Estando en pleno verano los niños necesitan su merecido descanso para volver a comenzar en septiembre. Cuando llega el verano las rutinas que han durado 9 meses se acaban y las tareas, deberes y estudios pasan a un segundo plano porque los niños necesitan hacer algo mejor… ¡jugar! Además, el verano también es un buen momento para que los padres reconecten con los niños a través del juego y a través de la flexibilidad de las normas, dedicando tiempo real y presencia auténtica a la relación.
Muchos padres, mientras los niños tienen vacaciones, tienen que trabajar porque las facturas al final de mes se deben pagar y, a no ser que seas docente o que tengas bastantes vacaciones cuando tus hijos también las tienen, es más que probable que debas hacer malabares para poder llegar a todo y que además, tus hijos estén atendidos. Esta realidad puede generar estrés, culpa y sensación de no llegar, pero también se puede gestionar de forma más serena con una buena organización y prioridades claras.
Quizá te estrese pensar que los niños tienen mucho tiempo libre, pero sólo hay que reorganizar agendas y que también, las vacaciones que puedas tener o los días libres, coincidan en lo posible con las vacaciones de tus hijos. Así tendrás también la oportunidad de poder reconectar con ellos y dejar atrás todo el estrés que el trabajo o las rutinas estrictas marcan en tu interior, aprovechando ese paréntesis para mirarles de nuevo con calma.

Conecta a través del juego

Puede ser muy complicado encontrar momentos para reconectar con tus hijos a lo largo del año escolar. Los días de la semana están siempre ocupados y cuando llega el fin de semana, pasa demasiado rápido. Antes de que te hayas dado cuenta, el curso escolar acabó y te encuentras inmersa en mitad del verano con tus hijos de vacaciones. El verano es el tiempo para recargar y reiniciar de nuevo, por eso también es adecuado reiniciar con tus hijos. La mejor forma de conectar y reiniciar con tus hijos es a través del juego. El juego es el mejor medio de unión y crecimiento de la relación con los hijos, porque a través de él se sienten vistos, importantes y disfrutados.
Es posible que alguna vez hayas leído sobre cuáles son las mejores habilidades de crianza, pero una cosa es leerlo y otra es ponerlo en práctica y aplicarlo con intención para conseguir buenos resultados y conectar con tus hijos. Es increíble cómo el comportamiento de un niño puede cambiar cuando se siente mejor consigo mismo. Interiorizan las creencias de los padres acerca de sí mismos, por eso es tan importante asegurarte de que la relación con tu hijo es sólida como una roca y que el mensaje que recibe es: «eres importante para mí».
Ser padre es el trabajo más difícil del mundo: pasamos años en la escuela para poder tener éxito profesional, para ser personas de éxito en la sociedad a nivel profesional… pero no nos enseñan las habilidades necesarias -y tan importantes- para poder ser padres. El juego te ofrece un camino sencillo y muy potente: no necesitas grandes recursos, solo tiempo, atención y ganas de disfrutar de tus hijos, dejando a un lado por un rato los dispositivos y las prisas.
Además, jugar con tus hijos no solo mejora vuestro vínculo, también te permite conocer mejor su mundo interior: qué les preocupa, qué les hace reír, qué conflictos están procesando. A través de muñecos, construcciones, juegos simbólicos o deportes, se expresan sin tener que ponerlo todo en palabras, y tú puedes acompañar sin presionar.

Los beneficios del juego en los momentos de descanso
Los niños, cuando llega el verano, pueden necesitar guía y orientación para poder disfrutar del tiempo libre, pero lo que más necesitarán sin duda, será a ti. A través de la mejora de la relación en verano, el comportamiento de los niños mejorará y la ansiedad por ambas partes se reducirá y la confianza crecerá entre vosotros. Los padres cuando se sienten capaces y seguros de que pueden manejar cualquier situación, sin duda lo logran porque transmiten calma y contención.
En el juego será necesario potenciar la comunicación positiva y abierta entre padres e hijos, algo muy importante no sólo en la infancia, sino también en la adolescencia y en la vida adulta. Cuando los niños se sienten escuchados, estarán más propensos a permanecer abiertos y a ser más comunicativos en la adolescencia, una etapa en la que suelen cerrarse más al mundo adulto.
Además, los momentos de juego compartido permiten trabajar aspectos clave del desarrollo: la tolerancia a la frustración, el respeto de turnos, el autocontrol y la empatía. Cuando un hijo pierde en un juego de mesa, por ejemplo, puedes acompañar su enfado y enseñarle a manejarlo; cuando gana, puede aprender a celebrar sin humillar.
Otro beneficio fundamental del juego en vacaciones es que ayuda a equilibrar el gran cambio de rutinas: menos tareas escolares, más horas en casa, más calor, más tiempo con hermanos… Todos estos factores pueden generar conflictos. Reservar cada día un rato fijo de juego en familia, aunque sean 15 o 20 minutos de dedicación total, da seguridad y estructura emocional.
Algunas formas de reconectar con tus hijos en el descanso del verano pueden ser:
- Ir a pasear al parque y jugar con ellos
- Ver las estrellas del verano y hablar de ellas
- Leerles cuentos, inventarse historias juntos
- Realizar juegos en casa para los días que no se sale
- Realizar juegos al aire libre para los días del buen tiempo
- Realizar recetas juntos
- Disfrutar de la presencia de unos y otros
- Permítete ser niño/a al lado de tus hijos

Otras formas de reconectar con tus hijos en verano

Recuerda que tus hijos no van a estar siempre a tu lado siendo niños, porque crecen y se convertirán en personas adultas, pero su infancia les marcará para siempre y les ayudará a ser unas personas adultas de éxito, o no. Por eso, no dudes en esforzarte en conectar con tus hijos en época de vacaciones -y también durante todo el año-. El verano amplifica lo que ya ocurre en casa: si la relación está tensa, aparecerán más conflictos; si hay buena base de vínculo, habrá más oportunidades de disfrutar.
No te pierdas otras ideas para reconectar con los niños en las vacaciones que tienes en verano, tanto si son pequeños como si ya han entrado en la adolescencia. Es un momento ideal para acompañar emocionalmente, observar sin prisas y reconstruir la complicidad que quizá durante el curso se ha ido desgastando entre deberes, extraescolares y carreras diarias.
Realizar actividades activas juntos
Una de las mejores maneras para que los adultos se relajen y pierdan el estrés es conseguir realizar actividades activas o algún tipo de actividad física. Podéis ir a la piscina a realizar juegos o a nadar, ir a la playa a hacer surf si te gusta y si tus hijos tienen edad suficiente, salir de paseo en bicicleta, hacer rutas de senderismo sencillas o jugar un partido de fútbol en el parque. Lo importante es que las actividades activas os ayudarán a reforzar el vínculo y, además de manteneros en forma, os lo pasaréis en grande.
Para los adolescentes, las actividades físicas compartidas son una forma muy valiosa de conexión. Salir a caminar al atardecer, montar en bici, practicar un deporte juntos o incluso apuntarse a una actividad de aventura en familia permite que compartan tiempo sin la presión de tener que hablar de todo. La conversación suele fluir de manera más natural cuando el cuerpo está en movimiento.
También es una buena oportunidad para trabajar la responsabilidad y la colaboración: preparar una mochila con agua y fruta, revisar el material, organizar la ruta… Involucrarles en la planificación de estas actividades les hace sentir parte activa de la familia y no simples acompañantes de los planes de los adultos.

Trabaja el vínculo emocional
Es posible utilizar las vacaciones de verano de tus hijos como una oportunidad para conectar con ellos de forma más emocional. Si tu hijo/a no ha compartido sus intereses contigo, ha llegado el momento de cambiar eso. A medida que tu hijo/a te muestre qué es lo que le gusta hacer, fíjate en esas señales para potenciarlo. Sumergirte en su mundo -música, videojuegos, lecturas, series, aficiones- es una manera poderosa de decirle: «me importas».
Poner en tu tabla de prioridades el pasar tiempo con tus hijos, siempre será una opción acertada, por lo que no dudes en disfrutar de tu tiempo libre con ellos. Es probable que encuentres mucho más gratificante estar al lado de tus hijos en tus semanas de vacaciones que todo el tiempo en la oficina. La conexión emocional con tu hijo es uno de los pilares de su salud mental, y también un gran protector frente a futuras dificultades.
El tiempo que pasas con tus hijos será tiempo de calidad, un tiempo que le construirá como persona y que además, también construirá una relación importante entre vosotros, potenciará vuestro vínculo y os permitirá tener una relación padres e hijos sólida y fuerte como una roca. Si tienes la oportunidad de disfrutar del tiempo con tus hijos… simplemente haced eso: disfrutar. No hace falta que siempre haya grandes planes: una conversación tranquila después de cenar, cocinar juntos, mirar fotos antiguas o ver una película y comentarla pueden ser momentos muy valiosos.
En estas conversaciones de verano, intenta preguntar desde la curiosidad y no desde el juicio. En lugar de centrarte solo en «¿qué has hecho?» o «¿a qué hora vuelves?», prueba con preguntas como: «¿Qué te ha hecho reír últimamente?» o «¿Qué te gustaría hacer juntos estos días?». De esta manera, abres la puerta a que compartan pensamientos, ilusiones y preocupaciones.

Negociar normas y horarios en vacaciones
Con la llegada del verano desaparecen los horarios estrictos, los exámenes y las prisas. Se abre paso una rutina más relajada en la que los niños y, sobre todo, los adolescentes, disfrutan de mayor independencia y flexibilidad: se acuestan más tarde, pasan más tiempo con amigos, comen fuera de horas o pasan más rato conectados a pantallas.
Para muchas familias, esto supone un reto de convivencia. Por eso, es fundamental aprender a pactar con tus hijos los horarios, las responsabilidades y las actividades que pueden o no hacer. Estos compromisos previos evitarán muchas discusiones y reducirán la sensación de estar todo el día regañando.
La clave no está en renunciar a toda estructura, sino en negociar una nueva dinámica más acorde con el verano. Puedes, por ejemplo, acordar juntos hasta qué hora pueden acostarse, cuánto tiempo dedicarán a pantallas, qué tareas de casa asumirán o qué momentos serán prioritarios para estar en familia (como las comidas o ciertas actividades semanales).
Es importante también que el verano no se convierta en un juicio permanente sobre lo ocurrido durante el curso. Si utilizas estos días para recordar constantemente sus fallos o sus malas notas, solo lograrás distanciaros más. El descanso debe ser también emocional: guardar reproches, abandonar amenazas y dar espacio a nuevas formas de vínculo es esencial para construir una relación basada en la confianza, no en el control.
Cuando tus hijos -especialmente si son adolescentes- sienten que su opinión cuenta, es mucho más probable que cumplan los acuerdos. Negociar no significa ceder a todo, sino incluirles en las decisiones que les afectan. Así, lejos de debilitar tu autoridad, la refuerzas desde el respeto mutuo.

Aceptar sus necesidades de independencia y grupo de iguales
Durante la infancia, los hijos buscan de forma casi constante la compañía de sus padres. Pero al hacerse mayores, es natural que prioricen cada vez más a sus amigos por encima de ciertos planes familiares. En verano esto se nota mucho: quieren salir más, hacer planes con su grupo, quedarse en casa chateando o jugando en línea.
Aceptar este cambio es un ejercicio de madurez que como adultos debemos aprender a hacer. No se trata de tomarlo como un rechazo personal, sino de entender que forma parte de su desarrollo. Necesitan estar con sus iguales para construir su identidad, explorar su libertad y ensayar la autonomía que irán ganando poco a poco.
Esto no significa renunciar a los momentos en familia, sino buscar un equilibrio sano. Puedes, por ejemplo, incluirles en la planificación de las vacaciones: destino, actividades principales, días de visitas familiares, tiempo para que estén con su grupo, etc. Cuanto más sientan que se tienen en cuenta sus gustos y necesidades, más abiertos estarán a disfrutar de los planes familiares.
También es recomendable ofrecer planes sencillos y sin presión para compartir: cocinar una pizza juntos, salir a tomar un helado, ver una serie que os guste a ambos, dar un paseo por la noche… Sin convertir esos momentos en interrogatorios ni aprovechar para repasar notas o comportamientos. Solo estar, compartir, reír.
Aunque no lo digan, tus hijos -también los adolescentes- necesitan sentir que sigues ahí, que eres un pilar estable en su vida. Tu presencia tranquila, tu capacidad de escuchar sin juzgar y tu disposición a acompañar sus emociones les da una base segura desde la que explorar el mundo.

Aburrimiento, pantallas y ritmo de verano
Durante el curso escolar, la vida infantil y adolescente transcurre entre deberes, prisas y actividades. En vacaciones, de repente aparece mucho tiempo libre y es fácil sentir la tentación de llenar cada minuto con planes, extraescolares o pantallas para evitar el famoso «me aburro».
Sin embargo, el aburrimiento no es un enemigo, sino un aliado. Cuando un niño o un adolescente se aburre, su mente tiene la oportunidad de descansar, observar, imaginar y crear. De ese espacio sin estímulos continuos surgen juegos inventados, ideas, reflexiones y autoconocimiento.
Por eso, no es necesario -ni sano- programar su verano como si fueran ejecutivos con la agenda completa. Déjales ratos sin nada previsto, anímales a pensar qué les apetece hacer, ofréceles materiales sencillos (libros, cuadernos, construcciones, arte, juguetes simbólicos) y evita recurrir siempre a las pantallas como salvavidas.
Respecto a móviles, tablets y consolas, más que prohibir, se trata de acompañar y enseñar a autorregularse. Puedes acordar límites de tiempo y momentos del día sin dispositivos (comidas, antes de dormir, actividades familiares) y, sobre todo, revisar también qué uso haces tú del móvil delante de ellos. El ejemplo adulto es clave.
El verano también es una oportunidad para cuidar especialmente el sueño. Aunque los horarios sean más flexibles, conviene respetar las horas de descanso que necesitan según su edad y evitar alargar continuamente las noches por planes sociales o pantallas. Un niño o adolescente que duerme menos de lo que su cuerpo necesita tendrá más dificultades para controlar sus emociones y colaborar en casa.

Organización familiar, tiempo especial y autocuidado
Las vacaciones se han inventado para cambiar de rutinas, relajarnos y descansar. Pero los padres que conviven con hijos de temperamento más intenso o de espíritu libre, por ejemplo, corren el riesgo de que si se relajan demasiado, todo se vuelva en su contra. Mantener ciertos horarios básicos estables (comidas, sueño, momentos de calma) ayuda a reducir la sobreestimulación y facilita el autocontrol.
Si tienes varios hijos, es muy valioso que en verano busques momentos de tiempo especial a solas con cada uno. No hace falta que sea un plan elaborado: ir a hacer la compra juntos, leer un cuento, ver un álbum de fotos, lavar el coche, preparar una receta o dar un paseo pueden convertirse en espacios únicos para reforzar vuestro vínculo y reconectar después de una etapa de más conflictos.
También es importante encontrar un equilibrio entre tiempo en familia y tiempo con amigos o actividades externas. Si tus hijos pasan muchas horas en campamentos o con su grupo, no olvides reservar algunos días u horas en los que la prioridad sea estar juntos sin prisas. Y, cuando sea posible, podéis organizaros como pareja para alternar días de vacaciones, de modo que siempre haya un adulto disponible para compartir más tiempo con ellos.
Por último, recuerda que sin ti nada funciona. Si tú no estás bien -por estrés, cansancio, culpa o frustración- las vacaciones se harán cuesta arriba. Cuidar tu propio descanso, pedir ayuda, bajar el nivel de autoexigencia y no pretender tener unas vacaciones perfectas es una inversión directa en el bienestar de toda la familia.

El verano puede vivirse como un campo de batalla o como una oportunidad para construir recuerdos que acompañarán a tus hijos toda la vida. Apostar por la conexión, la negociación respetuosa, el juego compartido, la escucha y la flexibilidad consciente convierte estas semanas en una etapa de crecimiento para todos, en la que os miráis de nuevo, os conocéis mejor y reforzáis un vínculo que será su refugio a lo largo de los años.
