«Soy madre y me siento sola». ¿Has tenido alguna vez esta sensación? Es una frase que muchas mujeres piensan en silencio, a veces con culpa, a veces con miedo, creyendo que algo va mal en ellas por sentirse así. Sin embargo, este sentimiento es mucho más frecuente de lo que parece, y forma parte de la experiencia de muchísimas madres, tanto si crían en pareja como si lo hacen en solitario.
Si es así no debes asustarte ni pensar que estás a punto de caer en una depresión. Sentirse sola no significa necesariamente estar enferma, sino que tu vida, tus circunstancias y tus emociones te piden un cambio, un apoyo o una nueva forma de cuidarte. Este sentimiento es muy común, en especial durante los primeros años de vida de nuestros hijos, cuando las exigencias son máximas y el tiempo para una misma parece desaparecer.
Sabemos de sobra que contamos con la ayuda de nuestra pareja, de nuestra familia o de algunas amistades; en teoría, el cuidado y la atención de nuestros hijos es tarea de todos. No obstante, en la práctica, la crianza en esas primeras etapas de vida de los niños recae casi en exclusiva en nosotras, especialmente cuando se trata de madres solas o cuando la corresponsabilidad no es real. Son momentos en que aparecen muchos pensamientos, dudas y, sobre todo, sentimientos de soledad y agotamiento emocional.
En «Madres Hoy» queremos ofrecerte estrategias de afrontamiento específicas para madres que se sienten solas, ya sea porque crían sin pareja, porque su pareja no se implica o porque, aun acompañadas, viven la maternidad con una gran carga en silencio.
Razones por las que me siento sola

Las razones por las que puedes sentirte sola son múltiples y no tienen un mismo origen. No todas las madres viven la soledad de la misma manera ni por las mismas causas. Es importante entender que no estamos hablando sólo de la tristeza postparto que, en ocasiones, puede derivar en una depresión, sino de la sensación de «soledad» emocional, logística o vital que una madre puede sentir en un momento dado.
En el caso de las madres que crían solas, responsabilidad completa del hogar y la soledad suelen multiplicarse, porque se suma la responsabilidad completa del hogar, la crianza, lo económico y las decisiones importantes. A esto se puede sumar la falta de apoyo de la expareja, el chantaje emocional o incluso el abandono total de las responsabilidades parentales, una realidad que muchas mujeres han tenido que afrontar en pleno embarazo o durante los primeros meses de vida del bebé.
Algunas causas frecuentes, a modo de ejemplo, podrían ser las siguientes:
- Has dejado de trabajar o has cambiado de horario, tus rutinas han cambiado y pasas muchas horas sola en casa atendiendo a tus niños. Eres feliz, amas a tus hijos, sin embargo, notas un vacío, como si tu vida anterior hubiera desaparecido y no supieras muy bien quién eres ahora.
- Cuentas con la ayuda y el apoyo de tu pareja, pero no te sientes del todo comprendida o acompañada; hay aspectos de la crianza de tu bebé en los que te sientes sola, poco escuchada o poco valorada, como si la carga mental fuera sólo tuya.
- Es posible también que seas una madre joven. Es posible que tus amigas sigan con su vida de siempre, sus momentos de diversión, de estudio, de ocio y libertad, esa libertad que antes te caracterizaba y que ahora, de algún modo, ya no tienes. Percibes que mientras tú asumes nuevas responsabilidades (que te gustan y aceptas), otras personas parecen dejarte de lado porque ya no encajas en sus planes.
- En ocasiones también puede ocurrir que, por las razones que sean, afrontas la maternidad en soledad: tu pareja se marchó durante el embarazo, desapareció tras el parto o sólo acepta implicarse si mantenéis la relación de pareja. Esta forma de abandono deja una profunda huella emocional.
- Quizá has elegido ser madre soltera por decisión propia. Aunque es una elección consciente y empoderada, la presión social, la falta de comprensión del entorno y los prejuicios pueden hacer que te sientas juzgada, cuestionada o aislada, como si tu modelo de familia necesitara una justificación constante.
- Puede que percibas una gran inestabilidad económica, laboral o de vivienda. Las familias monoparentales suelen tener ingresos más bajos y más riesgo de estrés financiero, lo que se traduce en más carga mental y en la sensación de no poder “bajar la guardia” nunca.
En todos estos aspectos queda claro siempre un punto importante: podemos estar bien y sentir amor profundo por nuestros hijos; no hay necesariamente una crisis existencial ni un rechazo a la maternidad. Lo que ocurre es que, en muchos momentos, nos sentimos solas, desbordadas o sin red de apoyo suficiente, y es una sensación en ocasiones muy frustrante y dolorosa.
Qué hacer cada vez que me sienta sola durante la crianza de mis hijos

Sentirse sola no significa que estés fallando como madre. Significa que necesitas recursos, apoyo y estrategias de afrontamiento para sostener esta etapa tan intensa. A continuación encontrarás pautas prácticas que puedes adaptar a tu realidad, tanto si compartes crianza como si eres madre en solitario.
Evita las rutinas que te apagan (y crea otras que te nutran)
¿Evitar las rutinas teniendo hijos? Parece casi imposible, puesto que como ya sabemos, y en especial durante los primeros meses de vida de un niño, se necesitan rutinas y hábitos muy específicos para permitir su adecuado desarrollo: tomas, siestas, baños, horas de sueño…
La realidad es que estas rutinas son necesarias para el bebé, pero pueden volverse una prisión para ti si no incorporas pequeños cambios y espacios propios. Aunque los niños sean más activos a medida que crecen, muchas madres están obligadas a seguir horarios estrictos que incluso deben compaginar con su trabajo u otras responsabilidades. Es por ello que, al vernos sometidas a estos horarios repetitivos, acabamos viviendo días que parecen exactamente iguales unos a otros, lo que alimenta la sensación de aislamiento.
Toma nota de lo siguiente:
- Compagina las obligaciones de los niños con tu pareja u otros familiares si te es posible. Delegar no es fallar, es cuidar de tu salud física y emocional.
- Mentalízate de que cada día debe tener al menos un pequeño gesto diferente: algo nuevo que hagas por ti, por tu bienestar o por tu conexión con tus hijos. Un paseo distinto, una llamada, un café tranquila… Pequeños cambios generan sensación de vida propia.
- Sal a pasear con tu niño, permite que os dé el sol, acude a una cafetería con el carrito, queda con tus amistades, visita un parque nuevo: cambia de escenario para estimular tu mente y romper la monotonía.
- Si te es posible, apúntate a algún cursillo con tu bebé donde ambos podáis disfrutar de la experiencia: clases de natación para bebés, yoga y relajación, estimulación temprana o grupos de crianza. Son actividades muy gratificantes donde, además, podrás conocer a otras madres con las que compartir vivencias.

Para las madres solas, incorporar variaciones a la rutina es todavía más importante, porque toda la carga del día a día recae sobre una sola persona. Planificar pequeños momentos para ti, aunque sean de pocos minutos, y programar actividades fuera de casa ayuda a mantener una sensación de control y de vida más amplia que la maternidad.
Habla con alguien sobre cómo te sientes

Si te sientes sola, poner palabras a lo que te pasa es un primer gran paso de cuidado emocional. Guardártelo todo para ti puede hacer que la tristeza y el resentimiento crezcan hasta convertirse en un malestar mucho más profundo.
Si tienes pareja, háblalo con ella. Lo más probable es que exista algún problema de base que conviene afrontar cuanto antes:
- Puede que estés asumiendo demasiadas responsabilidades y notes que tu pareja no está al mismo nivel de implicación. No lo veas sólo como algo negativo; en ocasiones, las madres tendemos a controlar muchos de los aspectos de la crianza y, sin querer, los padres quedan en un lugar secundario por inseguridad o por no saber cómo hacerlo.
- Establece un diálogo sincero con tu pareja. No esperes a que la otra persona intuya lo que te ocurre: es necesario construir una comunicación afectiva clara, donde puedas expresar tu cansancio, tus miedos y tus necesidades. Si te callas lo que sientes, acumularás rencor y tristezas, y poco a poco la indefensión puede conducirte a una depresión.
Cuando eres madre sola, esta conversación no se tiene con una pareja, pero sigue siendo fundamental hablar. Puedes hacerlo con una amiga de confianza, con un familiar cercano, con otras madres que estén en tu misma situación o con una profesional de la psicología. Tener un espacio seguro y neutral donde volcar tus emociones, como contaban algunas madres que acudieron a terapia tras ser abandonadas en el embarazo, ayuda a:
- Romper la culpa y dejar de pensar que lo que ocurrió fue culpa tuya.
- Distinguir entre lo que te han dicho y lo que realmente eres.
- Comprender que eres capaz de seguir adelante con tu hijo o tu hija, aunque no fuera el plan que imaginaste.
Buscar ayuda profesional no es un signo de debilidad, sino una muestra de responsabilidad contigo misma y con tus hijos. A veces, un acompañamiento psicológico a tiempo marca la diferencia entre vivir el embarazo y la crianza como un túnel oscuro o como un camino difícil, pero con luz y apoyo.
Estrategias emocionales para afrontar la maternidad en solitario
Cuando la maternidad se vive sin pareja, por decisión propia o por circunstancias dolorosas, aprendizajes clave suelen aparecer: es muy habitual sentir miedo, incertidumbre y soledad. Sin embargo, muchas madres solas coinciden en varios aprendizajes clave que pueden ayudarte:
- Validar tus emociones: permitirte estar triste, enfadada, cansada o desbordada sin juzgarte. No tienes que ser fuerte todo el tiempo.
- Reforzar tu independencia emocional: recordar que no necesitas mantener una relación de pareja dañina para no quedarte sola; puedes construir una vida plena contigo y tu hijo, y rodearte de personas que sí te respeten.
- Buscar apoyos reales: familia, amistades, grupos de madres, asociaciones de familias monoparentales, servicios sociales o profesionales de la salud mental. La red de apoyo no tiene por qué ser una pareja.
- Crear un relato positivo para tu hijo: explicarle, cuando tenga la edad adecuada, que su familia es diferente, pero igualmente válida, y que tu decisión de seguir adelante también fue un acto de amor hacia él o ella.
Muchas madres solas descubren con el tiempo que son más fuertes de lo que imaginaban y que la maternidad sin pareja puede ser también un espacio de libertad, de crecimiento personal y de ejemplo de independencia para sus hijos.
Eres madre y una mujer que debe seguir fomentando su crecimiento personal

Eres madre, tu prioridad son tus hijos y eso lo tienes claro. Ahora bien, no puedes desaparecer como mujer, como persona y como profesional. Cuidar de tu crecimiento personal es una parte esencial de tu salud mental y del bienestar de tu familia.
- En ocasiones, muchas madres llegan a pensar que con el nacimiento de su hijo sus vidas profesionales han terminado, o al menos, sienten que se cierran muchas puertas en las que habían soñado.
- No hay que llegar a estos extremos. Sabes que amas a tu hijo y que harás todo por él, pero eso no está reñido con seguir creciendo personal y profesionalmente. Puede llevar más tiempo, requerir más organización o apoyos, pero no es imposible.
- Puede que la razón por la que te sientes sola sea que percibes que tu vida “se ha detenido” de algún modo. No caigas en este error y recuerda que si tú no eres feliz y no te sientes bien contigo misma, es muy difícil que aportes bienestar a quienes te rodean.
En la práctica, cuidar tu desarrollo personal siendo madre sola o con poca red de apoyo implica:
- Reservar pequeños espacios para formarte, leer, aprender y cultivar tus intereses, aunque sea online o en microtalleres.
- Explorar opciones de trabajo flexible, emprendimiento o cambios laborales que respeten tu rol de madre y tus necesidades económicas.
- Rodearte de personas que valoren tu esfuerzo y no te hagan sentir culpable por no dedicar el 100% de tu tiempo exclusivamente a la maternidad.

Eres madre, has hecho de tus debilidades tus fortalezas y pocas cosas pueden detenerte. ¿La razón? Tus hijos. Ellos son el motor por el que seguir avanzando, por el que seguir creciendo cada día para sentirte orgullosa de la vida que construyes y, desde ahí, ofrecerles un entorno lo más seguro y amoroso posible.
Autocuidado y bienestar para madres que se sienten solas
Cuando toda la atención se centra en los hijos, el autocuidado suele quedar en último lugar. Sin embargo, descuidarte a ti misma aumenta el riesgo de estrés, ansiedad y agotamiento, y hace más difícil disfrutar de la maternidad.
- Alimentación y descanso: intenta mantener una alimentación lo más equilibrada posible y respeta tus horas de sueño siempre que puedas. Dormir poco es habitual con bebés, pero buscar momentos de descanso y aceptar ayuda cuando puedas es clave.
- Movimiento y ejercicio: caminar con el carrito, hacer estiramientos suaves en casa, practicar alguna actividad adaptada a tu situación ayuda a descargar tensión y mejora tu estado de ánimo.
- Pequeños placeres diarios: una ducha tranquila, una infusión caliente, leer unas páginas de un libro, escuchar música… son microespacios de autocuidado que sostienen el día a día.
- Tiempo sin culpa: si alguien puede cuidar de tus hijos un rato, permítete descansar o hacer algo que te guste sin sentir que estás abandonando a nadie. Cuidarte tú también es cuidar de ellos.

Mindfulness, gestión emocional y pedir ayuda profesional
La maternidad puede ser una etapa de gran estrés, especialmente cuando se afronta en solitario o con poco apoyo. Existen herramientas psicológicas sencillas que pueden ayudarte a gestionar mejor la ansiedad y el agobio diario:
- Respiración profunda: dedicar unos minutos al día a respirar hondo, contando inhalaciones y exhalaciones, ayuda a calmar el sistema nervioso y a bajar la intensidad de las emociones.
- Relajación muscular: tensar y relajar grupos musculares de forma progresiva puede reducir molestias físicas asociadas al estrés, como dolores de cabeza o tensión en cuello y espalda.
- Escritura terapéutica: escribir cómo te sientes, qué te preocupa y qué agradeces cada día permite ordenar tus pensamientos y liberar emociones.
- Mindfulness en lo cotidiano: prestar atención plena a pequeños momentos con tu hijo (un abrazo, una risa, una comida juntos) sin pensar en lo siguiente que tienes que hacer, favorece una sensación de presencia y conexión que mitiga la soledad.
Cuando el estrés, la tristeza o la ansiedad se vuelven demasiado intensos o prolongados, pedir ayuda profesional es fundamental. Un psicólogo o psicóloga con experiencia en maternidad puede:
- Ayudarte a reconocer señales de sobrecarga emocional o depresión que quizá tú minimizas.
- Ofrecerte herramientas para afrontar la ruptura de pareja, el abandono o la falta de apoyo en pleno embarazo o crianza.
- Acompañarte a reconstruir tu autoestima y a tomar decisiones que protejan tu bienestar y el de tus hijos.
Red de apoyo, límites y educación emocional con tus hijos

El sentimiento de soledad es algo común en el ser humano, no es exclusivo de las madres ni de las madres solas. Entender esto puede ayudarte a no culpabilizarte por sentirte así.
- Ten presente que todas las madres han sentido alguna vez esa sensación: la de verse solas con la responsabilidad de la crianza, aunque estén en pareja.
- Recuerda que todas las personas, madres o no, hombres, mujeres, niños y ancianos, luchan cada día frente a esta sensación de desconexión en algún momento de sus vidas.
- La soledad que nos abraza de vez en cuando no es más que un aviso, una advertencia de que hay algo de nuestras vidas que debemos revisar: nuestras rutinas, nuestros apoyos, nuestros límites o nuestras expectativas.
Hacer pequeños cambios en la rutina puede ser suficiente para empezar a mejorar:
- Salir a pasear, cambiar tu rutina o tu ruta diaria.
- Hablar con otras madres y compartir la experiencia real, sin filtros; descubrirás que lo que te ocurre es más común de lo que piensas.
- Acudir a grupos de apoyo para madres solas o familias monoparentales, donde nadie cuestiona tu modelo de familia y puedes aprender estrategias prácticas de organización y manejo emocional.

No obstante, cuando te sientas sola también puedes coger a tus niños y hacer algo nuevo por ti y por ellos: pon música, salid a la terraza a tomar el sol, tomad un helado, improvisad un pequeño picnic en el salón… El sol sale cada día y siempre nos da motivos para sonreír, aunque el camino que estés recorriendo sea exigente.
La maternidad, vivida con apoyo o en solitario, es un viaje intenso donde se mezclan amor, cansancio, dudas y logros. Reconocer tu soledad, cuidarte, pedir ayuda y permitirte seguir creciendo como mujer son pasos valiosos para que tú y tus hijos podáis construir una vida llena de vínculos sanos, seguridad y esperanza.