Violencia obstétrica: qué es, cómo prevenirla y cuáles son tus derechos en el embarazo, parto y posparto

  • La violencia obstétrica incluye maltrato físico, verbal, emocional y prácticas médicas sin necesidad ni consentimiento durante embarazo, parto y posparto.
  • La información de calidad, el plan de parto y el consentimiento informado son las herramientas clave para prevenirla y tomar decisiones libres.
  • En España existen leyes y protocolos que amparan tus derechos, aunque su aplicación es desigual y hace necesario que las mujeres conozcan y reclamen lo que les corresponde.
  • Un parto respetado mejora la salud física y mental de madre y bebé y reduce el riesgo de depresión y trauma posparto.

violencia obstétrica en el parto

Definir violencia obstétrica no es fácil. A veces la referimos únicamente al ámbito hospitalario y en concreto al momento del parto. Pero la violencia obstétrica también puede darse durante el embarazo y el posparto, a través de prácticas, comentarios o decisiones que vulneran los derechos de la mujer y de su bebé.

Tengo que decir que cada vez son menos los casos, pero conviene tenerlo claro para identificarlo. Ponerle nombre a estas experiencias ayuda a prevenirlas, denunciarlas y sanarlas.

Porque de la violencia obstétrica

como prevenir la violencia obstetrica

El problema es, a mi entender, que se ha considerado a la mujer en el proceso de embarazo y parto como alguien incapaz de hacerse cargo de tomar decisiones por sí misma. Durante mucho tiempo, la medicina ha sido muy jerárquica y paternalista: el profesional decide, la paciente obedece.

Por otra parte, durante el embarazo no solo hay que velar por la salud de la mujer, existe una segunda persona por la que velar: el bebé. Ese hecho indiscutible se ha utilizado con frecuencia como justificación para anular la autonomía de la madre, presentando cualquier cuestionamiento como un riesgo para el feto.

Desgraciadamente en los siglos pasados, a las mujeres se nos ha tenido como personas que debían ser tutorizadas, ha costado muchos años de lucha conseguir avanzar en el camino de la igualdad. La ginecología y la obstetricia, al ser especialidades dirigidas únicamente hacia la mujer, arrastran ese lastre de desigualdad profesional/paciente del que otras especialidades, más dirigidas al sexo masculino, ya han conseguido librarse en mayor medida.

Tener que velar por la salud del bebé ha supuesto, tradicionalmente, la excusa perfecta para seguir ejerciendo ese trato de superioridad profesional sanitario-mujer. Así, se han normalizado conductas como no informar, minimizar el dolor, ridiculizar los miedos o imponer intervenciones sin explicaciones.

Hoy sabemos, gracias a numerosos estudios, que la violencia obstétrica es un problema de salud pública y de derechos humanos. Se relaciona con mayor riesgo de depresión posparto, estrés postraumático, dificultades en la lactancia y en el vínculo con el bebé. También puede disminuir el deseo de tener más hijos e impactar en la autoestima y la vida en pareja, familiar y laboral de la mujer.

En qué consiste la violencia obstétrica

parto respetado

Cuando un embarazo y/o parto se consideran de bajo riesgo y todo el proceso se desarrolla con normalidad, el papel de los profesionales sanitarios debe ser el de acompañar, ayudar y estar expectantes ante las posibles complicaciones. No deberíamos intervenir salvo que las cosas se compliquen.

Se define como violencia obstétrica cualquier actuación que altera el curso fisiológico del embarazo, parto o posparto y convierte ese proceso fisiológico en otro totalmente medicalizado, sin necesidad real o sin consentimiento informado. También incluye maltrato verbal, emocional o discriminación durante la atención.

Es decir, supone no seguir las recomendaciones dadas por el Ministerio de Sanidad y por organismos internacionales como la OMS en sus diferentes protocolos para la atención al parto normal y al embarazo de bajo riesgo, o ignorar la autonomía y los derechos de la mujer incluso cuando sí existe una indicación médica.

Formas más frecuentes de violencia obstétrica

Entre las conductas que se consideran violencia obstétrica se encuentran, por ejemplo:

  • Intervenciones sistemáticas sin indicación ni consentimiento: rasurar y poner un enema a la mujer en proceso de parto de forma rutinaria; romper la bolsa de las aguas sin estar indicado; realizar episiotomía de forma protocolaria; programar inducciones de parto antes de las semanas recomendadas sin justificación médica; aplicar maniobras como la de Kristeller (presión en el fondo uterino) sin necesidad o sin explicar riesgos y alternativas.
  • Procedimientos médicos forzados o no informados: tactos vaginales repetidos por diferentes profesionales sin explicar el motivo; cesáreas sin indicación clara o presentadas como inevitables sin ofrecer información suficiente; administración de medicación (por ejemplo, oxitocina) para acelerar el parto sin hablar de beneficios y riesgos.
  • Trato deshumanizado o humillante: gritar, ridiculizar o culpabilizar a la mujer por su conducta durante el parto (comentarios como “no grites tanto” o “te quejas mucho para lo poco que dilatas”); tratarla como si fuera una niña; ignorar sus preguntas o reírse de sus miedos y preferencias.
  • Negligencia o falta de atención: desatender quejas de dolor o solicitudes de analgesia; no acudir cuando la mujer llama; minimizar síntomas relevantes durante el embarazo o el posparto (por ejemplo, sangrados, dolores intensos, síntomas emocionales graves).
  • Vulneración de la intimidad y la confidencialidad: comentar información privada en presencia de personas ajenas a su cuidado; realizar exploraciones sin resguardar adecuadamente la intimidad física; permitir la entrada y salida constante de profesionales sin preguntar.
  • Separación injustificada del bebé: impedir el contacto piel con piel inmediato tras el nacimiento cuando madre y bebé están bien; llevarse al recién nacido “por protocolo” sin urgencia real, dificultando el inicio de la lactancia y el vínculo.
  • Discriminación por estatus socioeconómico, origen, raza, edad o identidad de género, que se refleja en menor respeto, más desconfianza o más intervenciones innecesarias.

La investigación internacional ha estimado que una proporción muy elevada de mujeres en el mundo, en torno a la mitad o más, ha vivido alguna de estas formas de maltrato o intervenciones sin consentimiento durante su maternidad. Esto muestra que no se trata de casos aislados, sino de un problema estructural de cómo entendemos y organizamos la atención al nacimiento.

Es importante subrayar que no toda intervención médica es violencia obstétrica. En algunos momentos es necesario cambiar el plan de parto, añadir o modificar procedimientos para garantizar la seguridad de la madre y el bebé. La diferencia está en la existencia de una justificación médica clara y de un consentimiento informado real, con una comunicación respetuosa y honesta.

¿Estamos amparadas por la ley?

En España existen diferentes leyes para proteger a los pacientes. La más completa es la Ley de Autonomía del Paciente, que deja claro que es la persona paciente quien, bien informada, debe decidir su tratamiento. Y es obligación del profesional sanitario darle información veraz, clara y de una forma que pueda comprender para que pueda ejercer este derecho.

Esta norma establece que toda actuación en el ámbito de la salud requiere consentimiento informado, que en general se da de forma verbal, pero que cuando la intervención pueda suponer un riesgo importante se debe solicitar por escrito. La ley también protege el derecho a la intimidad, a la confidencialidad y al trato digno.

En los últimos años, además, se han reforzado otras normas en materia de salud sexual y reproductiva y de parto respetado, que obligan a los servicios de salud a recopilar datos sobre prácticas obstétricas, formar al personal en derechos de las mujeres y desarrollar protocolos centrados en el consentimiento informado y en la reducción del intervencionismo sin evidencia.

Organismos internacionales como la OMS y comités de Naciones Unidas consideran ya la violencia obstétrica una forma de discriminación hacia las mujeres. Han instado a los Estados a garantizar una atención al parto que respete la dignidad, la autonomía y la seguridad física y emocional de quienes dan a luz.

¿Qué ocurre en el campo de la Obstetricia?

salud mental perinatal

Aunque desde las décadas pasadas se empezó a hablar de cambiar las cosas, ha sido en los últimos años cuando se ha tomado verdadera conciencia de la magnitud del problema. El descenso de la mortalidad materna y neonatal ha permitido mirar más allá y valorar también la calidad de la experiencia que tiene la mujer durante su embarazo y parto.

En España, la Ley de Autonomía del Paciente (aprobada en 2002) abrió un camino importante para el reconocimiento de los derechos de las personas. Posteriormente, el Ministerio de Sanidad elaboró documentos clave: en 2008 la «Estrategia de atención al parto normal en el Sistema Nacional de Salud» y en 2010 la «Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Normal». Con ambos se intenta evitar el abuso de ciertas técnicas y prácticas, así como devolver a los partos el carácter fisiológico que habían perdido.

Estos documentos recogen recomendaciones basadas en la mejor evidencia disponible, como limitar la episiotomía rutinaria, evitar enemas y rasurados sistemáticos, favorecer el movimiento y las posiciones libres, promover el piel con piel precoz y la lactancia a demanda, o permitir la presencia de un acompañante elegido por la mujer.

La redacción de un plan de parto por parte del Ministerio de Sanidad ha sido un gran reconocimiento a los derechos de la mujer a decidir durante el parto y el posparto. Este modelo oficial permite dejar por escrito preferencias sobre acompañamiento, analgesia, posiciones, contacto con el bebé, etc. Si queréis consultarlo pinchar aquí.

Aun así, la aplicación real de estas recomendaciones es desigual según el hospital y la comunidad autónoma. Algunas maternidades han avanzado mucho en parto respetado, mientras que en otras siguen vigentes protocolos antiguos con alto intervencionismo. Por eso es tan importante que las mujeres conozcan este marco y puedan elegir y exigir un trato acorde con la evidencia y con sus derechos.

Qué puedo hacer para evitar que me pase

embarazo y parto respetado

La violencia obstétrica nunca es responsabilidad de la mujer, pero sí hay herramientas que pueden ayudarte a reducir el riesgo y aumentar tu sensación de control y seguridad durante el embarazo, el parto y el posparto.

Infórmate y elige dónde dar a luz

Casi todos los hospitales, sobre todo en las grandes ciudades, ofrecen realizar una visita guiada o reuniones informativas para conocer tanto las instalaciones como su protocolo de atención al parto. Infórmate y visita varios si tienes posibilidad. Así podrás decidir cuál se adapta más a tus expectativas.

Algunas preguntas útiles pueden ser: tasas de cesáreas y episiotomías, si permiten acompañante en todo momento, si respetan el piel con piel incluso tras cesárea, si facilitan el movimiento durante el parto o cómo manejan la analgesia y el alivio del dolor.

Plan de parto y derechos como paciente

Infórmate de la existencia de un plan de parto propio del hospital. Si no tienen uno propio puedes utilizar el plan de parto del Ministerio de Sanidad. Este documento es una herramienta legal esencial, no solo una carta de deseos: recoge tus preferencias y sirve de guía al equipo sanitario.

Recuerda que tienes derecho al consentimiento informado. Ninguna intervención (ni una rotura de bolsa, ni una maniobra de Hamilton, ni una inducción sin motivo, ni una episiotomía rutinaria) debe realizarse sin explicarte previamente los riesgos, los beneficios, las alternativas y sin tu autorización explícita, salvo situaciones de urgencia vital.

Comunicación con el equipo sanitario

En el momento del parto habla con la matrona y el equipo que te atienda y acompañe. Explícales tus deseos y pide que te expliquen el protocolo y el proceso que van a seguir. Puedes llevar tu plan de parto impreso y comentarlo brevemente al ingreso.

No es cuestión de negarte a todas las intervenciones que te vayan a realizar, simplemente pide que te expliquen por qué y para qué se va a realizar cada técnica, qué puede pasar si se espera un poco más o si se opta por otra opción. Este diálogo forma parte de tu derecho a una toma de decisiones compartida.

Siempre que puedas, acude acompañada en las visitas prenatales y al parto por alguien de confianza (pareja, familiar, amiga, doula). Esta persona puede ayudarte a recordar la información, sostenerte emocionalmente y servir de apoyo para expresar lo que necesitas.

Preparación emocional y educación maternal

La información es el escudo más potente para las futuras mamás. Acudir a clases de preparación al parto o educación maternal donde se explican los procesos fisiológicos y los derechos legales ayuda a comprender qué está pasando en tu cuerpo y a identificar cuándo algo no va bien.

En estas sesiones se abordan temas sobre prácticas clínicas adecuadas en el parto, manejo del dolor, lactancia, posparto y señales de alarma físicas y emocionales. Suelen realizarse en los centros de salud y son accesibles a todas las mujeres, independientemente de su tipo de seguro.

Gracias a estas iniciativas, las mujeres pueden ser conscientes de qué atención y cuidados son los más adecuados durante la asistencia al parto y ajustar mejor sus expectativas a la realidad. Un plan de parto realista, basado en información de calidad, empodera a la mujer y la hace partícipe de forma activa en este proceso.

Cuando hay urgencias reales

Ten en cuenta que, en caso de urgencia real, puede que no haya tiempo de esperar a tu decisión y el profesional tenga que actuar con prontitud para salvar tu vida o la de tu bebé. Incluso en esas situaciones, una explicación sencilla y honesta de lo que está ocurriendo (“estás sangrando mucho, necesitamos intervenir ahora”) puede marcar una enorme diferencia en cómo vives esa experiencia.

Si tras el parto sientes que ha habido maltrato, falta de información o procedimientos que no entiendes, es recomendable pedir una copia de tu historia clínica y, si lo necesitas, acudir a asociaciones especializadas o a profesionales de salud mental perinatal para revisar lo ocurrido y recibir apoyo.

Vivir el embarazo y el nacimiento con respeto, acompañamiento y buena información no solo mejora los resultados físicos, sino que protege tu salud emocional, tu vínculo con el bebé y tu confianza como madre. Conocer qué es la violencia obstétrica, cuáles son tus derechos y qué herramientas tienes a tu alcance es un paso esencial para avanzar hacia maternidades más libres, seguras y felices.


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