¿Qué es el síndrome de la llave colgada?

Actualmente muchos padres tienen dificultades para conciliar su horario de trabajo y la educación de sus hijos. Algunas jornadas laborales son totalmente incompatibles con el horario escolar.

Son muchas las familias que no tienen ayuda de familiares para cuidar de sus hijos mientras ellos trabajan. Tampoco pueden permitirse pagar un canguro o unas actividades extraescolares. A pesar de tener un trabajo, sus sueldos son insuficientes.

Cada vez son más los niños, especialmente entre 8 y 14 años, que están solos cuando llegan a casa. Son niños que pasan muchas horas sin la compañía de ningún adulto.

Muchos de estos chicos sufren el síndrome de la llave colgada. Este síndrome recibe este nombre porque habitualmente estos niños llevan la llave colgada de su cuello para evitar perderla.

No tienen prisa en llegar a casa porque saben que nadie les está esperando. Pueden comer delante de la tele y, retrasar los deberes para jugar toda la tarde con la consola. Por la noche cuando llegan sus padres, están tan cansados que apenas les piden explicaciones.

Algunos incluso deben hacerse cargo de sus hermanos menores y asumir responsabilidades que no les corresponden por su edad. (Llevarlos a la escuela, calentar la comida, preparar la merienda, etc.)

Esta situación empeora cuando llegan las vacaciones de navidad o de verano. La escasez de recursos económicos no les permite asisitir a ningún tipo de actividad organizada como casales, campamentos, etc. En estas fechas aumenta considerablemente el tiempo que deben estar solos en casa.

Consecuencias del Síndrome de la llave colgada

Los niños “llave” se van acostumbrando poco a poco a hacer lo que quieren y ve van volviendo más desobedientes y reacios a la autoridad .

Al no tener un adulto a su cargo, no tiene a quien contarle sus problemas y/o preocupaciones. Por eso van perdiendo progresivamente la capacidad de comunicar aquello que es importante para ellos.

Los amigos se convierten en su “familia”. Algunos se juntan con sus colegas, muchas veces mayores que ellos,  y empiezan a fumar o a probar ciertas bebidas alcohólicas, olvidando sus “responsabilidades” con sus hermanos menores. A menudo los padres desconocen este tipo de compañías y comportamientos.

Generalmente los chicos con síndrome de la llave colgada no realizan ningún tipo de actividad física y suele haber un abuso de la comida basura. Por ello este síndrome se relaciona con unos malos hábitos alimentarios y un aumento de peso.

En niños llave menores de 12 años, los sentimientos de soledad y de no ser amados por sus padres se encuentran directamente relacionados con algunos problemas psicológicos. Los principales son: baja autoestima, ansiedad de evitación (aislamiento y evitación de todo aquello que le pueda provocar estrés ), crisis de angustia y trastornos de adaptación.

Es bastante común la presencia de somatizaciones. (Pérdida de apetito, trastornos gastrointestinales, pérdida de peso o alteraciones del sueño, etc.).

En chicos mayores de 12 años, la inestabilidad afectivo-emocional se manifiesta en forma de rechazo de las normas sociales, adicción a las nuevas tecnologías, comportamientos agresivos y consumo de drogas y/o alcohol.

Entre las chicas llave adolescentes las patologías más frecuentes son estados depresivos y/o trastornos de la alimentación.

¿Cómo pueden los padres evitar el síndrome de la llave colgada?

Es importante remarcar que la responsabilidad de la educación de los hijos es de los padres.

La comunicación con nuestros hijos es fundamental independientemente de nuestros horarios u obligaciones laborales. Debemos mostrarles nuestro afecto e interés por ellos y, dedicarles tiempo.

No es suficiente quererlos mucho si no se lo decimos o no se lo demostramos. Es vital que ellos sientan que nos interesamos por sus cosas del día a día y por sus problemas y sentimientos.

Como padres debemos esforzanos en hacer planes juntos y, compartir tiempo y experiencias con nuestros hijos.

Las responsabilidades que un niño puede asumir deben estar en concordancia con su edad y su nivel de madurez.

Todos necesitamos sentirnos amados. En periodos clave del desarrollo físico y emocional, como la infancia y la adolescencia, esa necesidad es vital. 

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Mamá orgullosa de un chico en plena adolescencia. Enamorada de la vida y la naturaleza. Amante de la literatura, la fotografía y la danza desde mi infancia. Autodidacta por naturaleza y con infinitud de proyectos con los que sueño despierta. Especializada en psicología infantil, mi profesión es mi pasión. Siempre me ha sorprendido la curiosidad de los niños por el descubrimiento y su potencial creativo.

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