Prevención y reconocer señales: así se evitan los ahogamientos secundarios (actualización)

Ahogamiento secundario

Los socorristas están alarmados debido al elevado número de muertes ocurridas el año pasado por ahogamiento (339 en total); y es que la llegada del buen tiempo trae consigo estos accidentes que suponen una de las diez principales causas de fallecimiento entre niños y jóvenes de todo el mundo, según datos de la OMS. Aclaro que si hablamos de muertes por ‘traumatismo no intencional’, resultan ser la tercera causa de fallecimiento en la franja de edad de 1 a 14. Del número total de menores que mueren por esta causa, las tasas más elevadas corresponden a los que tienen entre 0 y 5 años; grupo al que siguen los adolescentes (a partir de 10, y sobre todo entre 15 – 19). En cualquier caso, los varones siempre superan en frecuencia a las mujeres.

Hablaremos hoy de los ahogamientos por inmersión, que suceden sobre todo entre junio y agosto (y con mayor incidencia en fines de semana); aunque es verdad que en los lactantes el escenario más habitual es la bañera (nos descuidamos más de lo que creemos). Y también dedicaremos un espacio para recordar un problema grave que aunque no tiene como resultado la muerte (al menos inmediata), es muy peligroso y debemos prestarle atención: se trata de los llamados ‘ahogamientos secundarios’.

A pesar de que la mayoría de las víctimas viven en países en desarrollo, se encuentran muchas evidencias de que quizás se estén estimando ‘a la baja’ las muertes por ahogamiento en los países desarrollados. Los datos en los que se basa la Organización Mundial de la Salud excluyen como causas de ahogamientos los suicidios, homicidios, inundaciones o naufragio de embarcaciones; centrándose sólo en los accidentes sin intencionalidad, que son precisamente los más fáciles de prevenir.

Cabe especificar que además de que existe una posibilidad inherente a determinadas edades, hay condiciones médicas (como la epilepsia) o relacionadas con la ocupación (personas que trabajan cerca del agua) que podrían ser de riesgo

Ahogamiento secundario

Hablemos de los ahogamientos

Nos referimos al proceso por el que se sufren dificultades respiratorias debido a la sumersión o inmersión en un líquido, cuyos resultados se clasifican en muerte, morbilidad y no morbilidad. Parece que ‘las consecuencias fisiopatológicas del ahogamiento se deben principalmente al hipoxia-isquemia, y a la repercusión posterior’. Y las causas concretas de la asfixia que el ahogamiento produce son laringoespasmo, apnea o aspiración de agua (por vómito posterior a la deglución).

En los Anales de pediatría continuada, he encontrado que ‘contrariamente a la opinión popular, la víctima no llama para pedir ayuda, ya que la mayor parte de los ahogamientos son silenciosos’; no quiere decir eso que no se pueda detectar (antes de que el cuerpo se sumerja), ya que está en postura vertical, extiende los brazos lateralmente, golpea y palmea en el agua, por lo que en ocasiones la situación se confunde con un ‘juego’.

Cuando hablamos sobre este tema, se trata siempre de alertar y concienciar sobre un problema grave, de consecuencias terribles, cuya evitación depende únicamente de nosotros mismos. Vigilancia / supervisión hasta que los niños son adolescentes, comunicación con los hijos para que entiendan la necesidad de prevención, y atender a las normas (que están para ser cumplidas). Por normas entiendo (por ejemplo) no bañarse en la playa con bandera roja, o respetar las indicaciones del socorrista (en la piscina). Por otro lado no exagero si cuento que se debería vigilar cada minuto que pasan en el agua los niños, porque bastan 27 segundos para que un pequeño se ahogue.

Eso sí, ninguna norma puede suplir el sentido común y la capacidad de proteger y autoprotegerse (en caso de niños que ya no son pequeños)

Tampoco es garantía saber nadar, aunque en mi opinión debemos esforzarnos por que los niños aprendan a hacerlo. Me gustaría apuntar aquí que las normas públicas de cualquier instalación pública con piscinas, incluyen (y además por escrito) la indicación de que los menores de 14 años deben acudir acompañados de mayores de esa edad. Creo que en la vida hay tiempo de todo, y que este es uno de los asuntos en los que la autonomía (y queda raro que lo diga precisamente yo) debe estar muy limitada, yo no me la juego, desde luego.

Ahogamiento secundario

Ahogamiento secundario

Actualización (12/07/17).

El blog de divulgación pediátrica “Mi reino por un caballo”, habla en un post sobre los llamados “ahogamientos secos o secundarios”. Comparto parte de un párrafo, y os enlazo el artículo original, en el que se relata que tales procesos no existen, pero se está creando alarma entre las familias. Creo que lo correcto es mejorar la información que en su día dimos, por lo tanto prefiero aclarar conceptos y eliminar los puntos en los que hablábamos sobre estos ahogamientos.

No existe el ahogamiento seco, el ahogamiento secundario, ni el casi-ahogamiento. No son términos médicos correctos, aunque lo usen muchos médicos (y aficionados). Están desechados desde hace muchos años. El ahogamiento es un proceso que puede ser leve, moderado o grave, con consecuencias fatales o no.

Decálogo de seguridad para piscinas

Ahogamiento secundario

Creo que no he mencionado que se producen más ahogamientos en agua dulce, aunque en la playa los niños también se ahogan, pero antes de dar por finalizado el post, comparto este cuadro de la Asociación Nacional de Seguridad Infantil, con diez puntos fáciles de entender y aplicar, orientados a la prevención en piscinas. Se incluye la comprobación de elementos de protección, la visibilidad, los dispositivos de rescate, y el entorno de la piscina.

Y ahora sí, el verano está a punto de empezar, aunque más de uno ya nos hemos dado un chapuzón. La diversión es más divertida sin accidentes, depende de todos nosotros disminuir la tasa de ahogamientos entre niños.


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