Con la llegada del verano, las rutinas escolares desaparecen y los más pequeños ganan horas de tiempo libre. Ese tiempo, en muchas ocasiones, acaba delante de una pantalla. Móviles, tabletas y videojuegos se convierten en el recurso más rápido para combatir el aburrimiento, pero los pediatras llevan años avisando: el uso excesivo de pantallas en menores tiene consecuencias reales en su desarrollo físico, emocional y cognitivo.
No se trata solo de las horas que el niño pasa mirando una pantalla. Un estudio publicado en JAMA Pediatrics, liderado por Monica Melby-Lervå, siguió a 747 niños noruegos durante tres años y encontró que el uso del smartphone por parte de los padres se asociaba con un menor crecimiento del vocabulario receptivo en los hijos. Por cada hora adicional diaria de uso del móvil por parte del progenitor principal, los niños mostraban una reducción de 0,42 puntos en el crecimiento anual de vocabulario. Es decir, el ejemplo de los adultos importa más que el tiempo de pantalla del propio menor.

El impacto en el desarrollo infantil
Los especialistas del grupo sanitario Ribera, como el doctor Gonzalo Ros, pediatra y neuropediatra, insisten en que ‘el problema no es tanto el tiempo concreto, sino lo que se deja de hacer por estar frente a la pantalla’. El exceso de actividad digital puede desplazar pilares básicos como el sueño, el ejercicio físico y la convivencia familiar. Además, el cerebro infantil está en pleno desarrollo y las pantallas están diseñadas para captar toda la atención, generando una gratificación inmediata que dificulta la paciencia y la concentración.
El uso excesivo también se asocia con alteraciones del sueño por la luz azul, que reduce la melatonina, y con un aumento de la irritabilidad, fatiga y problemas de atención. Los psicólogos Juan Pablo López y Daniel Valencia coinciden en que el aburrimiento es clave en el desarrollo, ya que fomenta la creatividad y el juego espontáneo, habilidades que se pierden cuando se sustituyen por estímulos digitales continuos.

Recomendaciones de los expertos
La Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda que los menores de seis años no usen pantallas, salvo excepciones como videollamadas acompañadas. Para niños de siete a doce años, el máximo recomendado es una hora diaria, y para adolescentes de trece a dieciséis, dos horas. La pediatra Marta Pascual, de Ávila, recuerda que es fundamental establecer límites de contenido, tiempo y lugar de uso, y supervisar siempre que sea posible.
Los especialistas del grupo Ribera añaden que no se trata de prohibir, sino de educar. ‘Limitar no significa prohibir, sino ayudar a los menores a desarrollar un uso responsable’, destaca el doctor Ros. Entre las recomendaciones: establecer normas claras y pactadas sobre horarios, evitar pantallas antes de dormir y fuera del dormitorio, fomentar el deporte y las actividades al aire libre, crear momentos sin tecnología en casa y dar ejemplo como adultos.

Señales de alerta
Los expertos advierten de que el indicador más importante no es el número de horas, sino el grado de dependencia que genera la pantalla. Algunas señales de alerta son: irritabilidad o enfado al retirar el dispositivo, pérdida de interés por aficiones previas, aislamiento social o rechazo de planes sin pantallas, uso del móvil para gestionar emociones como la tristeza o el aburrimiento, y dificultades para conciliar el sueño o uso nocturno a escondidas. En casos graves, es posible que algunos niños se vuelvan adictos a la tecnología.
Daniel Valencia, psicólogo del Hospital Ribera Juan Cardona, señala que ‘la señal de alarma aparece principalmente cuando la pantalla desplaza de manera importante actividades necesarias’ como el deporte, el tiempo con amigos o las actividades familiares. Además, recuerda que los adultos son el reflejo de lo que los niños van a hacer, por lo que el ejemplo en casa es fundamental.

Consejos para un uso equilibrado
Para evitar que el verano se convierta en una maratón de pantallas, los especialistas proponen varias estrategias. Primero, establecer rutinas diarias que incluyan tiempo al aire libre, juegos en familia y lectura. Segundo, avisar con antelación antes de retirar el dispositivo, por ejemplo, diez minutos antes, para que el niño no sienta un corte brusco. Tercero, ofrecer alternativas atractivas que compitan con el atractivo de las pantallas, como deportes, excursiones o manualidades.
También es importante cuidar el descanso. La pediatra Marta Pascual recomienda bajar persianas durante las horas de más calor, ventilar por la mañana y por la noche, usar sábanas de algodón transpirables y evitar mantas o edredones en bebés. Un baño templado antes de dormir puede ayudar a relajar, y si se usa ventilador, que no apunte directamente al niño. El aire acondicionado debe evitar el frío directo y mantener una temperatura estable.

En definitiva, el uso de pantallas en menores no es un problema de prohibición, sino de equilibrio. La evidencia científica y la experiencia clínica coinciden en que el exceso de tiempo frente a las pantallas tiene efectos negativos en el sueño, la atención y las habilidades sociales, pero también en que un uso moderado y supervisado puede ser compatible con un desarrollo saludable. La clave está en que los adultos den ejemplo, establezcan límites claros y ofrezcan alternativas atractivas. Como concluye el psicólogo Juan Pablo López, ‘el reto está en encontrar un equilibrio que permita disfrutar del ocio digital sin renunciar a la actividad física, el descanso y las relaciones sociales’.