Un cuarto blanco… inmaculadamente blanco

El blanco es un color muy noble, que puede aplicarse tanto sobre las superficies de techos y paredes, como en los muebles, adornos y alfombras del cuarto del bebé. Sin embargo, las opciones de combinación con este color, son tantas, que al dejar volar la imaginación, pueden surgir miles de ideas transgresoras e interesantes.

Un primer paso al elegir este color como base y predominante en el área, consiste en pintar las paredes, con el tono seleccionado, en la gama que se prefiera. Desde ya, dentro de la misma gama del blanco, existen innumerables tonalidades. Muchas son las opciones y variantes que se pueden lograr, utilizando una única tonalidad o variando entre ellas.

Un ejemplo, es pintar en un único tono toda la habitación y colocar las cortinas, acolchados, almohadones y alfombra, en una gama diferente (dentro del tono blanco, por supuesto).

Otra opción, es utilizar deliberadamente en toda la composición, dos tonos de blanco diferentes. En este caso, una buena idea consiste en dividir a la superficie con cinta de enmascarar, formando sobre la pared cuadrados perfectos (de igual o distinto tamaño. Luego, los mismos se cubrirán con los tonos alternadamente, a manera de tablero de ajedrez. Si bien la diferencia entre tono y tono, muchas veces en mínima, se logrará un efecto visual encantador. Completar con los accesorios (cortinas, etc.) en alguno de los colores elegidos.

Los adornos en este tipo de ambientaciones, debe respetar la línea sobria, para no impactar tan rotundamente a la mirada.


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