Muchos padres se preocupan porque no saben hasta qué edad sus hijos deben hacer la siesta, piensan que igual son demasiado mayores para seguir haciéndola o piensan que deben hacerla siempre que los niños tengan ganas de hacerla. A los padres nos gustan las siestas de los niños porque nos ayuda a tener un tiempo extra para poder acabar las tareas que no hemos podido hacer durante la mañana.
Pero desafortunadamente las siestas son algo bueno que siempre llegan a su fin. Aunque cada niño es diferente, la mayoría de los niños deciden que no quieren hacer más siestas entre los 2 y los 5 años. Pero independientemente de cuando esto suceda, abandonar la siesta durante el día puede ser un rato tanto para ti como para tu hijo. Es necesario saber algunos consejos para poder hacer la transición para dejar de hacer la siesta un poco más fácil para todos.
Señales de que tu hijo no quiere más siestas
Es posible que tu hijo empiece a enviarte señales de que poco a poco las siestas se van a ir acabando y que está listo para dejarlas cuando tenga entre los 2 y los 5 años. No esperes que tu hijo te diga de la noche a la mañana que ya no quiere más siestas porque esto te lo puede decir un día y al día siguiente querer dormirla. Hay que buscar otro tipo de señales que te harán saber que tu hijo pronto dejará las siestas para siempre.

Le costará conciliar el sueño
Cuando un niño ya no quiere dormir más siestas por la tarde se le hará muy complicado conciliar el sueño a su hora habitual para dormir la siesta. La siesta son horas de sueño extra que empezará a no necesitar y que si la hace, por la noche podrá tardar más tiempo en dormirse, querrá ir a la cama más tarde o se despertará más temprano por la mañana. Una pauta clara es que la ventana de sueño diurna se alarga y el pequeño llega con suficiente cansancio a la noche sin necesidad de ese descanso intermedio.
Se resiste a las siestas
Si tu hijo ya no quiere dormir más siestas es probable que quiera resistirse a ir a su habitación a la hora de la siesta, puede que se levante de la cama, que se ponga a jugar o que simplemente no quiera conciliar el sueño y no lo haga. Si esta resistencia se mantiene durante una o dos semanas seguidas, suele indicar que la siesta ya no es imprescindible.
Buen estado de ánimo
Los niños que necesitan siestas suelen tener más problemas para tener un buen estado del humor en el caso que no hagan siesta, se suelen poner irritables y muy irascibles. En cambio un niño o niña que ya no necesita siesta no le sucederá esto, más bien podrá mantener un buen estado de ánimo en general durante todo el día aunque no duerma siesta. Como es normal, tu hijo puede tener altibajos normales para su edad, pero por normal general tendrá buen humor y energía suficiente para mantener una buena actividad desde la mañana hasta la noche. Observa si juega, come y participa en sus rutinas sin decaimiento pese a no dormir.
Dormirá mejor y se despertará bien por las mañanas
Los niños que no necesitan siesta empezarán a dormir mejor por las noches y se despertarán por su cuenta por las mañanas, con un buen estado de humor. Si esto ocurre es probable que poco a poco decida dejar las siestas a un lado para siempre. También es habitual que se adelante la hora de acostarse de forma natural cuando ya no duermen de día.
Qué dice la ciencia sobre dejar la siesta
A nivel cerebral, el hipocampo actúa como un almacén temporal de recuerdos que luego pasan a la corteza durante el sueño. En peques con un hipocampo más inmaduro, ese “depósito” se satura antes y aumenta la presión de sueño, por lo que la siesta sigue siendo útil para consolidar lo aprendido. Conforme madura, pueden sostener la vigilia hasta la noche sin que se “derramen” recuerdos. Esta perspectiva ayuda a entender por qué la edad no es el único factor: hay niños que necesitarán siesta más tiempo y otros que la abandonarán antes, y ofrecer la oportunidad de siesta en preescolar beneficia la memoria y el aprendizaje en quienes aún la precisan.
Señales de que el niño no está listo para dejar las siestas
También es probable que tu hijo te haga creer que quiere dejar las siestas pero que en realidad no esté preparado del todo para dejarlas. En este sentido deberás de tener en cuenta algunos aspectos para que sepas que tu hijo aún sí debe seguir haciendo siestas.

Se queda dormido fácilmente
Aunque pueda tener alguna rabieta por no querer dormir, la realidad es que responde positivamente a las siestas y se queda dormido con facilidad. También es posible que no opte por mostrar mucha resistencia y si lo hace se duerme por una hora o más. Todo esto significará que el niño necesita dormir durante el día. Si al suprimir la siesta aparecen más despertares nocturnos o se despierta muy temprano varios días seguidos, es otra pista de que aún la necesita.
Actitud irritable por la tarde
Si tu hijo hay un día que no duerme la siesta y por la tarde empieza a estar irritable, inquieto y es difícil de complacer, es posible que todavía necesite su descanso extra para poder estar de buen humor y evitar las rabietas gratuitas. El sobrecansancio puede manifestarse también como hiperactividad aparente.
Se queda dormido en el coche
¿Alguna vez los paseos en el coche ayudaron a que tu hijo se quedase dormido cuando era un bebé? Si tu hijo aún se queda dormido en un viaje de corta distancia en coche es posible que aún no esté dispuesto a renunciar a las siestas por el momento.
Señales de sueño
A pesar de que no te diga que tiene sueño, su lenguaje corporal es suficientemente claro como para saberlo. Si bosteza, se frota los ojos o tiene un aspecto cansado es probable que necesite hacer las siestas aún. Fíjate en la hora a la que aparecen esas señales: te orienta sobre la mejor franja para su descanso.
Está demasiado inquieto
En muchas ocasiones los niños cuando están realmente cansados se pueden comportar como si estuvieran muy inquietos, incluso como si parecieran hiperactivos. Es una señal clara de que debe hacer la siesta y que esta época aún no ha llegado a su fin. Si tras una siesta breve mejora el humor y la atención, es que sigue resultando reparadora.
¿Cómo saber si necesita dormir o no las siestas?
Si no sabes si tu hijo puede seguir queriendo siestas o no, deberás apuntarlo en un papel para poder saber el patrón que tiene. Tendrás que apuntar un registro de siestas, el tiempo que duerme, cuándo se despierta y escribir un par de notas sobre su comportamiento durante el día. Después de una o dos semanas podrás comprobar el patrón y serás capaz de tomar la mejor decisión sobre si tu hijo debe dejar las siestas o si aún necesita hacerlas.

Rangos orientativos de sueño útiles para interpretar ese registro (cada niño es distinto, tómalo como guía):
- Recién nacidos: duermen por ciclos repartidos todo el día. Varias siestas.
- Hacia los 4-6 meses: 2-3 siestas diarias; el sueño nocturno se estabiliza.
- 6-12 meses: suelen hacer 2 siestas (mañana y tarde).
- 12-24 meses: transición a 1 siesta; total diario en torno a 12-14 horas.
- 2-3 años: 1 siesta; si de noche duerme bien, puede ir acortándose.
- 3-5 años: de 0 a 1 siesta según necesidad y calidad del sueño nocturno.
- Desde edad escolar: lo habitual es no necesitar siesta si cubre 10-12 horas nocturnas.
Atiende a la calidad del sueño nocturno tanto como a la siesta: si al eliminarla mejora la noche y se mantiene de buen humor, vas por buen camino. Si al contrario se desregula, recupera una siesta más corta.
Cómo hacer una buena transición
Si después de leer esto crees que tu hijo sí está preparado para dejar las siestas de forma definitiva, entonces tendrás que seguir los siguientes pasos para que la transición pueda ser más sencilla para todos.
No prohíbas las siestas
Habrá días en que tu hijo necesitará dormir la siesta y esto no será algo malo. El período de transición puede durar varios meses, incluso la mitad de un año. Si tu hijo tiene más de seis años y hace siestas cada día es posible que tenga algún trastorno del sueño que deberás discutir con el pediatra. Evita forzar el abandono: la retirada brusca puede traducirse en más irritabilidad y peor aprendizaje.
Reemplaza las siestas con tiempo tranquilo
Aunque no haga siestas es necesario que los niños hagan un descanso de tiempo tranquilo para poder descansar. Propón de 15 a 30 minutos de tiempo en silencio y después aumenta gradualmente el tiempo hasta que sea una hora. Puedes proporcionar libros, materiales para trabajar el arte, puzzles o juguetes tranquilos. Recrea el ambiente de siesta (luz tenue, tono de voz bajo) para ayudar a su sistema a bajar revoluciones.
Sé consistente
Igual que eras consistente con las siestas de tu hijo ahora deberás serlo con el tiempo en silencio. Tendrás que realizar rutinas para que esto sea así y asignar una zona de la casa para este tiempo de tranquilidad y silencio que tendrán que cumplir siempre a la hora que antes era la siesta. La regularidad facilita que el cuerpo anticipe el descanso, aunque ya no se duerma.
Ajusta la hora de acostarse
Al dejar la siesta, adelanta la hora de ir a la cama unos 20-30 minutos durante las primeras semanas. Así compensas el sueño diurno perdido y evitas el sobrecansancio, que paradójicamente dificulta dormirse. Si tu peque se despierta muy temprano, prueba a acortar una siesta residual o a retirarla del todo si aún la hace.
Regresiones y picos de desarrollo
Entre los 18 y los 24 meses puede aparecer resistencia a la siesta por cambios madurativos (como empezar a caminar o explosiones del lenguaje). No confundas esta etapa con que “ya no necesita siesta”. Ajusta ventanas de sueño, ofrece un ambiente relajado y mantén la rutina unos días antes de decidir retirar el descanso.
Si tienes gemelos
Es habitual que uno abandone la siesta antes que el otro. Si puedes, ofréceles espacios separados para el descanso: al que no duerme, tiempo tranquilo en su habitación; al que sí, su siesta sin estímulos. Evita que el que está despierto interrumpa el sueño del otro.
En la escuela o guardería
Si su centro mantiene un horario de siesta pero tu hijo ya no la necesita, pide que tenga un tiempo de calma (mirar libros, colorear, rompecabezas). No forzar la siesta previene noches más largas para conciliar el sueño y madrugones innecesarios.
Higiene y seguridad del sueño
Para que el descanso diurno sea reparador y seguro:
- Ambiente: habitación oscura o con luz cálida, temperatura agradable y silencio relativo.
- Rutina breve: cuento corto, caricia, música suave. Colócalo somnoliento pero despierto.
- Seguridad: hasta el año, los bebés deben dormir boca arriba y sin objetos blandos en la cuna.
- Pantallas: evita dispositivos electrónicos al menos una hora antes de dormir; la luz azul altera el ciclo circadiano.
La siesta y el aprendizaje
Las siestas ayudan a consolidar recuerdos y regular las emociones en los más pequeños. Por eso, aunque tu hijo esté en fase de transición, ofrecer la oportunidad de dormir un rato sigue siendo valioso: si su “cubo” (hipocampo) necesita vaciarse, se dormirá; si no, aprovechará un rato de calma que también le regula.
Muchos son los padres y madres que añoran las siestas de sus peques. Este sueño reporta momentos de tranquilidad más que merecida y , además, aporta a los niños y niñas múltiples beneficios. Sin embargo, su frecuencia e inclusos existencia va variando según la edad.
Grandes ventajas
Los beneficios están más que probados. La siesta facilita en los niños/as la recuperación física y psíquica, disminuye la tensión y el cansancio, mejora el humor y el rendimiento escolar. Dormir la siesta, de hecho, y en contra de los que muchas veces se piensa, ayuda a dormir por la noche (y proporciona a los padres periodos de calma para sus quehaceres). Por el contrario, dormir poco los primeros cuatro años multiplica el riesgo en el retraso del lenguaje.
Entonces, ¿por qué dejan de echarse la siesta?, ¿qué podemos hacer al respecto? Lamentablemente, no hay recetas universales para el horario del sueño: depende de la edad y de cada niño/a.
- Los recién nacidos y los lactantes de pocos meses tienden a dormir y a despertarse a lo largo de las 24 horas del día, despertándose cada hora o cada tres para comer.
- Sobre los cuatro meses su ritmo de sueño se hace más estable y duermen entre nueve y doce horas por la noche, con 2-3 siestas al día, entre 30 minutos y dos horas cada una.
- Desde los 6 meses hasta el año suelen dormir 14 horas al día, con un par de siestas al día, mañana y tarde, de hasta 2-3 horas.
- Entre 1 y 3 años duermen entre 12 y 14 horas, con una siesta entre las 2 y las 4 de la tarde, de 1 a 3 horas.
- A partir de los 3-5 años suelen dejar la siesta y duermen entre 11 y 13 horas.
- Entre los 5 y 12 años, duermen entre 10 y 11 horas diarias.
Es importante que tanto a la hora de la siesta como a la de dormir en general, los niños/as hasta el año de vida lo hagan boca arriba, para evitar lo que se conoce como la muerte súbita del lactante.
El no dormir la siesta, puede producir un aumento del llanto e irritabilidad, una conducta más impulsiva, mayor grado de ansiedad y depresión. Disminución en la capacidad e interés por el aprendizaje, y mayor prevalencia de terrores nocturnos.
La rutina es clave
Para evitar todo ello, y con el fin de conseguir que la siesta sea placentera y cumpla su propósito, debe de haber una rutina: misma hora, algo de luz diurna, ambiente tranquilo, con un horario entre las 2 y las 4 de la tarde, y fijarse en pistas como ponerse inquieto y frotarse los ojos, etc. Es importante acostar al niño cuando parezca tener sueño, no cuando se haya quedado dormido.
Durante la primera infancia y la etapa preescolar puede ser más difícil seguir esta rutina; pero no hay que permitir que se convierta en una batalla: no puede obligarse al niño/a a conciliar el sueño, pero hay que insistir en que necesita un tiempo de tranquilidad. Dejar que el niño lea un cuento o juegue tranquilamente en su habitación. Probablemente acabe dormido.
Cuando abandonan la siesta
Una vez dejan de echarse la siesta, cobra más importancia si cabe, que se vayan a la cama a una hora prudente teniendo en cuenta la hora a la que se levantan para ir al cole y ser conscientes de que la luz que producen los dispositivos electrónicos altera notablemente su ciclo del sueño, sobre todo por la noche, pudiendo afectar el ritmo biológico que es responsable de la secreción de sustancias hormonales: cortisona, melatonina, prolactina, hormona de crecimiento, etc.
Mantener buenos hábitos de sueño, establecer horarios regulares y evitar que los niños y niñas vean televisión o utilicen videojuegos antes de acostarse, tener fuera de su alcance teléfonos, tablets y otros aparatos que puedan afectar el proceso para conciliar el sueño, beneficiará notablemente su desarrollo.
Puntos prácticos para la transición final: ofrece actividades tranquilas en el horario de siesta, ajusta ligeramente la cena y el baño para facilitar un acostarse más temprano y observa el estado de ánimo; si decae, reintroduce una siesta corta estratégica algunos días.
La idea central que conviene no perder de vista es que no existe una edad exacta para dejar la siesta. Importa más leer las señales de tu hijo, proteger su descanso nocturno y acompañar la transición con rutinas consistentes, espacios de calma y flexibilidad: habrá días con siesta y otros sin ella, y ambos pueden ser saludables si el conjunto de su sueño es reparador.


