Estamos en la Semana Europea de la Movilidad, seguro que os suena porque hoy se ha celebrado el Día sin Coches, pero aún es más relevante la acción que se desarrolló ayer para visibilizar la campaña Ni un peque más en peligro, conocida en twitter por el hashtag #yoviajoseguro. Distintas entidades y especialistas llevan más de 24 horas participando en medios de información para contarnos que la única forma en la que un niño viaje seguro en el coche es a contramarcha.
Muchos nos hemos emocionado al escuchar al papá de Gabriel hablar: Gabriel murió a los 7 meses de haber quedado pentapléjico. La embestida que otro vehículo provocó en el coche de su papá se saldó con una luxación interna de la primera vértebra cervical. Gabriel dejó este mundo por una lesión cervical gravísima, pero el resultado de un accidente quizás inevitable no hubiera sido el mismo si hubiera viajado a contramarcha. Porque los sistemas de retención infantil a favor de la marcha (AFM) sujetan al niño, pero no son seguros para sus cervicales y su cabeza en edades tempranas. Y es nuestra obligación hablar sobre este tema tan delicado.
Gabriel solo tenía 2 años y medio y dejó en este mundo a sus papás, a su hermanita (un bebé por entonces) y a sus abuelos; ahora luchamos para que se convierta en la leyenda de la Ola Verde, pero esto solo sucederá cuando todos los peques de menos de 4 años viajen en el sentido contrario de la marcha. Existen estudios para demostrar los riesgos de los SRI AFM, pero ¿quién nos cuenta estas cosas cuando vamos en busca de una silla de seguridad para los niños? Ya lo habíamos explicado aquí, aunque es bueno repetir que en Suecia y Noruega viajar a contramarcha es la única opción a esas edad; y no es casualidad que allí las muertes infantiles por accidente de coche entre los 0 y los 4 años prácticamente han desaparecido.
La física manda
Nuestra norma solo nos obliga a que los peques viajen de espaldas hasta que tienen 15 meses, y como curiosidad podemos aportar que las sillas AFM que utilizamos cuando los niños son muy pequeños no superan (por afamada que sea la marca) un test muy exigente que tiene en cuenta el impacto de la colisión en una zona de extrema fragilidad como es el cuello de los niños. El famoso Plus Test sueco es la única prueba que mide la carga cervical que soporta el cuello en un impacto, y hasta ahora ninguna silla a favor de la marcha lo ha superado. Solo las sillas a contramarcha más seguras consiguen esta certificación.
Marta Erill es mamá, bloguera (Una mamá de otro Planeta) y fisioterapeuta, y nos recuerda que el peso de la cabeza de un niño es del 20 al 25 por ciento del total de su cuerpo, mientras que en un adulto ronda el 6 por ciento. Esta proporción tan elevada, unida a un cuello inmaduro, nos debe hacer replantearnos la seguridad en carretera de nuestros hijos. No hace falta explicar demasiado para entender que en caso de impacto, la cabecita prácticamente se dispara hacia delante y todo el peso recae sobre un cuello que aún es muy frágil.
En un niño de menos de 4 años, su columna vertebral todavía está formada en gran medida por cartílago blando, no por hueso sólido. Esto significa que ante una desaceleración brusca, las vértebras pueden separarse más de lo que la médula espinal puede soportar. Cuando el niño viaja a favor de la marcha, el arnés sujeta el cuerpo, pero la cabeza sigue su trayectoria hacia delante con enorme violencia, pudiendo producirse lesiones medulares internas muchas veces incompatibles con la vida. Sin embargo, si el mismo impacto se produce cuando el niño va a contramarcha, todo su cuerpo, incluyendo cabeza, cuello y espalda, se apoya sobre el respaldo de la silla. Las fuerzas del choque se reparten sobre una superficie muy amplia y se reducen drásticamente las tensiones en el cuello. Estudios de seguridad han demostrado que viajar a contramarcha puede ser varias veces más seguro que viajar a favor de la marcha en un impacto frontal.
La evidencia internacional es contundente: investigaciones en países como Suecia y Estados Unidos, así como recomendaciones de organismos como la Academia Americana de Pediatría o la Organización Mundial de la Salud, coinciden en que llevar al niño en sentido contrario a la marcha reduce hasta en un 80 % el riesgo de lesiones graves en la cabeza y el cuello. En pruebas de impacto realizadas con dummies infantiles se ha visto que, frente a una silla dispuesta en sentido contrario de la marcha, el niño que viajaba en el sentido de la marcha sufría hasta tres veces más riesgo de tener lesiones en la cabeza y tensiones muy altas en cuello y abdomen.
Tendríamos que preguntarnos: ¿por qué ignorar los resultados de los estudios?, ¿por qué no aspirar a imitar a los mejores?, ¿es que no se trata de lo más preciado que tenemos las madres y los padres? El problema viene a ser la desinformación y la falta de normalidad en la presencia y el uso de estas SRI que se colocan en contra del sentido de la marcha. ¿Sabéis? solo un 1 por ciento de los padres con nenes en esas edades las utiliza de forma prolongada, a pesar de que las recomendaciones hablan de mantenerlas hasta al menos los 4 años, y siempre que la silla lo permita, incluso más tiempo.
Persisten muchos mitos que se difunden y no responden a la realidad; como por ejemplo que el niño que viaja así no tiene vista, que se marean, que va incómodo con las piernas dobladas, etc. Este vídeo difundido por la campaña se encarga de desmentirlos:
Qué dicen los expertos y la normativa sobre viajar a contramarcha
En España y en el resto de la Unión Europea, la normativa que regula la homologación de las sillas de coche ha ido evolucionando para adaptarse a la evidencia científica. La antigua norma ECE R44/04, que clasificaba las sillas por grupos de peso (0, 0+, 1, 2 y 3), ha dado paso a la norma UN R129, conocida como i-Size, que clasifica las sillas por altura del niño y obliga a viajar a contramarcha como mínimo hasta los 15 meses.
Es importante diferenciar lo que es mínimo legal obligatorio de lo que es recomendación de seguridad. La ley establece que como mínimo los bebés deben ir de espaldas hasta los 15 meses, pero pediatras, sociedades científicas, la DGT y las principales organizaciones de seguridad vial recomiendan mantener a los niños a contramarcha el máximo tiempo posible, como mínimo hasta los 4 años y, si la silla lo permite, incluso más.
La propia Dirección General de Tráfico insiste en sus campañas en que los niños deben viajar en sillas homologadas, adaptadas a su talla y bien instaladas, siempre en los asientos traseros y a contramarcha el máximo tiempo posible. Instituciones como la Alianza Española por la Seguridad Vial Infantil (AESVi) o entidades como RACE también recalcan que esta posición protege mejor el cuello, la cabeza y la espalda y reduce de forma drástica la probabilidad de lesiones graves en caso de siniestro.
Además, la Organización Mundial de la Salud concluyó en un estudio que llevar a un niño de hasta cuatro años a contramarcha en su silla, instalada de forma correcta, puede suponer una reducción del riesgo de sufrir heridas de hasta un 80 % durante un siniestro. Si el niño va en una silla en el sentido de la marcha, el porcentaje de reducción del riesgo baja de forma notable, y si solo utiliza el cinturón de seguridad de adulto, la protección cae aún más.
Otro aspecto clave es que, cada vez que cambiamos al niño de un SRI a otro por su crecimiento, se baja un escalón en seguridad. Por eso, los expertos recomiendan no tener prisa en cambiar de silla mientras el peque siga bien sujeto, la cabeza no asome por encima del respaldo y vaya cómodo. El objetivo debe ser apurar el uso de la silla a contramarcha hasta su límite máximo de altura o peso, siempre dentro de los márgenes que marque el fabricante.
Las sillas AFM no son seguras antes de los 4 años

Con la información en la mano, una se da cuenta de que tal afirmación es completamente cierta. Cristina Barroso, que es portavoz del modelo Sueco y luchadora por esta causa (además de consultora de sistemas de retención infantil), califica a estos dispositivos a favor de la marcha como peligrosos para menores de 4 años, te diga lo que te diga el fabricante. Para evitar la oscilación de la cabeza en caso de choque la única solución es que el peque vaya en sentido contrario a la marcha.
En un choque frontal o fronto-lateral, que son los más frecuentes y graves, el cuerpo del niño que viaja a favor de la marcha queda retenido por el arnés, pero la cabeza sigue avanzando hacia delante. Esto genera una enorme tensión en cuello, columna vertebral y órganos internos. En cambio, cuando el niño va a contramarcha, las fuerzas del impacto lo empujan contra el respaldo, que actúa como un escudo y reparte la energía por todo el cuerpo.
Por eso, las organizaciones oficiales y los expertos en traumatología y pediatría insisten en que no existe un motivo de seguridad para adelantar el cambio a una silla a favor de la marcha antes de los 4 años. De hecho, en países nórdicos como Suecia lo habitual es mantener a los niños a contramarcha hasta los 4 años como mínimo, y en muchos casos hasta los 6 o 7 años, con sillas diseñadas para soportar mayor peso y altura en esta posición.
No hay que olvidar que en cada accidente de tráfico, incluso a velocidades moderadas, las fuerzas que actúan sobre el cuerpo pueden multiplicar su peso por 20 o 30. Si pensamos en la cabeza de un peque, que representa una cuarta parte de su peso, podemos imaginar lo que supone que toda esa inercia recaiga en un cuello que aún no está preparado. A contramarcha, esas mismas fuerzas se distribuyen por la espalda, que descansa sobre el respaldo, reduciendo de forma drástica el riesgo de lesiones irreversibles.
Por esto, muchos especialistas y campañas como Ni un peque más en peligro insisten en que la única forma de viajar realmente seguros a contramarcha para niños de 0 a 4 años es mantener esta posición el máximo tiempo posible, incluso en trayectos cortos. No debemos olvidar que la mayoría de los siniestros se producen en recorridos habituales como el camino al colegio, al trabajo o a casa de los abuelos.
Mitos frecuentes sobre viajar a contramarcha

En torno a las sillas a contramarcha se han creado muchos mitos que generan dudas y a veces llevan a decisiones poco seguras. Conviene repasarlos con calma porque casi todos se desmontan con información y un buen asesoramiento.
Uno de los más repetidos es “no lo pongo a contramarcha porque se aburre mirando hacia atrás”. En realidad, en una silla tradicional el niño también mira al respaldo del asiento delantero, así que el paisaje tampoco es especialmente entretenido. Con una silla a contramarcha, un adulto puede sentarse a su lado en el asiento trasero, facilitando el juego, la conversación y la regulación emocional durante el viaje. Además, se pueden colocar juguetes blandos, cuentos o canciones para hacer el trayecto más ameno sin comprometer la seguridad.
Otro mito muy habitual es “el bebé se mareará por ir de espaldas”. El mareo no tiene que ver con la orientación de la silla, sino con un conflicto entre lo que ve el ojo y lo que percibe el oído interno. Un niño que se marea, se mareará tanto de frente como de espaldas. Para reducir las molestias es mejor evitar comidas copiosas antes del viaje, ventilar bien el coche, hacer paradas frecuentes y ofrecer al peque un punto fijo de referencia visual, como una pegatina en la luneta trasera.
Tampoco es cierto que “no voy a poder verlo y me da miedo”. Existen espejos específicos para el reposacabezas del asiento trasero, diseñados para resistir impactos y con bordes suaves, que permiten ver al bebé a través del espejo retrovisor sin girar la cabeza. Son un complemento sencillo que aporta mucha tranquilidad sin restar seguridad.
Una duda muy extendida es “mi hijo ya tiene las piernas dobladas, eso no puede ser bueno”. Sin embargo, las piernas flexionadas, cruzadas o apoyadas en el respaldo no suponen un riesgo añadido. Los niños son mucho más flexibles que los adultos y se sientan de forma natural con las piernas dobladas para jugar, ver la tele o subirse al sofá. No existen registros significativos de lesiones graves de piernas por viajar a contramarcha, mientras que las consecuencias de adelantar el cambio a favor de la marcha sí son dramáticas cuando hay un impacto frontal.
Por último, se oye a menudo “viajar a contramarcha solo es obligatorio hasta los 15 meses”, como si eso implicara que después ya no es necesario. La realidad es que la ley marca mínimos, no máximos. Que la normativa permita girar a favor de la marcha a partir de cierta edad no significa que sea más seguro, solo que se ha establecido un suelo legal. Las pruebas de choque y las estadísticas son claras: cuanto más tiempo viaje el niño a contramarcha, menor es el riesgo de lesiones graves.
Cómo elegir e instalar una silla a contramarcha segura

Elegir una silla de coche no es fácil, y menos cuando hay tanta oferta y tanta información dispar. Sin embargo, hay algunos criterios básicos que nos ayudan a tomar una decisión realmente segura para nuestros hijos.
El primero es comprobar la homologación. Es fundamental que la silla cumpla con la normativa europea vigente y, si es posible, que esté homologada bajo la UN R129 (i-Size), que incorpora pruebas de impacto lateral y exige viajar a contramarcha hasta un mínimo de 15 meses. Además, si la silla ha superado el Plus Test sueco, tendremos una garantía extra de que las cargas en el cuello del niño se mantienen dentro de límites muy estrictos.
El segundo criterio importante es el sistema de anclaje. Las sillas con ISOFIX facilitan una instalación correcta y reducen el margen de error, algo clave porque gran parte de las sillas del mercado están mal instaladas. Si tu coche no dispone de ISOFIX, es perfectamente posible viajar igual de seguro con una silla instalada con cinturón, siempre que se sigan las instrucciones del fabricante y, si es necesario, se pida ayuda a un punto de venta especializado o a un técnico en sistemas de retención infantil.
Conviene fijarse también en la protección lateral. Los impactos laterales y fronto-laterales representan una parte importante de los siniestros, por lo que es recomendable escoger modelos con refuerzos laterales y reposacabezas envolventes que protejan especialmente la cabeza y el cuello. Muchos fabricantes incorporan sistemas de absorción de energía y refuerzos de espuma que mejoran aún más el comportamiento de la silla en este tipo de choques.
Otro aspecto clave es la facilidad de ajuste. A medida que el niño crece, necesitaremos regular la altura del reposacabezas y del arnés, así como el grado de reclinación del asiento. Cuanto más sencillo sea este proceso, más probable será que mantengamos siempre un ajuste correcto en cada viaje. Es importante que, en posición sentada, el arnés salga a la altura de los hombros del niño o ligeramente por debajo, y que la cabeza quede dentro de la carcasa de la silla con un pequeño margen.
No debemos olvidar el espacio disponible en el coche. Algunas sillas a contramarcha ocupan más que otras, así que es recomendable probar la instalación en nuestro vehículo, comprobar que el adulto del asiento delantero tiene espacio suficiente y que el peque viaja con un ángulo de reclinación adecuado para su edad. En general, los bebés necesitan más reclinación para evitar que la cabeza se les caiga hacia delante, mientras que los niños más mayores pueden ir más erguidos.
Por cierto, para actualizar y recordar la información, comentar que llega un momento (a partir de los 4 años, siempre que la silla a contramarcha se haya quedado pequeña por altura o peso) en que cambiamos al niño a un SRI del grupo 2/3 o equivalente en normativa i-Size, que se utiliza hasta que alcanza como mínimo los 135 centímetros, aunque idealmente es preferible mantenerlos en un elevador con respaldo hasta los 150 centímetros. No olvidéis tampoco que los niños que midan menos de 1,35 metros, deben viajar detrás obligatoriamente.
Más allá de la norma: una decisión de amor y responsabilidad

Ayer fue un Día para acordarnos de los que mueren en la carretera, y para elevar reivindicaciones, para visibilizar; nosotras no dejaremos de pensar en Gabriel, en cómo lo añora su pequeña hermana y en sus padres. Y tampoco nos cansaremos de empujar hasta que llegue el día en que todas las niñas y todos los niños viajen seguros. Lo que para algunas familias es solo una decisión de compra, para otras se ha convertido en una causa de vida.
Cuando decidimos cómo va a viajar nuestro hijo en el coche, estamos tomando una de las decisiones de seguridad más importantes de su infancia. No se trata de confort, de estética, ni de moda: hablamos de proteger un cuello inmaduro, una cabeza pesada y una columna vertebral en desarrollo ante fuerzas que no podemos controlar. La experiencia de los países nórdicos, los datos de estudios internacionales y los testimonios de familias que han sufrido accidentes sin consecuencias graves gracias a ir a contramarcha nos muestran que esta posición marca la diferencia entre un susto y una tragedia.
La seguridad en el coche viaja de espaldas: la única forma de viajar seguros a contramarcha para niños de 0 a 4 años es mantenerles de espaldas el máximo tiempo posible, idealmente hasta que su silla lo permita por altura o peso, sin dejarnos influir por mitos, prisas o presiones externas. Informarse bien, buscar asesoramiento especializado y revisar periódicamente la instalación de la silla son gestos sencillos que pueden salvar vidas.
Imágenes — Blog Allstate, Centímetro News
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