Vacuna de la fiebre amarilla: guía completa para viajar seguro

  • La fiebre amarilla es una infección vírica grave transmitida por mosquitos diurnos en zonas tropicales de África y América.
  • La vacuna de virus vivos atenuados, en una sola dosis, ofrece protección eficaz de por vida en la mayoría de personas.
  • La vacunación es obligatoria o muy recomendada para viajeros a países endémicos y debe administrarse al menos 10 días antes del viaje.
  • Las reacciones graves a la vacuna son muy raras, pero existen contraindicaciones claras que requieren valoración individual en centros especializados.

Vacuna contra la fiebre amarilla

La fiebre amarilla y su vacuna son dos conceptos que van de la mano cuando hablamos de viajar a zonas tropicales de África o América Latina. Es una enfermedad poco frecuente en España, pero sigue siendo un problema serio de salud pública a nivel mundial y, si estás pensando en hacer un viaje a según qué destinos, es muy probable que te toque informarte (y vacunarte) sí o sí.

Aunque pueda sonar a algo lejano, la fiebre amarilla es una infección vírica hemorrágica grave, con una mortalidad muy alta en los casos complicados, pero que afortunadamente se puede prevenir con una sola dosis de una vacuna muy eficaz. Entender cómo se transmite, qué síntomas produce, en qué países hay riesgo real y quién debe vacunarse es clave para organizar un viaje con cabeza y sin sustos.

¿Qué es la fiebre amarilla y cómo actúa el virus?

La fiebre amarilla es una enfermedad infecciosa aguda de origen vírico, de carácter hemorrágico, causada por un arbovirus del género Flavivirus. Se denomina “amarilla” por la ictericia, ese tono amarillento de la piel y de la parte blanca de los ojos, que aparece cuando el hígado se inflama y deja de funcionar correctamente.

Este virus se transmite a las personas a través de la picadura de mosquitos infectados que pican de día, sobre todo del género Aedes (como el conocido Aedes aegypti) y también de Haemagogus y Sabethes en zonas selváticas. Estos mosquitos se crían en entornos muy variados: áreas urbanas (agua estancada en recipientes domésticos), zonas de selva húmeda y ambientes semidomésticos, y comparte vectores con otros virus como el virus del Zika.

El virus infecta tanto a monos como a seres humanos. Los mosquitos adquieren el virus al picar a un primate o a una persona infectada, y después lo transmiten a otros individuos al volver a picar. Una persona con fiebre amarilla puede contagiar a los mosquitos desde algo antes de que empiece la fiebre y hasta unos cinco días después del inicio de los síntomas.

Por su capacidad para producir brotes urbanos explosivos y por la posibilidad de que se exporte a países libres de la enfermedad a través de viajeros infectados, la fiebre amarilla se considera una amenaza importante para la seguridad sanitaria mundial. Organismos como la OMS han puesto en marcha estrategias específicas para controlar sus epidemias.

Áreas de riesgo y países que exigen la vacuna

Mapa de riesgo de fiebre amarilla y vacunación

La fiebre amarilla se concentra en regiones intertropicales de África y América Latina, es decir, entre el trópico de Cáncer y el de Capricornio. Allí el clima cálido y húmedo favorece la proliferación de mosquitos y la transmisión del virus.

Según datos recientes de la OMS, entre 27 y 34 países de África y 13 de América están clasificados como países con riesgo de transmisión o zonas endémicas/epidémicas. Cada año se estiman, solo en África y América, decenas de miles de infecciones graves y decenas de miles de muertes, con la mayor carga en el continente africano.

En África, el listado de países con riesgo incluye, entre otros, Angola, Benín, Burkina Faso, Burundi, Camerún, República Centroafricana, Chad, Congo, Costa de Marfil, República Democrática del Congo, Etiopía, Gabón, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Kenia, Liberia, Mali, Mauritania, Níger, Nigeria, Senegal, Sierra Leona, Sudán, Sudán del Sur, Togo y Uganda. En muchos de ellos el riesgo aumenta en zonas de selva o jungla y en desplazamientos rurales.

En América Latina, la fiebre amarilla es endémica en países como Argentina (Misiones y Corrientes), Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Guyana, Panamá, Paraguay, Perú, Surinam, Trinidad y Tobago y Venezuela. En estas áreas, además de vacunarse, se recomienda contratar un seguro médico de viaje porque los tratamientos pueden ser costosos para viajeros extranjeros.


En el continente asiático, la OMS no reconoce actualmente países con transmisión endémica de fiebre amarilla. Sin embargo, muchas zonas húmedas de Asia tienen abundancia de mosquitos capaces de transmitir otras enfermedades (dengue, paludismo, chikungunya, Zika), por lo que las medidas de protección frente a picaduras siguen siendo muy importantes.

Varios países exigen como requisito de entrada la vacunación frente a la fiebre amarilla independientemente del país de procedencia del viajero. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, Angola, Benín, Burkina Faso, Burundi, Camerún, República Centroafricana, Congo, Costa de Marfil, República Democrática del Congo, Guayana Francesa, Gabón, Ghana, Guinea-Bissau, Mali, Níger, Sierra Leona, Sudán, Sudán del Sur, Togo y Uganda (con variaciones de edad mínima, habitualmente entre 9 meses y 1 año).

Además, la mayoría de países del mundo pueden exigir la vacuna si el viajero llega desde un país donde la fiebre amarilla es endémica. Esto se regula mediante el Reglamento Sanitario Internacional (RSI). En estos casos suele ser obligatorio presentar el Certificado Internacional de Vacunación válido.

Síntomas, evolución y complicaciones de la fiebre amarilla

El periodo de incubación, es decir, el tiempo entre la picadura del mosquito infectado y la aparición de síntomas, suele ser de 3 a 6 días. Esto hace que muchos viajeros puedan desplazarse a otro país antes de notar que están enfermos.

Una gran parte de las personas infectadas cursan con síntomas muy leves o incluso ningún síntoma. Cuando la infección se manifiesta, lo típico es que comience de forma brusca con fiebre, escalofríos, dolor de cabeza intenso, dolores musculares (muy característico el dolor de espalda), malestar general, náuseas, vómitos y pérdida de apetito. Esta fase inicial suele durar de tres a cuatro días y en muchos casos se resuelve sin más complicaciones.

Sin embargo, alrededor de un 15 % de los pacientes pasan, tras una aparente mejoría de unas 24 horas, a una segunda fase tóxica mucho más grave. En este momento reaparece una fiebre alta, se afecta el hígado (con ictericia evidente), los riñones y otros órganos, puede haber vómitos persistentes, dolor abdominal intenso y hemorragias en boca, nariz, ojos o estómago. También pueden presentarse fallos multiorgánicos y estado de choque.

La letalidad en esta fase avanzada es muy alta: aproximadamente la mitad de los pacientes con forma grave fallecen en un plazo de 7 a 10 días desde el inicio de la fase tóxica, a pesar del tratamiento de soporte. Por eso la fiebre amarilla, sin prevención adecuada, puede ser devastadora en zonas con recursos limitados.

No existe en la actualidad un tratamiento antiviral específico de uso rutinario frente al virus de la fiebre amarilla. La atención se centra en el soporte clínico: reposo, hidratación, manejo de la fiebre, tratamiento de la insuficiencia renal y hepática y antibióticos si se sospechan infecciones bacterianas secundarias. Los casos graves deben ingresar, con frecuencia, en unidades de cuidados intensivos.

Diagnóstico y manejo clínico

El diagnóstico de la fiebre amarilla no siempre es sencillo, porque en las primeras fases los síntomas son muy inespecíficos y se parecen a los de otras infecciones frecuentes en zonas tropicales: paludismo, síntomas del dengue, leptospirosis, hepatitis virales u otras fiebres hemorrágicas.

En la fase temprana de la enfermedad, la confirmación se realiza mediante técnicas de laboratorio basadas en RT-PCR (reacción en cadena de la polimerasa con retrotranscripción) en muestras de sangre, que permiten detectar directamente el material genético del virus.

En etapas posteriores, cuando el virus disminuye en sangre, el diagnóstico se orienta a través de pruebas serológicas (ELISA, pruebas de neutralización por reducción de placa o PRNT) que identifican anticuerpos específicos frente al virus de la fiebre amarilla. Estas pruebas requieren laboratorios con capacidad especializada.

Las guías internacionales recientes sobre el manejo clínico de arbovirosis incluyen recomendaciones detalladas sobre tratamiento de apoyo, criterios de ingreso hospitalario y derivación a cuidados intensivos, así como el uso de antivirales en entornos de investigación (como sofosbuvir o determinados anticuerpos monoclonales), que aún no forman parte del manejo estándar.

La vacuna de la fiebre amarilla: tipos, eficacia y duración

La herramienta más eficaz para frenar la enfermedad es una vacuna de virus vivos atenuados que se administra en una sola dosis y que aporta protección de larga duración, en la práctica de por vida, en la gran mayoría de las personas vacunadas.

En España se dispone de la vacuna comercializada como Stamaril, producida a partir de virus atenuados cultivados en embriones de pollo. Se presenta como un vial liofilizado que se reconstituye con un diluyente en jeringa justo antes de la administración. No se distribuye en farmacias comunitarias, sino que solo está disponible en los Centros de Vacunación Internacional.

La vacuna se administra generalmente por vía subcutánea (es la opción preferente), aunque también puede ponerse por vía intramuscular en el hombro (músculo deltoides) o en el muslo, según la edad. Desde el punto de vista inmunitario, una única dosis es suficiente para generar una protección efectiva en la mayoría de las personas.

En cuanto a la eficacia, se estima que alrededor del 95 % de las personas vacunadas están protegidas a partir de los 10 días tras la inyección (momento a partir del cual el Certificado Internacional se considera válido) y que más del 99 % han desarrollado inmunidad adecuada a los 30 días. Las evidencias actuales indican que, en condiciones normales, no son necesarios refuerzos rutinarios.

Algunos países con incidencia elevada, o en contextos de exigencias administrativas, pueden seguir requiriendo una vacunación documentada dentro de los 10 años previos, aunque la normativa internacional actual considera válida de por vida una sola dosis. En cualquier caso, la decisión final sobre revacunación se individualiza según el país y la situación epidemiológica.

¿Quién debe vacunarse y cuándo hacerlo?

En general, deben vacunarse las personas de entre 9 meses y 60 años que no hayan recibido la vacuna previamente y que vayan a viajar o residir en áreas donde se transmite el virus de la fiebre amarilla. Esta indicación se aplica tanto por protección individual como por requisitos de entrada en determinados países.

Los viajeros han de recibir la vacuna al menos 10 días antes de la llegada al destino, para dar tiempo a que el organismo desarrolle anticuerpos protectores y para que el certificado tenga validez legal. Siempre se recomienda pedir cita con antelación en un Centro de Vacunación Internacional, ya que en épocas de mayor demanda puede haber listas de espera.

En España, estos centros son los encargados de administrar la vacuna y expedir el Certificado Internacional de Vacunación, documento oficial reconocido globalmente que muchas fronteras exigen para permitir la entrada en países con fiebre amarilla endémica. La vacunación se decide de forma personalizada, valorando el itinerario, la duración del viaje y las características del viajero.

La Asociación Española de Pediatría recomienda la vacunación en niños mayores de 9 meses que viajen a zonas de riesgo, de acuerdo con las pautas del Ministerio de Sanidad para viajes internacionales. En algunos contextos epidémicos, la OMS contempla la inmunización de lactantes entre 6 y 9 meses en zonas de altísimo riesgo, siempre individualizando y bajo criterio especializado.

En países endémicos como Colombia, la vacuna se ofrece de forma gratuita y sin barreras de acceso en puntos de vacunación distribuidos por todo el territorio, independientemente del estatus migratorio o de afiliación al sistema sanitario. Allí se prioriza a las personas que viven, transitan o viajan a zonas de alto riesgo, y se fomenta la verificación del antecedente vacunal mediante carné físico, registros institucionales o sistemas de información.

Seguridad, efectos adversos y contraindicaciones

Como cualquier medicamento, la vacuna de la fiebre amarilla puede causar efectos secundarios, aunque las reacciones graves son extremadamente poco frecuentes si se respetan las indicaciones y contraindicaciones. El beneficio de prevenir una enfermedad potencialmente mortal suele ser muy superior a los riesgos de la vacunación.

Los efectos leves más habituales aparecen entre el tercer y el séptimo día tras la inyección e incluyen dolor o enrojecimiento en el lugar del pinchazo, febrícula, dolor de cabeza y malestar general. Aproximadamente hasta una de cada cuatro personas puede presentar alguna de estas molestias transitorias, que suelen durar unos pocos días. En niños pequeños se ha descrito con más frecuencia irritabilidad, llanto, somnolencia y algo de pérdida de apetito.

Las reacciones graves son muy raras, pero importantes: se describen reacciones alérgicas severas a componentes de la vacuna (por ejemplo, proteínas del huevo), cuadros que afectan al sistema nervioso (enfermedad neurotrópica asociada a la vacuna) y una enfermedad viscerotrópica grave, con fallo orgánico multisistémico y alta letalidad. En términos aproximados, se habla de una reacción alérgica severa por cada decenas de miles de dosis y una reacción viscerotrópica por cada cientos de miles de dosis administradas.

Algo a tener en cuenta es que las reacciones neurotrópicas o viscerotrópicas no se han descrito tras dosis de refuerzo, sino casi exclusivamente después de la primera dosis. Esto refuerza la idea de limitar revacunaciones innecesarias.

La vacuna está contraindicada de forma absoluta en niños menores de 6 meses, en adultos de más de 60 años salvo situaciones muy especiales, en personas con inmunodepresión grave (por VIH sintomático, tratamientos inmunosupresores intensivos, cáncer activo, déficits inmunitarios severos), en pacientes con trastornos graves del timo (como timectomía o miastenia gravis) y en quienes hayan presentado reacciones alérgicas importantes a una dosis previa o tengan alergia grave al huevo o a proteínas de pollo.

También se debe evitar su administración durante una enfermedad aguda con fiebre y valorar con mucha cautela en personas con intolerancia hereditaria a la fructosa, ya que la vacuna contiene sacarosa como excipiente. En estos casos, conviene que la decisión se tome de forma individualizada por personal especializado en un Centro de Vacunación Internacional.

Situaciones especiales: embarazo, lactancia, edad avanzada y exenciones médicas

El embarazo es una situación en la que se aplica el principio de precaución: aunque no se ha demostrado que el virus vacunal atenuado cause daño fetal, se evita la vacunación si no es estrictamente necesaria. Se recomienda posponer el viaje si se trata de una zona de riesgo y, si no es posible, valorar cuidadosamente el beneficio-riesgo. En mujeres en edad fértil se suele aconsejar evitar el embarazo durante las cuatro semanas posteriores a la vacunación.

En la lactancia, parte de los virus vacunales pueden excretarse en la leche materna. El riesgo de causar enfermedad en el lactante es muy bajo, pero, si la madre de un bebé menor de 9 meses debe viajar forzosamente a zona de riesgo y vacunarse, se recomienda extraer y desechar la leche durante unos 14 días tras la dosis. En madres que amamantan a niños de 9 meses o más, la vacunación se considera segura de forma general.

En personas mayores de 60 años, el riesgo de reacciones adversas graves es algo más elevado que en adultos jóvenes. Por ello, la recomendación es evaluar caso por caso, teniendo en cuenta el nivel de exposición al virus durante el viaje, la presencia de enfermedades de base y la posibilidad de alternativas, como cambiar de ruta o posponer el desplazamiento.

Algunas situaciones no constituyen una contraindicación absoluta, pero sí obligan a una valoración individualidad del riesgo-beneficio, sobre todo en caso de brotes o cuando el riesgo de infección es muy alto: lactantes de 6 a 8 meses, embarazadas, personas mayores de 60 años o determinados cuadros de inmunodepresión moderada. En estos escenarios la decisión debe tomarse de forma muy informada y documentada.

Cuando la vacunación está médicamente contraindicada y el país de destino exige el certificado, los Centros de Vacunación Internacional pueden emitir un documento de exención médica. Esta certificación debe acompañar al pasaporte del viajero para presentarla en los controles fronterizos y justificar la no vacunación por motivos de salud.

Prevención integral: vacuna y control del mosquito

La piedra angular de la prevención es la vacunación sistemática en las poblaciones de riesgo y en los viajeros que se desplazan a zonas endémicas. Programas internacionales como la estrategia EYE (Eliminate Yellow fever Epidemics) liderada por la OMS, Gavi y UNICEF coordinan campañas masivas de inmunización, refuerzan la vigilancia epidemiológica y preparan respuestas rápidas frente a posibles brotes urbanos.

Aun así, la vacuna no lo es todo. Es fundamental reducir la exposición a las picaduras de mosquitos. Para ello se recomiendan medidas sencillas pero muy efectivas: aplicar repelentes adecuados sobre la piel expuesta (siguiendo siempre las indicaciones de edad y frecuencia de uso), vestir ropa de manga larga y pantalones largos, preferiblemente de colores claros, y evitar en lo posible las zonas de mayor densidad de mosquitos en las horas de máxima actividad.

El control del vector en el entorno es otro pilar básico. Se trata de eliminar criaderos de mosquitos, es decir, cualquier recipiente o espacio donde pueda acumularse agua estancada: cubos, neumáticos viejos, platos de macetas, canalones, depósitos sin tapa… En algunos contextos se usan larvicidas específicos en contenedores de agua que no pueden vaciarse de forma regular.

Los mosquiteros tratados con insecticida son útiles para protegerse de otros mosquitos que pican de noche, pero frente a la fiebre amarilla tienen una eficacia limitada, ya que los vectores principales suelen ser diurnos. Aun así, pueden ser un complemento razonable, sobre todo en zonas donde coexisten varias enfermedades transmitidas por mosquitos.

En países con alta circulación del virus, se refuerzan también las estrategias de vigilancia de mosquitos, en especial de Aedes aegypti, para estimar el riesgo de brotes urbanos y actuar con rapidez mediante campañas de fumigación focal, educación comunitaria y vacunación de emergencia en las áreas afectadas.

Organización de la vacunación en algunos países y dudas frecuentes

En países endémicos como Colombia, la vacunación contra la fiebre amarilla es gratuita y accesible en numerosos puntos a lo largo del territorio nacional. Se dirige prioritariamente a la población de 9 meses a 19 años en todo el país, y a todas las edades a partir de los 9 meses en áreas catalogadas como de alto o muy alto riesgo, incluyendo a personas mayores de 59 años si se considera oportuno.

Para los viajeros extranjeros o migrantes que se desplacen a municipios de muy alto o alto riesgo, se recomienda recibir la vacuna al menos 10 días antes del viaje. Existen puestos de vacunación en terminales y aeropuertos, y el Certificado Internacional de Vacunación se acepta como prueba válida de inmunización tanto para nacionales como para visitantes.

Es muy frecuente que los viajeros se planteen dudas como: cómo saber si ya se vacunaron en el pasado, dónde encontrar la declaración juramentada de antecedente vacunal, qué países exigen el certificado si proceden de Colombia o cómo identificar las zonas exactas de riesgo. Estas cuestiones se resuelven habitualmente en las páginas oficiales de los ministerios de sanidad y a través de mapas actualizados de clasificación de zonas de riesgo y puntos de vacunación por municipio.

En España y en muchos otros países, la recomendación habitual para cualquier persona que prepare un viaje internacional a zona tropical es solicitar asesoramiento en un centro de vacunación internacional. Allí valoran el itinerario, revisan el calendario vacunal, explican las medidas de protección frente a mosquitos y emiten los certificados necesarios. Es también el lugar indicado para resolver preguntas concretas sobre compatibilidad con otras vacunas, tratamientos en curso o enfermedades de base.

En la práctica, combinar una buena planificación sanitaria (vacunas, repelentes, seguro médico de viaje) con un respeto escrupuloso a las recomendaciones oficiales del país de destino permite disfrutar del viaje con mucha más tranquilidad, sabiendo que el riesgo de fiebre amarilla se ha reducido al mínimo razonable.

Queda claro que la fiebre amarilla sigue siendo una enfermedad muy seria, pero hoy contamos con una vacuna altamente eficaz, herramientas de vigilancia y medidas sencillas de prevención que, bien empleadas, hacen que el riesgo para el viajero informado sea muy bajo; conocer las zonas de riesgo, respetar los plazos de vacunación, protegerse de las picaduras y acudir a centros especializados antes de viajar es, en última instancia, la mejor forma de moverse por el mundo sin poner en juego la salud.

fiebre amarilla
Artículo relacionado:
Fiebre amarilla: repunte regional, cambios en requisitos y acceso a la vacuna