Hace años tuve la oportunidad de poder trabajar con niños que presentaban necesidades educativas especiales y pude comprobar de primera mano cómo las Terapias Asistidas con Animales (TAA) les ayudaban enormemente. En algunos casos, mejoraban el control de la postura corporal en niños con problemas físicos que trabajaban con caballos (hipoterapia) y, en otros, contribuían a que los pequeños superasen miedos intensos gracias a la terapia con perros (caninoterapia). Pero el mundo de las terapias asistidas con animales es mucho más amplio y el poder terapéutico que pueden llegar a tener es realmente sorprendente.
Desde que el ser humano empezó a civilizarse, personas y animales han compartido un vínculo emocional muy profundo y, a lo largo de los siglos, esta unión ha sido una fuente de consuelo y alivio para quienes sufrían dolor físico o emocional. La relación entre el animal y la persona tiene un gran potencial curativo y educativo. Los animales pueden convertirse en maestros excepcionales si se les da la oportunidad.
Las terapias asistidas con animales

Existen evidencias científicas que demuestran que las terapias asistidas con animales (se llaman “asistidas” porque siempre hay un profesional que guía y organiza las intervenciones) ayudan a niños que han sufrido abuso, abandono o situaciones familiares complejas, a pequeños sometidos a quimioterapia u otros tratamientos médicos invasivos, así como a menores con trastornos del desarrollo o dificultades emocionales. Muchos adultos con secuelas psicológicas o físicas también se benefician de este tipo de intervenciones.

Cada vez más profesionales de la psicología, la educación, la fisioterapia o la enfermería se especializan en intervenciones asistidas con animales para mejorar la salud y el bienestar de las personas y, en este caso, de los niños. La práctica continuada y un buen seguimiento de las sesiones son esenciales para que los pequeños consigan avances significativos, teniendo en cuenta que los animales pueden ayudarnos en muchos ámbitos: cognitivo, emocional, social y físico.
En las Terapias Asistidas por Animales (TAA) se utilizan animales entrenados específicamente para mejorar el bienestar físico, emocional y social de una persona. En el caso de la infancia, estas terapias pueden favorecer una mayor autoestima, la reducción de la ansiedad, una mejor regulación emocional y una mayor motivación para participar en otros tratamientos. Muchos estudios han encontrado que la simple presencia de un animal amable y entrenado facilita la apertura en la comunicación y acelera la adherencia a los procesos de rehabilitación.
Se suele diferenciar entre actividades asistidas por animales (por ejemplo, las que se realizan con perros de visita a hospitales o perros guía para personas con discapacidad visual) y la terapia asistida propiamente dicha, en la que se trabaja con un programa estructurado, objetivos definidos y un registro de evolución en aspectos tanto psicológicos como físicos.
Condiciones donde la TAA puede ayudar en la salud

Las investigaciones muestran que los animales tienen un efecto calmante en las personas: ayudan a reducir la presión arterial, la frecuencia cardiaca y los niveles de estrés y ansiedad. En el caso de los más pequeños, la relación con el animal se convierte en un poderoso incentivo para trabajar habilidades sociales positivas, reforzar la atención y mejorar su capacidad de autorregulación.
Muchos hospitales, unidades pediátricas, centros de neurorrehabilitación y residencias de mayores incorporan programas de TAA para disminuir la sensación de soledad e aislamiento, estimular la actividad mental a través del juego y favorecer una actitud más colaboradora ante otros tratamientos médicos o terapéuticos.

Los animales no juzgan las deformidades físicas, las cicatrices, las diferencias cognitivas o cualquier otro tipo de dificultad. Para ellos, lo importante es el vínculo afectivo, la interacción y la seguridad. Esto transmite a los niños un potente mensaje de aceptación incondicional, algo especialmente valioso para quienes han sufrido rechazo o discriminación. Por eso, los pequeños son grandes beneficiarios de las TAA, pero también cualquier persona, tenga o no una dolencia específica, puede disfrutar de sus efectos positivos sobre el bienestar.
¿En qué casos está indicada la terapia asistida con animales para niños?

Dentro del ámbito infantil, la TAA se ha mostrado especialmente útil en una gran variedad de perfiles. Entre otros, pueden beneficiarse de estos programas niños:
- Huérfanos o con situaciones familiares complejas, que necesitan reforzar el sentimiento de seguridad y pertenencia.
- Con algún tipo de discapacidad física (parálisis cerebral, enfermedades neuromusculares, secuelas traumatológicas, etc.).
- Con discapacidad intelectual o trastornos del desarrollo que requieren apoyo global.
- Hospitalizados o sometidos a tratamientos médicos largos y difíciles.
- Con necesidades educativas especiales que afectan al aprendizaje o a la adaptación al entorno escolar.
- Con hiperactividad o Trastorno por Déficit de Atención (TDAH), que precisan trabajar la atención sostenida y el autocontrol.
- Con problemas de socialización, timidez extrema o dificultades para hacer amigos.
- En el espectro autista (TEA), incluyendo niños con autismo o Asperger.
- Con autoestima baja, inseguridad o tendencia a la desmotivación.
- Con trastornos emocionales, síntomas de ansiedad o depresión infantil.
Como precaución fundamental, suelen quedar fuera de estos programas los niños con alergia diagnosticada al tipo de animal que se utilizará (por ejemplo, perros o gatos), salvo que pueda realizarse la intervención con otra especie que no despierte reacción alérgica.
Las actividades en las Terapias Asistidas con Animales

Las actividades que se llevan a cabo en TAA proporcionan interacciones estructuradas en distintos entornos con el fin de mejorar la motivación, apoyar las actividades educativas o, sencillamente, permitir que niños (y adultos) se diviertan mientras se trabaja su calidad de vida. Estas intervenciones pueden ser puntuales o formar parte de un programa continuado, siempre guiado por un profesional cualificado.
Los niños suelen mostrar una gran afinidad por los animales, por lo que les resulta más sencillo expresarse y mostrar su mundo interno con ellos que con otros niños o con adultos. Los perros y los gatos se emplean a menudo para calmar a pequeños que han sufrido traumas físicos o emocionales. Sin embargo, la selección del animal y del tipo de actividad se realiza siempre en función de las necesidades concretas de cada menor.
Los niños que requieren apoyos más intensos (por ejemplo, con TEA o discapacidad intelectual significativa) precisan una preparación individualizada y objetivos bien definidos para que la terapia tenga el máximo impacto. La coordinación entre el equipo terapéutico, la familia y, cuando procede, el centro escolar, es clave para que lo trabajado con el animal se traslade a la vida cotidiana.
Tipos de actividades específicas que se utilizan en TAA
Además de las actividades generales de juego y cuidado, existen propuestas muy concretas para trabajar distintas áreas del desarrollo infantil:
- Actividades para mejorar la motricidad: acariciar al animal, cepillar su pelo, poner y quitar la correa, tirar de una pelota, participar en paseos o en pequeños circuitos de psicomotricidad guiados por el perro o realizados a lomos del caballo.
- Actividades para estimular la atención y la memoria: aprender el nombre de la mascota, recordar órdenes sencillas, identificar las partes del cuerpo del animal, inventar historias sobre lo que hace, o explicar cómo debe cuidarse.
- Actividades para estimular el lenguaje: pedir al niño que hable sobre el animal, que escriba un pequeño cuento, que le dé órdenes verbales y gestuales, o que describa en voz alta lo que está haciendo durante el juego.
- Actividades para mejorar las habilidades sociales: turnarse para acariciar o peinar al animal, explicar a otros compañeros cómo se siente el perro o el caballo, o participar en juegos grupales en los que todos colaboran.
- Actividades para reforzar la autoestima: asignar al niño el rol de “cuidador principal” en ciertos momentos, guiar al perro durante un ejercicio, lograr tareas con alta probabilidad de éxito que se acompañan de elogios específicos por parte del terapeuta y la familia.
- Actividades para fomentar la responsabilidad: encargarse de darle de comer, revisar que tenga agua, preparar el material (correa, cepillo, manta), o realizar pequeñas tareas de higiene y cuidado adecuadas a la edad.
- Actividades para el control psicofisiológico: ejercicios de relajación junto al animal, tumbarse a su lado para escuchar su respiración, practicar respiraciones profundas mientras se acaricia suavemente al perro o al caballo.
- Actividades para controlar la impulsividad: trabajar los tiempos de espera para poder interactuar con el animal, seguir una secuencia de instrucciones antes de iniciar el juego, o practicar el “espera” antes de darle una orden.
¿Qué hay que esperar de una terapia asistida con animales?

Son muchas las especies que se entrenan para participar en programas de TAA: desde perros y gatos hasta caballos o incluso delfines, además de pequeños mamíferos como conejos o cobayas. Cada animal aporta beneficios específicos y despierta diferentes motivaciones en los niños.
La terapia puede desarrollarse en una escuela, un hospital, una biblioteca, un centro de terapia especializado o instalaciones adaptadas (picaderos, centros con piscinas para delfinoterapia, etc.). El entorno se escoge para que el animal se sienta seguro y para que los niños puedan concentrarse en la interacción sin distracciones ni riesgos innecesarios.
Normalmente, los niños no necesitan una preparación especial para participar, ya que los animales han sido cuidadosamente adiestrados y los profesionales cuentan con un programa detallado según las características que se quieran trabajar (motricidad, lenguaje, conducta, emociones, etc.). En muchos casos, los terapeutas llevan a los animales a los lugares donde se encuentran los niños, sobre todo cuando se trata de perros o gatos, lo que facilita su integración en el día a día del centro escolar u hospitalario.
Cuando se trabaja con animales de mayor tamaño o que requieren instalaciones específicas, como los caballos o los delfines, suelen ser las familias quienes trasladan a los niños al centro especializado. Allí se organiza todo para que el menor pueda familiarizarse poco a poco con el animal, respetando siempre su ritmo individual.
Beneficios más destacados de la TAA en niños
A partir de la experiencia clínica y de numerosos estudios, se han observado múltiples beneficios en la infancia:
- Mayor atención y concentración: el animal se convierte en un foco de interés que ayuda al niño a mantenerse implicado más tiempo.
- Mejora del estado de ánimo: el juego con el animal suele generar alegría, curiosidad y motivación.
- Aumento de la actividad física: paseos, lanzamientos de pelota, ejercicios de equitación o actividades acuáticas.
- Refuerzo de los vínculos afectivos: el niño desarrolla una relación significativa con el animal y, a través de ella, con el terapeuta y el grupo.
- Desarrollo de habilidades sociales: práctica de la empatía, el respeto a los turnos, la cooperación y la comunicación.
- Reducción de agresividad y estrés: el contacto físico calmado y el juego estructurado facilitan la regulación emocional.
- Disminución de la impulsividad y mejora de la autodisciplina y el respeto a las normas sociales.
- Mejora del trabajo en equipo cuando las sesiones se realizan en formato grupal.
Tipos de terapias asistidas con animales más habituales

Dentro del paraguas de las intervenciones asistidas con animales, existen modalidades con características y objetivos distintos. Las más frecuentes en la infancia son:
Terapia asistida con perros
Los perros son los protagonistas en la mayoría de programas de TAA. Su carácter afectuoso, su capacidad para crear vínculos rápidos con las personas y su facilidad de entrenamiento los convierten en aliados excelentes. Se utilizan perros de compañía, de terapia y de asistencia, cada uno con un rol y un adiestramiento específicos.
- Los perros de compañía conviven con la familia y pueden ayudar a reducir la ansiedad y la sensación de soledad, siendo especialmente valiosos para niños con autismo o dificultades sociales.
- Los perros de terapia trabajan en sesiones dirigidas por profesionales para apoyar objetivos emocionales, cognitivos o sociales concretos (por ejemplo, con niños con Síndrome de Down o dificultades de aprendizaje).
- Los perros de asistencia han sido entrenados para ayudar a personas con movilidad reducida u otras discapacidades en actividades de la vida diaria, dentro y fuera del hogar.
Equinoterapia o hipoterapia
La equinoterapia, también conocida como hipoterapia, se basa en la interacción con caballos para mejorar, sobre todo, la motricidad, el equilibrio y la coordinación. El movimiento rítmico del caballo transmite impulsos al cinturón pélvico, la columna y las piernas del niño, estimulando el tono muscular y ayudando a regular la postura.
Además, el contacto con estos animales favorece una profunda conexión emocional, potencia la confianza en uno mismo y fomenta el respeto por la naturaleza y los seres vivos.
Terapia con pequeños animales
En algunos programas se emplean también pequeños mamíferos como conejos, cobayas o hámsteres. Estos animales son ideales para trabajar la sensibilidad al tacto, la responsabilidad y la capacidad de cuidado en niños más inseguros o con miedo a animales grandes. El manejo debe ser siempre muy cuidadoso para garantizar el bienestar del animal y la seguridad del niño.
Delfinoterapia
La delfinoterapia utiliza la interacción con delfines en el agua para estimular los sentidos y promover el bienestar emocional. Suele reservarse para programas muy específicos que cuentan con instalaciones adaptadas y equipos multidisciplinares. La experiencia en el agua, junto al animal, genera un entorno multisensorial muy motivador para niños con trastornos del desarrollo o necesidades sensoriales especiales.
La seguridad es muy importante

La seguridad en el trabajo con animales es un pilar fundamental. Es imprescindible asegurarse de que el profesional que dirige la intervención dispone de la formación adecuada y de que el animal ha sido adiestrado de forma específica para participar en contextos terapéuticos.
El animal debe estar al día de todas sus vacunas, desparasitación y controles veterinarios, y mantenerse en un óptimo estado de salud. Además, es importante que tenga un temperamento equilibrado, tolerancia a los ruidos, paciencia con los niños y una clara ausencia de agresividad.
Las terapias asistidas con animales siempre deberían ser desarrolladas por equipos certificados que incluyan, según el caso, psicólogos, pedagogos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, educadores caninos o especialistas en equitación terapéutica, entre otros.
Otros aspectos que se deben considerar
- Miedo a los animales: Los niños con miedo a los animales necesitan un trabajo previo con el especialista: visitas solo para observar al animal, conocerlo desde cierta distancia, ver cómo interactúa con otras personas… De este modo se evalúa la relación y se decide si es viable avanzar.
- Si el niño tiene alergias graves al animal previsto para la terapia, probablemente será necesario buscar otra especie o descartar la intervención.
- Cuando existen trastornos mentales graves o conductas muy desorganizadas, las actividades deben ajustarse con especial cuidado para garantizar la seguridad tanto del menor como del animal.
- Los niños con enfermedades médicas complejas o que están hospitalizados deben contar siempre con la autorización previa de su equipo médico antes de comenzar una TAA.
La terapia asistida con animales ofrece un modo cálido y motivador de acompañar a los niños en sus dificultades físicas, emocionales o sociales. Bien planificada, supervisada por profesionales y con animales correctamente entrenados, se convierte en una herramienta complementaria de gran valor que potencia otras intervenciones y enriquece la vida cotidiana de los pequeños y sus familias.
