Suicidio adolescente. Cómo ayudar a las familias a superar el duelo

La muerte autoinfringida de un, o una adolescentes por la desesperanza o frustración es devastadora para la familia, los amigos y la sociedad en general. El suicidio crea en padres, hermanos, compañeros, vecinos la sensación de culpa de si podrían haber hecho algo. Estas y otras cuestiones, vividas en el seno familiar, son muy difíciles de llevar, y te recomendamos, que si conoces a alguien en este caso, o tú misma, acudas a un profesional.

No obstante queremos abordar el tema del suicidio de un adolescente, desde el punto de vista de cómo afecta a la familia y, aportar ciertas ideas y pautas que puedan ayudar a salir adelante.

Iniciar el proceso de recuperación

Para los padres y hermanos la muerte de un adolescente es una pérdida indescriptible, que sí o sí marcará el resto de sus vidas. Hay sentimientos de pena que tal vez nunca desaparecerán, pero se pueden tomar algunas medidas que inician el proceso de recuperación.

No te aísles, mantén el contacto con los demás, la familia, amigos, vecinos. Rodéate de personas positivas que te muestren sus apoyo para hablar con ellas acerca de tu hijo y tus sentimientos. Todos los miembros de la familia están sufriendo y cada cual expresa su dolor de una manera. Es posible que los otros hijos, los hermanos y hermanas del suicida no quieran expresar sus sentimientos, para no llevar más carga a los padres.

Cuando lleguen fechas señaladas, navidades, cumpleaños, aniversarios, van a ser difíciles. Estos días hacen evidentes los sentimientos de pérdida y de ansiedad. Tratad estos días como decidáis, hay personas que pretenden aislarse en ellos y otras que necesitan el apoyo a modo de homenaje.

Es normal sentirse culpable y que te preguntes cómo o el porqué pudo pasar. Pero también es importante reconocer que es posible que no haya respuestas válidas para ti. Hay que llegar al punto de perdonar, tanto para al hijo como a ti misma, o a otros miembros de la familia.

Visibilización del suicidio adolescente

Piercings y tatuajes en adolescentes, cuando deben ser permisivos

El suicidio de niños y adolescentes no se visibiliza. En este sentido muchos familiares cuyos hijos se han suicidado destacan la importancia de rescatar sus historias y poner voz, nombre y ante los menores que se quitan la vida con el fin de ayudar a otros niños, adolescentes y a sus familias. Estas experiencias pueden ayudar a detectar señales que puedan impedir su suicidio y aprender a vivir tras el suicidio de un hijo o una hija.

En la mayoría de las ciudades y dentro de las Unidades de Salud Mental hay Grupos de Supervivientes FAeDS, Familiares y Allegados en Duelo por Suicidio. Es tarea fundamental de esos grupos trasmitir serenidad. Estos grupos no pretenden ahorrar procesos de duelo, ni precipitarse, sino acompañar.

A veces, ante el suicidio de un estudiante, las escuelas llevan a los centros consejeros, psicólogos o familiares mismos de niños que se han suicidado, para hablar con los estudiantes y ayudarlos a enfrentarlo. No olvide apoyar al adolescente que se enfrenta el suicidio de un amigo o compañero de la escuela, motívalo a hablar contigo o con otro adulto de confianza.

El estigma social del suicidio del adolescente

El estigma es un aspecto nada irrelevante. Aunque las cosas están cambiando, la mayoría de las familias viven el suicidio como un verdadero estigma que les llena de vergüenza y que no les es fácil sobrellevar. Este es un sentimiento que se crea, incluso aunque el entorno se evite todo señalamiento negativo y le trasmita todo el apoyo posible.

Por evitar este estigma, la familia a veces tiene la necesidad de ver la conducta de la víctima no como un suicidio, sino como una muerte accidental. Esto al final crea pautas de comunicación distorsionadas que buscan enmascarar una realidad extremadamente dolorosa. Así se fabrica un auténtico tabú respecto a lo que de verdad le ocurrió a la víctima. Se oculta la causa real de la muerte.

Se estima que el suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 24 años de edad, después de accidentes y homicidio. Y además por lo menos se hacen 25 intentos por cada suicidio consumado.


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