Intervencionismo en el parto: cómo afecta al nacimiento y a la madre

  • El intervencionismo excesivo en el parto altera la fisiología, aumenta el riesgo de trauma perineal y puede derivar en violencia obstétrica.
  • La evidencia respalda respetar tiempos, posturas libres y pujos espontáneos, reservando fármacos, episiotomía y partos instrumentales para indicaciones claras.
  • La información veraz, el consentimiento informado y el plan de parto son claves para que la mujer decida cómo y dónde parir.
  • Los modelos de parto de baja intervención y científico-humanizado logran menos cesáreas y más satisfacción materna sin reducir la seguridad.

Sex like birth e intervencionismo en el parto

Intervencionismo en el parto

Desde el momento en el que una mujer embarazada no dispone de la información necesaria para decidir cómo y dónde va a parir, se está generando una situación en la que ‘predomina’ la actuación del personal médico que asistirá el parto. Aquí ya habíamos hablado de lo que es la Violencia Obstétrica, y en ella deriva muchas veces esta falta de implicación de la futura madre en un proceso cuyos protagonistas principales deberían ser ella y su bebé. Aunque en los últimos años estamos asistiendo a la adecuación de instalaciones hospitalarias para facilitar la libertad de movimientos, dilatar en un ambiente relajado, y parir con las mínimas intervenciones, aún hay mucho de: ‘te vamos a poner en monitores, después te rasuraremos, administraremos oxitocina, y si al cabo de varias horas nada de nada, te practicaremos una cesárea’; puede sonar exagerado y está muy resumido, pero muchas mujeres reconocerán parte de esa secuencia.

El grupo de activistas por la libertad del nacimiento Freedom for birth, Rome Action Group, está formado por mujeres profesionales de diferentes ámbitos, que se organizaron tras el visionado de “Freedom for birth”, documental que podéis adquirir aquí, y cuenta con la aportación de distintos expertos de la talla de Michel Odent o Sarah Buckley. Sus realizadores son Alex Wakeford y Toni Harman. A partir de esa reflexión nace un vídeo breve pero muy potente en el que, mediante una analogía con las relaciones sexuales, se entiende perfectamente la repercusión del intervencionismo en un proceso que debería ser natural. La campaña se realiza conjuntamente con Vita di Donna.

Partiendo de la acción de la oxitocina como hormona ‘del amor’ (también implicada en el nacimiento, las relaciones sexuales y la lactancia), la idea se desarrolla hasta mostrar a una pareja intentando mantener una relación sexual; relación que es interrumpida en varias ocasiones por un médico y la que podría ser una enfermera o matrona que aplican ‘el protocolo’ correspondiente, sin tener en cuenta las necesidades o los deseos de una mujer y un hombre que no están enfermos, pero ven cómo se les practican análisis, se controlan diversas funciones y se les dan instrucciones sobre “cómo moverse”.

No se puede parir con tranquilidad cuando te están constantemente interviniendo

Carga mental y parto intervenido

Un parto progresa con naturalidad cuando la madre está en un lugar acogedor, con intimidad y libre de estrés. Aquí no se discute la conveniencia de que estén presentes los profesionales sanitarios, sino la forma en que se relacionan con ese proceso. La producción de oxitocina, imprescindible para que haya contracciones eficaces y sensación de bienestar, se inhibe si hay mucha gente presente, si se juzga o se ridiculiza a la madre o si se le impide adoptar determinadas posturas.

Durante un parto la madre puede y debe colocarse en una posición que sea cómoda para ella; además puede beber si lo necesita (porque no hay evidencias sólidas que indiquen que esté desaconsejado en un parto normal) y, por supuesto, no es imprescindible estar inmovilizada ni conectada de forma continua a monitores, ni que le afeiten el pubis o que las luces del paritorio luzcan en todo su esplendor. Un entorno cálido, con poca luz, ruido mínimo y pocas interrupciones favorece la fisiología del parto tanto como una buena medicación en los casos en que realmente es necesaria.

Tampoco se podría tener una relación sexual relajada si alguien estuviera pendiente de las posturas, analizara la calidad del esperma o vigilara que el hombre “empuja adecuadamente”… sería ridículo, y dudo que ninguna pareja lo aceptara. Sin embargo, en muchos partos la madre acaba por aceptar una supuesta superioridad de los médicos y protocolos, incluso cuando su situación es de bajo riesgo y la evidencia científica recomienda una intervención mínima. Afortunadamente, en muchos hospitales y centros de nacimiento esto está cambiando, pero aún queda camino.

Intervencionismo en el parto: qué es y cuándo tiene sentido

Decisiones sobre el parto

Por intervencionismo en el parto entendemos el uso sistemático o injustificado de procedimientos médicos (inducciones, administración rutinaria de oxitocina, episiotomías, pujos dirigidos, cesáreas sin indicación clara, etc.) en un proceso que, en la mayoría de los casos, puede desarrollarse de forma espontánea y segura. No se trata de rechazar la medicina, sino de recordar que, como señala la Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal, en un parto normal debe existir una razón válida para interferir en el proceso natural.

Las principales intervenciones que se utilizan con más frecuencia son:


  • Inducción del parto: cuando se estimulan las contracciones de forma artificial (con prostaglandinas, oxitocina sintética, rotura artificial de membranas, etc.)
  • Analgesia epidural: muy útil en muchos casos, pero que puede disminuir la capacidad de movimiento y la percepción del reflejo de pujo
  • Pujos dirigidos o Maniobra de Valsalva: se indica a la mujer que tome aire, lo retenga y empuje fuerte hacia el ano durante varios segundos, a menudo sin respetar sus sensaciones
  • Episiotomía: corte quirúrgico en el periné para “ampliar” el canal del parto, que la evidencia recomienda reservar sólo para situaciones muy concretas
  • Parto instrumental: uso de fórceps o ventosa, indicado sólo cuando existe una necesidad real para la madre o el bebé

La evidencia disponible muestra, por ejemplo, que los pujos espontáneos, aquellos que realiza la mujer únicamente cuando percibe la necesidad, son más seguros para el suelo pélvico que los pujos dirigidos clásicos en Valsalva. Esta técnica tradicional puede acortar ligeramente el expulsivo cuando se usa junto con epidural, pero incrementa el daño en la pared abdominal y el suelo pélvico, y empeora la oxigenación del bebé. Cuando se respeta el ritmo interno de la mujer, y el entorno es tranquilo y seguro, puede desencadenarse lo que Michel Odent denominó “reflejo de eyección fetal” o reflejo de Ferguson: contracciones uterinas intensas, involuntarias, que expulsan al bebé con muy poco esfuerzo consciente.

Del mismo modo, intervenciones como la episiotomía o la inducción tienen indicaciones claras (preeclampsia, gestación muy prolongada, sufrimiento fetal, diabetes gestacional mal controlada, desproporción céfalo-pélvica, etc.), pero cuando se aplican de forma rutinaria aumentan el riesgo de traumas perineales severos, partos instrumentales y cesáreas sin aportar beneficios adicionales para la madre y el bebé.

La justificación y el abuso de las cesáreas y otras intervenciones

En algunos países, las cifras hablan por sí solas. Hay hospitales en los que 4 de cada 10 madres tienen a su bebé por cesárea, una tasa muy elevada para la población general. La Organización Mundial de la Salud advierte que, por encima de un porcentaje moderado, no se observan beneficios en mortalidad o morbilidad materna y neonatal; más bien aumentan las complicaciones asociadas a la cirugía, las dificultades en lactancia y los problemas en embarazos posteriores (placenta previa, acretismo placentario, roturas uterinas, etc.).

Tras el parto, muchas mujeres escuchan el mensaje de que “lo importante es que el bebé está sano”, pero eso no debería servir para silenciar el malestar o el trauma cuando sienten que se han tomado decisiones sin su consentimiento o que se ha recurrido a una cesárea o a maniobras agresivas sin una explicación clara. Visibilizar que existen cesáreas y partos instrumentales innecesarios no es atacar a los profesionales, sino reclamar una práctica más basada en la evidencia y centrada en la mujer.

El vídeo del Rome Action Group lo ilustra con ironía: al final, la pareja se alegra por la intervención del médico porque “de no ser por él” no habrían podido concebir. Así ponen de relieve cómo el excesivo protagonismo de la tecnología y del profesional puede hacer olvidar que, en la mayoría de los casos, la fisiología femenina sabe parir si se respetan sus tiempos y sus necesidades.

Información y consentimiento: la pieza que falta

Informacion y consentimiento en el parto

El primer error del intervencionismo sistemático es dificultar que tengamos información. Muchas mujeres llegan al hospital sin respuestas claras a preguntas básicas:

  • ¿Qué efectos tiene la oxitocina sintética sobre las contracciones, el dolor y el bebé?
  • ¿Es verdad que la episiotomía es necesaria “para no desgarrarse más”?
  • ¿Podré comer o beber algo durante el parto?
  • ¿Cuánto puede durar un expulsivo normal sin que sea un problema?
  • ¿Es obligatorio estar acostada en litotomía o puedo moverme y elegir postura?

Muchas mujeres, conscientes de la importancia de estos aspectos, se informan previamente y elaboran planes de parto, una herramienta clave para expresar por escrito sus preferencias respecto a posiciones, analgesia, acompañantes, contacto piel con piel, corte tardío del cordón, etc. Pero cuando no es la futura mamá la que da el paso de buscar información, deberían ser los propios profesionales los que la ofrezcan de forma proactiva, clara y sin paternalismo.

Respetar el consentimiento informado implica explicar riesgos, beneficios y alternativas de cada intervención, escuchar las dudas y aceptar que, salvo en situaciones de urgencia vital, la mujer tiene la última palabra. Este cambio de modelo supone pasar del “yo sé lo que te conviene” al “te explico y decidimos juntas”.

Posición, pujos y ambiente: cómo influye el entorno en el intervencionismo

Posturas y pujos en el parto

La literatura científica reciente resalta que, en un parto de bajo riesgo, es fundamental respetar tres pilares: libertad de movimiento, pujos espontáneos y entorno acogedor. Cuando estos tres elementos se cuidan, disminuye la necesidad de intervenciones técnicas.

  • Posturas en el parto: Las posiciones verticales (de pie, sentada, en cuclillas) o laterales se asocian con menos episiotomías y mejor perfusión uterina que la clásica litotomía. La posición lateral, en particular, se relaciona con menores tasas de trauma perineal severo.
  • Pujos espontáneos: Esperar a que la mujer sienta un deseo incontrolable de empujar, en lugar de dar órdenes continuas, se vincula con menor daño en el suelo pélvico y mejores parámetros de bienestar fetal (mejores Apgar y mejor pH del cordón).
  • Ambiente íntimo: Luz tenue, pocas personas en la sala, ruido controlado y respeto a los silencios permiten que la madre aumente su secreción de oxitocina y betaendorfinas, hormonas que facilitan las contracciones y el alivio del dolor.

No se puede hablar de intervencionismo sin tener en cuenta que la rutina de litotomía, pujos dirigidos y vigilancia constante no sólo aumenta el riesgo de trauma perineal, sino que también transmite a la mujer el mensaje de que “no sabe” parir sola. Este mensaje cala profundamente y muchas acaban pensando que necesitan que alguien les diga cómo y cuándo empujar, cómo colocarse, cuándo es “normal” su dolor o sus emociones.

Violencia obstétrica: cuando el intervencionismo cruza una línea

Violencia obstétrica

La violencia obstétrica se refiere a prácticas y conductas realizadas por profesionales de la salud a las mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio, en el ámbito público o privado, que por acción u omisión son violentas o pueden ser percibidas como violentas. Incluye actos no apropiados o no consensuados, como episiotomías sin consentimiento, intervenciones dolorosas sin anestesia, obligar a parir en una determinada posición, ignorar el plan de parto o proveer una medicalización excesiva, innecesaria o iatrogénica que podría generar complicaciones graves. También puede ser psicológica: trato infantilizante, paternalista, autoritario, despectivo, humillante, con insultos verbales, despersonalizado o con vejaciones.

Se trata de una forma de violencia de género institucional que vulnera los derechos humanos, los derechos sexuales y reproductivos y la autonomía de las mujeres. Estudios en distintos países muestran que muchas mujeres no conocen el término “violencia obstétrica”, aunque sí identifican haber vivido gritos, amenazas (“si no empujas tu bebé se muere”), tactos dolorosos sin aviso, negación de acompañante o separación injustificada de su bebé.

El modelo intervencionista, cuando se aplica sin criterio individual, favorece estas situaciones: si todo se ve como una “urgencia potencial”, se justifican maniobras agresivas sin explicar ni preguntar. A esto se suman factores como el desgaste profesional (burnout), plantillas reducidas o formación insuficiente en comunicación y manejo emocional, que llevan a algunos profesionales a deshumanizar a las usuarias.

Frente a ello, cada vez más asociaciones como El Parto es Nuestro o movimientos internacionales por el parto respetado están poniendo voz a estas experiencias y reclamando un cambio de paradigma: de la obediencia ciega al acompañamiento informado.

El vídeo “Sex like birth”: una analogía que abre ojos

Este vídeo de 7 minutos, disponible en línea con subtítulos en varios idiomas, tiene la virtud de poner al espectador en el lugar de una mujer de parto que entra en un hospital y ve cómo, uno tras otro, se aplican protocolos que nadie ha explicado. Al trasladar esas mismas intervenciones a una escena íntima de sexo consensuado, su absurdidad y su violencia simbólica se vuelven evidentes.

Durante el corto, el médico y la enfermera interrumpen, dan órdenes, “corrigen” posturas, colocan monitores, toman muestras, comentan en voz alta el desempeño de la pareja… Todo ello en nombre de la seguridad, pero sin ninguna consideración por la intimidad, el deseo o el ritmo de la pareja. Cuando el espectador siente rechazo y vergüenza ajena, el vídeo lanza el mensaje: esto es lo que muchas mujeres viven en su parto sin cuestionarlo, porque se ha normalizado.

Este recurso, sencillo y directo, sirve para explicar conceptos complejos (fisiología hormonal, necesidad de intimidad, impacto del miedo en la dilatación) a personas que quizá no se interesarían por un texto técnico, pero sí pueden comprender una metáfora visual del intervencionismo.

Según diversas reseñas, este trabajo ha generado debates intensos. Hay personas muy comprensivas con la idea de apoyar la decisión de la mujer durante el parto y otras que consideran discriminatorio que se pidan tratos diferentes “dentro de un hospital”. También hay quien se escandaliza porque se plantee que sea la madre, y no el profesional, quien decida. De nuevo, cualquier percepción negativa suele partir del desconocimiento de la fisiología del parto y de los beneficios demostrados de permitir que se desarrolle en condiciones adecuadas.

Hacia un parto de baja intervención, científico y humanizado

En muchos hospitales se está implantando el modelo de “parto de baja intervención” o “parto científico-humanizado”. Bajo estos términos se ofrece un parto que respeta la fisiología y el protagonismo de la mujer y el recién nacido, pero con el apoyo tecnológico y quirúrgico disponible si surge alguna complicación.

Las características clave de este enfoque son:

  • Respeto a los tiempos del parto: no se intenta acelerar de forma artificial un trabajo de parto que progresa de forma adecuada, evitando inducciones o cesáreas por mera conveniencia organizativa.
  • Libertad de movimiento y de postura: se anima a la mujer a caminar, usar pelotas, duchas, sillones o camas articuladas, y a elegir la posición que más le ayude.
  • Abandono de prácticas rutinarias sin beneficio demostrado: rasurado sistemático, enemas obligatorios, episiotomías por defecto, prohibición de beber agua, etc.
  • Acompañamiento continuo: presencia de una matrona o profesional de referencia que apoya emocionalmente, ofrece información y protege la intimidad.
  • Plan de parto respetado: se registran y se tienen en cuenta las preferencias de la mujer siempre que la situación clínica lo permita.

Los datos de unidades que aplican este modelo muestran tasas menores de cesáreas, partos instrumentales, episiotomías y desgarros severos, así como menor sufrimiento fetal y mayor satisfacción materna. También disminuye el dolor y malestar en el posparto inmediato, al evitar episiotomías sistemáticas, una de las fuentes principales de molestias prolongadas.

Frente al intervencionismo irreflexivo, esta forma de trabajar recuerda que “baja intervención” no significa menor control o vigilancia. Al contrario: requiere profesionales mejor formados, más atentos al detalle, capaces de detectar de manera temprana cuando un parto se desvía de la normalidad y entonces sí, intervenir con rapidez y respeto.

Este cambio de mirada, apoyado por las recomendaciones de organismos como la OMS, ministerios de sanidad y sociedades científicas, nos acerca a un modelo en el que ciencia y humanidad no compiten, sino que se complementan para que el nacimiento sea, además de seguro, una experiencia digna y respetada para la madre y su bebé.

Todo este recorrido —desde la analogía de “Sex like birth” hasta las guías clínicas y los testimonios de las mujeres— apunta en una misma dirección: cuando se ofrece información honesta, se cuida el entorno, se respetan los tiempos y se reserva la tecnología para cuando realmente es necesaria, el intervencionismo deja de ser la norma y el parto vuelve a ser, en la medida de lo posible, un proceso fisiológico vivido con confianza en lugar de con miedo.