
Nuestro bebé ya ha nacido, ahora tenemos que afrontar una etapa complicada, llena de cambios, sentimientos encontrados y miedos, pero también de ilusión y descubrimientos. Comprender lo que ocurre en nuestro cuerpo y en nuestra mente durante estas semanas es una ayuda enorme para vivir el proceso con más tranquilidad y confianza.
El puerperio es el periodo de tiempo que transcurre desde que termina el parto hasta el momento en que tenemos la primera menstruaciĂłn aproximadamente. En muchos casos se sitĂşa en torno a las seis u ocho semanas, aunque algunos cambios fĂsicos y emocionales pueden prolongarse durante varios meses, sobre todo cuando se mantiene la lactancia materna.
En este tiempo nuestro cuerpo va a sufrir una serie de transformaciones fĂsicas, hormonales, emocionales y sociales hasta volver al estado que tenĂa antes del embarazo, o quizá nunca volvamos a ser como antes del embarazo, pero esto no tiene por quĂ© ser negativo: es una etapa de reequilibrio en la que nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra vida entera se reorganizan para integrar nuestro nuevo rol de madre.

Etapas del puerperio

Para entender mejor todo lo que ocurre, se suele dividir el posparto en varias fases. Aunque los dĂas exactos pueden variar ligeramente de una mujer a otra, la mayorĂa de los expertos coincide en tres grandes etapas, cada una de ellas con cambios y caracterĂsticas propias.
Puerperio inmediato
Es el tiempo que transcurre desde el parto hasta las primeras 24 horas. Es en este tiempo cuando más vigilancia necesita la mujer que acaba de parir, porque es ahora cuando pueden ocurrir las complicaciones más graves, sobre todo las hemorragias posparto y algunos problemas derivados de la anestesia o de la tensión arterial.
Durante estas horas se hace un control periódico de constantes vitales (tensión arterial, pulso, temperatura), se vigila el sangrado vaginal y se explora el tamaño y consistencia del útero. El personal sanitario comprueba también que no haya heridas o desgarros que sangren en la vagina, el cuello uterino o el periné, y, si ha habido cesárea, se valora la incisión y la sensibilidad de la zona.
El útero debe contraerse muy potentemente para evitar sangrados excesivos. Cuando sale la placenta lo notaremos como una zona dura entre el ombligo y el pubis. Estas contracciones son normales e indican que el útero está haciendo su trabajo de involución.
Además, en las primeras horas se intenta que la mujer se levante y camine cuanto antes siempre que no haya contraindicaciones médicas. Esta movilización temprana ayuda a prevenir trombosis venosas, problemas circulatorios y retención urinaria, y favorece el funcionamiento normal del intestino.
En las primeras dos horas de vida de nuestro bebĂ© es ideal que iniciemos la lactancia materna. Nos ayudará tanto a estimular la producciĂłn de leche como a liberar oxitocina, una hormona necesaria para que el Ăştero vuelva pronto a su forma y tamaño previos al embarazo, reduciendo a la vez el riesgo de hemorragias. En esta etapa tambiĂ©n se promueve el contacto piel con piel directo y prolongado, que regula la temperatura del bebĂ©, estabiliza su respiraciĂłn y facilita el establecimiento del vĂnculo afectivo.
Puerperio clĂnico o precoz
Comprende aproximadamente desde el dĂa 2 hasta el dĂa 10 posparto. Es el periodo involutivo más intenso, en el que el cuerpo realiza gran parte de los ajustes fĂsicos que comenzaron en las primeras horas.
Pasadas las primeras 24 horas postparto encontraremos el Ăştero a la altura del ombligo o algo por encima. A partir de ese momento desciende a un ritmo de un centĂmetro al dĂa aproximadamente, de forma que al finalizar esta etapa se encuentra ya a la altura del pubis. En estas fechas a veces se realizan las Ăşltimas revisiones hospitalarias o la primera visita con la matrona del centro de salud, donde se valora que esta involuciĂłn sea adecuada.
Es el periodo en el que los cambios hormonales son más bruscos. TambiĂ©n es el momento en que nuestro estado de ánimo es más vulnerable y puede aparecer la famosa “maternity blues” o tristeza puerperal, de la que hablaremos con detalle más adelante. Se trata de un estado transitorio de labilidad emocional relacionado con la brusca caĂda de hormonas, el cansancio extremo y el impacto del nuevo rol.
En estos dĂas hay que estar especialmente atentas a posibles complicaciones como infecciones del Ăştero (endometritis), de la episiotomĂa o cesárea, mastitis, infecciones urinarias o problemas circulatorios (varices muy dolorosas, tromboflebitis, hemorroides complicadas). Ante fiebre, malestar intenso, dolor muy localizado o loquios malolientes es importante consultar de inmediato.
Es tambiĂ©n el periodo en el que se instaura la lactancia materna. Al principio en nuestras mamas hay calostro, una sustancia espesa y amarillenta riquĂsima en anticuerpos y nutrientes, pero al final de este periodo ya tenemos leche madura. Durante los primeros dĂas puede aparecer la subida de la leche, con sensaciĂłn de pecho muy lleno, caliente y tenso. Un agarre correcto, tomas frecuentes y vaciado eficaz del pecho suelen ser suficientes para mejorar esa congestiĂłn.
En este enlace te cuento todo lo que necesitas saber para que el inicio y mantenimiento de la lactancia materna sea más sencillo y exitoso.
Puerperio tardĂo
Incluye el periodo que va a partir de los 10 dĂas postparto hasta que las estructuras del aparato reproductor y genital vuelven a su situaciĂłn anterior. Popularmente lo conocemos como la famosa “cuarentena”, aunque en algunas mujeres parte de la recuperaciĂłn completa se extiende más allá de las seis semanas.
Es un momento de cambios más tranquilos. Empezamos a entendernos con el bebĂ© y cada dĂa nos encontramos mejor fĂsicamente. Muchas mujeres notan que disminuye el dolor de la episiotomĂa o la cesárea, que los loquios se hacen muy escasos y que el Ăştero ya casi no se palpa por encima del pubis. Pasadas unas semanas empezamos a disfrutar, realmente, de la maternidad, aunque siguen siendo frecuentes el cansancio y la falta de sueño.
Aunque, en teorĂa, es un periodo que termina al tener la menstruaciĂłn, no siempre es asĂ. Cuando damos lactancia materna la menstruaciĂłn puede demorar varios meses en aparecer. En mujeres con lactancia artificial suele reaparecer el ciclo en torno a la quinta o sexta semana, mientras que con lactancia materna exclusiva y a demanda es habitual una amenorrea fisiolĂłgica durante varios meses. Aun sin regla, la ovulaciĂłn puede producirse, por lo que es imprescindible valorar mĂ©todos anticonceptivos adecuados para esta etapa.
En el puerperio tardĂo tambiĂ©n se recomienda comenzar o intensificar la rehabilitaciĂłn del suelo pĂ©lvico, revisar la cicatrizaciĂłn de episiotomĂas o cesáreas y, si es necesario, recibir orientaciĂłn sobre la vuelta a la actividad fĂsica y sexual de forma segura.

Cambios del puerperio

Los cambios más llamativos del posparto podemos dividirlos en cambios hormonales, fĂsicos, psicolĂłgicos y sociales. Todos ellos están interrelacionados: lo que ocurre en las hormonas repercute en el estado de ánimo, lo que pasa en el cuerpo influye en la forma de vivir la maternidad, y la red de apoyo o las circunstancias familiares pueden facilitar o dificultar esta adaptaciĂłn.
Cambios hormonales
Los cambios hormonales son muy bruscos en el postparto. Es necesario que disminuyan las hormonas propias del embarazo, aparezcan nuevas hormonas que estimulen la producciĂłn y salida de la leche y que, poco a poco, volvamos a tener las hormonas femeninas en cantidad normal para que se reanude nuestro ciclo menstrual.
Algunas de las hormonas clave son:
EstrĂłgenos
Descienden bruscamente tras el parto, lo que puede influir en el estado de ánimo, la lubricación vaginal y la sensación de cansancio. Hacia el final del puerperio vuelven a aumentar, aunque si damos lactancia materna exclusiva pueden tardar más en estabilizarse, por la acción de la prolactina.
FSH y LH
Son las hormonas hipofisarias que controlan el ciclo ovárico. Son prácticamente indetectables los 10-12 primeros dĂas y, despuĂ©s, sus niveles dependen mucho de la lactancia. En mujeres que no amamantan, estas hormonas se recuperan pronto y con ellas la ovulaciĂłn; en mujeres que dan el pecho a demanda, la prolactina interfiere en su secreciĂłn y puede mantener la anovulaciĂłn durante meses.
Hormonas placentarias
Desaparecen bruscamente en el momento en que termina el parto, cuando se expulsa la placenta. Esta desapariciĂłn repentina explica, en parte, la sensaciĂłn de vacĂo o inestabilidad emocional de los primeros dĂas.
Prolactina
Es una de las grandes protagonistas del posparto. Es necesaria para estimular la secreciĂłn de leche y se eleva tras el parto, alcanzando niveles muy altos durante las primeras semanas. Sin embargo, necesita el estĂmulo de la succiĂłn y el vaciado de la mama por parte del bebĂ© para mantener sus niveles y que se mantenga la producciĂłn de leche. La prolactina tambiĂ©n tiene efecto sobre el estado de ánimo y el sueño, favoreciendo el descanso en pequeños intervalos.
Oxitocina
Es la hormona del afecto y de las contracciones. Es necesaria tanto para que el útero se contraiga y vuelva a su posición como para que la leche salga de la mama cuando el bebé succiona. También se estimula con el contacto piel con piel, las miradas al bebé, su olor y, por supuesto, con la succión.
Además de estas hormonas principales, en el puerperio pueden producirse alteraciones transitorias de la funciĂłn tiroidea (hipotiroidismo o hipertiroidismo posparto) que influyen en el cansancio, el peso y el estado de ánimo. Por eso, si notas sĂntomas muy intensos de fatiga, palpitaciones, pĂ©rdida de peso llamativa o caĂda de cabello exagerada, conviene comentarlo en las revisiones.

Cambios fĂsicos

En el plano fĂsico, el posparto se caracteriza por un proceso de involuciĂłn y regresiĂłn de la mayorĂa de Ăłrganos y estructuras que se modificaron durante el embarazo, a excepciĂłn de la glándula mamaria, que ahora entra en su fase de máxima actividad. Estos cambios afectan al Ăştero, el suelo pĂ©lvico, la piel, el sistema circulatorio, el aparato urinario, el aparato digestivo y el peso corporal.
Vuelta del Ăştero a su situaciĂłn previa
Desde el momento del parto el Ăştero debe contraerse firmemente para evitar sangrados y poco a poco ir perdiendo tamaño, para pasar de un peso y longitud de alrededor de 1.000-1.500 gramos y unos 32 centĂmetros que mide al final del embarazo a los 7-8 centĂmetros y 60-80 gramos que tiene habitualmente.
En las primeras horas el Ăştero se palpa a la altura del ombligo, duro y firme. DĂa a dĂa va descendiendo hacia la pelvis, a un ritmo aproximado de un centĂmetro diario. Al finalizar la cuarentena, deberĂa haber recuperado sus dimensiones casi normales. Si notas que está muy blando, muy doloroso, o que el sangrado aumenta de repente, puede ser señal de que la involuciĂłn no va bien y hay que consultar.
Nosotras podemos ayudar a nuestro cuerpo a realizar este gran cambio. Dar lactancia materna, levantarnos y caminar lo antes posible y vaciar periĂłdicamente la vejiga son factores que podemos controlar y favorecen que nuestro Ăştero vuelva pronto a su lugar, disminuyendo el riesgo de hemorragias e infecciones.
El endometrio o cara interna del Ăştero
El endometrio es una zona mucosa que nuestro cuerpo hace que, cada mes, crezca de tamaño y se prepare para ser la “cuna” de un posible embarazo. Durante las primeras semanas de gestación aporta todos los nutrientes que el futuro bebé necesita, hasta que la placenta asume este papel.
Durante el embarazo esta capa crece y en ella se implanta la placenta, dejando después del parto una zona llamada “lecho placentario”, que tardará más en cicatrizar que el resto del endometrio. Esa cicatrización es una de las principales fuentes de los loquios.
Durante la primera parte del puerperio tiene que desaparecer toda la mucosa que ha dado cobertura al embarazo, destruyĂ©ndose y siendo expulsada al exterior en forma de loquios. A partir del quinto dĂa se empieza a regenerar esa zona interna del Ăştero y, desde aproximadamente el dĂa 25 hasta el 45 postparto, se empieza a estimular por las hormonas habituales, haciendo que vuelva a tener su ciclo normal, salvo en caso de lactancia materna, en el que el proceso de estimulaciĂłn puede no ocurrir todavĂa por la acciĂłn de las hormonas de la lactancia.
Entuertos
ÂżQuiĂ©n no ha oĂdo hablar a nuestras madres y abuelas de los famosos entuertos?
Los entuertos no son otra cosa que contracciones del útero con las que va volviendo a su aspecto normal. Son más frecuentes en las mamás que ya han tenido más hijos, en embarazos gemelares o cuando el útero ha estado especialmente distendido.
Son más intensos los primeros dĂas, incluso dolorosos y, especialmente, en el momento de la toma en caso de lactancia materna, porque la succiĂłn del bebĂ© libera oxitocina. Aunque son molestos, tienen una funciĂłn muy beneficiosa: ayudan a que el Ăştero se retraiga y a prevenir hemorragias. Si el dolor es intenso, se pueden utilizar analgĂ©sicos compatibles con la lactancia, siempre pautados por el profesional sanitario.
Loquios
Aunque muchas mujeres confunden este sangrado con una menstruaciĂłn, en realidad nada tiene que ver.
Con los loquios se expulsan todos los restos que han quedado en el útero tras el parto: restos de endometrio del embarazo, coágulos, secreciones y células de defensa.
- Primeros dĂas tras el parto: son de color rojo intenso (loquios rojos) porque tienen mayor cantidad de sangre. La cantidad puede ser parecida o incluso algo superior a una regla abundante.
- Del cuarto al dĂ©cimo dĂa postparto: tienen un aspecto rosado o marronoso (loquios serosos). Tienen menos cantidad de sangre y más leucocitos y bacterias no patolĂłgicas.
- Desde el dĂ©cimo dĂa hasta la tercera o cuarta semana: su aspecto es blanco o amarillento (loquios blancos). Ahora lo que expulsamos son leucocitos y los restos de la curaciĂłn de la herida placentaria y del resto de pequeñas heridas en nuestro canal del parto.
No hay una regla fija en cuanto a la duración del sangrado tras el parto. Lo importante es que veamos que la cantidad disminuye progresivamente y que el olor, aunque es peculiar y fuerte, no es fétido ni desagradable. Si el sangrado se hace muy abundante otra vez, aparecen coágulos grandes, el olor es muy malo o hay fiebre, hay que acudir al profesional sanitario.
Vagina, vulva y suelo pélvico
La zona perineal comprende desde los genitales externos hasta el ano. Durante el parto sufre un gran estiramiento y, a veces, pequeñas o grandes roturas (desgarros) o una episiotomĂa. Toda mujer que ha tenido un parto vaginal nota durante los primeros dĂas la vagina más dilatada, hinchada y sensible.
Poco a poco todo debe ir volviendo a la normalidad. Es importante comenzar la rehabilitaciĂłn del suelo pĂ©lvico lo antes posible, realizando los conocidos ejercicios de Kegel, siempre que no haya contraindicaciĂłn. Estas contracciones suaves y controladas mejoran el riego sanguĂneo, favorecen la cicatrizaciĂłn y ayudan a prevenir incontinencia urinaria o sensaciĂłn de peso vaginal.
Además de los ejercicios de Kegel, es recomendable:
- Lavar la regiĂłn con agua y jabĂłn neutro hasta tres veces al dĂa, secando a toques suaves, sin arrastrar la toalla.
- Evitar baños de inmersión en bañera, piscina o mar hasta que el profesional lo autorice, para reducir el riesgo de infección.
- Mantener la zona seca, cambiando frecuentemente la compresa.
- Utilizar compresas frĂas en los primeros dĂas si hay mucha inflamaciĂłn o dolor, siempre envueltas en una tela para no dañar la piel.
Consulta a tu ginecĂłlogo, fisioterapeuta especializado o matrona en los primeros dĂas del postparto para que valoren las condiciones en las que se encuentra tu musculatura y te recomienden los ejercicios más adecuados. En algunos sistemas sanitarios, la atenciĂłn posparto incluye de forma rutinaria valoraciĂłn de suelo pĂ©lvico y cicatriz de cesárea por parte de profesionales de fisioterapia especializados.
Las mamas y la lactancia
Durante el embarazo las mamas aumentan de tamaño y se preparan para la lactancia. En el puerperio, la glándula mamaria entra en su máximo desarrollo y actividad. En los primeros dĂas, con la subida de la leche, es frecuente notar los pechos tensos, calientes o incluso dolorosos.
Si el bebé no puede amamantar o la mujer decide no dar el pecho, el médico puede indicar un medicamento para inhibir la subida de la leche. En este caso, hay que alimentar al bebé con leche de fórmula infantil siguiendo siempre las indicaciones del pediatra.
Cuando se da el pecho, algunas molestias son normales, pero no es normal un dolor intenso y persistente en el pezón ni grietas muy profundas. Estos signos suelen indicar un agarre incorrecto o problemas en la técnica de lactancia, y es importante pedir ayuda para corregirlos cuanto antes y evitar que la experiencia se convierta en un sufrimiento.
Abdomen, diástasis y peso corporal
Justo despuĂ©s del parto, el abdomen aĂşn permanece hinchado debido a que el Ăştero todavĂa no tiene su tamaño normal y a que la pared abdominal ha estado muy distendida. A medida que el Ăştero va reduciendo su tamaño, el abdomen va quedando más flácido.
En el caso de algunas mujeres se produce una separaciĂłn de los mĂşsculos rectos abdominales, una situaciĂłn bastante comĂşn llamada diástasis abdominal. Esta diástasis puede ser leve o más marcada y se puede corregir total o parcialmente mediante ejercicios especĂficos indicados por la matrona, el ginecĂłlogo o un fisioterapeuta especializado.
Pérdida de peso
La recuperaciĂłn del peso es un tema que nos suele preocupar mucho: queremos volver a nuestra figura lo antes posible. AquĂ puedes leer cĂłmo conseguir perder peso de una forma sana en el postparto.
Durante los primeros dĂas se pierde peso de manera relativamente rápida por la eliminaciĂłn de lĂquidos retenidos, el tamaño del Ăştero y el propio peso del bebĂ© y la placenta. DespuĂ©s, la bajada es más lenta. Dar el pecho, mantener una alimentaciĂłn equilibrada y retomar poco a poco la actividad fĂsica ayuda a recuperar la forma.
Es importante no ser muy exigente. Nuestro cuerpo ha pasado por un embarazo y un parto, y es posible que nuestras medidas previas no sean fáciles de conseguir. Eso solo significa que ahora nuestro cuerpo tiene otra forma, igual de válida y valiosa, y que poco a poco iremos encontrando nuestro nuevo equilibrio.

Cambios psicolĂłgicos y emocionales
Durante el embarazo la mayorĂa de las mamás manifiestan su miedo al parto, pero idealizan la etapa posterior. Muchas veces soñamos con un bebĂ© sonrosado y tranquilo que nos aporta una gran sensaciĂłn de ternura, un hogar en calma y una maternidad perfecta.
Sin embargo, el bebé es una personita que también debe adaptarse a muchos cambios. Necesitamos tiempo para conocernos y entendernos, y tiempo para adaptarnos a la nueva situación: noches con poco descanso, responsabilidades que no se detienen, dudas sobre si lo estamos haciendo bien y una montaña rusa de emociones.
Este conjunto de transformaciones se conoce como puerperio psicológico. Incluye los cambios emocionales normales, las posibles dificultades (ansiedad, irritabilidad, tristeza) y también problemas más serios como la depresión posparto. Factores como antecedentes de salud mental, la calidad del apoyo social, la experiencia del parto o las presiones culturales influyen mucho en cómo vive cada mujer esta etapa.
Etapas por las que pasa la mamá en el postparto (Reva Rubin)
SegĂşn Reva Rubin (si os interesa aquĂ tenĂ©is su teorĂa) en el postparto la mujer pasa por tres etapas. Esta clasificaciĂłn ayuda a entender que es normal ir cambiando de actitud y necesidades a lo largo de las primeras semanas.
Etapa de aceptaciĂłn o periodo de conducta dependiente
En el primer dĂa despuĂ©s del parto la mamá suele tener una actitud dependiente. Tiene muchas dudas, está cansada y le cuesta tomar decisiones, asĂ que suele dejarse guiar por terceras personas. Es frecuente que necesite hablar constantemente del parto, comparando sus expectativas con la realidad, revisando lo que ha pasado y cĂłmo se ha sentido.
Etapa de apoyo o de transiciĂłn de dependencia a independencia
En los siguientes dos o tres dĂas la mamá, aunque se siente insegura, empieza a participar de forma activa en el cuidado del bebĂ©, tomando decisiones independientes y empezando a asumir sus responsabilidades. Pregunta, observa, prueba y vuelve a preguntar.
Es un periodo en el que empezamos a asumir el papel de madres, pero necesitamos que nos confirmen que lo hacemos bien. Las palabras de apoyo de la pareja, la familia y los profesionales sanitarios son especialmente valiosas en esta etapa.
Etapa del abandono o de adopciĂłn de nuevas responsabilidades
No hay un momento fijo para el inicio de esta etapa, suele ocurrir una vez que llegamos a casa y nos encontramos más solas con el papá y el bebé, sin la presencia constante del personal sanitario.
Ahora estamos en nuestro entorno y nos sentimos más protegidas y capacitadas para asumir el control. La relación con nuestra pareja e incluso con nuestra familia evoluciona y cambia; renegociamos tareas, tiempos, prioridades y formas de apoyarnos.
En esta fase pueden aparecer también sentimientos contradictorios: amor inmenso por el bebé y, a la vez, nostalgia por la vida anterior, sensación de haber perdido parte de la independencia, miedo a no estar a la altura o preocupación por el trabajo y otros proyectos personales.

Maternity blues o tristeza puerperal
Normalmente, despuĂ©s del parto, aparece un sentimiento de euforia y alivio que poco a poco va desapareciendo. A medida que pasan los dĂas, comenzamos a sentir que todo el cansancio del parto y las noches sin dormir caen sobre nosotras.
A esto hay que sumarle los tremendos cambios hormonales que, bruscamente, sufre nuestro cuerpo, el dolor fĂsico, la falta de sueño, los sentimientos encontrados o el miedo y la ansiedad por la responsabilidad de criar un bebĂ©. Todo esto hace que aparezca la figura de la “maternity blues” o tristeza puerperal.
Es un fenĂłmeno normal y fisiolĂłgico, que aparece en forma de cambios de humor bruscos, abatimiento, llanto fácil, sensibilidad exagerada o disminuciĂłn del apetito. Muchas mujeres se sienten culpables por estar tristes “cuando se supone que deberĂan ser las más felices del mundo”, pero es importante saber que se trata de una reacciĂłn muy frecuente.
Se calcula que entre el 50 % y el 80 % de las madres experimentan este estado. Suele aparecer entre el tercer y quinto dĂa postparto (con frecuencia en el tercer o cuarto dĂa) y suele durar alrededor de una semana, aunque en muchos casos persiste entre 7 y 10 dĂas. Algunas series sitĂşan su prevalencia hasta en el 80 % de las madres.
Es importante que la familia estĂ© pendiente de la mamá. Si el cuadro no desaparece en ese tiempo o los sĂntomas se hacen más intensos (tristeza profunda, sensaciĂłn de vacĂo, dificultad para cuidar del bebĂ©, pensamientos negativos o de hacerse daño), es fundamental consultar con el mĂ©dico o con un profesional especializado en salud mental perinatal para evitar que desemboque en una depresiĂłn postparto.
Factores que influyen en el puerperio psicolĂłgico
No todas las mujeres viven el puerperio de la misma manera. Hay factores que pueden aumentar o disminuir la intensidad de las dificultades emocionales:
- Antecedentes de problemas de salud mental: una historia previa de depresiĂłn, ansiedad u otros trastornos emocionales aumenta la vulnerabilidad durante el posparto.
- Falta de apoyo social: contar con una pareja implicada, familia o amigos que ayuden y escuchen marca una gran diferencia.
- Complicaciones durante el embarazo o el parto: partos traumáticos, cesáreas de urgencia, pérdidas perinatales o ingresos del bebé en unidades neonatales son experiencias que pueden dejar huella.
- Dificultades con la lactancia materna: dolor intenso, mastitis, problemas de agarre o falta de apoyo pueden generar frustraciĂłn y sentimientos de culpa.
- Presiones sociales y expectativas poco realistas: la imagen idealizada de la “supermamá” que todo lo puede puede hacer que nos sintamos inadecuadas cuando la realidad no se ajusta a ese modelo.
Estrategias para manejar los cambios emocionales
El puerperio, tanto a nivel fĂsico como psicolĂłgico, es una etapa de adaptaciĂłn que requiere atenciĂłn y cuidado. Algunas estrategias que pueden ayudar son:
- Informarse: conocer de antemano los posibles cambios fĂsicos y emocionales reduce la ansiedad y normaliza lo que se siente.
- Hablar sobre lo que nos pasa: compartir miedos, dudas y emociones con la pareja, amigos, familia o un terapeuta permite sentirse acompañada y comprendida.
- Priorizar el autocuidado: intentar descansar cuando el bebé duerme, alimentarse de forma adecuada y delegar tareas domésticas en otras personas.
- Buscar redes de apoyo y grupos posparto: conectar con otras madres que están viviendo lo mismo ayuda a no sentirse sola y a relativizar ciertas preocupaciones.
- Pedir ayuda profesional si es necesario: tristeza intensa y duradera, ansiedad desbordante, ataques de pánico o pensamientos muy negativos son señales de alarma que requieren valoración.
Establecer el vĂnculo con nuestro bebĂ©
El vĂnculo es un sentimiento de uniĂłn y apego profundo que se va construyendo poco a poco. Para crearlo es necesario que los papás pasen mucho tiempo con el bebĂ©, tanto en las primeras horas como en los dĂas y semanas posteriores.
El tacto, el contacto visual, el reconocimiento de la voz o el olfato son fundamentales para estimular la creaciĂłn de ese vĂnculo. Abrazar al bebĂ©, hablarle, cantarle y tenerle en brazos todo el tiempo posible (dentro de lo que cada familia desee y pueda) facilita esa conexiĂłn emocional.
Identificar reflejos del niño como actos voluntarios (como cuando aprieta nuestro dedo), llamarle por su nombre o acariciarle es fundamental para que nos empecemos a reconocer como parte unos de otros. La figura del otro progenitor tambiĂ©n es clave: su presencia y participaciĂłn activa en el cuidado contribuyen a la creaciĂłn de un vĂnculo sĂłlido y a que la madre se sienta acompañada.
Es fundamental que, si el bebĂ© tiene hermanos, los hagamos partĂcipes de estos momentos, no negándoles el acariciar al bebĂ© ni apartándoles del nuevo miembro de la familia. Involucrarles en pequeñas tareas adaptadas a su edad ayuda a prevenir celos intensos y refuerza la sensaciĂłn de pertenencia familiar.
Todo este cĂşmulo de cambios fĂsicos, hormonales y emocionales convierte el puerperio en una etapa Ăşnica, intensa y muy transformadora. Con informaciĂłn clara, una buena red de apoyo y la tranquilidad de pedir ayuda cuando algo no va bien, resulta mucho más sencillo transitarla y reconocer en nosotras mismas la enorme capacidad de adaptaciĂłn que tenemos.