La cesárea se ha convertido en una de las intervenciones más habituales en obstetricia. Hoy es un procedimiento muy extendido en los hospitales de los países desarrollados (todo lo que necesitas saber sobre la cesárea). De hecho, en pocas décadas se ha pasado de un 5% de nacimientos por cesárea a cifras que rondan o superan el 25%, muy por encima de lo que recomienda la OMS.
Aunque en la mayoría de los embarazos se intenta que el parto sea vaginal, la cesárea ha permitido salvar muchas vidas cuando surgen complicaciones para la madre o el bebé. Por eso es tan importante conocer cuándo está indicada, qué tipos de cesárea existen, cómo es la operación paso a paso, qué riesgos puede conllevar y qué cuidados necesita la cicatriz para recuperarse bien.
¿Qué es exactamente una cesárea?
La cesárea es una cirugía mayor abdominal cuyo objetivo es sacar al bebé y la placenta a través de una incisión en el abdomen y otra en el útero, en lugar de que el nacimiento se produzca por vía vaginal. Se realiza siempre en un quirófano, con estrictas medidas de desinfección y bajo anestesia regional (epidural o raquídea, lo más frecuente) o anestesia general en casos muy puntuales.
En condiciones normales, el parto vaginal es la vía preferente, ya que implica menos riesgos y una recuperación más rápida. Sin embargo, cuando la salud de la madre o del feto puede verse comprometida, la cesárea se convierte en la alternativa más segura. Esta intervención, bien indicada, reduce la mortalidad materna y perinatal en muchas situaciones de riesgo.
Durante la operación, una vez que la madre está correctamente anestesiada, el equipo médico realiza primero un corte en la piel y las capas del abdomen hasta llegar al útero. A continuación se practica una incisión en el segmento uterino (habitualmente la parte inferior del útero) y, a través de esa apertura, se extrae al bebé, se pinza y corta el cordón umbilical y, posteriormente, se retira la placenta.
Tras la extracción, se suturan el útero y las diferentes capas del abdomen con puntos que, en muchos casos, son reabsorbibles. La incisión de la piel se cierra de la forma más estética posible, ya sea con puntos, grapas o sutura intradérmica, con el objetivo de que la cicatriz sea resistente y lo más discreta que se pueda.
¿Cuándo está indicada una cesárea?
La indicación de una cesárea puede deberse a motivos maternos, fetales o mixtos, y puede aparecer tanto durante el embarazo como a lo largo del trabajo de parto. La decisión la toma el especialista, idealmente consensuada con la gestante, valorando los riesgos de continuar con el parto vaginal frente a los de realizar la cirugía.

Indicaciones relacionadas con la madre
Hay situaciones clínicas en las que el esfuerzo físico y el tiempo que supone un parto vaginal pueden suponer un riesgo importante para la salud de la madre, o en las que el paso del bebé por el canal del parto es inviable o muy peligroso.
Entre las indicaciones maternas más habituales se incluyen enfermedades cardíacas graves u otras patologías serias (cáncer, nefropatías avanzadas, cardiopatías descompensadas) en las que el esfuerzo del parto podría desestabilizar a la mujer. También pueden requerir cesárea las deformidades o estrechez de la pelvis, que impiden que la cabeza del bebé se adapte y descienda correctamente.
Se consideran indicación frecuente de cesárea las cirugías previas sobre el útero, como miomectomías profundas o varias cesáreas anteriores, por el posible riesgo de rotura uterina durante las contracciones. Asimismo, tumores o alteraciones en el cuello uterino, fístulas graves o ciertas infecciones genitales (como herpes activo o algunas infecciones de transmisión vertical) pueden hacer desaconsejable el parto vaginal.
Otras causas relacionadas con el curso del parto son la detención de la dilatación, el parto que no progresa, la rotura uterina inminente o ya establecida, o la imposibilidad de que el cuello del útero se dilate lo suficiente a pesar de un manejo adecuado.
Indicaciones relacionadas con el bebé
En otros casos, el motivo principal para realizar la cesárea tiene que ver con el estado del feto y su bienestar. Cuando se sospecha que el bebé puede sufrir si el parto continúa por vía vaginal, la cesárea puede ser la opción más segura.
Una de las indicaciones clásicas es la malposición fetal, como cuando el bebé viene de nalgas, en posición transversal o con los pies por delante. También se plantea en algunas malformaciones fetales, en gestaciones múltiples de alto riesgo (por ejemplo, trillizos o gemelos siameses) y cuando ha habido muertes fetales previas inexplicadas.
La desproporción cefalopélvica (un bebé demasiado grande para el tamaño de la pelvis materna) es otro motivo importante, al igual que los casos de placenta previa o de desprendimiento prematuro de la placenta, en los que el sangrado puede ser masivo y la vida del bebé estar en peligro.
Asimismo, situaciones como el prolapso del cordón umbilical (cuando el cordón desciende por delante de la cabeza del bebé), la bradicardia fetal mantenida o cualquier signo de sufrimiento fetal agudo hacen prioritaria la extracción rápida mediante cesárea para reducir al máximo el riesgo de falta de oxígeno.
Tipos de cesárea según el momento de la decisión
Una forma muy práctica de clasificar las cesáreas es la que tiene en cuenta cuándo se toma la decisión de realizarlas y el contexto en que se producen. Esto ayuda a entender por qué, a veces, una cesárea está muy planificada y, otras, se decide prácticamente sobre la marcha.
Cesárea electiva o programada
La cesárea electiva se decide antes de que empiece el trabajo de parto, normalmente porque existe una indicación médica clara: placenta previa, algunas presentaciones de nalgas, dos o más cesáreas previas, determinados problemas graves de salud materna o alteraciones del crecimiento fetal que aconsejan no arriesgarse con el parto vaginal. En muchos casos se habla también de cesárea programada cuando la intervención se organiza con antelación.
Lo habitual es programarla entre la semana 37 y 38 de gestación, cuando el feto está ya suficientemente maduro pero sin entrar en riesgo de que la madre se ponga de parto espontáneamente antes de la fecha prevista. Aunque durante un tiempo se abusó de este tipo de cesáreas, hoy en día las guías clínicas recomiendan reservarlas para indicaciones muy concretas, dado que no dejan de ser una cirugía mayor.
Cesárea intraparto o indicada durante el parto
En este grupo se incluyen las cesáreas que se deciden una vez que la madre ya ha comenzado con contracciones regulares y dilatación. A veces el parto se inicia de forma normal, pero surgen problemas como la detención de la dilatación, el descenso insuficiente de la cabeza del bebé, una desproporción cefalopélvica que no se había identificado antes, o señales de que el feto está sufriendo.
En estas situaciones, el equipo médico valora que continuar insistiendo en el parto vaginal podría aumentar los riesgos y opta por realizar una cesárea indicada durante el curso del parto. Suele haber margen para organizar el quirófano, aunque se actúa con relativa rapidez.
Cesárea urgente
La cesárea urgente es la que se realiza cuando existe un peligro inminente para la vida de la madre, del feto o de ambos, y es necesario sacar al bebé lo antes posible. Ejemplos típicos son un desprendimiento grave de placenta, una rotura uterina, un prolapso de cordón con sufrimiento fetal agudo o una hemorragia masiva.
En estos casos se prioriza la rapidez y la seguridad por encima de cualquier otra consideración, y a menudo se recurre a anestesia general para acortar tiempos si la situación lo requiere. Son los escenarios menos frecuentes, pero en los que la cesárea literalmente salva vidas.
Cesárea por petición materna
En algunos centros se contempla la posibilidad de hacer una cesárea a petición de la madre, sin indicación médica clara. Esta decisión es controvertida, ya que la cirugía tiene más riesgos que el parto vaginal. Cuando se acepta, suele exigirse que no se programe antes de las 39 semanas para minimizar problemas respiratorios en el recién nacido y siempre tras una información muy completa de pros y contras.
Tipos de cesárea según el corte en el útero y el abdomen
Otra clasificación muy importante es la que se basa en la zona y la forma de la incisión uterina. Esto influye no solo en la cirugía en sí, sino también en el riesgo de rotura en futuros embarazos y en el tipo de cicatriz interna que quedará.
Cesárea segmentaria: la más frecuente
La gran mayoría de las cesáreas actuales son segmentarias, es decir, el corte se realiza en el segmento inferior del útero. Esta zona tiene menos fibras musculares, sangra menos y cicatriza mejor, de modo que el riesgo de complicaciones y de rotura uterina posterior es mucho menor que con la cesárea corporal clásica.
Dentro de la cesárea segmentaria se distinguen varios tipos de incisión:
- Incisión horizontal o transversal baja: es la más utilizada. Se conoce popularmente como “corte bikini” cuando hablamos de la cicatriz externa, ya que queda justo por encima del pubis. Daña menos fibras, provoca menor hemorragia y deja una cicatriz más resistente y discreta.
- Incisión vertical en el segmento inferior: hoy en día se intenta evitar y se reserva para casos especiales, como algunas placentas previas o situaciones anatómicas complejas. Afecta a más fibras musculares y la cicatriz puede ser más vulnerable y visible.
- Incisión en forma de T: combina un corte horizontal con otro vertical para conseguir una apertura mayor. Se utiliza en casos muy seleccionados, por ejemplo, cuando el bebé es muy grande, se presenta de nalgas o es un prematuro con dificultades para la extracción.
Cesárea corporal o clásica
La cesárea corporal, también llamada clásica, es hoy en día muy poco frecuente por los riesgos que conlleva. En este caso, la incisión se hace de forma longitudinal en la parte alta del útero, atravesando la musculatura de manera perpendicular a la mayoría de las fibras. Esto favorece hemorragias más importantes y deja una cicatriz interna frágil, con un riesgo de rotura uterina en futuros embarazos que puede llegar al 4-9%, frente a menos del 1% con la cesárea segmentaria.
Aun así, todavía puede estar indicada en algunas situaciones difíciles: miomas voluminosos o adherencias que impiden acceder al segmento inferior, grandes varices, carcinomas de cérvix que afectan al segmento, necesidad de histerectomía programada junto con la cesárea, cesárea corporal previa o gestaciones muy prematuras que se finalizan por vía abdominal y en las que el segmento inferior aún no está bien formado.
Es importante recordar que la cicatriz visible en la piel (horizontal tipo bikini o vertical media infraumbilical) no siempre coincide con el tipo de incisión uterina realizada. La incisión cutánea más utilizada es la horizontal por motivos estéticos, aunque la vertical media infraumbilical puede ser más rápida y sencilla en emergencias.
Tipos de cesárea según antecedentes obstétricos
Otra forma de clasificar las cesáreas es atendiendo a si se trata de la primera intervención o de una repetición. Esto es relevante porque cada cicatriz uterina previa influye en la planificación de futuros embarazos y partos.
Se distinguen fundamentalmente tres grupos de cesárea según los antecedentes:
- Primera cesárea: es la primera vez que la mujer da a luz mediante esta intervención.
- Cesárea previa o repetida: la mujer ya ha tenido una cesárea antes y vuelve a precisar otra, por indicación médica en el embarazo actual.
- Cesárea iterativa: se habla de cesárea iterativa cuando la mujer se somete a esta cirugía por tercera, cuarta vez o más.
Durante años se pensó que, tras una cesárea, la opción más segura era repetir siempre la cirugía. Sin embargo, los estudios han demostrado que, en muchas mujeres con cesárea segmentaria previa, es posible intentar un parto vaginal con un control estrecho, con tasas altas de éxito y sin aumentar de forma significativa el riesgo de rotura uterina.
Cómo se realiza una cesárea paso a paso
Aunque cada hospital puede tener pequeños matices en su protocolo, el procedimiento de una cesárea suele seguir una secuencia bastante estandarizada. De forma general, los pasos serían los siguientes:
- Se administra la anestesia (general, epidural o raquídea). Hoy en día se prefiere la epidural o la raquídea para que la madre esté despierta y pueda vivir el nacimiento.
- Se rasura, si es necesario, la zona del pubis y se desinfecta el abdomen con soluciones antisépticas.
- Se colocan campos estériles y una sábana a la altura del pecho de la madre, de modo que no vea la zona de la intervención, aunque pueda hablar y estar acompañada en muchos casos.
- Se realiza la incisión cutánea (generalmente transversal baja, la del “bikini”) y se van abriendo de forma ordenada las sucesivas capas de tejido hasta llegar al útero.
- Se practica la incisión uterina en el segmento inferior (segmentaria) y se rompe la bolsa amniótica si aún está íntegra.
- Se extrae al bebé mediante maniobras suaves, a veces ayudándose de fórceps o ventosa. En muchos centros se baja un poco la sábana para que la madre pueda ver la salida del bebé.
- Se pinza y corta el cordón umbilical y se realiza la primera valoración del recién nacido. Siempre que la situación lo permita, se favorece el contacto piel con piel con la madre lo antes posible.
- Se extrae la placenta y se revisa el útero para comprobar que no queden restos.
- Se cierra el útero con sutura reabsorbible y, después, las distintas capas del abdomen, finalizando con la piel.
En manos experimentadas y sin complicaciones, la extracción del bebé y la placenta suele llevar unos 15-20 minutos. El tiempo total de quirófano se alarga hasta los 45-60 minutos por el proceso de cierre y comprobación de que todo queda correctamente.
Riesgos y posibles complicaciones de la cesárea
Aunque la cesárea es hoy un procedimiento muy seguro, no hay que olvidar que se trata de una cirugía abdominal mayor. Por tanto, presenta más riesgos y un postoperatorio más incómodo que el parto vaginal, tanto para la madre como para el recién nacido.
Complicaciones maternas transoperatorias
Durante la intervención pueden aparecer eventos adversos como hemorragias importantes, lesiones accidentales de órganos vecinos (intestino, vejiga, uréteres) o desgarros hacia el cuello uterino. La anestesia, aunque está muy controlada, también puede ocasionar problemas respiratorios (hipoventilación, broncoconstricción) o episodios de hipotensión.
Complicaciones maternas postoperatorias
Tras la cesárea, las complicaciones se agrupan en inmediatas, mediatas y tardías. Entre las inmediatas se incluyen hemorragias persistentes, hematomas, lesiones de vejiga no detectadas en quirófano o, en casos muy graves, embolia de líquido amniótico.
En el periodo mediato pueden aparecer infecciones urinarias, anemia por la pérdida de sangre, infección de la herida quirúrgica o retención de restos placentarios. Más adelante, las complicaciones tardías incluyen abscesos, sepsis, fiebre puerperal, problemas de cicatrización de la herida o la temida ruptura uterina en posteriores gestaciones, sobre todo en cesáreas corporales o múltiples.
Riesgos para el bebé
Los recién nacidos por cesárea también pueden presentar algunas complicaciones específicas. Destaca el riesgo de problemas respiratorios transitorios, especialmente si la cesárea se realiza antes de las 39 semanas sin una clara indicación. Además, puede haber traumatismos leves durante la extracción, broncoaspiración de líquido amniótico o pequeños cortes accidentales con el bisturí.
Por otro lado, el bebé suele pasar algo más de tiempo separado de la madre en las primeras horas, lo que puede dificultar un poco el establecimiento del vínculo y el inicio de la lactancia, aunque muchos hospitales trabajan ya con protocolos de cesárea humanizada para reducir este problema.
Tipos de cicatrices de cesárea y cómo cuidarlas
La cicatriz externa de la cesárea suele ser una línea horizontal sobre el pubis, pensada para que quede oculta bajo la ropa interior. Sin embargo, no todas las cicatrices evolucionan igual: influyen la técnica de sutura, el tipo de piel, los cuidados posteriores y factores genéticos.
Tipos de cicatriz más frecuentes
En términos generales, pueden distinguirse dos grandes tipos de cicatrices problemáticas tras una cesárea:
- Cicatrices hipertróficas: son más gruesas y abultadas de lo normal, de tono rojizo, pero se mantienen dentro de los límites de la herida original. Suelen mejorar con el tiempo y con un buen manejo.
- Cicatrices queloides: se extienden más allá de la zona de la incisión, son más duras, sobreelevadas y con un proceso de cicatrización mucho más agresivo. Son más frecuentes en mujeres con piel oscura o con antecedentes personales de queloides.
La técnica de cierre también influye. Los estudios señalan que las suturas intradérmicas, que minimizan la tensión sobre la piel, reducen las complicaciones y dan un mejor resultado estético que otros métodos más sencillos.
Cuidados básicos de la herida de la cesárea
Para favorecer una buena cicatrización es fundamental seguir unas medidas de higiene y protección en las primeras semanas:
- Evitar movimientos bruscos y esfuerzos intensos, sobre todo los primeros días.
- No exponer la cicatriz al sol directamente, especialmente durante los primeros meses.
- Usar ropa interior cómoda, de algodón y holgada, que no presione ni roce la zona de la herida.
- Lavar la incisión con agua y jabón neutro, con cuidado, y secar con toques suaves, sin frotar.
- Vigilar que la herida no se enrojezca en exceso, no supure ni se abra; ante cualquier signo de infección, consultar al médico.
- Mantener un buen descanso y una hidratación adecuada, tanto de la piel como general.
- Aplicar, cuando el profesional lo indique, cremas cicatrizantes, apósitos de silicona o productos específicos (como apósitos reductores de cicatrices) tras la retirada de los puntos.
Consejos para mejorar el aspecto de la cicatriz
Además de los cuidados básicos, algunos gestos pueden ayudar a que la cicatriz sea más flexible y menos visible con el paso del tiempo:
- Utilizar cremas hidratantes ricas en vitamina E o aceites específicos para cicatrices, realizando masajes suaves una vez la herida esté bien cerrada.
- No fumar y evitar ambientes muy contaminados, ya que el tabaco empeora la oxigenación de los tejidos y retrasa la cicatrización.
- Seguir una dieta equilibrada, rica en proteínas, vitaminas y minerales, que favorezca la reparación de la piel y los tejidos.
- Consultar con el especialista sobre el uso de aceite o crema de rosa mosqueta u otros productos regeneradores, muy usados para mejorar el aspecto de las marcas quirúrgicas.
Recuperación y cuidados generales después de la cesárea
Tras la operación, lo más habitual es que la madre permanezca en el hospital entre 2 y 4 días, según el centro y la evolución (consejos de recuperación para una cesárea). El postoperatorio es más doloroso y lento que el de un parto vaginal, pero con un manejo adecuado se puede sobrellevar bastante bien.
En los primeros días se pautan analgésicos para controlar el dolor y se anima a la mujer a comenzar a caminar de forma suave, generalmente a partir de las 24 horas. El movimiento temprano ayuda a prevenir trombos, a mejorar el tránsito intestinal y a acelerar la recuperación.
La herida debe lavarse diariamente con agua y jabón, secarse con cuidado y mantenerse protegida con una gasa estéril mientras lo recomiende el equipo sanitario. Los puntos o grapas suelen retirarse aproximadamente a los 10 días, salvo que se hayan utilizado materiales reabsorbibles que no requieren retirada.
En muchas ocasiones se aconseja usar una faja postparto durante unas semanas, preferiblemente sin costuras y sin que cause molestias. Ayuda a sujetar mejor la zona abdominal, reduce la sensación de tirantez y facilita la cicatrización interna y externa, aunque conviene no abusar de ella para que la musculatura vuelva a trabajar progresivamente.
Otro aspecto clave son los loquios (pérdidas de sangre vaginal) que aparecen también tras la cesárea. Se recomienda utilizar compresas específicas de posparto y evitar tampones hasta que el médico lo indique, para disminuir el riesgo de infección.
En cuanto a la vida sexual y las actividades que implican esfuerzo físico intenso, suele aconsejarse esperar unas cuatro a seis semanas, lo que se conoce popularmente como la cuarentena del posparto. Siempre conviene individualizar según la evolución de cada mujer.
Finalmente, es fundamental estar atenta a signos de alarma como fiebre superior a 38 ºC, flujo vaginal con mal olor, dolor creciente en la herida, inflamación importante, salida de líquido o sangrado anormal. En cualquiera de estos casos es necesario acudir pronto al médico para descartar una infección u otra complicación.
Conociendo mejor cuándo está indicada una cesárea, qué tipos existen, cómo se realiza la intervención, qué riesgos puede comportar y qué cuidados necesita la cicatriz, resulta mucho más sencillo afrontar esta cirugía con tranquilidad y criterio. Entender que se trata de una herramienta muy valiosa cuando el parto vaginal no es seguro, pero que no está exenta de riesgos, ayuda a tomar decisiones informadas junto al equipo médico y a vivir el nacimiento del bebé de la forma más segura y respetuosa posible para madre y recién nacido.
