no sabemos si responder o no.

Nos debatimos entre ser sinceras y dejar pasar el momento, a ver si se les olvida… pero de lo que no podemos olvidarnos es de que los peques también viven en este mundo tan complejo y cambiante. Aunque no lo parezca, al hablar abiertamente sobre lo sucedido, también les estamos educando, y en cualquier caso sería una pena desaprovechar la ocasión de que reciban esta información de nosotros en primer lugar.

Para un niño pequeño es muy impactante escuchar que una persona acaba intencionadamente con la vida de sus semejantes, y le van a surgir multitud de preguntas. Es incomprensible para una mente inocente (antes de los 8 / 9 años) llegar a entender que alguien dirija un vehículo de la misma forma que dirige su odio, y que atropelle indiscriminadamente a seres que sólo están viviendo y disfrutando de los suyos. Entre las víctimas mortales hay jóvenes, incluso un bebé de 3 años, lo cual provoca aún más confusión, ¿cómo se puede matar a alguien que no ha hecho daño a nadie, que depende de sus papás para casi todo?

¿Hay una forma correcta de hablar con nuestros hijos tras un atentado?

No hay respuesta a esta pregunta, sería muy pretencioso pretender dar consejos certeros, pero creo necesario que las niñas y los niños necesitan en estos momentos mayor cercanía, y demostraciones de afecto muy claras. Cuanto más concretos seamos mejor, y si tenemos la capacidad de adaptar el lenguaje a la edad de nuestros vástagos, les vamos a ayudar muchísimo. La calma, el sentido común, y la ausencia de juicios, son muy necesarias en estos momentos, no hay más que leer algunos de los tweets de incitación al odio contra el pueblo catalán que leíamos horrorizadas el viernes; no hay más que comprobar que en estos momentos aumentan las muestras de islamofobia.

Otro consejo útil es mostrar seguridad y exteriorizar las emociones, pero de una forma controlada. No sirve llorar desconsoladamente y sin ser capaz de articular palabra (en el caso de que seamos espectadoras, otra cosa es que algún conocido hubiera resultado víctima); pero no pasa nada si nos ven tristes, la tristeza es normal y natural en estas situaciones.

Nada de mentiras ni de pintar la vida en rosa.

Nuestros hijos no necesitan mentiras, necesitan saber: saber les ayuda a soltar mejor las emociones, saber sin ‘cortinas de humo’ les permite entender mejor la repercusión de las tragedias, y las posibles causas de estos hechos. Al comprender determinados fenómenos (como el terrorismo) de una forma global, algo que no es posible antes de los 11 o 12 años, también ayudamos a que esas personas que en breve serán mayores de edad, asuman la responsabilidad de un mundo diverso y tolerante.

Tampoco conviene intentar calmarlos diciendo cosas como “no pasa nada”, porque ¡sí que pasa!, y es que al mismo tiempo que evitamos el bloqueo de emociones, podríamos hacer lo propio con el bloqueo de la acción. Es muy grave, pero cerrar los ojos no ayuda a que nuestras hijas y nuestros hijos tengan la capacidad de luchar por un mundo en paz. La información debe ser lo más realista posible, pero no por ello en exceso impactante, hay muchos detalles que según la edad les podemos evitar.

El acompañamiento da seguridad.

Es importante dejar que sean ellos quienes formulen sus dudas, quienes hagan sus preguntas, quienes descubran sus necesidades y busquen respuestas, nosotras y nosotros estaremos a su lado, para responder, hacernos eco de sus inquietudes, y para corregir posibles ‘juicios’ contrarios a la convivencia pacífica. La mayoría de nuestros niños se están criando junto a otros peques que tienen por religión el Islam, es la forma de vivir la fe lo que diferencia a unos de otros. Es más que probable que los amiguitos musulmanes de tus hijos, que sus madres (con las que hablas en el parque) sean contrarios a la violencia y que condenen los atentados.

Estas diferencias se deben trasladar a los niños cuando hablemos sobre ello, porque deben saber cuál es su relación con esos otros peques, y cuál será en el futuro: la misma. Un atentado es un ejercicio de odio no relacionado con religiones o razas.

Acompañarles en el proceso, en el duelo es especialmente relevante cuando la cantidad de información que se genera a través de los medios de información es tan ingente.

Vivir de cerca el dolor, el vacío, la esperanza.

Ayer veíamos imágenes de familias barcelonesas paseando con niños de la mano por la Rambla, una madre contaba que su hija no entendía lo que estaba ocurriendo, así que decidieron llevarles, y que estuvieran cerca de esos lugares que recuerdan a las víctimas. Así pues, es una muy buena idea que tu hija o hijo sepan que podéis ir a llevar unas flores, o a dejar un mensaje de esperanza escrito, o a encender una vela, y quedaros un rato compartiendo buenos sentimientos con los presentes. El miedo es lo opuesto al amor… no se puede vivir con miedo permanente: no se trata de afirmarnos desafiando a los terroristas, se trata de vivir y abrir nuestro corazón.

En resumen: la sinceridad, el afecto (ración extra de besos), la presencia y la expresión controlada de sentimientos, serán nuestras aliadas.

Por la memoria de las víctimas mortales de los atentados, y por sus familiares, debemos construir una sociedad en la que estos hechos no tengan cabida.


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Macarena

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