Secuestro digital de fotos de niños: riesgos reales, sharenting y cómo proteger a tu familia

  • El secuestro digital aprovecha fotos inocentes para crear perfiles falsos y juegos de rol; limita la exposición y configura la privacidad.
  • El sharenting multiplica la huella digital: existen riesgos de grooming, ciberbullying, deepfakes y extorsión con IA.
  • La imagen de los menores es dato personal: restringe el acceso, elimina metadatos, evita geolocalizar y usa baja resolución.
  • Si roban fotos: guarda pruebas, denuncia en la plataforma, acude a fuerzas de seguridad y a la AEPD; prioriza el bienestar del menor.

Secuestro digital de bebés

Imagina la siguiente escena: estás revisando los ‘me gusta’ en tu perfil de Instagram, sí en ese en el que publicas (casi) diariamente fotos de tu bebé. Te fijas en que las últimas imágenes que has subido están siendo valoradas positivamente por otro usuario; y una cosa lleva a la otra, ¿quién no curiosea en los perfiles de sus ‘amigos’ de Internet? Lo que va después te provoca un sentimiento de sorpresa, bueno no… te inquieta, quizás también te asuste un poco; en realidad llegas a sentir todas esas cosas cuando ves que esa persona tiene puestas las fotos de tu hijo / de tu hija, como si fueran propias. ¡Ah pero…! ¿no estaba todo inventado en cuanto a comportamientos aberrantes en red?, parece que no, ¡y lo que nos queda por ver!

La escena anterior no la he visto en una película de ficción, y tampoco la se soñado, mucho menos me la he inventado porque disfruto con estas cosas. Es totalmente real: la práctica se conoce como secuestro digital (secuestro virtual), en inglés ‘digital kidnapping’, y en Estados Unidos el número de casos cada vez es mayor. Siento mucho estar contándotelo, aborrezco que las personas estemos ‘perdiendo el norte’ y nos permitamos hacer un mal uso de fotos y contenidos ajenos, aunque por otra parte me veo obligada a conocerlo, por mi bien y el de los míos.

Para un padre sería horrible que a su hijo lo hubieran secuestrado, sin poderle proteger, y sin saber que le está ocurriendo; seguramente será una de las experiencias más angustiosas. ¿No sentiríamos algo parecido si secuestraran las fotos de los niños? Reconozco que jamás había leído sobre esto, ni sabía que la situación aún podía empeorar cuando las cuentas de los secuestradores se establecen específicamente a fin de animar a otros usuarios a participar en esta especie de juego de roles.

Se inventan identidades nuevas para los niños, se cuentan cosas sobre ellos (que pueden ser ficticias), y se comparten mediante hashtags como #babyrp (baby role playing), #adoptionrp, #orphanrp; una búsqueda rápida según estos criterios, te puede ofrecer más de 50.000 entradas. Suelen incluirse fotos de niños de corta edad y bebés, sin que sus papás verdaderos hayan dado permiso, ¡porque ni siquiera lo saben!

¿Pero por qué?

Secuestro digital de fotos de niños

El comportamiento se me antoja tremendamente enfermizo, y más si sé que entre los participantes en esta especie de juego, se reparten roles: el que ofrece al bebé, el que quiere ser su adoptante (¡qué horror!); he leído que tales comportamientos no son ilegales, pero es un problema medir la importancia de las cosas en función de la legalidad, y no de la ética. ¿Además qué hay de la privacidad?, de esto os hablo más abajo cuando detalle las formas que tienes de evitar estos hechos.

Sin embargo, lo medios consultados, señalan que algunos participantes / jugadores pueden llegar a realizar fantasías sexuales utilizando estas fotos, que es justamente el temor que tendríamos si nos ocurriera. Y ahora, antes de irte corriendo a eliminar las fotos de tus niños en tus cuentas (5 o 10 minutos más no te suponen nada), lee a continuación.

Esto lo tenemos que parar

Secuestro digital y redes sociales

Internet nos ha cambiado la vida, y tenemos que pensar que para bien, pero sólo será así si actuamos con cautela respecto a nuestros propios contenidos, con respeto hacia los demás, y con la responsabilidad de poder actuar ante contenidos inapropiados. Lo sabrás, y si no te lo cuento yo: tienes la posibilidad de interactuar a través de los servicios que las plataformas (léase Redes Sociales) te posibilitan para controlar tu información personal.

Del material de un curso que he finalizado este verano, y relacionado con la gestión de riesgos TIC, os pego a continuación una frase que que llama a la reflexión:

La falta de privacidad en Internet es una realidad que ya está haciendo cambiar las vidas de todos, creando víctimas y teniendo consecuencias muy graves en personas que, sin saberlo, han hecho de su vida algo público. Así, los términos de ciudadanía y vida social han cambiado rápidamente en la era digital, observándose una tendencia hacia el uso de formas públicas como modalidad por defecto frente a una disminución del empleo de estrategias de comunicación privadas

Quédate con el final: estamos dejando de tener una ciudadanía y vida social privadas para convertirlas en públicas, ¿hemos sopesado antes el coste que ello pueda tener? Nos gusta mucho exponer la vida privada de nuestros hijos (como si fuera nuestra) y nos encanta tener 20 comentarios diciendo: ‘¡que guapa tu niña!’, ‘¡que bebé tan simpático!’… el ego nos atrapa y nos lleva dónde quiere. Por otra parte es natural querer hablar de ellos, pero no es lo mismo que se lo contaras a tu mejor amiga por teléfono, o a la vecina por el balcón, que soltarlo en tu muro (y no me exculpo). Como no es lo mismo contar para buscar consejo un problema de tu niña con sus compañeros de clase, que hacerlo con pelos y señales ¡y delante de 400 personas! Es para pensarlo.


Recomendaciones de seguridad

Consejos de seguridad para fotos de niños

No publiques fotos de tus hijos y no hagas comentarios privados sobre ellos. Pero si esto te parece exagerado:

  • Configura BIEN las opciones de privacidad en tu perfil, y revisa esta configuración periódicamente.
  • Somos mayorcitos para que nos digan: ‘no agregues a nadie que no conozcas personalmente’, pero si que puedes tener referencias sobre los futuros contactos. El que comparte 19 amistades contigo, el que es amigo de la infancia, el que te ha recomendado tu hermano, el que pertenece a una asociación con la que quieras comentar por un tema concreto.
  • Piensa antes de publicar, piensa antes de compartir.
  • No olvides que una vez publiques una foto, no tienes ningún control sobre ella.
  • Si subes fotos, asegúrate de que nadie pudiera localizar a tu hijo en la vida real (¿qué datos tuyos forman parte del perfil? ¿utilizas la función de localización?).
  • Las imágenes – a poder ser – de baja resolución.
  • Nada de fotos de los niños desnudos.
  • Descárgate una aplicación que te permita insertar una marca de agua a las fotos, algo así como indicar que la foto la has hecho tú, que te pertenece. Esto puede desalentar a quien quiera apropiarse de la imagen, porque está tratada.
  • No compartas fotos ajenas sin permiso de los padres del niño.
  • ‘Siempre nos quedará el correo electrónico’, digo esto porque para compartir con familiares y amigos existe esa posibilidad si te he desanimado.
  • Asegúrate de que todo el mundo es quien dice ser en los grupos de mensajería instantánea (whatsapp) en los que participas y compartes fotos.

Ten cuidado cuando subas fotos de los niños a las redes sociales ¿Sabes lo que es el secuestro digital?

¿Y cuál es la respuesta de los responsables de las redes sociales en las que ‘roban’ fotos de bebés ajenos? En el caso de la mamá de Dallas Diana Patterson, Facebook le comunicó inicialmente que no se estaban infringiendo normas de la compañía, y además el contacto (de nombre ficticio Figueroa) la bloqueó cuando ella intentaba hacerle ver lo inapropiado de su acción. Sin embargo tras la publicación de la noticia por parte de los medios de información, la red social actuó, al fin y al cabo se re elaboran las medidas de seguridad con cierta frecuencia, ¿por qué no hacerlo con más énfasis cuándo se traba de niños?

Imagen– (la primera) umpcportal.com.

Sharenting: exposición cotidiana con riesgos reales

El sharenting es el hábito de madres, padres o cuidadores de compartir de forma habitual imágenes, vídeos e historias de sus hijos. Es una costumbre muy extendida que, aun naciendo del orgullo y el afecto, aumenta la huella digital de los menores y abre puertas a usos no deseados. Investigaciones académicas y de organizaciones especializadas han detectado que una gran mayoría de imágenes incautadas en archivos de delincuentes sexuales son fotos no sexualizadas extraídas de redes sociales y álbumes familiares. Esta realidad desmiente la falsa seguridad de que “si la foto es inocente, no hay riesgo”.

Además, entidades internacionales dedicadas a la protección de la infancia señalan que los contenidos asociados al abuso sexual infantil han crecido de forma exponencial en la última década. En ese aumento influye el volumen de publicaciones: cada día se suben a redes cantidades masivas de fotos y vídeos, y un porcentaje relevante corresponde a menores en situaciones cotidianas (cumpleaños, playa, colegio). Aunque la intención sea positiva, el alcance fuera del círculo cercano es impredecible.

Los cuerpos policiales y expertos en cibercrimen advierten de varios vectores de riesgo: almacenamiento y redistribución de imágenes por grupos delictivos; creación de perfiles falsos para acercarse a los menores (grooming); y ingeniería social dirigida a familias aprovechando datos visibles en publicaciones. Incluso la foto de perfil en apps de mensajería puede exponer al menor si el número se agrega en agendas ajenas y la visibilidad es pública.

En el plano jurídico, la imagen es un dato personal: su tratamiento por terceros sin base legal o sin consentimiento es ilícito. De ahí la recomendación de restringir la visibilidad de publicaciones, limitar contactos a personas conocidas y revisar periódicamente quién puede ver, comentar o descargar.

¿Cómo operan los secuestradores digitales y qué señales vigilar?

El secuestro digital se apoya en la recolección sistemática de material público: perfiles abiertos, etiquetas con nombres, ubicaciones y fotos de alta calidad. Con ese contenido, los agresores crean identidades falsas del menor, lo integran en “juegos de rol” (#babyrp, #adoptionrp, #orphanrp) o montan cuentas espejo que aparentan ser del entorno familiar. A veces cambian el nombre del niño, inventan biografías y simulan vínculos emocionales para captar audiencia o para fines delictivos.

Señales de alerta: aparición de likes o comentarios reiterados de cuentas desconocidas en fotos de tus hijos; seguidores sin relación con tu red real; uso de tus imágenes por terceros (búsquedas inversas pueden detectarlo); perfiles que piden más contenido o información sobre rutinas, colegio o aficiones. En comunidades de role-play, los organizadores asignan “roles” y tramas a partir de fotos ajenas, dinamizan la participación e invitan a normalizar la apropiación de identidad.

El paso siguiente puede ser la extorsión (amenaza de difundir imágenes si no se entregue más material o dinero), la captación del menor con perfiles “de su edad”, o la venta de paquetes de fotos en foros ocultos. La línea entre el “juego de rol” y el abuso de datos personales se cruza con rapidez.

Riesgos impulsados por la inteligencia artificial

La irrupción de herramientas de inteligencia artificial generativa ha reducido la barrera técnica para crear deepfakes a partir de fotos normales. Con una sola imagen donde el menor aparezca de frente, algunos delincuentes pueden fabricar vídeos falsos altamente verosímiles. También existen modelos de clonación de voz que, con pocos segundos de audio, permiten simular llamadas o mensajes del menor. Estos usos pueden desencadenar chantajes, fraudes o suplantaciones con gran impacto emocional en la familia.

Otra técnica es el morphing: la manipulación para que el menor parezca estar en una situación que nunca ocurrió. Y aun sin manipulación, basta con extraer fragmentos de fotos (manos, rostro) para recombinarlos en contenidos dañinos. Por eso, es clave reducir la resolución de lo que se comparte, desactivar metadatos y evitar fondos que den pistas del entorno real.

Otros peligros asociados a publicar datos e imágenes

Más allá del secuestro digital, hay riesgos colaterales que se pasan por alto. Uno frecuente es el uso de datos implícitos en las fotos: edad aproximada, colegio (por uniformes o escudos), lugares habituales, nombre del club o del equipo, matrículas o calles reconocibles. Esa información sirve para estafas de “secuestro virtual” y para ataques dirigidos de ingeniería social.

Otra amenaza es la debilidad de contraseñas basadas en fechas de cumpleaños visibles en publicaciones. Fechas, mascotas, colores y deportes mencionados en los perfiles se convierten en pistas para ataques de diccionario. La solución pasa por contraseñas robustas y únicas, gestor de contraseñas y doble factor de autenticación en todas las cuentas.

En el plano emocional, compartir escenas “graciosas” o vergonzosas puede derivar en memes y ciberbullying cuando el entorno escolar accede al contenido. Informes con población infantil y adolescente muestran que una parte significativa de los menores se avergüenza o se angustia por publicaciones parentales. La exposición sostenida impacta en autoestima, confianza y relaciones con iguales y adultos.

También existe el impacto reputacional a largo plazo: la huella digital creada por terceros (incluidos los padres) acompaña a la persona en procesos académicos y laborales. Ya hay casos de jóvenes que han reclamado o denunciado a sus progenitores por la difusión de su imagen sin consentimiento durante la infancia.

Derechos de imagen y marco legal básico

La imagen de un menor es un dato personal especialmente sensible. In muchos países, el tratamiento de estos datos requiere consentimiento expreso de los representantes legales y debe respetar el interés superior del menor. La normativa de protección de datos y de protección jurídica de la infancia reconoce el derecho a la intimidad, al honor y a la propia imagen de niños y adolescentes. Si un tercero usa la imagen sin base jurídica, incurre en tratamiento ilícito de datos.

Cuando hay monetización (cuentas “family vlog” o niños influencers), algunos estados y países han comenzado a regular la explotación comercial de la imagen de los menores, obligando a reservar parte de los ingresos para ellos y a establecer salvaguardas laborales y de privacidad. La tendencia internacional también apunta a limitar la sobreexposición y a reforzar los mecanismos de denuncia en plataformas.

Sharenting en escuelas y actividades extraescolares

Numerosos centros educativos publican en webs y redes sociales galerías con fotos reconocibles del alumnado. Aunque la intención sea mostrar proyectos y logros, esta práctica expone a menores a una difusión incontrolada. Muchas familias optan por no ceder derechos de imagen por este motivo. La buena práctica consiste en usar canales privados con acceso restringido, aplicar pixelado cuando sea necesario, y ofrecer alternativas inclusivas que no discriminen al alumnado cuyas familias no autorizan la publicación.

La educación en ciudadanía digital debe incluir a toda la comunidad: equipos directivos, docentes, familias y estudiantes. Las escuelas pueden ser modelo si adoptan políticas de privacidad claras, minimizan datos y aplican el criterio de “necesidad de publicar” frente a la costumbre de documentarlo todo.

Plan de respuesta: qué hacer si roban fotos de tus hijos

Si detectas que están usando fotos de tus hijos sin permiso, actúa con rapidez y método:

  1. Recopila pruebas: capturas de pantalla con URL, fecha y hora. Evita interactuar de forma hostil con el infractor para no alertarlo y que borre evidencias.
  2. Denuncia en la plataforma: usa las opciones de report por suplantación, uso indebido de imagen de menores o explotación. Solicita retirada urgente de contenidos y cierre de la cuenta.
  3. Acude a las autoridades: en España, contacta con el Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil o la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta de la Policía Nacional. Para situaciones de acoso escolar, también puedes contar con la Fundación ANAR.
  4. Protección de datos: tramita la retirada de contenidos y el bloqueo de tratamiento de datos ante la Agencia Española de Protección de Datos cuando proceda.
  5. Atención al menor: si ha habido exposición violenta o humillante, busca apoyo psicológico y comunica al centro educativo si hay impacto en la convivencia escolar.
  6. Teléfono de ayuda: recuerda que el 900 018 018 es un recurso de atención frente al acoso y otros riesgos para menores.

Para casos con conexiones internacionales, valora reportar a organizaciones especializadas en explotación infantil en línea. En todos los escenarios, documenta cada paso y evita por tu cuenta tácticas que puedan entorpecer la investigación.

Buenas prácticas avanzadas para familias

Además de lo ya recomendado, adopta medidas que elevan la protección:

  • Privacidad por defecto: perfiles cerrados, listas de mejores amigos y revisión trimestral de permisos.
  • Menos es más: evita nombres completos, uniformes, matrículas, direcciones, horarios y etiquetas geográficas. Desactiva geolocalización y elimina metadatos EXIF antes de publicar.
  • Resolución y recortes: sube imágenes con baja resolución, recorta fondos y procura que no aparezcan otros menores sin permiso expreso.
  • Marca de agua discreta: desincentiva la reutilización y facilita la atribución si hay abuso.
  • Álbumes privados: usa espacios con contraseña para familiares (no enlaces públicos). Valora compartir por correo electrónico o servicios cifrados.
  • Higiene de contactos: limpia tu agenda de desconocidos; desactiva que “cualquiera” pueda ver tu foto de perfil en mensajería; supervisa quién puede reenviar tus historias.
  • Seguridad técnica: contraseñas únicas, gestor de contraseñas, 2FA y alertas de inicio de sesión. Activa revisiones de sesiones abiertas.
  • Acuerdos familiares: pacta reglas sobre qué se publica, pide consentimiento al menor cuando tenga edad suficiente y respeta su derecho a no ser expuesto.
  • Educación digital: conversa sobre grooming, privacidad y cómo pedir ayuda. Enséñales a no compartir fotos con desconocidos ni aceptar convocatorias fuera de la app.

Cuidar la imagen de la infancia en la red exige cabeza fría, empatía y criterio: publicar menos y mejor, revisar lo configurado y reaccionar a tiempo ante abusos. La tecnología cambia, pero la pauta que más protege permanece: pon el interés del menor por delante de la validación social y construye una cultura familiar donde la privacidad sea parte del cariño que les ofrecemos.