
La semana 7 de embarazo coincide con la semana 5 de desarrollo del embrión. Seguimos en el periodo embrionario, una fase en la que se están formando todos los órganos del bebé. Debes mantener la máxima precaución con los tóxicos, evitar el tabaco, el alcohol y las drogas, y no automedicarte. Este periodo es crítico para la organogénesis y cualquier fármaco inadecuado o exposición a sustancias nocivas puede provocar malformaciones en el embrión o afectar a su crecimiento.
Cómo es el embrión en la semana 7 de embarazo

Después de plegarse varias veces el embrión tiene forma de C muy cerrada. En esta etapa su longitud cráneo-nalga es de alrededor de 7-12 milímetros, un tamaño parecido al de un arándano o un granito de café, y el peso todavía es inferior a un gramo. Empiezan a desarrollarse los esbozos de brazos y piernas: primero aparecen como pequeñas protuberancias y, poco a poco, se van diferenciando los segmentos. Al final de la semana ¡ya tiene codos! y comienzan a insinuarse las futuras manos y pies, aunque aún sin dedos definidos.
La cara está en pleno proceso de desarrollo. Se empieza a formar la mandíbula y el hueco de la futura boca, los ojos comienzan su formación en los laterales de la cabeza y adquieren ya pigmento, se delinean los párpados, aparecen las fosas nasales y en los hoyuelos de los lados del cráneo se van formando los oídos externos. Aunque el aspecto sigue siendo algo “alienígena”, cada día se parece más a un bebé humano.
Los órganos internos también siguen su proceso de desarrollo. El corazón, que empezó a latir en la semana 6 de embarazo, late ahora con intensidad y ya tiene dos cámaras bien diferenciadas, mientras se terminan de formar los tabiques que separarán las cuatro cavidades. Su ritmo es más rápido que el de un adulto y en muchas ecografías ya puede verse y, en ocasiones, escucharse el latido.
Empiezan a definirse los pulmones mediante pequeños esbozos bronquiales, y el aparato digestivo sigue siendo un tubo que comunica lo que será la boca del embrión con el futuro ano. Se forman los intestinos, que crecen tanto que parte de ellos se sitúan temporalmente en el cordón umbilical, algo normal en estas semanas. El hígado, la vesícula biliar y el páncreas están comenzando su formación y el hígado ya participa en la producción de células sanguíneas, ya que la médula ósea aún no funciona. También aparece lo que será el riñón definitivo y comienzan a organizarse las vías urinarias.
La piel del embrión es todavía muy fina y casi transparente, lo que permite ver algunos vasos sanguíneos. El cordón umbilical se está terminando de formar y se convierte en el gran puente de unión entre el bebé y la placenta: a través de él recibirá oxígeno y nutrientes y se eliminarán sus productos de desecho. Al mismo tiempo, la placenta sigue profundizando en la pared uterina para asegurar un buen intercambio sanguíneo y convertirse en el principal órgano de soporte del embarazo.
Debido a todos estos rápidos cambios, la semana 7 forma parte de un período especialmente sensible. La exposición a agentes teratógenos (alcohol, ciertos medicamentos, drogas, radiaciones, infecciones como toxoplasmosis o rubéola, etc.) podría provocar malformaciones congénitas, por lo que la prevención y la consulta médica ante cualquier duda son fundamentales.
¿Ya notas los síntomas?

La semana 7 de embarazo es algo complicada para muchas mujeres. Es frecuente que aparezcan o se intensifiquen las náuseas o los vómitos, así como molestias gástricas como acidez, digestiones pesadas y sensación de plenitud constante. También puede aumentar la salivación y notar un sabor extraño en la boca. Para aliviar estas molestias, resulta útil comer poca cantidad varias veces al día, sin dejar que pasen más de tres horas entre una y otra comida. Elimina los alimentos muy condimentados, con mucha grasa o muy pesados, y procura cocinar a la brasa, hervido, al vapor o asado en su jugo. Las bebidas gaseosas y los fritos suelen empeorar la sensación de malestar.
En esta fase también son frecuentes los antojos o, al contrario, una fuerte aversión hacia ciertos alimentos u olores que antes tolerabas bien. Estos cambios están muy ligados a las variaciones hormonales y, mientras tus elecciones sean saludables, puedes respetar bastante lo que tu cuerpo te pide. Si notas deseo de consumir sustancias que no son alimentos (tierra, tiza, hielo en exceso…), coméntalo con tu profesional sanitario para descartar déficits nutricionales.
Posiblemente tengas necesidad de orinar con más frecuencia, sobre todo por la noche. Esto se debe tanto al aumento del volumen sanguíneo como a la acción hormonal y al crecimiento del útero. Debes tomar entre 1,5 y 2 litros de agua al día; sin embargo, a partir de las 8 de la tarde es recomendable moderar la ingesta de líquidos para reducir los despertares nocturnos para ir al baño. No disminuyas el agua durante el día, ya que una buena hidratación es clave para prevenir estreñimiento, infecciones urinarias y deshidratación si tienes vómitos o diarrea.
En el aparato digestivo pueden alternarse estreñimiento y diarrea leve. El tránsito intestinal se vuelve más lento por la progesterona, lo que favorece el estreñimiento y el ardor, pero también puede haber momentos de heces blandas. Añadir fibra (fruta, verdura, cereales integrales), alimentos como plátano, manzana o avena y mantener una buena ingesta de agua ayuda a regular el intestino. Si la diarrea es intensa o prolongada, es importante consultar al médico para evitar deshidratación.
Generalmente tendrás más sueño, sobre todo durante el día, aunque por la noche puede que te cueste dormir. Es habitual que duermas bien las 3 o 4 primeras horas de la noche, pero luego tengas que levantarte a orinar y te cueste conciliar el sueño de nuevo. Tu descanso puede ser superficial y tener la sensación de que no duermes lo suficiente, aunque en realidad acumules más horas de sueño de las que crees. La responsable principal es la progesterona, que además de mantener el embarazo induce sensación de relajación y cansancio.
Para mejorar la calidad del sueño es recomendable incluir proteínas en la cena, evitar pantallas y tareas estimulantes antes de acostarte y crear una rutina tranquila: luz tenue, lectura suave, respiración profunda o ejercicios de relajación. Un vaso de leche caliente antes de dormir puede ayudarte a conciliar el sueño. Si el insomnio es intenso o se acompaña de tristeza marcada o ansiedad, conviene comentarlo con la matrona o el médico.
Te contamos lo que necesitas saber sobre los controles

Es un buen momento para que tengas la visita con la matrona. Si aún no te han realizado un análisis de sangre debería solicitarlo y revisar la última revisión ginecológica. Si han pasado más de 2 años de la última citología, es probable que te recomienden realizarte una. También se abrirá tu historia clínica obstétrica, donde se registrarán tus antecedentes médicos, embarazos previos, medicación, alergias y hábitos de vida.
En estas primeras consultas se suelen tomar las primeras medidas que se controlarán durante toda la gestación: peso y presión arterial. Se programa un análisis de sangre y de orina para comprobar que todos los parámetros estén dentro de la normalidad y para determinar, entre otros datos, tu grupo y Rh, hemoglobina, glucosa y la presencia de anticuerpos frente a infecciones como hepatitis, VIH, sífilis, toxoplasmosis o rubeola, entre otras que tu profesional valore. Esto permite saber si estás protegida o necesitas medidas preventivas especiales.
Muchas mujeres se plantean si en la semana 7 es conveniente realizar una ecografía temprana. En gestaciones espontáneas sin factores de riesgo, la primera ecografía programada suele hacerse unas semanas más adelante, pero en determinados casos (tratamientos de reproducción asistida, sangrados, antecedentes de aborto, dudas de fecha, control privado) puede indicarse una ecografía transvaginal en esta semana. En la mayoría de los embarazos evolutivos ya es posible visualizar el saco gestacional, el embrión y el latido cardiaco, además de confirmar que la implantación sea intrauterina.
Infórmate de los talleres de primer trimestre o de inicio del embarazo en tu centro de salud. Estos cursos te serán de gran ayuda y resolverán muchas dudas sobre el inicio de embarazo: alimentación segura, actividad física, síntomas frecuentes, señales de alarma y preparación emocional. Aprovecha las visitas prenatales para plantear también cuestiones prácticas, como cómo manejar el aumento de peso, qué precauciones seguir en tu trabajo, qué vacunas son recomendables o qué hábitos conviene modificar.
La información sobre la semana 7 de embarazo suele ir acompañada de más síntomas físicos y de una intensa adaptación emocional a la nueva situación. Cuidar tu alimentación, descansar cuando tu cuerpo lo pida, mantener una rutina suave de ejercicio y apoyarte en tu entorno y en los profesionales sanitarios hará que transites esta etapa con mucha más tranquilidad y confianza en lo bien que se está desarrollando tu embarazo. Si te ha gustado leernos, estate atenta a la próxima entrega de nuestro Embarazo Semana a Semana.