La violencia familiar es silenciosa y no trasciende

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Estos días hemos leído el informe 2015 del “Teléfono ANAR” que ha atendido en el período un total de 369949 llamadas, de entre las cuales destacan 8569 NUEVOS casos de menores de edad que necesitaron ayuda por parte de los profesionales de la Fundación ANAR (un 20,7% más que en 2014). De todos ellos la mitad han sido motivados por algún tipo de violencia, y si es preocupante el incremento en cantidad, también lo es la gravedad de los casos.

Alarma el aumento de la violencia intrafamiliar: se han registrado más de 2000 casos entre maltrato físico (destaca sobre los otros tipos de maltrato), maltrato psicológico, abuso sexual y abandono. La violencia familiar es un fenómeno multicausal que se puede producir debido a carencias emocionales de los progenitores e incapacidad para gestionar conflictos, o bien por una regulación deficiente de los impulsos, aunque también se dan situaciones de abuso de alcohol u otras drogas.

No pretendo eximir de responsabilidad al adulto que maltrata a un niño, pero si bien la sociedad en su conjunto bebería ser capaz de proteger a los hoy niños, parece claro que muchos peques son “víctimas hijos de ‘víctimas’”. Hay padres que arrastran carencias y las superan, otros que maltratan y defienden su conducta, e incluso quienes no justifican teóricamente el abuso sobre los niños, pero son incapaces de controlarse. Seguro que se dan más situaciones que las expuestas, pero cuando existen problemas graves en la raíz, es la base del problema la que se debe sanar, si queremos cambios.

Los niños son seres vulnerables e inocentes que necesitan un ingrediente básico para desarrollarse armoniosamente: el amor incondicional; en cambio reciben humillaciones, golpes, abandono emocional, etc. Por otra parte, no nos cansamos de decir que los padres son ejemplo para los hijos; que no nos sorprenda entonces que el niño golpeado pegue a sus hermanos, que el que ha sido criado con gritos, los devuelva a sus padres ya convertido en adolescente.

Violencia Intrafamiliar: se perpetúa en silencio y no trasciende.

Este violencia se produce en el seno de la familia, y salvo casos graves no destaca socialmente, hay quien incluso la justifica: eso sí desde una falsa diferencia entre las zurras y los golpes fuertes (por ejemplo). Se repiten modelos de conductas coercitivas centradas en el abuso físico, pero que pueden incluir negligencia o maltrato psicológico.

Según la OMS, una cuarta parte de todos los adultos afirman haber sufrido maltrato físico durante su infancia. Cualquier invasión de los límites físicos del niño ejercida con violencia e intención intimidatoria es maltrato físico: CUALQUIERA. El maltrato infantil puede acarrear consecuencias para toda la vida de la persona, y para el presente de las niñas y los niños supone mucho estrés y sufrimiento. “Los adultos que han sufrido maltrato en la infancia, corren el riesgo de desarrollar problemas conductuales, físicos y mentales (OMS)”.

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Según la Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil, por Maltrato Físico, nos referimos a cualquier acto no accidental que provoque lesiones físicas al niño, o enfermedades / riesgo de padecerlas. También se considera violencia intrafamiliar el maltrato emocional o psicológico, el abuso sexual o la negligencia (desatención y / o incumplimiento de los deberes de guarda, cuidado y protección).

Imagen — Lance Neilson


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Macarena

Ante todo madre: mis hijos se han criado pegados a mí, y han aprendido que la libertad se gana con responsabilidad. Ahora (¡bendita... Ver perfil ›

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