Como os anuncié ayer, hoy vamos hablar sobre las contracciones en el embarazo. Estas se definen como tensiones rítmicas del útero, el cual, al ser un músculo, tiene la capacidad de contraerse y relajarse sucesivamente. Es fundamental comprender que las contracciones ocurren durante prácticamente todo el embarazo, aunque no todas tienen la misma función ni la misma intensidad. Si bien hacia el final de la gestación pueden surgir dudas y cierta ansiedad, se dice (y es verdad) que una mujer sabe cuándo se pone de parto; para ello, es vital estar conectada a su cuerpo y conocerlo, permitiendo así vivir un proceso mucho más consciente y tranquilo.
La gestación tiene una duración media de 40 semanas, contadas desde el primer día de la última menstruación. A partir de la semana 37, entramos en la fase final, un periodo de cinco semanas (hasta la 42) que se describe técnicamente entre el término temprano y el postérmino. Cabe recordar que aquel bebé que nace antes de la semana 37 es considerado prematuro. Como hemos mencionado, las contracciones comienzan meses antes del parto, aunque en las etapas iniciales se caracterizan por su extrema levedad.
A medida que avanzan las semanas, estas tensiones se vuelven más intensas y perceptibles, manifestándose a menudo como un endurecimiento del abdomen y produciéndose con mayor regularidad. Aunque puedan resultar molestas o, dependiendo del momento, dolorosas, cumplen funciones biológicas esenciales. Al final del embarazo, su misión principal es modificar el cuello del útero para hacer posible su dilatación. Además, desempeñan otros roles cruciales:
- Intervienen en la circulación sanguínea a través de la placenta, optimizando el flujo de oxígeno y nutrientes.
- Ayudan a que el bebé se acomode y descienda progresivamente por el canal de parto.
- Hacen que la zona inferior del útero sea más fina, facilitando la salida del bebé durante el trabajo de parto.
Para profundizar en este tema, vamos a detallar cada tipo de contracción y cómo identificarlas según la etapa de la gestación.
Las contracciones durante el embarazo
Antes del parto y durante la gestación
Es común que las embarazadas primerizas confundan los movimientos del feto con contracciones. Alrededor de la semana 20, se percibe un burbujeo que puede parecer gases, y hacia la semana 26, las famosas «pataditas» son evidentes. Estas pueden provocar un endurecimiento localizado del vientre por la presión del bebé, pero no son contracciones uterinas propiamente dichas.
Los tipos de contracciones previas al parto son:
- Contracciones A (Álvarez y Caldeyro): Se presentan generalmente hasta las 28 semanas. Son de muy baja intensidad, localizadas en pequeñas zonas del útero y con una frecuencia de aproximadamente una cada 3 minutos. Son tan tenues que la madre no las percibe y no tienen relevancia clínica.
- Contracciones Generalizadas: Suelen ser provocadas por un esfuerzo físico, un cambio brusco de posición de la madre o movimientos intensos del bebé. Se extienden a todo el útero tras comenzar en un punto específico.
- Contracciones Focales: También originadas por el movimiento fetal, pero se mantienen estrictamente localizadas en áreas concretas del órgano.
- Contracciones de Braxton Hicks: Conocidas como «de entrenamiento». Son esporádicas y fisiológicas. Aunque aparecen temprano, suelen ser notorias a partir de la semana 20, volviéndose más frecuentes hacia la semana 30 o 35. Se caracterizan por ser irregulares e indoloras (aunque pueden ser molestas), durar unos 30 segundos y ceder con el reposo o el cambio de postura. Ayudan a preparar el útero y el cuello uterino para la dilatación.

El proceso del parto y sus fases
Cuando nos acercamos al momento del nacimiento, aparecen los pródromos del parto. Estas son contracciones irregulares, a veces dolorosas, que pueden durar días o semanas. Su función es ablandar y ensanchar el cuello del útero. Durante esta fase es común la expulsión del tapón mucoso (sustancia espesa rosada o brillante), aunque esto no siempre indica un parto inmediato.
El trabajo de parto se divide en etapas según la intensidad y efectividad de las contracciones:
- Trabajo de Parto Inicial: Es la fase más larga. Las contracciones son de leves a moderadas, duran entre 30 y 45 segundos y tienen intervalos irregulares (de 5 a 20 minutos). El cuello uterino se dilata hasta unos 3 cm.
- Trabajo de Parto Activo: Comienza cuando la dilatación alcanza los 3 o 4 cm. Las contracciones se vuelven más intensas, rítmicas y frecuentes (cada 2 o 3 minutos), con una duración de 50 a 70 segundos.
- Fase de Transición y Expulsión: Son las contracciones más fuertes y duraderas, diseñadas para empujar al bebé a través del canal de parto. En este punto, el dolor es máximo y la frecuencia es muy alta.
- Contracciones de Alumbramiento: Una vez nace el bebé, ocurren contracciones más leves para expulsar la placenta. Suelen ser pocas (4 o 5) y duran poco tiempo.
- Contracciones del Posparto (Entuertos): Son retortijones que ocurren los días siguientes al parto para que el útero recupere su tamaño original. Son más intensas en mujeres que ya han tenido hijos previos.
¿Cómo son realmente las contracciones de parto y cómo diferenciarlas?
Es fundamental distinguir entre la teoría y la experiencia personal. La medición de una contracción implica analizar su intensidad, frecuencia, intervalo y la actividad general del útero. Aunque la madre es quien mejor conoce su cuerpo, la evaluación profesional es clave.
Diferencias clave: Braxton Hicks vs. Parto Real
Para evitar alarmas innecesarias o retrasos peligrosos, considera los siguientes puntos:
- Ritmo: Las de Braxton Hicks son irregulares; las de parto son rítmicas y progresivas.
- Dolor: Las primeras pueden ser molestas pero no dolorosas. Las de parto generan un dolor creciente que no desaparece.
- Localización: Las falsas suelen sentirse en la zona abdominal, lateral o frontal. Las reales suelen comenzar en la espalda y zona lumbar, irradiándose hacia el abdomen bajo.
- Respuesta: Las contracciones de entrenamiento suelen ceder al caminar, hidratarse o cambiar de posición. Las de parto no disminuyen con la actividad y, de hecho, suelen intensificarse.
Cómo medir las contracciones y la Regla 5-1-1
Para monitorizar el proceso, se recomienda usar un cronómetro o aplicaciones móviles. Debes registrar el tiempo desde que comienza una contracción hasta que termina, y el intervalo desde que empieza una hasta que inicia la siguiente. Una guía orientativa es la regla 5-1-1: contracciones cada 5 minutos, que duren 1 minuto, durante al menos 1 hora. Si se cumple este patrón, es momento de contactar con el equipo médico.
El monitor de contracciones y su lectura
En el entorno hospitalario, la intensidad se mide en milímetros de mercurio (mmHg) mediante sensores abdominales:
- 15 a 25 mmHg: Contracciones cortas (menos de 30 segundos).
- 30 a 50 mmHg: Duración media (aprox. 45 segundos).
- Más de 50 mmHg: Contracciones fuertes que superan el minuto.
Señales de alarma y cuándo acudir a urgencias
Aunque la mayoría de las contracciones son normales, existen situaciones que requieren atención inmediata:
- Sangrado rojo vivo o pérdida de líquido amniótico (rotura de bolsa).
- Fiebre, dolor abdominal continuo o cefalea intensa.
- Disminución notable de los movimientos fetales.
- Contracciones rítmicas antes de la semana 37: Esto puede indicar una amenaza de parto prematuro.
- Si tienes una cesárea previa, el umbral para acudir al hospital suele ser más bajo; sigue estrictamente las instrucciones de tu médico.
Consejos para aliviar la molestia antes del parto
Si te encuentras en la fase de pródromos o contracciones irregulares, puedes probar lo siguiente:
- Hidratación y reposo: Beber agua y descansar puede detener las Braxton Hicks.
- Duchas templadas: El agua caliente ayuda a relajar la musculatura uterina.
- Técnicas de respiración: Ayudan a gestionar el dolor y reducir la tensión.
- Movimiento suave: Uso de la bola de parto o balanceo pélvico para facilitar el descenso del bebé.
- Apoyo físico: Masajes en la zona lumbar y contacto físico reconfortante.
Como has comprobado, la presencia de contracciones es completamente normal y es la herramienta del cuerpo para preparar el nacimiento. Aunque el dolor varíe según la madre —algunas sienten cólicos, otras dolor lumbar intenso—, la clave es la regularidad y la progresión. Para profundizar en el riesgo de partos anticipados, puedes leer sobre contracciones de pre parto muy temprano.
Saber diferenciar la intensidad, la frecuencia y la localización de estas tensiones te permitirá vivir la recta final del embarazo con mayor seguridad y calma. Recuerda siempre mantener una comunicación fluida con tu matrona o ginecólogo y tener tu plan de parto y maleta listos para cuando el ritmo sea constante y el camino hacia el encuentro con tu bebé sea irreversible.