Señales de que tu hijo/a adolescente puede tener un trastorno alimenticio

trastorno de la alimentación

Hace poco presencié como una niña de 8 años preguntó a un adulto si lo que estaba a punto de comer engordaba mucho, porque si era así prefería no comerlo antes de “estar gorda y fea”. Que una niña de 8 años, que aún ni ha menstruado piense que es mejor no comer algo que le gusta sólo por no engordar, está claro que algo estamos haciendo mal. Si hubiera dicho otros argumentos como que prefiere tener un estilo de vida saludable o que si está hecho a consecuencia del sufrimiento animal prefiere no comerlo, entonces me alarmaría menos puesto que serían otro tipo de valores (mejores) los que la niña está recibiendo en su educación.

En cambio que una pequeña niña de 8 años no quiera comer algo sólo por si engorda y porque no quiere “estar gorda y fea” es una señal de alarma para todos los adultos. Existe una lucha constante en nuestra sociedad sobre los cánones de belleza que en ocasiones parecen un sin sentido. Un sin sentido que las mujeres deban estar casi en los huesos para que la sociedad las acepte como bellas.

Las mujeres con curvas son bellas, las que tienen un cuerpo saludable también lo son, las que se sienten bonitas son las más bellas… pero que se use la falta de autoestima en nuestra sociedad para moldear a las pequeñas niñas, eso no es admisible. Y lo padres debemos luchar contra eso para dar buenos valores a nuestros hijos e hijas  y para que no caigan en el error de querer ser aceptados socialmente antes de ser aceptados por ellos mismos.

Los trastornos alimenticios en la adolescencia

Los y las adolescentes son los más vulnerables en sufrir un trastorno alimenticio por su deseo de ser aceptados por los demás y de encajar en esta sociedad en la que viven. Muchos adolescentes que sufren un trastorno alimenticio ni siquiera reciben un tratamiento adecuado y suelen tener una edad de entre 12 y 25 años, aunque parece que cada vez afecta a niños y niñas más jóvenes.

Pero la pregunta para muchos padres y madres sigue siendo la misma, ¿cómo saber que los hijos tienen un trastorno de alimentación y que no es algo transitorio de la edad? Si tu hijo come en exceso y luego se provoca el vómito (o pasa demasiado tiempo en el cuarto de baño), si pasa hambre e intenta distraerse para no pensar en la comida, si hace demasiado ejercicio, si está obsesionado con las calorías que ingiere… es posible que tu hijo/a adolescente pueda tener un trastorno alimenticio. Comemos para vivir y cuando la comida se convierte en un problema para la persona los resultados pueden ser desgarradores y muy peligrosos para la vida.

A veces un trastorno en la comida tiene mucho más que ver con una baja autoestima, por ansiedad, por presión social, por algún trauma que no se ha tratado emocionalmente, por problemas familiares, etc. Es decir, que puede ser un problema emocional grave que no se está teniendo en cuenta pero que es el gran problema de fondo.

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Pero es necesario que además de tener todo lo expuesto en cuenta, también estés atento a los signos y a los síntomas. No siempre es tan evidente como descubrir que tu hijo está vomitando después de comer o que se esconde la comida. Deberás estar atento a las siguientes señales para saber si tu hijo realmente necesita ayuda y empezar a valorar cómo conseguirla.

Señales de un posible trastorno alimenticio

Obsesión por el ejercicio

Hoy en día es bueno hacer ejercicio, salir, moverse y no tener una vida sedentaria. Pero si tu hijo tiene auténtica obsesión por hacer ejercicio y es capaz de sacrificar el tiempo en familia, con los amigos o del tiempo de estudio por mantenerse en forma, entonces deberás empezar a fijarte más en su comportamiento.

Comer compulsivamente

Los trastornos alimenticios no es únicamente que las personas no coman como ocurre en la anorexia, en otras ocasiones pueden comer mucho para después vomitarlo. Pueden comer de forma compulsiva y después restringir la comida de forma severa y volver a darse un atracón.

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Excesiva pérdida de peso

Si en poco tiempo tu hijo o hija a empezado a perder mucho peso es normal que te des cuenta que es una posible señal de alarma que debas tener en cuenta. Si tu hijo/a siempre está obsesionado con pesar menos y menos en la báscula ten cuidado, porque es posible que esté comiendo pocas calorías para adelgazar.

Comer sin nadie delante

Un adolescente que come solo puede ocultar fácilmente su trastorno alimenticio. Si tu hijo o hija se va en la hora de comer para hacer ejercicio es porque quiere evitar comer, si se va al baño después de haber comido es posible que quiera vomitar, o quizá busque excusas para comer solo/a para poder controlar lo que va a comer (o no comer).

Estar a dieta todo el tiempo

Hacer dieta está bien sólo cuando se pretenda llevar una vida saludable y en lugar de dieta se convierta en un estilo de vida saludable. Pero si tu hijo/a adolescente se obsesiona con hacer dietas, con controlar las calorías o si su preocupación reside en qué come o en cómo debe comerlo, deberás prestar atención porque puede que esté sufriendo un trastorno alimenticio.

Tiene mal humor constantemente

Es posible que tu hijo/a se sienta infeliz y por eso la irritabilidad o la depresión formen parte de su vida porque está luchando contra los sentimientos negativos y de culpa que le hace tener el trastorno alimenticio.

Preocupación excesiva por la imagen

Si sólo piensa en cómo se ve, en cómo le queda la ropa, si llora porque se ve “gordo/a”, si no para de compararse con otras personas que considera perfectas por el peso que tienen y empieza a comer de forma irregular para adelgazar, ¡ojo! Es otra señal de alarma.

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Si te sospechas que tu hijo o hija puede tener un trastorno alimenticio, entonces será el momento de hablar con él o con ella sin intentar culparle de nada y sin sobresaltos. La charla deberá ser amable y deberás en todo momento entender su postura, mostrarte a su lado para apoyarle sin juzgar e intentar saber qué es lo piensa para haber llegado hasta ese punto. Es necesario que el paso siguiente sea una charla con su médico para que os proporcione recursos e información para hacer frente al trastorno y que tu hijo/a también sea tratado adecuadamente por un profesional para que tu hijo/a adolescente mejore.


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