Psicosis en la adolescencia: seƱales que alertan antes

  • 697 adolescentes de 11 a 15 aƱos participaron en un seguimiento de dos aƱos en Castellón.
  • Los EMAR incluyen desconfianza, aislamiento o pensamientos paranoides, pero no equivalen a psicosis.
  • El TDAH combinado alcanzó el 68,4 % en adolescentes con EMAR, frente al 6,6 % en controles.
  • Depresión, impulsividad y conducta suicida ayudan a identificar un mayor riesgo posterior.

Adolescencia y salud mental

La adolescencia es una etapa de cambios emocionales, personales y sociales. En ese contexto, dos investigaciones realizadas en Castellón por el Grupo TXP de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UCH) han aportado nuevas pistas para reconocer señales de malestar psicológico que pueden aparecer antes de una psicosis, como la que se da en la esquizofrenia. El foco estÔ en los Estados Mentales de Alto Riesgo (EMAR) y en su evolución durante esta etapa vital.

Los trabajos han sido liderados por los psiquiatras Antonio Jovaní y Gonzalo Haro y la psicóloga Francisca Castellano, junto a otros miembros del Grupo TXP. Sus resultados se han publicado en las revistas científicas Frontiers in Psychiatry y European Child & Adolescent Psychiatry. La investigación siguió durante dos años a 697 adolescentes de entre 11 y 15 años. La muestra permite observar no solo qué ocurre en un momento concreto, sino cómo cambian las señales con el tiempo.

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QuƩ son los EMAR y quƩ no significan

Los Estados Mentales de Alto Riesgo de psicosis son situaciones de especial vulnerabilidad psicológica. Pueden incluir experiencias poco habituales, como síntomas psicóticos atenuados o intermitentes, desconfianza, aislamiento, pensamiento paranoide o cambios en la manera de expresarse. No obstante, tener estas experiencias no equivale a tener una psicosis ni implica que el adolescente vaya a desarrollarla necesariamente, porque en muchos casos son temporales.

Antonio Jovaní, psiquiatra y doctorando de la CEU Escuela Internacional de Doctorado CEINDO, insiste en que el EMAR es una situación de vulnerabilidad, no una etiqueta definitiva. Según explica, lo importante es detectar el malestar, comprender qué estÔ ocurriendo y ofrecer tratamiento cuando sea necesario. La prioridad es escuchar, no clasificar precipitadamente.

TDAH, hiperactividad e impulsividad

Uno de los artículos publicados encontró una relación clara entre los síntomas de TDAH, especialmente hiperactividad e impulsividad, y los EMAR. Entre los adolescentes que presentaban este estado de riesgo, el 68,4 % tenía TDAH combinado, frente al 6,6 % de los adolescentes considerados controles sanos. La diferencia entre ambos grupos resulta muy llamativa.

A medida que aumentaba el nivel de riesgo, también eran mÔs frecuentes los problemas emocionales y de comportamiento, la ansiedad, la depresión y la ideación suicida. Los investigadores observaron ademÔs diferencias entre chicos y chicas. En ellas, la hiperactividad, la impulsividad y las dificultades emocionales tuvieron mÔs peso. En ellos, los síntomas depresivos y los pensamientos suicidas mostraron una relación mÔs intensa con el desarrollo de psicosis. El perfil emocional y el sexo ayudan a matizar el riesgo.

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SeƱales que ayudan a identificar mayor riesgo

El seguimiento de dos años permitió ver qué factores se relacionaban con la aparición posterior de estos estados. La depresión, los síntomas de hiperactividad e impulsividad y la planificación suicida figuran entre las señales que mejor ayudan a identificar a los adolescentes que después presentan un mayor nivel de riesgo. No se trata de síntomas aislados, sino de un conjunto que debe mirarse en contexto.

Francisca Castellano, psicóloga del Grupo TXP y codirectora de la tesis de Antonio Jovaní, subraya que la salud mental adolescente debe contemplarse de forma global. Las dificultades emocionales, los problemas de atención e impulsividad y la conducta suicida pueden formar parte de una misma realidad de sufrimiento que necesita ser escuchada. Abordar solo una parte del problema sería insuficiente.

Un riesgo que puede fluctuar o desaparecer

Los datos del estudio muestran que el riesgo no es estÔtico. Al finalizar el seguimiento, alrededor del 3 % de los adolescentes se encontraba en un estado considerado de riesgo. Sin embargo, solo el 0,9 % de quienes inicialmente no presentaban riesgo pasó a esa situación. AdemÔs, de los 19 adolescentes que estaban inicialmente en el grupo de mayor riesgo, únicamente tres continuaban en él dos años después. Estos resultados indican que la evolución puede cambiar, reducirse o revertirse.

Los dos artículos apuntan a una idea común: la vulnerabilidad psicológica durante la adolescencia puede fluctuar, desaparecer o coexistir con otras dificultades emocionales y conductuales. Por eso, los autores consideran clave reforzar la detección temprana y adaptar la atención a las necesidades concretas de cada adolescente, especialmente en espacios cercanos como los centros educativos y los servicios comunitarios. La prevención funciona mejor cuando llega a entornos cotidianos.

Prevención sin estigmatizar

Gonzalo Haro, psiquiatra y codirector de la tesis, señala que detectar a tiempo la depresión, las dificultades relacionadas con el TDAH o las señales de conducta suicida puede permitir ofrecer apoyo cuando todavía se estÔ a tiempo de prevenir que el adolescente acabe desarrollando una psicosis como la esquizofrenia o el trastorno bipolar. También menciona factores como haber sufrido experiencias traumÔticas durante la infancia y no haber recibido suficiente afecto y comunicación en la familia. La intervención temprana puede marcar una diferencia importante.

El equipo investigador remarca que estos resultados no significan que cualquier adolescente con síntomas de este tipo esté destinado a desarrollar una enfermedad mental grave. Al contrario, revelan la importancia de observar, acompañar y ofrecer ayuda adaptada, entendiendo que la adolescencia es un periodo de cambio en el que el malestar psicológico puede evolucionar. Evitar el estigma es parte de la prevención.

Lo esencial de estos trabajos es que la detección temprana de señales como depresión, impulsividad, hiperactividad o conducta suicida puede ayudar a acompañar mejor a los adolescentes y a prevenir complicaciones mayores. El riesgo no siempre permanece igual, y una intervención adecuada, sin etiquetas ni alarmismo, puede abrir una vía para mejorar la salud mental juvenil. Escuchar antes de que el malestar crezca resume el mensaje principal de las investigaciones.


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