La Associació Catalana contra l’anorèxia i la bulímia (Acab) alertaba acerca de una arriesgada conducta observada en algunos institutos. Se trata de lesiones intencionadas en las extremidades que algunas alumnas se provocan con el objeto de resistir el hambre. Sé que este comportamiento puede sorprender, pero para valorarlo debemos tener en cuenta la necesidad de aceptación en la adolescencia y el papel de Internet como facilitador en la divulgación de recomendaciones poco saludables a través de páginas como las pro Ana / pro Mia.
Como sabéis, los Trastornos de la Alimentación se caracterizan por comportamientos patológicos ante la ingesta; las personas que los sufren están obsesionadas por el control de peso. La enferma o el enfermo es incapaz de identificar las consecuencias negativas de los trastornos, también de prever los beneficios de cualquier tratamiento propuesto. Cada vez está más claro que el papel de la familia es determinante, y lo es incluso cuando la persona afectada no colabora activamente.
Informes de entidades especializadas señalan que la prevalencia de anorexia y bulimia aumentó varios puntos desde mediados del siglo XX, y eso contando sólo casos diagnosticados
Volviendo a la noticia que motiva esta entrada: Acab realiza talleres en los Institutos de Secundaria, dirigidos a alumnas y alumnos en ESO; se trabajan las emociones y se intenta fortalecer la individualidad de cada uno frente a comportamientos imprudentes y prevenibles. Desde la asociación se ha detectado que las conductas de riesgo han crecido, aunque la cifra de chicas y chicos afectados por un trastorno de conducta alimentaria se ha mantenido relativamente estable.
Un problema multicausal
Estas enfermedades son complejas, y no debemos caer en el error de culpabilizar a unos u otros. Los factores predisponentes pueden estar relacionados con el propio afectado (por ejemplo, sobrepeso, baja autoestima), con el entorno sociocultural (como una preocupación excesiva por el aspecto) o con antecedentes familiares que apunten a cierta vulnerabilidad genética.
Además, se entremezcla la etapa vital de la mayoría de personas enfermas: la pubertad, con sus múltiples cambios cerebrales, físicos y sociales. Todo ello en una sociedad que presiona a través de cánones de belleza, que erosionan el autoconcepto y se amplifican por los mensajes mediáticos que los menores reciben a diario.
Representantes de Acab no dudan en señalar los intereses económicos de la industria de la moda
Para comprender mejor por qué algunas estrategias preventivas funcionan, conviene asumir que estos trastornos resultan de la interacción entre genética, biología, psicología y contexto social. Cuando la prevención actúa en varios niveles (educación emocional, alfabetización mediática, vínculo familiar y habilidades de afrontamiento), la probabilidad de aparición y cronificación se reduce.

Señales que avisan
Anteriormente ya habíamos introducido brevemente la detección de estos trastornos, me gustaría aportar una información de la propia asociación mencionada, lo haré brevemente y en otra ocasión me propongo ampliarlo:
- En relación a la alimentación: utilización injustificada de dieta restrictiva, sentimiento de culpa por haber comido, evitar comidas en familia, encontrar comida escondida.
- En relación al peso: pérdida injustificada, ejercicio físico compulsivo sólo para adelgazar, amenorrea.
- En relación a la imagen corporal: intentos de esconder el cuerpo con ropa amplia…
- En relación al comportamiento: aumento de la irritabilidad o agresividad, comportamientos manipulativos, aparición de mentiras.
Además, conviene observar la presencia de atracones y purgas, conductas de aislamiento, perfeccionismo extremo, cambios bruscos de humor, alteraciones del sueño y una preocupación constante por la comida o el cuerpo que interfiera en la vida diaria.
La familia: más importante de lo que tú piensas
Aunque los hijos crezcan, los padres siguen siendo un referente, eso sí: hay que estar presente en sus vidas. La capacidad de escucha y la confianza que deposites en los (ya no tan) niños cuenta; viviendo en una sociedad exigente, la familia puede ejercer de muro de contención, proteger y buscar ayuda cuando hay problemas.
Por eso es muy importante que en las Escuelas de Padres se incluyan estos contenidos: papás y mamás necesitan herramientas para afrontar o prevenir problemas, y necesitan compartir. Comer en familia también actúa como factor de prevención, aún en estas edades. Organizar algunas comidas compartidas a la semana favorece la detección precoz y el vínculo.
En estos momentos Acab está realizando un gran trabajo mediante lo que llaman ‘vacunas psicológicas’, consistentes en mejorar habilidades de comunicación, imagen corporal y pensamiento crítico. Este concepto de vacunación psicológica se basa en inocular a los jóvenes con microexperiencias y argumentos que les entrenan para resistir la presión social, reconocer las distorsiones de la imagen en redes y manejar emociones difíciles sin recurrir a conductas de riesgo. Felicitamos a Acab y a otras asociaciones que desempeñan un trabajo similar.
Dónde y cómo empezar el tratamiento
Si sospechas un trastorno de la alimentación, el primer paso es una valoración profesional. Lo ideal es un equipo especializado e interdisciplinar: profesional de la salud mental (psicología/psiquiatría), dietista-nutricionista, y especialistas médicos para el control de complicaciones. En menores, la familia participa activamente supervisando comidas y apoyando la adherencia.
Plan terapéutico y objetivos
El equipo y la familia definen un plan con metas claras: restaurar la nutrición y el peso saludable, normalizar la pauta de ingesta, reducir atracones y purgas, y trabajar las distorsiones cognitivas y la imagen corporal. Se incluyen pautas para actuar si aparecen dificultades de adherencia y recursos disponibles en la zona.
Terapias con evidencia
- Terapia cognitivo-conductual mejorada (CBT-E): eficaz en bulimia y trastorno por atracones; ayuda a sustituir hábitos no saludables, regular la alimentación y cuestionar pensamientos distorsionados. En anorexia su eficacia es menor, pero algunos componentes resultan útiles.
- Tratamiento basado en la familia (FBT): los padres asumen temporalmente el soporte de la alimentación hasta que el adolescente recupera autonomía. Mejora el peso, hábitos y ánimo, con especial utilidad en anorexia juvenil.
- Terapia dialéctica conductual (DBT): efectiva para regulación emocional, reducción de atracones y conductas impulsivas; combina trabajo individual y grupal y entrena habilidades de tolerancia al malestar.
Tu terapeuta puede proponer tareas como registros de alimentación, diarios emocionales o exposiciones graduales a alimentos temidos, reforzando estrategias para gestionar el estrés y mejorar las relaciones.
Educación nutricional
La intervención nutricional especializada prioriza recuperar un patrón regular (tres comidas y dos o tres colaciones), planificación de menús, corrección de déficits y evitar dietas extremas. Se explican los efectos de la desnutrición sobre mente y cuerpo, y se trabaja la flexibilidad alimentaria para disminuir la fobia a determinados alimentos.
Rol de la medicación
La medicación no resuelve los síntomas nucleares (insatisfacción corporal, baja autoestima), pero puede aliviar ansiedad, depresión, insomnio u obsesividad para facilitar la terapia. En anorexia no existe fármaco específico; en bulimia y atracones algunos antidepresivos y fármacos antiimpulsivos pueden reducir la frecuencia de episodios, siempre dentro de un tratamiento integral y con seguimiento psiquiátrico.
Bien indicada, la combinación de psicoterapia y medicación puede ahorrar sufrimiento. La pauta debe individualizarse, supervisarse por la familia en menores, y reevaluarse periódicamente para ajustar dosis, duración y objetivos.
Niveles de atención y complicaciones
Cuando la evolución clínica lo requiere, se puede recurrir a hospitalización, programas de día o ingreso residencial. El objetivo es estabilizar parámetros médicos, reintroducir la alimentación y sostener el trabajo psicológico en un entorno seguro.
Las complicaciones médicas de los TCA incluyen: desequilibrios de electrolitos, problemas cardíacos, alteraciones digestivas, caries y erosión dental por vómitos, baja densidad ósea, amenorrea y dificultades de fertilidad, crecimiento detenido en menores y comorbilidades como ansiedad, depresión o abuso de sustancias. Su abordaje requiere control y seguimiento continuos.
Vacunas psicológicas: qué son y cómo aplicarlas en casa y en la escuela
Las vacunas psicológicas son intervenciones breves, de bajo coste y alto alcance que actúan como una inoculación frente a presiones sociales y contenidos dañinos. ¿Cómo se materializan?
- Alfabetización mediática: desenmascarar filtros, retoques y sesgos en redes; practicar el análisis crítico de mensajes sobre dieta y cuerpo.
- Entrenamiento emocional: identificar y nombrar emociones, tolerar el malestar sin recurrir a la restricción o a las purgas, y aprender alternativas de autorregulación.
- Autoestima y autocompasión: favorecer un sentido de valor personal no basado en la apariencia o el rendimiento; reforzar logros internos y cualidades.
- Habilidades sociales: decir no, pedir ayuda, manejar burlas o comparaciones, y buscar apoyo oportuno.
En el aula y en casa, estos módulos se integran en talleres breves y repetidos, con role-playing, discusión guiada, tareas sencillas y seguimiento. La evidencia sugiere que, cuando se combinan con participación familiar y políticas escolares saludables, disminuyen actitudes y conductas de riesgo.
Objetivos del tratamiento por fases
Para orientar el proceso, es útil trazar metas graduales:
Objetivos iniciales:
- Incrementar la motivación para el tratamiento.
- Mejorar la conciencia de enfermedad.
- Establecer una buena alianza terapéutica con el equipo.
Objetivos posteriores:
- Disminuir la ansiedad frente al peso y la comida.
- Normalizar la ingesta y los hábitos alimentarios.
- Modificar distorsiones cognitivas relacionadas con peso/comida.
- Reducir alteraciones de imagen corporal y mejorar autoestima y ánimo.
- Mejorar habilidades sociales y eliminar conductas compensatorias.
Objetivos finales:
- Eliminar otras conductas patológicas (autolesiones, ideación autolítica…).
- Tratar problemas personales y psicopatología asociada.
- Implementar un plan sólido de prevención de recaídas.
¿Qué dice la evidencia y qué esperar del equipo?
Las guías coinciden: revertir la desnutrición es prioritario; no existe medicación específica para los síntomas nucleares de la anorexia; en bulimia y atracones, ciertos fármacos pueden reducir episodios; cuanto más joven es la persona, mayor impacto tiene la familia en el pronóstico; y un mayor tiempo de evolución complica la recuperación.
El tratamiento es largo y complejo, pero la recuperación es posible. No hay un único camino estándar: el plan se adapta a la persona, con un equipo multidisciplinar que prioriza restaurar el estado nutricional, abordar complicaciones físicas, educar en hábitos saludables, intervenir sobre el malestar psicológico y acompañar a la familia.
Quienes acompañan el proceso tienen un papel activo: seguir visitas regulares, aplicar pautas en casa, identificar señales de alerta y apoyarse en recursos fiables y asociaciones especializadas. La combinación de prevención escolar, implicación familiar y tratamiento basado en la evidencia conforma una respuesta robusta que reduce riesgos y mejora resultados a corto y largo plazo.