Peligros de las zapatillas con ruedas para niños: lo que no te cuentan

  • Las zapatillas con ruedas deben considerarse un juguete, no un calzado de uso diario, y su tiempo de uso debería limitarse a unas pocas horas a la semana.
  • La elevación del talón, la rigidez de la suela y el peso extra alteran la pisada, el reparto del peso y la postura, pudiendo afectar al crecimiento de pies, músculos y huesos.
  • La rueda reduce la superficie de apoyo y aumenta la inestabilidad, lo que se relaciona con más caídas, fracturas y esguinces, especialmente cuando se usan sin protecciones.
  • Para minimizar riesgos, los expertos recomiendan uso esporádico, protecciones completas y evitar su empleo en el colegio, optando para el día a día por calzado infantil ligero, flexible y estable.

Zapatillas con ruedas para niños

Últimamente, cuando voy a unos grandes almacenes me fijo en las zapatillas con ruedas de la sección de zapatería. Las hay de todos los colores y de todos los precios (aunque ninguna precisamente barata). La mayoría de los niños se emocionan cuando las ven y tiene pinta de que se van a convertir en el regalo más deseado de muchas Navidades y cumpleaños.

Sin ser una experta en podología ni médica pude intuir hace tiempo que esas zapatillas que intentan ser unos patines no podían ser buenas para los pies de los niños. Más que nada porque me daba la sensación de que empeoraban su equilibrio y estabilidad. Y la confirmación llegó cuando vi a mi vecino de ocho años caerse al suelo con este tipo de zapatillas, aunque afortunadamente todo quedó en un leve golpe.

Por lo visto, mi vecino tuvo «suerte» con la caída porque pediatras y traumatólogos han diagnosticado fracturas en muñecas y brazos a muchos niños en periodos muy cortos de tiempo. Todas provocadas por la utilización de las zapatillas con ruedas. Por esto, se generó una alerta en la que médicos y podólogos advertían del peligro de este calzado. Este calzado empezó su venta a partir del año 2000 en Estados Unidos, y en España los pediatras y traumatólogos llegaron a diagnosticar fracturas en la muñeca a cinco niños en apenas una semana, lo que encendió las alarmas.

Así pues, un equipo de investigadores de la Universidad de Elche, liderados por Roberto Pascual, experto en podología infantil, se adentró en un estudio de los posibles peligros del calzado con ruedas y descubrió que un 11% de los niños de educación infantil y primaria llevaban este calzado a los centros educativos. Y no solo eso, sino que muchos de ellos pasaban con las zapatillas con ruedas alrededor de unas ocho horas al día cuando el máximo debería ser dos horas a la semana, y siempre como uso recreativo.

Este tipo de zapatillas, conocidas popularmente como Heelys o «zapatillas con ruedines», son en realidad un híbrido entre calzado y patines: parecen unas deportivas normales pero incorporan una o dos ruedas en la suela que permiten deslizarse. El problema es que, aunque se venden en zapaterías, los especialistas insisten en que no son un calzado convencional, sino un juguete que debe utilizarse con limitaciones claras.

Peligros de las zapatillas con ruedas para niños

Pero, ¿por qué dicen los expertos que las zapatillas con ruedas son peligrosas? Más allá de las caídas llamativas que todos podemos observar, hay consecuencias menos evidentes relacionadas con el desarrollo del pie, la marcha y la postura de los niños que conviene conocer antes de decidir si comprarlas o no.

Zapatillas con ruedas heelys

No se utilizan con las medidas adecuadas de seguridad

Para empezar, los podólogos afirman que no se trata de un calzado habitual como cualquier zapatilla de deporte, sino de un juguete infantil rodante. Sin embargo, pese a las advertencias, parece ser que cada vez hay más niños con este tipo de calzado, y muchos lo usan como si fueran sus deportivas de diario.

Estamos de acuerdo en que no llegan a ser unos patines en línea como tal, pero llevan ruedas igualmente y permiten deslizarse a cierta velocidad. Y al llevarlas, los niños que las utilicen deberían usar rodilleras, muñequeras, coderas y casco para evitar riesgos y lesiones, exactamente igual que cuando montan en patines, monopatín o bicicleta.

El problema es que, al verse y venderse como zapatillas, muchas familias no perciben la necesidad de equipar a los niños con protecciones. De hecho, en los estudios sobre lesiones asociadas a este calzado se ha observado que ninguno de los niños lesionados llevaba protecciones en el momento de la caída, lo que aumenta mucho el riesgo de fracturas en muñecas, codos, hombros o incluso la cabeza.

Los especialistas en pediatría y traumatología han descrito un aumento de fracturas de muñeca, esguinces de tobillo, luxaciones de codo y golpes en la cabeza relacionados con el uso de estas zapatillas. Algunas publicaciones médicas señalan, además, que una parte importante de las lesiones se producen las primeras veces que se usan, cuando el niño todavía no domina el equilibrio ni la técnica de frenado.

Por eso, muchos pediatras comparan estas zapatillas con ruedas con el famoso tacatá: se les ofrece a los niños un “motor de alta cilindrada sin permiso para conducir”. Es decir, se les da mucha más movilidad y velocidad de la que su sistema de equilibrio y coordinación está preparado para gestionar, sobre todo si se usan sin supervisión y sin elementos de protección.

El antepié soportando la mayor parte del peso corporal

Uno de los aspectos más estudiados de las zapatillas con ruedas tiene que ver con cómo modifican el reparto del peso en el pie. Este tipo de calzado hace que la altura del talón aumente alrededor de cuatro o cinco centímetros. Según los expertos, el talón está anatómicamente preparado para soportar la mayor parte del peso corporal. Cuando caminamos descalzos, aproximadamente un 75% de la carga recae sobre el talón y un 25% sobre el antepié.

Si la altura del tacón es excesiva, la carga no va en su mayoría para el talón, sino para el antepié. En las zapatillas con ruedas, diversos estudios han observado que la carga en el antepié aumenta alrededor de un 20% con un calzado normal frente al niño descalzo, y puede llegar hasta un 40% cuando lleva zapatillas con ruedas. Es decir, biomecánicamente es comparable a que el niño llevase tacones de 4 o 5 centímetros de forma constante.

Algunos estaréis pensando en la importancia real de este cambio, pero lo cierto es que si la gran parte del peso de los niños no recae en el talón y sí en el antepié puede provocar problemas de crecimiento en los huesos de la parte delantera del pie. Entre las posibles consecuencias a largo plazo se describen metatarsalgias (dolor en la “almohadilla” plantar bajo los dedos), enfermedad de Freiberg (pérdida de flujo sanguíneo en algunos huesos del antepié) o alteraciones en el desarrollo del arco plantar.

Este traslado de la carga del talón al antepié también altera la propiocepción, es decir, la información que recibe el cerebro sobre cómo y dónde apoya el pie. Cuando se huye del apoyo del talón y se sobrecarga la parte delantera, el sistema nervioso interpreta de manera distinta el contacto con el suelo, lo que puede influir en el equilibrio global y en la postura del niño mientras camina o corre.

Además, al cambiar la forma de apoyar el pie, se modifica el centro de gravedad del cuerpo. El niño tiende a inclinarse ligeramente hacia delante para compensar la elevación del talón, lo que repercute en rodillas, caderas y zona lumbar. A largo plazo, y si se usan muchas horas al día, esto puede estar relacionado con dolores de espalda, especialmente en la zona lumbar, y con la aparición de pies planos que no evolucionan de forma fisiológica a partir de ciertas edades.

Como era de esperar, la presión aumenta en el talón

Puede parecer contradictorio, pero otro de los datos que llaman la atención en los estudios es que, en los niños que han utilizado las zapatillas con ruedas de forma habitual, la presión media en el talón también se ve alterada y, en determinadas fases del apoyo, puede llegar a ser entre 1,5 y 2,7 veces superior a la de un calzado deportivo normal.

Esto se debe a que la forma de la suela y la presencia de la rueda cambian la manera de contactar con el suelo. El niño, para mantener el equilibrio, realiza apoyos más bruscos y menos progresivos, tanto en el talón como en el antepié. La combinación de más altura, inestabilidad y peso extra hace que el impacto sobre las estructuras óseas y musculares sea diferente al de una zapatilla convencional.

¿Qué consecuencias tiene esto? Los expertos hablan de que a largo plazo se pueden dar casos de posibles acortamientos de la musculatura, sobre todo de la cadena muscular posterior (gemelos, isquiotibiales, sóleo). Cuando el talón está siempre elevado, estas estructuras trabajan en una posición más corta y pueden adaptarse a esa longitud, dificultando el estiramiento completo.

Un acortamiento mantenido de la cadena posterior se ha relacionado con talalgias (dolor en el talón), con cuadros como la enfermedad de Sever en niños activos, y con limitaciones a la hora de realizar deporte o actividades físicas que exigen buena flexibilidad. También puede favorecer la aparición de pies planos funcionales, ya que el sistema musculoesquelético del pie no trabaja en su rango normal de movimiento.

De nuevo, hay que recordar que hablamos de niños en pleno crecimiento. Cualquier factor que altere de forma mantenida su manera de apoyar el pie, su equilibrio o su postura puede influir en cómo se desarrollan los huesos y músculos. Por eso, los especialistas insisten en que estas zapatillas, usadas muchas horas al día, no son inocuas.

Zapatillas con ruedas para niñas

Y pesan el doble que una zapatilla de deporte normal

Este tipo de calzado, al tener ruedas y una estructura más rígida, obviamente pesa más que una zapatilla deportiva tradicional. En muchos modelos, el peso puede ser más del doble que el de unas deportivas ligeras adecuadas para el día a día.

¿Qué ocurre con esto? Pues que ese peso de más, nada recomendado por los expertos para un uso prolongado, podría provocar problemas en la cadera y en la columna a largo plazo. Cada paso requiere un esfuerzo mayor para levantar el pie y mover la pierna, lo que aumenta la carga de trabajo de las articulaciones de tobillo, rodilla y cadera.

En niños que usan estas zapatillas durante muchas horas, el sobreesfuerzo repetido puede traducirse en fatiga muscular, molestias en articulaciones e incluso en cambios en la forma de caminar para compensar el peso extra. Este patrón de marcha menos natural también repercute en la alineación de rodillas y cadera.

Además, la estructura más rígida de estas zapatillas, diseñada para compensar la inestabilidad de la rueda, reduce la flexibilidad de la suela. El pie no puede flexionarse con normalidad durante la marcha, lo que limita el movimiento de los dedos y del arco plantar. Esta falta de movilidad hace que los músculos del pie se acostumbren a trabajar menos, perdiendo fuerza y adaptabilidad.

Con el tiempo, una suela muy rígida y pesada puede interferir en el desarrollo correcto de la musculatura del pie, aumentar la tendencia a que los niños arrastren los pies y favorecer pequeñas torceduras o tropiezos por falta de control fino en cada paso.

Inestabilidad, caídas y alteraciones en la marcha

Otro aspecto esencial que señalan los estudios es la inestabilidad del apoyo. Al incorporar una rueda en la zona del talón (o dos ruedas en algunos modelos), la superficie de contacto con el suelo se reduce. En escolares que utilizan estas zapatillas se ha observado una disminución media de la superficie de apoyo de varios centímetros cuadrados, lo que se traduce en un pie menos estable.

Este pie inestable se traduce en una pisada anómala, que puede afectar a otras estructuras como el tobillo, la rodilla o incluso la cadera. La transición de caminar a deslizarse se hace simplemente cambiando el apoyo del pie, lo que modifica sustancialmente el patrón de marcha del niño. El sistema neuromusculoesquelético encargado de estabilizar las articulaciones y mantener el equilibrio tiene que trabajar de forma diferente y más exigente.

Cuando este nuevo patrón se mantiene durante muchas horas, se produce un sobreuso de determinadas estructuras (tendones, ligamentos, músculos) que puede desencadenar episodios inflamatorios o incluso procesos degenerativos en tendones y articulaciones. En niños con alteraciones previas en el pie o en las rodillas (pies planos, genu valgo, etc.) los podólogos advierten de que las zapatillas con ruedas pueden agravar esos problemas.

En cuanto a las caídas, el riesgo es similar al de otros dispositivos deslizantes (patines, monopatines, scooter…), pero con una diferencia importante: al verse como un calzado, la mayoría de los niños los usan sin protecciones y en entornos poco preparados (pasillos de casa, escaleras, patios abarrotados, centros comerciales…). De ahí que las fracturas de muñeca sean tan frecuentes: el reflejo natural al caer hacia delante es poner las manos, y si no hay muñequeras el impacto se concentra en esta articulación.

Los informes de urgencias pediátricas recogen, además de fracturas, esguinces de tobillo, golpes en la cabeza, lesiones en rodillas y contusiones diversas. Una parte nada despreciable de estas lesiones se produce en los primeros usos, cuando el niño aún no sabe controlar la velocidad ni frenar de forma segura.

¿Cuánto tiempo pueden usarse y qué recomiendan los expertos?

Las advertencias del Consejo General del Colegio de Podólogos sobre las graves consecuencias de que los niños utilicen zapatillas con ruedas como calzado habitual no son para tomárselas a broma. De hecho, han recomendado que los centros educativos prohíban el uso de las zapatillas en clase para evitar riesgos innecesarios (subiendo y bajando las escaleras, en educación física, en el recreo…).

A partir de los estudios disponibles, podólogos y pediatras coinciden en que las zapatillas con ruedas no deberían usarse más de una o dos horas a la semana, y siempre como un juguete para momentos puntuales, nunca como el calzado principal para ir al colegio o pasar el día fuera de casa.

Entre las recomendaciones más repetidas por los especialistas destacan:

  • Considerarlas un juguete y no un calzado de uso diario.
  • Limitar el tiempo de uso a periodos cortos y superficies seguras.
  • Usar siempre protecciones (casco, coderas, rodilleras, muñequeras), igual que con los patines.
  • Evitar su uso en escaleras, rampas muy transitadas o zonas con tráfico.
  • No permitir su uso en niños con problemas previos de pies, rodillas o espalda sin valoración podológica o pediátrica.
  • Supervisar de cerca los primeros usos y enseñar al niño a frenar, girar y mantener el equilibrio.

Como he comentado antes, estamos hablando de posibles problemas en los músculos, en los huesos de los pies e incluso en la cadera y la columna. Debería ser de sentido común no convertir este calzado en el zapato de diario de los niños. Pero aunque parezca complicado de creer, algunas familias cuidan más la moda en sus hijos que su propia salud, sin conocer todos estos datos.

Cómo debe ser el calzado adecuado para los niños

Para entender mejor por qué las zapatillas con ruedas generan tantos problemas cuando se usan a diario, conviene recordar qué características debe tener un buen calzado infantil. Durante la infancia, el desarrollo del pie es vital, y mantener una pisada correcta es esencial para prevenir patologías tanto tempranas como en la edad adulta.

Los podólogos especializados en infancia señalan que el calzado adecuado para los niños debería cumplir, entre otros, estos criterios básicos:

  • Suela flexible que permita el movimiento natural del pie, sobre todo en la zona de los dedos.
  • Peso ligero, para no sobrecargar caderas, rodillas y tobillos.
  • Contrafuerte firme en el talón pero no rígido en exceso, que aporte estabilidad sin bloquear el movimiento.
  • Altura mínima de tacón (diferencia muy pequeña entre talón y puntera), para que el peso se reparta de forma equilibrada.
  • Puntera amplia que no comprima los dedos y permita que se expandan al apoyar.
  • Buen ajuste mediante cordones o velcros, evitando que el pie se mueva dentro del zapato.

Si comparamos estas características con las de las zapatillas con ruedas, comprobamos que se cumple prácticamente lo contrario: más peso, suela más rígida, talón elevado y, además, la presencia de una rueda que añade inestabilidad. Por eso, aunque puedan usarse puntualmente como juego, no son una opción saludable para sustituir al calzado deportivo o escolar de cada día.

Uso moderado y responsable: lo que sí puedes hacer

Obviamente, si os hacéis responsables de que vuestros hijos utilicen las zapatillas con ruedas de una forma moderada y correctamente supervisada, estáis en todo vuestro derecho de comprárselas. Los especialistas no piden que se prohíban como juguete, sino que no se normalice su uso continuado como si fueran unas deportivas más.

Algunas pautas para un uso más seguro serían:

  • Limitar su empleo a ratos concretos de ocio, en espacios amplios y lisos.
  • Colocar siempre casco, coderas, rodilleras y muñequeras, igual que con los patines.
  • Evitar que el niño las lleve al colegio o en trayectos largos donde tendrá que subir y bajar escaleras o caminar mucho tiempo.
  • Comprobar periódicamente que el tamaño de la zapatilla sigue siendo el adecuado y que no le aprieta.
  • Observar si el niño se queja de dolor en pies, tobillos, rodillas o espalda tras utilizarlas, y en ese caso reducir el uso y consultar con un profesional.

Os dejo algunos modelos de este tipo de calzado de la marca Heelys, una de las más fiables del mercado dentro de lo que cabe, si aun con toda esta información decidís adquirirlas para un uso esporádico y con todas las medidas de seguridad:

Las zapatillas con ruedas seguirán llamando la atención de muchos niños porque son vistosas y muy divertidas, pero conocer todos sus riesgos y limitaciones permite tomar decisiones más informadas: tratarlas como un juguete de uso esporádico, exigir siempre protecciones y priorizar, para el día a día, un calzado realmente saludable que cuide los pies y la postura de nuestros hijos.

¿Seguirá aumentando las ventas de las zapatillas con ruedas a pesar de las advertencias de los expertos? ¿Tenéis alguna experiencia con este tipo de calzado? ¿Lo encontráis en realidad tan alarmante? ¡Espero leer vuestros comentarios!.