Triple vírica: vacuna contra sarampión, rubeola y parotiditis

  • La vacuna triple vírica protege frente a sarampión, rubeola y parotiditis con dos dosis en la infancia y rescate en adultos no inmunizados.
  • Es una vacuna de virus vivos atenuados, muy segura y eficaz, con efectos secundarios generalmente leves y transitorios.
  • Está contraindicada en embarazadas y personas con inmunodeficencias graves, pero puede administrarse en la mayoría de niños, incluso alérgicos al huevo.
  • Altas coberturas vacunales evitan brotes y complicaciones graves, especialmente en contextos de viajes internacionales y descenso de vacunación.

Vacuna triple vírica sarampión rubeola parotiditis

La vacuna triple vírica (sarampión, rubeola y parotiditis) es una de las inmunizaciones más importantes del calendario infantil y de adultos jóvenes. Aunque hoy parezca que estas infecciones casi no existen, los virus siguen circulando en muchos países y cada cierto tiempo provocan brotes cuando baja la vacunación.

Con una sola inyección se consigue una protección muy eficaz frente al sarampión, la rubéola y las paperas, enfermedades que pueden tener complicaciones graves como neumonías, encefalitis, sordera, problemas durante el embarazo o inflamación de testículos y ovarios. Vamos a repasar, de forma clara y detallada, qué previene esta vacuna, a qué edad se administra, qué efectos secundarios pueden aparecer y en qué casos hay que tener especial cuidado.

¿Qué es la vacuna triple vírica?

La triple vírica es una vacuna combinada que contiene virus vivos atenuados de sarampión, rubeola y parotiditis. Atenuados significa que se han modificado en el laboratorio para que no causen la enfermedad, pero sí estimulen al sistema inmunitario para producir defensas (anticuerpos) de larga duración.

Gracias a esta formulación, con un solo pinchazo se logra una respuesta inmunitaria potente y duradera frente a las tres infecciones. No es necesario vacunar por separado de cada una, lo que simplifica el calendario y reduce el número de inyecciones que reciben los niños.

En España hay comercializadas dos presentaciones, Priorix y M-M-RVaxPro, ambas con la misma función principal: prevenir sarampión, rubeola y parotiditis. Pueden utilizarse indistintamente en los programas públicos de vacunación, según la disponibilidad en cada comunidad autónoma.

Además de la triple vírica clásica, existe la vacuna tetravírica (SRPV), que incluye también el componente frente a la varicela. Suele utilizarse sobre todo como segunda dosis en la infancia para evitar un pinchazo extra, aunque produce algo más de fiebre que la triple sola.

Enfermedades que previene: sarampión, rubeola y parotiditis

Las tres enfermedades que cubre la triple vírica son infecciones víricas que se transmiten por el aire, mediante gotitas de saliva al toser, hablar o estornudar, y que pueden pasar de una persona enferma a otra susceptible con gran facilidad.

Sarampión

El sarampión es una infección causada por un virus muy contagioso que se transmite por vía respiratoria y por el contacto cercano. Antes de la vacunación era una enfermedad casi obligada en la infancia y podía dar lugar a problemas importantes.

La enfermedad suele comenzar con fiebre alta, malestar intenso, tos fuerte, mucosidad y conjuntivitis (ojos rojos y lagrimeo). Tras unos días aparece un exantema (manchas rojas en la piel) que se extiende por todo el cuerpo y dura alrededor de una semana. En adolescentes y adultos el cuadro clínico tiende a ser más intenso y las complicaciones son más frecuentes.

Entre las complicaciones leves encontramos otitis, laringitis y bronquitis. Sin embargo, también pueden presentarse cuadros graves como la neumonía o la encefalitis, que pueden dejar secuelas e incluso causar la muerte. No existe un tratamiento específico frente al virus, solo medidas de apoyo para los síntomas.

En países desarrollados, la mortalidad por sarampión se estima en torno a 1-3 fallecimientos por cada 3.000 casos, mientras que en países con menos recursos continúa siendo una causa importante de muerte infantil, a pesar de la mejora gracias a las campañas de vacunación masiva.


Desde que se incorporó la triple vírica a los calendarios infantiles en los años 70-80, los casos de sarampión han descendido de forma drástica en Europa. En España, antes de la vacuna se notificaban unos 150.000 casos al año; actualmente suelen registrarse menos de 300, y en algunas comunidades como Andalucía apenas se dan unos pocos casos anuales, casi siempre en adultos jóvenes no vacunados o con una sola dosis, a menudo relacionados con viajes o importaciones de otros países.

Aun así, en algunos países europeos como Rumanía, Italia, Grecia o Alemania se han observado grandes brotes en los últimos años, vinculados al descenso de las coberturas vacunales (60-80%). Esto ha obligado incluso a imponer la vacunación en ciertos lugares para frenar la reaparición de casos graves y fallecimientos.

Rubeola

La rubéola es una infección vírica de transmisión respiratoria que afecta sobre todo a niños y adultos jóvenes sin vacunar. En la mayoría de los casos cursa de manera leve, con fiebre baja, ganglios aumentados en el cuello y erupción cutánea de pocos días de duración.

Por lo general, se resuelve sola y no deja secuelas, y tampoco hay un tratamiento específico contra el virus. El auténtico problema de la rubeola es cuando afecta a mujeres embarazadas no inmunizadas, especialmente en el primer trimestre de gestación.

Si la infección se produce durante el embarazo, el virus puede atravesar la placenta y causar en el feto la llamada rubeola congénita o síndrome de Gregg. Este cuadro se asocia a malformaciones graves y permanentes: sordera, problemas oculares, cardiopatías, alteraciones dentarias, discapacidad intelectual y otras secuelas neurológicas.

La introducción masiva de la vacunación frente a rubeola en España en los años 70-80 y las coberturas muy altas actuales (por encima del 97 % en muchas regiones) han hecho que los casos de rubeola y de rubeola congénita sean hoy excepcionales. Por ejemplo, en 2019 no se notificó ningún caso de rubeola congénita en nuestro entorno.

Parotiditis (paperas)

La parotiditis epidémica, conocida como paperas, es una infección vírica que afecta principalmente a las glándulas salivales, en especial a las parótidas, situadas delante de las orejas y hacia abajo por el cuello.

La manifestación más típica es la inflamación dolorosa de estas glándulas, a menudo de ambos lados, junto con febrícula y malestar general. En aproximadamente un tercio de los casos se inflama solo una de las parótidas.

Aunque muchas veces tiene un curso benigno, puede complicarse con meningitis, pancreatitis u orquitis (inflamación de los testículos). La orquitis aparece en un 20-50 % de los varones afectados tras la pubertad, suele ser unilateral y raramente antes de los 10 años, pero cuando es bilateral puede originar atrofia testicular y, en casos aislados, esterilidad. Antes de la vacunación también era una causa conocida de sordera unilateral permanente.

La generalización de la vacuna ha reducido muchísimo los casos en la típica franja de edad de 5 a 14 años. Sin embargo, en los últimos años se han observado pequeños aumentos en adolescentes y adultos jóvenes, sobre todo en brotes escolares y universitarios, relacionados en parte con el descenso progresivo de los anticuerpos con el paso de los años o con esquemas incompletos de vacunación.

¿Quién debe vacunarse con triple vírica?

La vacuna triple vírica está incluida en el Calendario Vacunal Español y se recomienda para todos los niños, siguiendo la pauta establecida en cada comunidad autónoma. También se indica como vacunación de rescate en adolescentes y adultos que no están correctamente inmunizados.

Esquema infantil habitual

En la mayoría de calendarios se administran 2 dosis de vacuna triple vírica. En España, desde el 1 de enero de 2020, la pauta más extendida en los programas públicos es:

  • Primera dosis a los 12 meses de edad, que en muchas comunidades se administra de forma simultánea con la vacuna frente al meningococo ACWY.
  • Segunda dosis a los 3-4 años, que puede administrarse sola (triple vírica) o en forma de tetravírica (SRPV) junto con el componente de varicela, según el calendario específico.

Algunas recomendaciones profesionales, como las de la Asociación Española de Pediatría (AEP), sugieren en sus propios calendarios la segunda dosis a los 2 años, aunque oficialmente muchas comunidades la mantienen a los 3 o 4 años.

En otros países, como Estados Unidos, se utilizan esquemas muy similares: primera dosis entre los 12 y 15 meses y segunda dosis entre los 4 y 6 años. Los niños que no se vacunaron a su debido tiempo pueden recibir las dosis más tarde sin necesidad de reiniciar la pauta completa.

Vacunación en lactantes ante viajes o brotes

En determinadas situaciones de riesgo, como brotes de sarampión o rubeola o viajes a zonas con alta circulación de estos virus, puede adelantarse la vacunación:

  • Entre los 6 y 11 meses: se puede administrar una dosis extra de triple vírica para proteger al bebé en contextos de riesgo elevado. Esta dosis no cuenta para la pauta oficial, de manera que después habrá que poner igualmente las dosis de los 12 meses y la de los 3-4 años.
  • En viajes internacionales a países con muchos casos, los profesionales sanitarios pueden recomendar adaptar el calendario para asegurar la protección en el momento del viaje.

Siempre conviene consultar estas situaciones con el pediatra o el centro de vacunación internacional, ya que se valoran factores como la edad, el destino, el tiempo de estancia y el estado de salud del niño.

Vacunación de rescate entre 6 y 50 años

A partir de los 3 años, se considera correctamente vacunada frente a sarampión, rubeola y parotiditis a toda persona que haya recibido al menos 2 dosis de triple vírica, con un intervalo mínimo de 4 semanas entre ellas.

Entre los 6 y los 50 años es importante aprovechar cualquier contacto con el sistema sanitario (consultas, revisiones, servicios de prevención de riesgos laborales, etc.) para revisar la cartilla vacunal y completar las dosis que falten.

En general, se recomienda vacunar frente a sarampión (con triple vírica) a las personas nacidas a partir de 1970 que cumplan estas dos condiciones:

  • No tienen antecedentes claros de haber pasado el sarampión o tienen dudas al respecto.
  • No constan dos dosis de triple vírica o no recuerdan haberlas recibido.

Si no se ha recibido ninguna dosis, se pautarán 2 dosis separadas por al menos 4 semanas. Si ya se puso una dosis con anterioridad, bastará con administrar una segunda dosis para completar la inmunización. De forma general, no se recomienda realizar analíticas de anticuerpos (serología) para decidir si vacunar o no.

La triple vírica está contraindicada en embarazadas y en personas con inmunodeficiencia importante. Las mujeres en edad fértil deben evitar el embarazo durante las 4 semanas posteriores a cualquier dosis de esta vacuna.

Cómo se administra la vacuna triple vírica

La triple vírica se administra mediante inyección, habitualmente por vía subcutánea o intramuscular, dependiendo de las recomendaciones locales y de la edad. En los menores de 1 año suele ponerse en el muslo, y en los mayores, en la parte superior del brazo.

Se puede administrar al mismo tiempo que otras vacunas inactivadas (no vivas) o incluso junto con otras vacunas de virus vivos, como varicela, fiebre amarilla, gripe intranasal o rotavirus, siempre que se sigan las pautas de intervalos adecuadas.

Entre la triple vírica y otras vacunas inactivadas no es necesario dejar ningún intervalo mínimo: se pueden poner el mismo día o en fechas separadas sin problema.

Cuando se combina con otras vacunas vivas atenuadas inyectables (por ejemplo, la varicela), hay dos opciones: administrarlas en el mismo acto (en diferentes zonas anatómicas) o separarlas al menos 4 semanas si no se ponen el mismo día. Esto reduce el riesgo de interferencia en la respuesta inmunitaria.

Si se han recibido hemoderivados o inmunoglobulinas recientemente, la respuesta a la vacuna puede ser menor. En estos casos, se recomienda respetar ciertos intervalos mínimos antes de vacunar: alrededor de 11 meses tras dosis altas de inmunoglobulina inespecífica (2 g/kg), 5-6 meses tras concentrados de hematíes y unos 7 meses después de plasma o plaquetas. Del mismo modo, si se van a administrar hemoderivados, se procura que no sea en las dos semanas inmediatamente posteriores a la vacunación.

Olvidos de dosis y compatibilidad con otras vacunas

Si en algún momento se olvida una dosis de la triple vírica o ha habido retrasos en el calendario, no es necesario empezar desde cero. Lo que se hace es administrar la(s) dosis que falten respetando un intervalo mínimo de 4 semanas entre ellas.

La triple vírica puede utilizarse sin problema en personas que ya estén vacunadas frente a uno o dos de los componentes por separado. No hay inconveniente en revacunar frente a esas enfermedades si se administra la vacuna combinada.

En caso de exposición a un caso de sarampión, en personas susceptibles de 6 meses en adelante (no vacunadas o con una sola dosis) se recomienda administrar una dosis de triple vírica en los tres primeros días tras el contacto para intentar prevenir la enfermedad o hacerla más leve.

Si la vacuna está contraindicada (menores de 6 meses, embarazadas, inmunodeprimidos graves), se puede recurrir a la inmunoglobulina inespecífica como medida de protección pasiva.

En Estados Unidos y otros países, durante brotes importantes, el personal sanitario puede aconsejar incluso una tercera dosis de triple vírica en determinados grupos o adelantar la inmunización de los bebés a partir de los 6 meses, siempre siguiendo criterios de salud pública.

Contraindicaciones y precauciones

La mayoría de los niños y adultos sanos pueden recibir la triple vírica sin ningún problema, pero existen algunas contraindicaciones claras y situaciones que requieren valoración médica.

Cuándo no se debe vacunar

No se debe administrar la vacuna triple vírica si la persona ha tenido una reacción alérgica grave (anafilaxia) a una dosis previa de esta vacuna o a alguno de sus componentes, como la gelatina o el antibiótico neomicina.

Está contraindicada en mujeres embarazadas, ya que se trata de una vacuna de virus vivos atenuados. Se aconseja que, tras vacunarse, las mujeres en edad fértil eviten quedar embarazadas durante al menos 1 mes. Si por error se vacuna a una embarazada, no se considera motivo para recomendar un aborto, puesto que el virus vacunal no se ha relacionado con síndrome de rubeola congénita.

Las personas con defensas muy bajas (inmunodeficiencias graves, ciertos cánceres, tratamientos inmunosupresores intensos como quimioterapia o grandes dosis de corticoides) no deberían recibir esta vacuna mientras dure su situación de inmunosupresión. En pacientes con infección por VIH, puede estar indicada si el porcentaje de linfocitos CD4 es superior al 15 %, según valoración especializada.

En quienes han recibido derivados sanguíneos o inmunoglobulinas recientemente, la vacuna puede ser menos efectiva, por lo que se recomienda posponerla según los intervalos comentados. Si se administra una triple vírica y, poco después, se precisa transfusión o inmunoglobulina, debe valorarse si será necesario revacunar más adelante.

Una enfermedad aguda importante, con fiebre alta y mal estado general, suele ser motivo para retrasar temporalmente la vacunación. En cambio, un resfriado leve u otras infecciones sin complicaciones no suelen ser motivo para posponerla.

Situaciones que requieren hablar con el médico

Es recomendable consultar con el pediatra o el médico de familia antes de vacunar si la persona:

  • Ha tenido alguna vez reacciones alérgicas importantes a esta vacuna, a la tetravírica o a sus componentes.
  • Padece un trastorno del sistema inmunitario (como ciertos tipos de cáncer o inmunodeficiencias hereditarias).
  • Está en tratamiento con fármacos que debilitan las defensas (quimioterapia, radioterapia, corticoides a dosis altas u otros inmunosupresores).
  • Tiene antecedentes de recuento de plaquetas bajo (trombocitopenia) o episodios de sangrado o hematomas sin causa aparente.
  • Ha recibido otras vacunas recientemente o productos sanguíneos en los últimos meses.
  • Convive estrechamente con personas con defensas muy bajas, aunque en este caso, en general, vacunar a los contactos es más una ventaja que un riesgo.

En cualquier caso, el profesional valorará si los beneficios de vacunarse superan los posibles riesgos o si conviene esperar a un mejor momento.

Efectos secundarios de la vacuna triple vírica

En general, la triple vírica es una vacuna muy segura y bien tolerada. La mayor parte de las reacciones son leves y transitorias, y se presentan con mayor frecuencia tras la primera dosis.

Reacciones leves y moderadas

Entre los efectos secundarios más habituales encontramos:

  • Dolor, enrojecimiento o hinchazón en el lugar de la inyección, que suelen desaparecer en pocos días.
  • Fiebre ligera o moderada, que puede aparecer entre los 5 y 12 días después de la vacunación y suele durar 1-2 días (como máximo, alrededor de 5 días). Aproximadamente 1 de cada 6 vacunados puede presentar fiebre.
  • Pequeña erupción cutánea (manchas o granitos) en torno a 7-15 días tras la vacuna, en torno a 1 de cada 20 vacunados. No es contagiosa y se resuelve sola.
  • Ganglios inflamados en el cuello o detrás de las orejas, que se dan de forma poco frecuente.

También pueden darse efectos moderados como:

  • Convulsiones febriles (generalmente benignas) asociadas a fiebre, en aproximadamente 1 de cada 3.000 vacunados.
  • Dolor y rigidez articular (sobre todo en rodillas, muñecas y dedos), más frecuente en adolescentes y mujeres adultas, en hasta 1 de cada 4 personas.
  • Descenso transitorio de las plaquetas (trombocitopenia), con riesgo de pequeños sangrados o moratones, en alrededor de 1 de cada 30.000 vacunados.

En estos casos, el pediatra puede recomendar el uso de paracetamol o ibuprofeno (según edad y peso) para el dolor o la fiebre, y vigilar la evolución de los síntomas. La mayoría de estas reacciones se resuelven sin dejar secuelas.

Reacciones graves: extremadamente raras

Las reacciones graves a la triple vírica son muy poco frecuentes. Entre ellas se incluye la reacción alérgica grave (anafilaxia), que se estima en menos de 1 caso por cada millón de dosis administradas.

También se han descrito, de forma excepcional, problemas neurológicos o convulsiones prolongadas, así como alteraciones cerebrales graves. Son tan raros que los expertos no pueden asegurar que estén causados directamente por la vacuna y no por otros factores.

Está ampliamente demostrado que no existe relación entre la vacuna triple vírica y el autismo, la artritis crónica, las enfermedades reumatológicas, la meningitis aséptica, las alteraciones del cerebelo o la enfermedad de Crohn. Esta asociación se ha investigado durante años y se ha descartado de manera contundente (mitos y verdades sobre las vacunas).

Cuidados tras la vacunación y cuándo consultar

Después de recibir la triple vírica, si el niño presenta un sarpullido leve sin otros síntomas, normalmente no hace falta tratamiento. Suele desaparecer en pocos días. En caso de fiebre o malestar, puede usarse la medicación que recomiende el pediatra, ajustando bien la dosis.

Para aliviar las molestias en la zona del pinchazo, puede ayudar aplicar un paño templado o una almohadilla térmica suave y mover el brazo o la pierna donde se ha administrado la inyección para reducir la rigidez.

Se debe contactar con el médico si aparecen fiebre muy alta, cambios llamativos en el comportamiento (somnolencia extrema, irritabilidad intensa, confusión) o cualquier reacción que preocupe especialmente a la familia.

Ante signos de una posible reacción alérgica grave (dificultad para respirar, pitidos en el pecho, ronquera, hinchazón de cara o labios, ronchas extensas, taquicardia, mareos o sensación de desmayo), hay que acudir de inmediato a un servicio de urgencias, aunque estos casos son extremadamente raros.

En algunos niños se ha observado una disminución marcada de las plaquetas tras la vacuna; en este tipo de situaciones, el especialista puede valorar no administrar más dosis de triple vírica y optar por otras estrategias de protección.

Situaciones especiales frecuentes

Existen algunas dudas muy habituales en las familias sobre la triple vírica que conviene aclarar con datos.

Niños alérgicos al huevo

La vacuna triple vírica se produce en cultivos celulares que tienen relación con el huevo, pero la cantidad de proteína de huevo en la vacuna es mínima. La evidencia actual indica que los antecedentes de alergia al huevo, incluso moderada, no son una contraindicación formal para recibirla.

Solo en casos de anafilaxia muy grave al huevo puede plantearse tomar precauciones especiales o vacunar en un entorno con supervisión estrecha. En la mayoría de niños alérgicos, la triple vírica se administra con normalidad.

Convivencia con embarazadas o personas inmunodeprimidas

Vacunar a un niño con triple vírica no supone un riesgo para una madre embarazada ni para otras personas con defensas bajas que convivan con él. Aunque el vacunado puede excretar pequeñas cantidades de virus atenuados en la saliva, no se ha documentado contagio a contactos a partir de la vacuna.

De hecho, es muy recomendable que las personas del entorno de alguien inmunodeprimido estén correctamente vacunadas, porque así disminuye el riesgo de que le transmitan los virus naturales, sobre todo el del sarampión.

Niños con tuberculosis o prueba de tuberculina

Los niños con tuberculosis pueden vacunarse con triple vírica, dado que el virus del sarampión natural sí puede agravar la tuberculosis, pero la vacuna no presenta ese problema. La prevención mediante la vacuna es beneficiosa.

Si se va a realizar una prueba de tuberculina (Mantoux), lo ideal es hacerla el mismo día de la vacunación. Si no es posible, debe retrasarse de 4 a 6 semanas, porque la triple vírica puede disminuir temporalmente la respuesta a esta prueba y producir falsos negativos.

Importancia de mantener altas coberturas vacunales

Las infecciones que previene la triple vírica son menos frecuentes en países occidentales gracias a décadas de vacunación, pero siguen circulando en muchas zonas del mundo. Los viajes internacionales y la movilidad constante hacen que cualquier caso importado pueda provocar brotes si hay suficientes personas sin vacunar.

Cuando las coberturas de vacunación bajan, como ha ocurrido en algunos países europeos, reaparecen brotes importantes de sarampión y parotiditis, con hospitalizaciones y fallecimientos que podrían haberse evitado. Por eso es fundamental no bajar la guardia y mantener los calendarios al día.

Las autoridades sanitarias y sociedades científicas coinciden en que la triple vírica es una vacuna muy eficaz, segura y con una excelente relación beneficio-riesgo. Completar las dos dosis recomendadas y revisar la situación de adolescentes y adultos jóvenes es clave para proteger tanto a la persona vacunada como a la comunidad.

Disponer de una vacuna combinada que protege con un solo pinchazo frente a sarampión, rubeola y paperas ha permitido que hoy, en muchos países, estas enfermedades sean raras en la infancia. Mantener este logro depende, en gran medida, de seguir vacunando a las nuevas generaciones y de no dejar “agujeros” en la protección de los adultos susceptibles.

Conocer bien qué es la triple vírica, qué enfermedades evita, cómo se administra, en qué casos no debe ponerse y qué reacciones pueden aparecer ayuda a las familias a tomar decisiones informadas y a confiar en una herramienta preventiva que ha demostrado reducir de forma drástica los casos graves y las complicaciones asociadas al sarampión, la rubeola y la parotiditis en todo el mundo.

Niña con fiebre y paperas
Artículo relacionado:
Los mitos y verdades de las paperas