Nuestro embarazo sigue pasito a pasito y a partir de este momento entramos en el tercer trimestre de embarazo. Estás en una etapa muy especial, en la que el bebé ya se parece mucho a un recién nacido y tu cuerpo continúa adaptándose con cambios intensos tanto físicos como emocionales.
En este trimestre las molestias debidas al aumento de peso del bebé son cada vez más importantes y vamos a empezar a sentir con más fuerza la necesidad de “preparar el nido” para nuestro bebé: organizar su habitación, lavar su ropita, pensar en el parto y en cómo será la llegada a casa.
Cómo es mi bebé en la semana 28 de embarazo
A estas alturas de embarazo el bebé entra en la etapa de crecimiento máximo. Va a empezar a ganar aproximadamente unos 200 gramos a la semana, por lo que notarás cómo tu tripa aumenta de tamaño con rapidez durante las próximas semanas.
El tamaño del bebé al final de la semana 28 suele ser similar al de una lechuga grande. Su longitud total desde la cabeza a los pies puede rondar los 35-38 centímetros, y su peso medio se sitúa alrededor de 1.050-1.100 gramos. Valores entre unos 700 y 1.230 gramos siguen considerándose dentro de la normalidad, ya que cada bebé tiene su propio ritmo de crecimiento.
Ya empieza a parecerse mucho más a un recién nacido. Va acumulando grasa bajo su piel que empieza a redondear sus formas de bebé y a alisar la piel, que hasta hace poco era más arrugada. La piel del bebé aumenta de grosor y el bebé está envuelto en una sustancia blanquecina llamada vernix caseosa, que le protege del contacto directo con el líquido amniótico y actúa como barrera frente a infecciones y rozaduras.
Sus pulmones ya tienen un desarrollo que permitiría, con ciertos cuidados, que el bebé respirase y que se realizase el intercambio de gases en caso de nacer prematuramente. Aun así, suelen necesitar apoyo respiratorio, incubadora y una vigilancia muy estrecha, porque todavía están terminando de producir una sustancia esencial llamada surfactante pulmonar, que evita que los alvéolos se colapsen entre respiraciones.
El sistema nervioso central tiene una fase de gran desarrollo en la semana 28 de embarazo. El cerebro deja de tener una superficie lisa, aparecen los primeros surcos y circunvoluciones y el peso del cerebro también aumenta. Además, tiene la suficiente madurez para dirigir los movimientos respiratorios fetales, coordinar mejor los movimientos de brazos y piernas e incluso controlar de forma básica la temperatura corporal del bebé.
En este momento el bebé ya puede abrir y cerrar los ojos y es capaz de distinguir la luz de la oscuridad. Si acercas una luz intensa a la tripa, es posible que notes cómo se mueve o gira ligeramente, reaccionando a ese estímulo. Sus pestañas empiezan a crecer y los rasgos de la cara se definen cada vez más.
Tu bebé tiene sus sentidos bastante desarrollados y distingue la voz de su mamá, además de los sonidos más habituales del entorno. Aprovecha para hablarle, cantarle y ponerle música suave. Es importante que ya hayáis decidido su nombre y que le llaméis con ese nombre. Si tiene hermanos mayores, hacerlos partícipes y pedirles opinión sobre los posibles nombres les ayudará a sentirse implicados y a reforzar el vínculo con el nuevo miembro de la familia.

En esta etapa ahora se mueve mucho y tú notas perfectamente esos movimientos: pataditas, giros, empujones con codos y rodillas… Incluso puede que observes patrones de actividad, como momentos del día en los que está más activo (habitualmente cuando tú descansas o después de comer).
Es probable que notes de vez en cuando que tiene hipo. Se percibe como pequeños saltitos rítmicos en tu abdomen. Estos episodios son normales, se relacionan con la maduración del diafragma y la respiración fetal y no suponen ninguna molestia para el bebé.
En la semana 28 la posición del bebé en el útero puede ser muy variable. Puede estar con la cabeza hacia abajo, posición ideal para el parto, o con las nalgas o los pies orientados hacia abajo (posición de nalgas). Todavía dispone de varias semanas para girarse, así que no es motivo de preocupación que no esté aún encajado. En las revisiones médicas o en una ecografía de control podrán comentarte cómo se encuentra colocado.
Cambios en la mamá durante la semana 28
Ahora es un momento de crecimiento importante tanto del bebé como del útero, así que la piel del abdomen se tiene que estirar muy deprisa. Mantenla bien hidratada a diario; puedes utilizar una buena crema antiestrías específica de embarazo o aceites corporales adecuados. Es a partir de este momento cuando más la vas a necesitar. Puede que notes, incluso, picor en la tripa o en los pechos, que se produce por ese estiramiento tan brusco.
Si notas el picor en todo el cuerpo o si lo notas en las palmas de las manos o en las plantas de los pies debes consultarlo siempre, ya que podría indicar algún problema que requiera valoración médica, como alteraciones hepáticas propias del embarazo.
El útero continúa creciendo y su altura suele oscilar alrededor de 23-27 centímetros desde el pubis. Esto hace que el aparato digestivo esté un poco comprimido. Por este motivo, es habitual que te sientas más llena con poca cantidad de comida y se recomienda comer poca cantidad varias veces al día, elegir alimentos fáciles de digerir y evitar cenas copiosas o muy grasas.
En este momento es muy frecuente tener estreñimiento e incluso hemorroides. Para prevenirlo, procura aumentar el consumo de fibra a través de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales y utiliza aceite de oliva crudo en las comidas. Mantener una buena hidratación y realizar algo de ejercicio suave también favorece el tránsito intestinal.
Aunque hayas dormido bien durante todo el embarazo, a partir de este momento es normal que empieces a tener algunos problemas para descansar. Las hormonas, el tamaño del abdomen, las molestias de espalda o las ganas frecuentes de orinar pueden interrumpir el sueño.
Intenta no hacer cenas copiosas ni muy pesadas, realizar ejercicios de relajación o respiración antes de ir a la cama y vete a la cama en cuanto empieces a tener sueño. Usar una almohada de embarazo o colocar cojines entre las piernas y detrás de la espalda puede ayudarte a encontrar una postura más cómoda, preferiblemente acostada sobre el lado izquierdo para favorecer el retorno venoso y el aporte de sangre a la placenta.
Notar que tu bebé se mueve te tranquiliza y puede ser una sensación muy agradable y satisfactoria, pero a veces, los movimientos son tan bruscos que pueden resultarte molestos. Además, el bebé ya sabe lo que le gusta y lo que no. Si la postura que a ti te resulta cómoda a él no le gusta, no parará de moverse hasta lograr que la cambies por otra que le resulte más cómoda.
En este trimestre también pueden aparecer o intensificarse molestias como dolor de espalda, ciática, calambres en las piernas, hinchazón de pies y tobillos, varices y sensación de piernas cansadas. Mantener una actividad física suave como caminar a diario, nadar o hacer ejercicio adaptado al embarazo (por ejemplo, yoga o pilates para embarazadas) puede aliviar muchos de estos síntomas.
Ahora es un buen momento para empezar las clases de preparación al parto. Aún estás relativamente ágil y puedes realizar ejercicio sin grandes problemas, además terminarás el curso varias semanas antes del parto, de forma que si necesitas volver a realizar alguna de las clases o prácticas tendrás tiempo. Estas clases suelen incluir información sobre el trabajo de parto, métodos de alivio del dolor, lactancia materna, cuidados del recién nacido y ejercicios de suelo pélvico, entre otros contenidos.
Si presentas pérdidas de orina al toser, reír o hacer pequeños esfuerzos, es un buen momento para comenzar a hacer ejercicios de Kegel. Estos ejercicios fortalecen la musculatura del suelo pélvico, mejoran la incontinencia urinaria y ayudan a que la recuperación tras el parto sea más rápida.
Lumbago y molestias de espalda en el tercer trimestre
Los cambios anatómicos de la columna durante la gestación comienzan a hacerse notorios a partir del segundo y tercer trimestre. A partir de este momento las embarazadas tienen una forma característica de andar, que trata de equilibrar las modificaciones que sufre el cuerpo: los pasos son algo más cortos y muchas mujeres se inclinan ligeramente hacia atrás para compensar el peso del abdomen.
La musculatura abdominal se contrae para soportar el incremento de peso del útero y los ligamentos se relajan por efecto de las hormonas que se liberan durante la gestación. Esta compensación por parte de la columna para mantener el eje correcto de gravedad puede producir compresión de las raíces nerviosas y provocar molestias en la parte baja de la espalda.
Alrededor del 70 % de las gestantes sufren esta dolencia en diferentes grados y es una de las complicaciones más frecuentes. Existen diferentes factores que pueden intensificar estas molestias, como:
- Exceso de peso: la compensación que hace la columna es más forzada aún.
- Calzado inadecuado: los zapatos muy planos o con excesivo tacón no ayudan a mantener el eje de equilibrio de la columna. Lo ideal son zapatos con tacón bajo y buena sujeción.
- Carga de peso: conviene evitar sobrecargarte; usa un carro para ir a la compra y, si tienes hijos pequeños, intenta no llevarlos mucho tiempo en brazos.
- Posturas mantenidas: permanecer muchas horas sentada o de pie sin cambiar de posición sobrecarga la zona lumbar.
Empezarás a notar que ya no es cómodo dormir en ciertas posiciones. Utiliza almohadas y cojines para que tu cuerpo se relaje y evitar tensión en la espalda. Dormir de lado y poner un cojín entre las piernas puede ayudarte a liberar sobrecarga lumbar y pélvica.
En cuanto al ejercicio físico, aunque cada vez estés más pesada, es importante fortalecer y tonificar la musculatura que ayuda a mantener el equilibrio. Puedes practicar yoga o pilates para embarazadas, acudir a un fisioterapeuta especializado que te oriente sobre ejercicios específicos para tu espalda o realizar natación, una forma muy completa y suave de ejercitarte. Existen estudios que avalan también la acupuntura como tratamiento eficaz en algunos casos de dolor lumbar gestacional.
La higiene postural es esencial: cuando te sientes en una silla evita cruzar las piernas y mantén una posición erguida. Tus piernas no deben quedar colgando; intenta que la planta del pie quede bien apoyada en el suelo o en un pequeño reposapiés. Si en embarazos previos has sufrido lumbalgia, es un factor de riesgo para volver a padecerla en los siguientes.
Si padeces esta dolencia, salvo contraindicación médica, no se recomienda hacer reposo prolongado, sino realizar un programa de rehabilitación física que fortalezca la musculatura de la espalda y abdomen y mejore la postura.
Piernas cansadas, hinchadas y drenaje linfático
La presión que ejerce el útero sobre los vasos sanguíneos, en especial sobre la vena cava, dificulta el retorno venoso de la sangre de las extremidades, produciendo la retención de líquidos que provoca que se hinchen las piernas. Generalmente, por el efecto de la gravedad, por la mañana las piernas están menos hinchadas que por la noche.
Esta retención de líquidos también es conocida como edema y, además de en las piernas, puede aparecer en tobillos, manos o incluso en la cara. Para aliviarla, puedes seguir una serie de recomendaciones:
- Elevar las piernas cuando te sientes o te tumbes, apoyándolas sobre un cojín o una silla.
- Evitar ropa muy ajustada que marque la piel, especialmente medias, pantalones o prendas con gomas en muslos y cintura.
- Usar zapatos cómodos y no apretados, que permitan el movimiento del pie y favorezcan la circulación.
- Recurrir a tratamientos de drenaje linfático o masajes realizados por profesionales formados en embarazo, siempre que tu médico no indique lo contrario.
- Aplicar duchas de agua templada y fría de forma alterna en las piernas para activar la circulación sanguínea.
- Realizar ejercicio suave como caminar o nadar, que mejora el retorno venoso y linfático.
- En épocas de calor, evitar el sol directo y las temperaturas extremas sobre las piernas.
Si observas que tu cara, piernas y manos están excesivamente hinchadas al levantarte por la mañana, o si la hinchazón aparece de forma repentina, es conveniente que acudas a una farmacia para valorar la tensión arterial y que consultes con tu médico en caso necesario, ya que podría estar relacionado con complicaciones que precisan control.
Pruebas y controles médicos en la semana 28

Estamos en un momento muy tranquilo en lo referente a pruebas. Si el embarazo es normal y de bajo riesgo, seguramente no tendrás ninguna prueba especial en este momento, más allá de los controles rutinarios de peso, tensión arterial, analíticas básicas y revisión de síntomas.
No obstante, en muchos protocolos se revisa la evolución mediante análisis de orina para detectar la concentración de azúcar y proteínas como la albúmina, lo que ayuda a descartar complicaciones como infecciones urinarias o alteraciones de la presión arterial.
La prueba de la glucosa (cribado de diabetes gestacional) suele realizarse entre la semana 24 y la 28. A través de este estudio se observa si existe riesgo de padecer diabetes gestacional. Si en esta analítica se detectan niveles elevados de glucosa en sangre, se realiza una prueba más precisa denominada curva de la glucosa para confirmar o descartar el diagnóstico y planificar el tratamiento adecuado.
En función de tus antecedentes o de lo que se haya observado en la ecografía de la semana 20, tu profesional sanitario puede programar alguna ecografía de control adicional. Solo se realiza de forma sistemática si existe sospecha de alguna alteración, si en la ecografía previa había algún parámetro llamativo o si presentas problemas como diabetes gestacional, retraso de crecimiento fetal, placenta previa u otras complicaciones.

La única excepción rutinaria en cuanto a pruebas específicas es en el caso de que el Rh de la sangre de la mamá sea negativo. En ese caso, en la semana 28 se debe administrar la gammaglobulina anti-D a la mamá, para evitar que, si el bebé es Rh positivo, exista una reacción en la sangre de la madre y se produzcan anticuerpos contra el factor Rh, lo que sería muy peligroso de cara a otros embarazos.
Esta vacuna también se debe administrar después del parto siempre que el recién nacido sea Rh positivo y la mamá Rh negativo. Además, deben recibir esta vacuna las madres Rh negativo tras la realización de pruebas invasivas como biopsia corial, amniocentesis, funiculocentesis o fetoscopia, así como tras un legrado por aborto, para disminuir el riesgo de isoinmunización.
En esta etapa también se recomienda la vacuna de la tosferina. Se trata de una vacuna de implantación relativamente reciente en el embarazo. Según la comunidad autónoma o el país, se administra en una semana u otra de gestación, pero nunca antes de la semana 28. Consulta con tu matrona o ginecólogo dónde debes acudir a solicitarla y en qué momento concreto. En este enlace puedes ampliar información al respecto.
En la próxima consulta prenatal tu médico o matrona también podrá comentarte la posición actual del bebé (si está de cabeza o de nalgas), resolver dudas sobre actividad física, trabajo, viajes, señales de alarma y ayudarte a planificar las siguientes semanas del embarazo.
La semana 28 marca el inicio de la recta final del embarazo. Escuchar tu cuerpo, cuidar tu alimentación, mantenerte activa de forma suave y acudir a los controles médicos recomendados te ayudará a llegar al parto en las mejores condiciones posibles, disfrutando de los movimientos de tu bebé y de la preparación de su llegada.



