Slow parenting, la crianza a fuego lento

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Puede que nunca hayas oído hablar del término Slow parenting, sin embargo, estamos seguros de que muchas de nuestras lectoras lo aplican cada día en la crianza de sus hijos. Este movimiento no hunde sus raíces en ningún manual o estudio de psicopedagogía, ni en ningún gurú de la psiquiatría infantil.

Por curioso que te parezca, el Slow-parenting es en realidad un movimiento social que promueve la necesidad de “desacelerar el ritmo actual de la sociedad”. Se buscaba una expresión contrapuesta al “fast-food” a esa comida rápida que en esencia, tantas consecuencias negativas tiene para la salud. De algún modo, y en lo que se refiere a la educación de los más pequeños, parece que estamos siguiendo los mismos patrones: acelerar para criar niños estresados y en consecuencia, infelices. Te invitamos a reflexionar sobre ello en “Madres Hoy”.

Slow parenting o el elogio de la lentitudSlow parenting

El mundo transcurre a una velocidad imparable: la propia sociedad e incluso nosotros mismos nos exigimos mucho en nuestro propio afán de superación. Es posible que todo ello nos lleve en muchas ocasiones al triunfo, pero en realidad, la felicidad no siempre parece ir de la mano de estos conceptos.

En la actualidad, son muchos los expertos, educadores y cómo no, los propios padres, quienes intentan potenciar en los niños sus capacidades más allá de lo excesivo: se les apunta clase de inglés, de música, de ballet, queremos que sean hábiles, brillantes y que el día de mañana alcancen todo aquello que nosotros tenemos en mente.

No obstante, estas son las consecuencias que estamos viendo en nuestro día a día:

  • La crianza moderna se efectúa bajo una exigencia que presenta una alta dualidad: exigimos mucho a los niños, sin embargo nos volvemos más protectores y no dejamos, por ejemplo, que vayan solos al colegio hasta que llegan a la adolescencia.
  • Se efectúa una alta exigencia que no va de la mano de la enseñanza de la responsabilidad,  la capacidad de elegir, de poder equivocarse como parte del proceso del propio aprendizaje.
  • Apuramos a nuestros hijos para que se vistan más rápido, para que terminen pronto de jugar porque toca llevarlos a las actividades extraescolares. Los niños de hoy en día llevan horarios de adultos. Ahora bien, sabemos que en muchos casos la responsabilidad de “acelerar” a los más pequeños no es solo nuestra, también la propia sociedad y la articulación educativa impone esta presión explícita.

El elogio de la lentitud o el Slow-parenting busca concienciar a madres, padres, educadores e instituciones de la necesidad de volver a esa crianza lenta donde impere el equilibrio, el respeto y ante todo, favorecer el propio ritmo del niño para crecer y descubrir el mundo.

El Slow-parenting no significa ralentizar el crecimiento del niño sino respetar sus ritmos

cuerpo después del embarazo

El Slow-parenting no pretende que dejemos a un lado la estimulación o la interacción con nuestros hijos para ayudarles a crecer, a madurar. Se trata simplemente de “no presionar” y priorizar antes la calidad que la cantidad.

“Lento” significa comprender la maduración de nuestro hijo, y no tirar de él más de lo necesario para ocasionarle estrés o ansiedad.

  •  Slow-parenting engloba ideas como saber desplegar una crianza significativa, en la cual “debemos estar presentes”, disfrutando del aquí y ahora en cada aspecto de la vida de nuestros niños, pero a su vez, sabiendo respetar su libertad personal: tanto para crecer, como para tomar sus decisiones cuando sea el momento.
  • La infancia no debe ser una carrera a contrarreloj. Ser niño implica poder jugar, poder atender estímulos, disponer de tiempo para disfrutar, reír y  explorar el mundo en sus propios términos.
  • Algo que debemos tener en cuenta es que el  Slow-parenting parte ante todo del propio hogar. Necesitamos tiempo, y poder disfrutar de un horario con el cual pasar tiempo con nuestros hijos, descansar con ellos, jugar con ellos y reflexionar a su lado.
  • Sabemos que a día de hoy el tiempo es un privilegio, que el horario laboral no siempre logra conciliar tanto como desearíamos con la vida familiar. De ahí, que se necesite también de una adecuada concienciación de las instituciones sociales.

Nos obsesionamos en dar a nuestros hijos lo mejor, mientras nosotros “no estamos presentes”

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Esta idea es tan compleja como real: muchos padres se obsesionan en darles el mejor colegio, la mejor ropa, una habitación llena de juguetes mientras ellos, pasan gran parte del tiempo fuera de casa por sus responsabilidades laborales.

Sabemos que es así como está instaurada la vida de hoy en día, pero sería necesario reflexionar sobre ello para concienciarnos de algunos aspectos:

  • La cultura del consumo ha llegado a un especie de apoteosis donde mucha gente vive sólo de las expectativas, de la necesidad de ofrecer lo mejor a sus hijos: unos dientes perfectos con su ortodoncia, el pelo perfecto, cuidar de que no cojan sobrepeso, darles unas vacaciones de campamento perfectas… Ahora bien, en ocasiones, nada de esto ofrece una felicidad real al niño.
  • Los expertos nos dicen que en los últimos años la maternidad se da ya en edades que rozan o sobrepasan los 40. Las madres han pasado mucho tiempo “soñando” cómo debe ser la vida de su hijo, ansiando darles sin duda lo mejor. Tienen unas expectativas muy altas.
  • La clave es más sencilla de lo que pensamos, basta en confiar, en dejarnos llevar, en comprender que el mejor regalo que podemos darles a nuestros hijos se llama “tiempo”, “comprensión”, y “amor”. No hace falta que hablen 5 idiomas, que saquen matrículas de honor o que sean hábiles en el deporte.

Nuestros hijos serán aquello que ellos desean, y hasta que lo consigan solo deben tener un objetivo: crecer en salud y en felicidad.

La educación en tiempos de crisis

Podríamos plantear la interesante cuestión de si la crisis social y económica que se vive en la actualidad se refleja en los estilos de crianza actuales:

  • Algunas familias sí que ven la necesidad de exigir y de “acelerar” el ritmo de sus hijos para que sean más competitivos, para que de algún modo, puedan tener más oportunidades el día de mañana si están bien preparados.
  • Por otra parte, son muchas las madres y los padres que sienten la necesidad de reorientar sus valores: de dar importancia a lo esencial, a lo más básico: de permitir que los niños disfruten de su infancia con lentitud, de esos instantes de felicidad que habrán de acompañarles el día de mañana cuando sean adultos.

El Slow parenting no nos dice que debamos ir a paso de caracol en la vida, sino permitirnos explorar, atender, respirar, disfrutar de nuestro entorno de la mano de nuestros hijos para valorar lo que de verdad importa, sin artificios ni presiones.

Te invitamos a reflexionar sobre estas ideas y aplicarlas en el día a día no sólo en la educación de tus niños, sino en tu propia vida: en ocasiones, “ir más despacio”, nos permite descubrir muchas de esas maravillosas cosas que nos rodean y que en ocasiones, por las prisas, no tomamos en cuenta.


7 comentarios

  1.   olegoana dijo

    Se ha comprobado que quienes viven en las grandes ciudades caminan un 10% más rápido que hace veinte años; en EEUU hay un libro que se titula “One-Minute Bedtime Stories”, versiones cortas de los cuentos tradicionales han sido escritas para padres y madres muy ocupados y con poco tiempo; nos parece que el ascensor funciona lentamente y nos alteramos si la página de Internet no se abre inmediatamente … http://goo.gl/uBs11A

    1.    Valeria Sabater dijo

      ¡Excelente información Olegoana! Muchas gracias por tu aportación y por leernos. Un abrazo grande desde todo el equipo de “Madres Hoy”.

    2.    Macarena dijo

      ¡Wow! Olegoana, es algo en lo que ni siquiera pensamos porque nos subimos al carro de la rapidez pensando que es lo mejor, o simplemente lo normal… añade que vamos a 100 por hora y creemos ir lentos, que llevamos al niño al parque y en cinco minutos lo sacamos de ahí… ¡uf! que vidas tan irreales y tan superficiales vivimos y les hacemos vivir.
      Un saludo.

  2.   Macarena dijo

    Una reflexión muy necesaria: yo me tomo la vida más en calma que deprisa, y aún así, aún hay mucha calma que recuperar en mi interior. A los bebés se les pasa la vida sin estar en contacto con sus padres, a los niños se les pasa la vida sin vivir su infancia. Vivimos en un mundo enfermo que nos enferma 🙁

    ¡Gracias!

    1.    Valeria Sabater dijo

      Totalmente de acuerdo con tus comentarios Macarena. Cuando trabajaba en una academia de apoyo escolar recuerdo a los padres, dando prisa a los niños para que merendaran rápido para entrar a clase. Después, nosotros les apremiábamos a que acabaran pronto los deberes y los ejercicios… Los niños estaban taaan cansados que muchos reaccionaban de forma inversa, es decir “con hiperactividad, subiéndose por las paredes”. Y la cosa sigue igual… y lo que es más preocupante: es prácticamente imposible mejorar esta situación. Tendríamos que partir de “0”.
      ¡Un abrazo Macarena!

  3. Me alenta mucho leerte Vsleria. Ys viví con mis hijos su crianza enfocada en ellos. Ahora que ya son adultos jóvenes, estoy buscsndo como Yo resurlvo mi rutina, mi trsbajo en esa armonía. Grscias!! Profundicemos un ppco mas allá sobre el Valor de la Lentitud en los momentos y áreas de nuestra vida. Rossana

    1.    Macarena dijo

      Rossana… muchísimas gracias por comentar, y por contarnos tu valiosa experiencia <3

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