¿Pueden tener niños y adolescentes fatiga pandémica?

Hace casi un año que la OMS declaró pandemia mundial a causa del coronavirus. Desde entonces muchas cosas han cambiado, durante un tiempo vivimos sin salir de casa, sin ver a nuestros seres queridos, sin ir a la escuela, y todo lo que ya sabemos. Esta situación ha llevado a niños y adolescentes a sufrir lo que ha llamado fatiga pandémica.

De la fatiga pandémica en general, y de los estudios que hay hasta el momento sobre cómo afecta ésta a los niños, y algunas recomendaciones te hablaremos hoy. Pero, como siempre nos gusta recordar, cada familia, y cada niño es un mundo completo. Y en este caso, parece que la mejor herramienta es actuar con sentido común, respetar las medidas de seguridad nos permitirá vivir sin tanta ansiedad o estrés.

A qué se llama fatiga pandémica

La Organización Mundial de la Salud, OMS, puso el nombre de fatiga pandémica a una serie de síntomas derivados de la enfermedad del COVID-19 y de las consecuencias que ha traído para todos esta pandemia mundial. Según esta organización el 60% de la población europea la padece y afecta a todas las generaciones. Tanto los niños, adolescentes, jóvenes y adultos pueden padecer fatiga pandémica, aunque de una manera diferente.

Con la permanencia del coronavirus ha hecho que aflore más depresión, cansancio y ansiedad. En palabras de la psicóloga Laura Fuster: El peligro viene cuando el estrés se mantiene durante demasiado tiempo, ya que puede derivar en problemas de sueño, alimentación, bajada de estado de ánimo o, como en el caso que nos ocupa, cansancio crónico. Los niños, o los adolescentes no son inmunes a este proceso.

Los aspectos económicos, de salud física o emocional y de actitud, que se hayan vivido en la familia influirá en cada generación. El problema en muchos casos y familias es que las obligaciones ha aumentado, pero el esparcimiento se ha reducido de forma drástica.

Estudios sobe la fatiga pandémica

Volver al cole en plena pandemia

Todavía no se han realizado demasiados estudios sobre la fatiga pandémica. Pero los que hay alertan un grave incremento creciente de la fatiga pandémica en grupos especialmente vulnerables como son los niños y los adolescentes, en estudios llevados a cabo con una franja de edad de 3 a 18 años.

En estas edades se observan alteraciones emocionales y conductuales, dificultades de concentración, mayor nivel de ansiedad, aburrimiento, irritabilidad, inquietud, discusiones. A esto hay que sumar el aumento del uso de pantallas, disminución de la actividad física, niños con una mayor dependencia de los padres y problemas de conducta como las rabietas.

Algunos especialistas apuestan por la terapia cognitivo conductual (TCC) con un importante respaldo científico, que ofrece tratamientos, métodos y estrategias eficaces en niños y adolescentes con trastornos emocionales producidos por la fatiga pandémica. Con ellas aprenderán a gestionar las emociones intensas de forma efectiva y adaptativa.

Secuelas en los más pequeños por la pandemia

La vuelta al cole y el coronavirus

En el caso de la Generación Alfa, los nacidos entre 2010 y 2015 son muchas las situaciones a las que se enfrentan. Son niños que viven en un entorno más restringido, no disfrutan de los parques o de las zonas de ocio como otras generaciones. La higiene, las mascarillas o las medidas de cuidado de las autoridades sanitarias les hacen ser más responsables.

Son niños y niñas con un mayor apego hacia sus padres, es posible que se dé un mayor proteccionismo. Como generación, probablemente desarrollen más resilencia. En contra, el espíritu de sacrificio quizás será uno de sus puntos débiles, les habremos facilitado todo para que puedan seguir su ritmo y desarrollo personal, a pesar de las circunstancias actuales.

Si nosotras, como madres, vivimos la situación de pandemia con angustia, les estaremos transmitiendo esta angustia emocional. Cualquier emoción será la forma en la que los niños aprendan a vivir. Por tanto haz lo posible para mantener una buena actitud, cuida tu lenguaje y comentarios en casa. Intenta mantener el máximo de hábitos o costumbres posibles anteriores, y si es necesario crea algunos nuevos.


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