“Yo Puedo Solito”

\"Yo puedo solito\"La sensación de libertad y autonomía
El niño ha esperado mucho tiempo para poder gozar de este grado de poder y libertad. Hasta hace unos meses atrás, intentaba dar sus primeros pasos y, si lo lograba, lo hacía con mucha torpeza e inseguridad. Los progresos, que se notan día a día, le hacen creer que todo lo puede. Nosotros mismos celebramos que pueda tomar un vaso con ambas manos y beber con facilidad.

Pero él redobla la apuesta e intenta servirse directamente de la botella. Las dificultades no lo asustan, sino todo lo contrario, y no siempre es fácil convencerlo de no hacer algo. Quiere ejercitar a toda costa su libertad, su voluntad y su autonomía, y a cada paso nos arriesgamos a que sobrevenga una terrible rabieta.
A esa edad el pequeño empieza a percibirse a sí mismo como un individuo diferenciado de los que lo rodean. Ese “yo” naciente precisa autoafirmarse y, para ello, necesita sentir y ejercer su propia voluntad.

Contradicciones entre querer y poder
Esa intensa voluntad del niño de dos años, no se corresponde con lo inmaduro de sus habilidades y su escaso conocimiento de la realidad. De allí que entable un continuo combate con lo que lo rodea, y se obstine en hacer cosas para las que todavía no tiene madurez.

Podríamos definir al pequeño de esta edad como el campeón de los “cabezas duras”. Es importante saber afrontar estas situaciones. Un niño debe aprender a afirmarse, a usar sus posibilidades, pero al mismo tiempo, ha de encontrarse con que lo guiamos y le ponemos ciertos límites. Es conveniente mantener un delicado equilibrio entre la estimulación a la autonomía y la limitación de sus excesos.

Se suele comparar la intensa actividad de un niño de dos años con aquella desplegada por un huracán. Desde que se levanta, hasta que se acuesta: corre y salta, pero se cae a menudo haciéndose chichones en la frente. Sube escaleras, pero apoyando los dos pies en cada escalón. Trepa a las sillas, pero luego tenemos que ayudarlo a bajar. Así todo, pareciera ser que ningún obstáculo lo detiene.

En contraste con su etapa previa de desarrollo, los progresos son tan grandes, las perspectivas son tan nuevas, es tanta la sensación de poder y de autonomía que le brinda su cuerpo que se siente Superman.
Por eso se convierte en un auténtico “kamikaze”. No hay botón que no toque, ni manija que no lo atraiga, o altura que no quiera trepar. Hasta el parque de juegos se convierte en un desafío y en un peligro constante.
Intenta subir a los juegos destinados a niños más grandes, se cae, llora, se levanta y vuelve a la carga: su arrojo no conoce límites.

Algunos consejos
¿Cómo podemos hacer para poner límites a este huracán, sin al mismo tiempo cortar las alas de este torrente de curiosidad y de vida?
Armonicemos, en lo posible, su avidez de independencia con su necesidad de ayuda y control. Busquemos el equilibrio entre no tratarlo como si fuera un bebé, pero tampoco como a un niño mayor.

Cuando desee experimentar por sí mismo, ayudémoslo, pero asegurándolo contra el peligro. Si quiere abrir y cerrar los cajones de un mueble, indiquémosle que debe hacerlo desde afuera, para que sus dedos no queden aprisionados. De esta forma favorecemos su sentimiento de competencia.

No le prohibamos todo constantemente.
Distingamos los riesgos reales de los imaginarios. Si le prohibimos todo, solo verá barreras por todas partes y no podrá conciliar sus necesidades de seguridad con las de independencia.

Sugerencias para evitar riesgos en la casa.

  • Evitar que haya cordones largos (como los de las cortinas) al alcance de los pequeños.
  • Mantener siempre cerrada la puerta de acceso al patio o a la calle.
  • Evitar las rejas con aberturas donde puedan quedar atrapadas la cabeza o las extremidades del niño.
  • Colocar barreras protectoras en lo alto de la escalera.
  • Cubrir los enchufes con tapas protectoras especiales para este fin.
  • Mantener todos los medicamentos, productos de limpieza o sustancias tóxicas fuera del alcance del pequeño

BIBLIOGRAFIA
María Eugenia Ciocchini Suárez, “Comunicación y Lenguaje”, Nacer y crecer. El mundo de tu hijo paso a paso, Barcelona, Salvat, 2000, Tomo XIII.
Luciano Montero, La aventura de crecer. Claves para un saludable desarrollo de la personalidad de su hijo, Buenos Aires, Planeta, 1999.


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