Ahora que ya empieza a llegar el buen tiempo parece que ha quedado abierta la temporada de playas y piscinas. Muchas familias empiezan a preparar los fines de semanas para disfrutar de días enteros al lado del mar o en las piscinas. Preparan sus mochilas con toallas, cremas solares, comida, tentempiés… pero lo que realmente no se debe olvidar cuando se visitan estos entornos acuáticos es la seguridad.
La seguridad es principal tenerla en cuenta para evitar tragedias o desgracias en un día que estaba destinado a ser feliz y divertido. Es deseo de todos los padres mantener a su familia segura las 24 horas del día y para conseguirlo necesitarás equiparte con la información correcta para asegurarte de que tus hijos no sufran ningún tipo de daño al acudir a las playas o a las piscinas en días de familia.
Cuando llega el verano significa que las actividades con agua están a la orden del día, así que antes de ir a la playa o a la piscina es necesario que tengas en cuenta algunos consejos de seguridad que puedes utilizar, si es necesario apúntalos para que no se te olviden. Además de playas y piscinas, también se suele acudir a ríos, lagos y pantanos, por lo que conviene tener presentes recomendaciones específicas para cada entorno.
Protección solar

Es muy importante pensar en que el sol puede perjudicar seriamente la salud de las personas con demasiada exposición. Por eso es necesario que toda la familia se aplique protección solar por lo menos media hora antes de salir de casa. Una vez que se llega a la playa o a la piscina, será necesario aplicarse la protección solar tantas veces como sea necesario con tal de evitar las quemaduras solares. El protector debe tener un factor de protección alto, ser resistente al agua y renovarse cada dos horas, y también después de cada baño prolongado o de secarse con la toalla.
Hoy en día hay demasiados casos de cáncer de piel por demasiada exposición a los rayos solares como para no tener este punto en cuenta. Además de la crema, conviene utilizar gorras o sombreros de ala ancha, camisetas de manga corta o larga ligera (mejor si tienen protección UV) y gafas de sol homologadas. En los niños, la piel es más sensible, de modo que hay que evitar la exposición directa en las horas centrales del día, cuando el sol es más intenso.
También es esencial limitar el tiempo de exposición, buscando sombra cada cierto tiempo. Una sombrilla, una carpa o las zonas habilitadas para resguardarse ayudan a reducir el riesgo de insolación y golpes de calor. Si notas dolor de cabeza, mareos, cansancio intenso o enrojecimiento excesivo de la piel, es importante salir del sol, hidratarse bien y refrescarse.

Asignar un responsable familiar cada vez
Todos tienen derecho a pasarlo bien en la playa y en la piscina, por eso en cada salida deberá haber un responsable de seguridad claramente identificado para dar la voz de alarma siempre que sea necesario. Una de las razones más habituales detrás de un ahogamiento es cuando los niños no son vistos por sus padres. Basta un pequeño descuido para que un menor se acerque al agua sin que nadie lo advierta.
Es muy importante que siempre haya alguien que vigile a los niños mientras ellos están jugando en el agua. Se deberá asignar a miembros mayores de la familia para que tengan esta responsabilidad y recordarles que no pueden haber distracciones de ningún tipo, especialmente el uso del teléfono móvil, leer o quedarse dormidos. La vigilancia debe ser activa y continua, manteniendo siempre a los menores a la vista y a una distancia que permita una respuesta rápida.
Una buena estrategia es ir rotando el adulto responsable cada cierto tiempo, para que no se canse y se mantenga la atención al máximo. Además, nunca se debe dejar a un niño al cuidado de otro menor, por muy responsable que parezca. Los niños también se distraen y no tienen la capacidad de reacción de un adulto ante una emergencia.
La seguridad es lo primero y el teléfono siempre puede esperar. Es necesario recordar a los niños que no pueden adentrarse en el mar ni tampoco jugar en la parte profunda de la piscina. Deben saber que, aunque lleven flotadores o manguitos, estos no sustituyen a la vigilancia adulta. También conviene enseñarles a reconocer las zonas más peligrosas: bordes resbaladizos, escaleras, trampolines, zonas con corriente o con oleaje más fuerte.
Seguir las reglas de forma rigurosa

Todas las piscinas públicas o playas tienen reglas que deben seguirse de forma rigurosa para mantener la seguridad de las personas que están disfrutando de un día de relax. Es sentido común el cumplir las normas y reglamentos que existen en las playas y en las piscinas. Todas las advertencias de seguridad no se deben ignorar porque eso puede provocar serios accidentes, tanto en adultos como en niños.
Es importante ir siempre en chanclas en las piscinas para evitar andar sobre las baldosas mojadas que pueden hacer que resbales y que te hagas daño o incluso que te golpees la cabeza. Además, conviene recordar que no se puede correr alrededor de la piscina, ni jugar a empujarse o tirarse unos encima de otros, ya que aumenta mucho el riesgo de lesiones y caídas.
Por supuesto no se puede bucear sin tener las capacidades adecuadas para hacerlo, ni lanzarse de cabeza en zonas de poca profundidad. Antes de tirarse al agua desde el borde o un trampolín, es fundamental comprobar la profundidad y que no haya nadie debajo. Un impacto contra el fondo o contra otra persona puede causar desde heridas leves hasta lesiones medulares graves.
Las medidas de seguridad que puedes encontrar en una piscina pública será necesario aplicarlas también a las piscinas privadas. En estas últimas, además, es muy recomendable instalar vallas perimetrales con cierre seguro para evitar que los niños accedan solos al vaso de la piscina. También se debe mantener la zona libre de juguetes que puedan atraer a los pequeños hacia el agua cuando no haya adultos cerca.
En las playas hay que prestar atención a las banderas que pueden informar sobre el peligro que puede haber al bañarse en el mar. Si la bandera es roja estará terminantemente prohibido bañarse en el mar, si es amarilla se deberá tener precaución pero para los niños está prohibido y con la bandera verde se puede bañar, aunque los niños siempre deberán estar bajo vigilancia de un adulto. También existen banderas o carteles específicos que avisan de la presencia de medusas o corrientes, algo que es imprescindible respetar para evitar picaduras o situaciones de riesgo.

Comprueba el entorno
Es muy importante que compruebes el entorno cada vez que visites un lugar nuevo. Antes de instalarte, dedica unos minutos a observar el área con calma. Por ejemplo, si vas a una piscina deberás saber dónde está la salida de emergencia, las escaleras, el socorrista, identificar las zonas más profundas y las menos profundas. Fíjate en los carteles de seguridad, en las indicaciones sobre trampolines, toboganes o deslizadores y en las normas específicas de esa instalación.
Si vas a la playa es necesario saber también dónde está el socorrista, comprobar el territorio del agua, ser consciente de las zonas donde hay más rocas o donde puede ser más peligroso estar. En playas sin socorrista o poco conocidas, conviene preguntar a otros usuarios o a las autoridades locales sobre corrientes, pozos o zonas no recomendadas para el baño.
En ríos, lagos y pantanos esta precaución es todavía más importante. No todas las zonas están habilitadas para el baño, y en algunas está expresamente prohibido porque puede entrañar numerosos riesgos para la salud: corrientes fuertes, cambios bruscos de profundidad, rocas sumergidas, barro que hace perder el equilibrio o incluso presencia de bacterias, hongos o parásitos en el agua. Es recomendable informarse antes sobre las áreas autorizadas y respetar siempre los carteles de advertencia.
Antes de lanzarte de cabeza en cualquier entorno natural, asegúrate de que el agua tiene suficiente profundidad. El agua puede engañar, parecer más profunda o más limpia de lo que es. Comprueba primero entrando despacio, y si vas a saltar desde una roca o altura, revisa que el fondo sea seguro, que no haya ramas, piedras u otros obstáculos. El uso de calzado específico para agua ayuda a prevenir cortes y resbalones al caminar sobre rocas o fondos irregulares.
Por último, conviene verificar si hay cobertura telefónica en la zona. En caso de emergencia, poder llamar rápidamente a los servicios de emergencia o al socorrista puede marcar la diferencia. Si vas a un lugar aislado, informa a familiares o amistades de dónde estarás para que puedan localizarte si fuera necesario.
Manguitos y flotadores adecuados
Debes asegurarte de que tus hijos, si no saben nadar o no son buenos nadadores, tengan un dispositivo de flotación adecuado a su edad y peso como cinturón de tablillas, chalecos o discos de poliestireno para ayudarles a disfrutar del agua sin peligro. Aquí encontrarás información sobre las flotadores y manguitos, que – contrariamente a lo que muchos piensan, no son los sistemas más adecuados -.
Los flotadores hinchables, colchonetas o figuras de juego son elementos recreativos, pero no dispositivos de seguridad. Pueden volcar con facilidad, desplazarse mar adentro por el viento o las corrientes y dar una falsa sensación de seguridad tanto al niño como al adulto. Siempre que un menor no sepa nadar bien, es preferible utilizar chalecos salvavidas homologados y ajustados de forma correcta al cuerpo.
No permitas que se metan al agua sin un dispositivo para hacerles flotar si no dominan la natación y, por supuesto, jamás les permitas que vayan al agua sin la supervisión de un adulto, incluso aunque lleven chaleco o sistema de flotación. La supervisión humana es insustituible: ningún dispositivo, por seguro que sea, reemplaza la atención adulta constante.
Revisa con frecuencia el estado de los materiales de flotación: que no tengan pinchazos, costuras abiertas o sistemas de cierre defectuosos. Asegúrate también de que llevan un etiquetado correcto y homologaciones visibles. Desconfía de productos muy baratos sin información clara, ya que podrían no cumplir los requisitos mínimos de seguridad.
Nadar juntos
Es necesario que tus hijos nunca vayan al agua solos, siempre deberán ir acompañados de un adulto. Además los niños deberán vigilarse unos a otros para asegurarse de que todo va bien, pero sin que esto sustituya en ningún momento la responsabilidad de las personas adultas.
En playas, ríos, pantanos o lagos, lo más prudente es evitar las zonas profundas y con corrientes, sobre todo con menores. Es recomendable bañarse siempre en áreas delimitadas por boyas y, si las hay, cerca del puesto de socorrismo. No es buena idea alejarse mucho de la orilla, utilizar colchonetas para ir mar adentro o atravesar a nado zonas amplias sin conocer bien el entorno.
Para las personas mayores o quienes tengan alguna patología previa, también es fundamental no bañarse solas. Entrar al agua acompañado y no sobreestimar la propia condición física reduce el riesgo de problemas. Si en algún momento sientes cansancio, frío intenso, mareos o dificultad para regresar a la orilla, es mejor darte la vuelta, flotar boca arriba moviendo solo las piernas y pedir ayuda.

Saber cómo actuar en caso de emergencia
Saber cómo actuar en caso de emergencia es vital. Cuando sucede un accidente es necesario saber que estás haciendo tu mejor esfuerzo para mantenerte a salvo a ti mismo o a los demás. Si ha pasado algo deberás tomar las medidas necesarias para ayudar a los heridos, pero siempre sin ponerte tú en peligro. Si no sabes nadar bien o careces del adiestramiento necesario, no debes arriesgarte entrando al agua.
En una situación de riesgo, lo primero es dar la voz de alarma y pedir ayuda al servicio de socorrismo, si lo hay, o llamar al teléfono de emergencias correspondiente. Si puedes, lanza a la persona en apuros un salvavidas, una cuerda, un palo largo o un objeto flotante al que pueda agarrarse. Mantén la calma para poder explicar con claridad qué está ocurriendo.
Es aconsejable aprender primeros auxilios, sobre todo si soléis ir a realizar actividades en torno al agua. Saber realizar maniobras básicas de reanimación cardiopulmonar, colocar a una persona en posición lateral de seguridad o reconocer los signos de un golpe de calor puede marcar la diferencia mientras llegan los servicios de emergencia. Si no sabes primeros auxilios deberás avisar a las personas que sí sepan hacerlo y a emergencias lo antes posible.
En el caso de menores que han tragado agua, se debe sacarlos del agua cuanto antes, mantener las vías respiratorias despejadas y valorar su estado de conciencia y respiración. Incluso aunque parezcan encontrarse bien tras un susto, es importante consultar con personal sanitario, ya que existen situaciones como el ahogamiento secundario que pueden aparecer con cierta demora.
Beber mucha agua
Cuando se pasa el día en la playa o en la piscina no podrá faltar una gran botella de agua fresca para satisfacer la sed de toda la familia. La mayoría de los adultos necesitan de 8 a 12 vasos de agua diarios para mantenerse hidratados completamente y, con el calor, esa necesidad aumenta. Los niños también deben mantenerse bien hidratados, ya que se deshidratan con más rapidez.
Recuerda que el agua es lo único que quita la sed de forma efectiva. Las bebidas azucaradas, zumos o refrescos no sustituyen al agua y, en exceso, pueden resultar contraproducentes. Es mejor ofrecer agua de manera frecuente, sin esperar a que la sensación de sed sea intensa. Además, conviene evitar las bebidas alcohólicas antes del baño, porque disminuyen la capacidad de reacción y pueden favorecer conductas de riesgo.
Un truco útil es tener siempre a la vista las botellas o cantimploras, e invitar a los niños a beber pequeños sorbos cada cierto tiempo, sobre todo después de jugar, correr o exponerse al sol. La deshidratación también aumenta la probabilidad de sufrir calambres musculares, mareos o golpes de calor, por lo que hidratarse bien es parte esencial de la seguridad en el agua.
Llevar un pequeño botiquín
Llevar un pequeño botiquín de primeros auxilios puede evitar que una situación pequeña eche a perder el día. Tener a mano un poco de gel de aloe vera para el alivio de las quemaduras solares, analgésicos básicos, vendas, tiritas, gasas estériles, suero fisiológico, algodón para heridas, cremas para picaduras y desinfectante, entre otros elementos sencillos, puede ayudar a resolver pequeños incidentes rápidamente.
También es buena idea incluir en el botiquín algún repelente de insectos, apósitos especiales para rozaduras en los pies, y, si hay antecedentes de alergias en la familia, la medicación prescrita por el profesional sanitario. Revisa el contenido del botiquín con cierta periodicidad para comprobar fechas de caducidad y reponer lo que se haya utilizado.
Además del botiquín, resulta útil tener a mano una lista con los teléfonos de emergencia y del centro de salud de referencia, especialmente si estás pasando unos días fuera de tu lugar de residencia habitual. Contar con esa información por adelantado permite reaccionar más rápido en caso de necesidad.
Disfrutar del agua en playas, piscinas, ríos o pantanos es una de las mejores formas de vivir el buen tiempo en familia. Mantener la seguridad no está reñido con la diversión: gracias a una vigilancia activa de los niños, el respeto a las normas, la protección frente al sol, la hidratación adecuada y el conocimiento básico de cómo actuar en una emergencia, es posible transformar cada jornada acuática en una experiencia tan refrescante como segura para todas las edades.
