Preparación al parto: lo que nadie te dice

O al menos lo que no me dijeron a mí. Me hablaron sobre la importancia del ejercicio físico durante el embarazo, de los indicios y las fases del parto, los cuidados del bebé, etc. pero no de las emociones, de cómo iba a sentirme, o de lo importante que era estar preparada para aquello que no esperas o que ni siquiera imaginas.

Plan de parto

Hay algo de lo que no me hablaron en el taller de preparación al parto, pero que afortunadamente descubrí gracias a que mi embarazo lo compartí con un grupo de mamás embarazadas, y es el plan de parto. El plan de parto es escribir tu parto, cómo quieres que sea, de ensueño: «un documento en el que la mujer puede expresar sus preferencias, necesidades, deseos y expectativas sobre el proceso del parto y nacimiento», tal como recoge el Plan de Parto y Nacimiento del Ministerio de Sanidad. Elaborar tu plan de parto te da seguridad, confianza en que todo va a ser –dentro de las posibilidades médicas– como tú quieres que sea.

La cosas que nunca te dije

Yo escribí mi plan de parto tras leer, pensar, valorar opciones, etc. Aún así, si echo la vista atrás, pienso que nadie me había dicho en mi preparación al parto:

  1. Es posible que las cosas no salgan como tú quieres que salgan, tal vez como ni siquiera hayas imaginado que puedan salir

Os cuento mi experiencia personal: hice yoga prenatal, un taller de parto y nacimiento, conocía mecanismos sobre cómo vivir el dolor y sobreponerme a él, no quería epidural, quería un parto natural… y viví un parto inducido, un proceso de parto de dieciséis horas, epidural, adrenalina, una dilatación casi completa, una cesárea de urgencia y no pude sentir el piel con piel con mi bebé tras el nacimiento por motivos médicos. No es que nadie me dijera que esto podía ser así –que nadie me lo dijo–, es que yo nunca lo hubiese podido imaginar siquiera.

No se trata de ir a tu parto preparada para la tragedia, pero si eres consciente de que quizá las cosas no salgan como esperas, es más fácil adaptarte en el momento a las adversidades y llevarlas de una forma emocionalmente sana.

  1. El parto es el momento más bonito de tu vida

Todo el mundo habla de dolor («ay, ¡cuánto duele!»), de experiencias como las que he contado arriba de dieciséis horas, de las contracciones, lo incómodo de la situación… pero a pesar de los pesares, el parto es el momento más bonito de tu vida porque es el proceso natural para conocer a tu bebé. Vívelo intensamente, disfrútalo. Has cuidado de tu bebé nueve meses dentro de ti, y en tan solo unas horas os vais a abrazar fuera de la piel, piel con piel.

  1. Es importante que en el parto te acompañe la persona a la que amas

Ya sea tu pareja, tu madre, tu hermano, tu amiga… es importante que puedas coger la mano de la persona a la que amas y gritar, y apretarla muy fuerte, que te dé fuerza, ánimos, besos… en definitiva, es importante no estar sola. Imagino que en este punto existen diversas opiniones al respecto, pero para mí fue muy bonito poder gritarnos «¡Te quiero!».

  1. La lactancia es información, y no azar

Recuerdo que en el taller de preparación al parto al que asistí nos preguntaron: «¿Cuántas queréis dar el pecho?»; yo no lo entendí, pensé que era una pregunta retórica, pero no, había que levantar la mano. Después comenzó una charla sobre lactancia en que nos hablaron de «calostro», «subida de la leche», «parto natural vs. cesárea», etc.; no me hablaron del «agarre» o de posturas, por ejemplo. Yo había leído bastante al llegar al hospital, afortunadamente, y, sinceramente, creo que la clave del éxito de mi, nuestra lactancia fue (y es) la información. E información no es solo leer, también es buscar ayuda, apoyo, hacer preguntas, pedir que te miren el agarre, etc. No, no se trata de suerte.

  1. Tu vida gira en el momento en que nace tu bebé

Entera, gira; gira porque en ese momento dejas de ser «tú» para ser «nosotros/as». Y sí, alguna frase de este tipo se escucha durante el embarazo: te dicen que «un/a hijo/a te cambia la vida», que a mí me sonaba a muchas noches sin dormir, pero no (bueno, sí, noches sin dormir llevo muchas a la espalda), pero es la magia de que la maternidad te hace crecer, afianzar tus valores, luchar por tu bebé con la fuerza de una manada de leonas, que él/ella sea el epicentro, amar profundamente, que lo más bonito que jamás te haya pasado es que tu bebé diga «mamá».


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